martes, 22 de julio de 2014

Convocatoria a la Segunda Asamblea de Podem Cercle Cultura.



(Este es el texto del mensaje que he enviado a mis contactos de correo convocándoles a la  Segunda Asamblea de Podem Cercle Cultura. Como pienso que puede interesar a mucha más gente, he creído conveniente compartirlo también por aquí)

Hola a todos. Muchos sabréis el pasado miércoles nos reunimos en la asamblea constitutiva de PodemCercle Cultura. Allí decidimos convocar una segunda asamblea para este miércoles 23 como podréis ver en la imagen que adjunto. ´Éste, pues, no es un envío normal como otros que os hago para contaros que he colgado o publicado algún texto. Para empezar pongo vuestras direcciones en abierto –por lo que os ruego que toméis la precaución de borrarlas si decidierais reenviar el mensaje-, para que podáis saber con quién os he convocado, y sois bastantes menos destinatarios que los de mi mailing de difusión habitual. He seguido varios criterios para seleccionaros, que os explico. Lo primero, considero –espero no haberme equivocado en ningún caso- que todos los que vais a recibir esto sois, con las diferencias personales y de opinión que se quieran, gente progresista y de izquierdas. Si en algún caso me he equivocado, por favor, es mejor que los afectados no sigan leyendo. Mis disculpas en tal caso.  Lo segundo ha sido excluir a todos aquellos que, hasta donde yo sé, ya tienen una militancia en una fuerza política de izquierdas (en mi entorno, Compromís, EUPV, e incluso, el PSPV), en este caso, por puro respeto. Los sigo considerando de mi bando, como siempre, pero entiendo que no tengan especial interés en asistir a una reunión de algo que se perfila como una fuerza política distinta de las suyas. Aquí, hay alguna excepción a sabiendas, lo reconozco. Espero también que nadie se moleste.


Una vez hecha esta primera salvedad, hay otros dos criterios. El siguiente es de perfil cultural y profesional. Todos los convocados sois gente que por vuestra actividad social, personal o profesional con la cultura en sentido muy amplio. Pero muchos de los convocados tenéis vinculación laboral o vocacional con las llamadas hasta ahora industrias culturales o actualmente industrias creativas (el cine, la televisión, los videojuegos, la publicidad, el periodismo, etc.) sin entrar en consideraciones sobre lo afortunado de estos términos. En la reunión del otro día éramos unas 15 personas, pero no había nadie de estos sectores –yo no creo ser muy representativo- y me parece que es fundamental que la haya, porque gran parte de la lucha hegemónica en la cultura se juega en ese terreno "masivo". La mayoría de la gente provenía de las artes escénicas y visuales más alternativas, lo cual me parece excelente y muy enriquecedor, porque la propuesta partía de Ximo Flores, pero creo que es insuficiente y que los que trabajamos cabe -esa preposición que todos aprendemos en el colegio y luego casi nadie utiliza- la industria también hemos de estar ahí, así como los escritores, artistas plásticos, gestores culturales, cuenta-cuentos y todo tipo de personas que mantengan una actividad expresiva, creativa o comunicativa que incida directamente en la conformación de la mentalidad mayoritaria. Es el campo de batalla clave en toda lucha hegemónica.





El último criterio, en fin, para incluiros en esta convocatoria ha sido la búsqueda de gente con una especial sensibilidad lingüística y nacional. Los problemas de Podemos respecto a su estructura territorial y hacia la falta de sensibilidad por la identidad valenciana (entendida también como un campo antagonismo emancipatorio, no como algo fijo e inamovible) ha sido uno de los aspectos que más críticas le han generado entre nuestra izquierda, algo que me parece completamente lógico porque yo también he sido muy crítico al respecto. No se trata de componer una opción electoral nacionalista, sino de crear una sinergia de sensibilidades que propicien el cambio hegemónico, y creo que la sensibilidad nacionalista ha de estar ahí; sobre todo la valenciana, que no ofrece ningún tipo de ambigüedades sobre su carácter a contracorriente y progresista. No olvidemos que, desde lo que en Madrid llaman “la periferia”, una de nuestras principales percepciones de lo que es “la casta” y de su triunfo y perpetuación es el centralismo consagrado por la Constitución del Régimen del 78, con el que pactaron y al que se adhirieron -o luego contemporizaron sin problemas- la mayoría los nacionalismos conservadores: Madrid como capital del Estado, la perpetuación del rol del castellano no como lengua paritaria (por más que fuera, por razones históricas y demográficas, primus inter pares) sino como lengua hegemónica e instrumento de opresión, la asimetría del Estado, la consagración de las fuerzas armadas como garantes de la “unidad de la patria” y la prohibición expresa de cualquier confederación entre comunidades autónomas no intervenida por el Estado central (Art. 145.1) especialmente pensada contra los territorios que compartimos la lengua catalana, llamada por nosotros valencià para sentirla más nuestra.


En fin, puede que muchos de vosotros os sintáis sorprendidos si habéis leído algunas cosas que he escrito respecto a Podemos, porque he sido muy crítico sobre todo con su origen mediático, con su uso de la televisión y la imagen y con cierta ignorancia militante de algunos neopodemistas  -desgraciadamente, algunos psicoanalistas entre ellos, con los que no he dejado de discutir, espero que desde la fraternidad en el decir, aunque esta porte a veces el semblante del cainismo- que ha lleva al grito acrítico y a la euforia masificada. No obstante, también he señalado la ambivalencia de esta postura de rechazo y atracción. Yo no quiero que Podemos gane elecciones a tutiplén, ni que me haga feliz, ni que me represente integralmente, ni que cumpla sus promesas, porque estos son buenos y la casta, mala. De hecho, si los consideramos "éstos" ya los estamos constituyendo como casta, igual que a "los otros". Lo que quiero es cambiar ese modelo performativo y clientelista de la promesa, de las esperanzas pasivas y del bucle del odio bipartidista. Podemos no es “mi opción predilecta para ganar las elecciones” sino que me aproximo a ello concibiéndolo como una herramienta radicalmente emancipatoria y como un experimento político muy relevante, en tanto que tiene conexión con el 15M, que me parece el acontecimiento colectivo más importante en España desde los años 70. Encantado de sus buenos resultados electorales, siempre que los árboles no nos impidan ver el bosque.


Podemos es el futuro. No tengo ninguna duda. Y eso no quiere decir como creen algunos de sus eufóricos simpatizantes que vaya a ganar todas las elecciones y conseguir el gobierno (la muletilla “claro que podemos” seguida de caracteres numéricos y signos %%% me pone muy de los nervios, lo reconozco, porque yo quiero “poder” otras cosas): de nada me vale desalojar a una casta y a un bipartidismo para constituir otra casta y otro bipartidismo (Podemos contra todos los demás, la izquierda y la derecha) sino subvertir radicalmente el sistema que permite las castas se constituyan. Podemos es el futuro porque va a cambiar estructuralmente el campo de la izquierda (no a aniquilarlo ni a suplantarlo) y transformar radicalmente al campo de fuerzas que constituyen los movimientos de emancipación popular en el Estado Español.  Y yo quiero intenar estar ahí vigilando, orientando, aportando y empapándome de las aportaciones de los demás. Podem Cercle Cultura me parece un instrumento muy adecuado para ello, cosa que no había vislumbrado hasta ahora, por su apertura, por su sensibilidad y por su origen. Y también decir que si mis expectativas no se corroboran y el Cercle se dirige a una línea polítca que no puedo asumir, pues me iré, como he hecho siempre. Creo en el pluralismo de las iniciativas de emancipación popular. Creo en la Izquierda, que debería ser la creencia que menos necesitara del fundamentalismo para generar entusiasmo.


Nos vamos a reunir, pues, este miércoles 23 a las 19 h en la C/ San Pedro, 73 de Valencia, en El Cabanyal. Me parece que el lugar está preñado de fuerza simbólica: es un solar (no hay otro sitio de momento) en el barrio de Valencia más perseguido y asolado por el PP. Hasta que tengamos uno propio, nos está sirviendo de guía el documento elaborado por Círculo Podemos Cultura, en su primera asamblea en Madrid. Nuestra idea de orden del día es trabajar sobre su propuesta de estructura de grupos de trabajo, expresando nuestras ideas acerca de sus campos temáticos y (supongo) mostrando nuestra inclinación a trabajar en un grupo u otro. Estos son los 6 grupos de trabajo propuestos:


Cultura y hegemonía

• Políticas culturales

• Industrias culturales

• Apoyo colectivo (organización del trabajo)

• Políticas locales

• Cultura pedagógica



Allí os espero con entusiasmo. Por supuesto, quien no se sienta concernido, espero que no se moleste y pase de este mensaje con toda tranquilidad.

Un abrazo.

Ps. Os aviso que, para hacer más extensiva la invitación, colgaré el texto de este mensaje en mi blog.

sábado, 19 de julio de 2014

Flores sin nombre, XIV. DE LA AVENTURA.


43


Algunas arquitecturas de símbolos
y algunos amores locos
se han desprendido de mi piel
y han habitado el mundo de la vida.
Me jacto de mi perseverancia,
de haber conseguido erguir mis labios
marcados por la huella yerma del destino,
de haber podido soportar el tormento de la espera,
del desprecio,
de las traiciones.
Pero también algunas veces
me acomete el desaliento
y en el fondo del espejo
no aparece
más que un obsesivo,
ataviado con galas torpes de héroe huraño.
A menudo me lastima la conciencia
saber que no he sido capaz
de amar a nadie mucho tiempo
y, menos que a nadie, a mí mismo:
me he hecho putadas tantas veces...
Pero ese dolor no sabe a fracaso o vergüenza,
sino al deje agrio y siempre inmotivado
del sobrevivir.
Me desembaracé del terror
a despertar un día más vivo,
y aprendí a guardar sólo
la ropa necesaria.
Tuve noches de amor,
de aborrecimiento,
de gloria,
de odio
y de desengaño.
De pánico, recelo al deshonor
y contrición atávica,
también algunas.
Ninguna recuerdo que necesite
ahogar para siempre en el olvido.


44


Un camino de fanales indiscretos. Nocturno.
Anguloso,
impredecible,
desesperado.
Sin secretos.
Ancha, la avenida obscura,
con el vaho de la embriaguez
y los párpados
sostenidos por el hambre
esencial de la aventura.
Vivir no tiene instancias.
La noche es noche para todos.
No hay más que seguir caminando
y buscar los claros.
Su distribución es arbitraria
y su ley, perfectamente desdeñable.
El azar hará sus veces.
Y cuando uno ya no lo espera,
un choque brutal contra la moral de los ancestros,
que creíamos hace mucho tiempo inhumada
en el arcaico panteón del sinsentido.
Una sonrisa de dulzura enajenada
sobre unos hombros carnosos.
Una mujer prohibida.
Por el más sagrado y feroz de los tabúes:
no sería más feliz conmigo.

45


Retomar cada día el propósito de ser libre
con un dolor leve y corrosivo,
hecho de risa y fragmentos de tendones.

miércoles, 16 de julio de 2014

Vigalondo y el genio barroco.


“Hell is empty, and all the devils are here”.

William Shakespeare.

Atrapado en las ventanas abiertas que encierran el mundo.





Gustavo Doré, ilustración de El quijote
Cuando el otro día puse un comentario elogioso sobre Open Windows en mi Facebook, Pascual, alumno mío de Publicidad este año, anotó: “Por fin leo algo sobre cine en tu muro! Mas de esto esperaba cuando te agregué” Supongo que lo mismo puede decir un lector de mi blog o de mi columna mensual. Es cierto que me prodigo poco en las redes sociales y en los medios digitales respecto al cine, la imagen, o en general los discursos narrativos y artísticos, que son los que, no sin tras un largo esfuerzo, me permiten ganarme la vida en el “mundo analógico”.  

Es simple: no valgo para la crítica ni la anotación rápida.  Y admiro mucho, además de serme muy útil su trabajo, a quien es capaz de hacerla con criterio y con solvencia. Mis reflejos estéticos, sin embargo, son demasiado lentos para ello. Disfruto viendo pelis, claro. Pero disfruto mucho más –supongo que es una cuestión de carácter- pensándolas. Y lo mismo me pasa con los poemas, las novelas, las artes visuales y hasta la publicidad. Si al salir del cine me preguntas qué me ha parecido una película pueden pasar dos cosas: o que haya sido un bodrio y no me apetezca comentarla, o que me haya dejado boquiabierto y no sepa qué decir (aún). En fin, que estoy muy mal dotado para la urgencia, la simplicidad y la concisión, que son tres virtudes esenciales en un crítico. Y quede claro que distingo la simplicidad  que es un corte en el velo que cubre lo real y, por lo tanto, una cifra de lo complejo -piénsese en una ecuación de Einstein o en un matema de Lacan o en un haiku- del simplismo y del automatismo mental e ideológico que nos puede llevar a lecturas empobrecedoras y aberrantes. No hay nada más neocón que el simplismo, que nos coloca siempre en posición de clientelismo pedagógico y de esclavos del pensamiento ajeno y del esquematismo mental, impidiéndonos pensar el ser tras sus apariencias, porque no es más que un anagrama garabateado en la superficie de ese velo para hacer pasar su opacidad por verdad. 

En fin, que me cuesta muchísimo escribir pronto y de memoria: necesito una copia de la película para escrutar cada plano, cada raccord, cada figura de montaje. Además,el cine comercial actual es complejo, porque se halla en contienda y en hibridación continua con muchos otros regímenes de la visión, pero también con muchos otros regímenes de la voz, aunque en alguna ocasión, esa complejidad puede ser una farsa en el cine postclásico como he apuntado hablando de transparencia barroca  o de predominancia final del modelo frente al autor, del mismo modo que lo han señalado otras colegas.  De modo que, si me he atrevido a decir algo sobre Open Windows a sólo una semana de haberla visto es porque llevaba tanto tiempo esperándola y pensando sobre los dos largos anteriores de Nacho Vigalondo que ya tiene algo de familiar para mí. De Vigalondo puedo llegar a aceptar que se diga cualquier cosa, menos que es un cineasta "simple".  Dentro de este cine mainstream Vigalondo es complejo de manera muy especial.  Su barroquismo dista de ser un puro juego mental para provocar el desconcierto del espectador y luego proceder a apaciguarlo con la estabilidad ontológica de las convenciones narrativas del Modo de Representación Institucional (del cine asimilado al patrón causa-efecto de Hollywood). Hay un núcleo opaco en su forma barroca que lo salva de la apacibilidad conforme. 

Como vemos la forma es absolutamente relevante en la conformación del sentido. Y es absolutamente relevante también en la construcción de la disconformidad. Algún pseudohermeneuta automatista mental de los que hemos citado más arriba, si hubiera visto Gran Casino (1947) hubiera dicho, no ya que Buñuel estaba haciendo una película alimenticia, sino que se había vendido al star system mexicano, sin ver en ningún momento que el "tema" en arte no es más que un subterfugio, un punto de conexión con la instancia espectatorial para invitarla a participar en la construcción de un sentido, y que es la "forma" la que lo construye. Buñuel estaba matando al claro de luna al mostrar en su seno la inmundicia, no recreándose en él, del mismo modo que Sam Mendes no estaba haciendo apología antilatina porque el "malo" de Skyfall fuera un hispano, cosa que sólo se puede aseverar desde el simplismo más obtuso, obviando toda la faz caricaturesca del personaje y su historia de espía occidental resentido, que convierten al film más bien en una reflexión sobre el uso de "nuestros hijos de puta" por los servicios secretos del imperio -entre otros muchos valores del film, no caigamos nosotros también en la cortedad mental- y haciéndolo a través de una entrada temática y genérica perfectamente reconocible por el espectador como es la saga de James Bond

En efecto, una de las formas esenciales de subversión del maistream cinematográfico es introducirse a través de sus claves genéricas, que son las que involucran al espectador, para subvertirlo completamente desde dentro. Como en el caso de David Lynch -probablemente el ejemplo más claro de cómo el barroquismo exacerbado se convierte en pura subversión de los modos de representación hegemónicos- que nos hace entrar en sus propuestas como si lo hiciéramos en un thriller policíaco para después plantearnos una propuesta, que  no ya trasciende, sino que dinamita desde su interior, todas las claves del género hegemónico en la sociedad global de la información.

Mi tesis es que en Vigalondo, esta tendencia barroca lleva el signo de lo hispánico, en el mejor y más negro, ácido, irónico y trágico sentido de la palabra. Y eso a veces no se percibe, de ahí que tenga sus problemas con la taquilla -dice mucho de este país que Open Windows no haya sido una de las 10 películas más vistas en estas dos semanas-, que va buscando una cosa que luego no encuentra y por eso cree que no entieden. Podrían hacer lo que hace mucha gente con Almodóvar: ir a verlo por curiosidad malsana para luego ponerlo verde. Algo es algo. A Vigalondo, pues, hay que juzgarlo según parámetros distintos a los que se le suelen aplicar. Si cuando van a ver una película de Vigalondo van en busca de un correcto y estruendoso blockbuster hollywoodense o de una comedia gamberra, irán tan desencaminados como si buscan una peli indie o un lánguido relato visual producido en la Unión Europea. Busquen el alma barroca, que es la esencia de lo hispánico, tan inconmensurablemente indómito como alejado de la españolada y del españolismo ramplón, que ése se lo inventaron los borbones cuando se las tuvieron que ver con la herencia del alma hechizada y tormentosa de los Habsburgo y confundieron la Cristiandad con el cristianismo, y el Imperio con la administración del Estado.

Vigalondo no ha elegido contruirse un mundo propio como un cineasta europeo, sino trabajar en los instersiticios del mainstream. Pero con diferencias también esenciales respecto a otros cineastas españoles que explícitamente han decidido extranjerizar su trabajo, y pienso en dos ejemplos tan dispares como Isabel Coixet y Jaume Collet-Serra. Vigalondo no se ha ido a Hollywood, se ha traído  Hollywood a casa. Todo su cine destila un aroma a modernidad hispanizada. A veces, viendo sus pelis  tengo una sensación parecida a escuchar los diálogos de los Hermanos Marx traducidos por Tono o Mihura. Por eso digo que erramos si pensamos que Vigalondo está intentando ser un buen émulo de Hollywood.


Gustavo Doré, ilustración de El quijote
Evidentemente, hay otros muchos componentes en su cine, pero en este textito me ha apetecido destacar ese componente barroco, tamizado por la mirada oblicua y socarrona típica de la tradición hispánica. Como en todos los grandes autores teatrales, pictóricos y narrativos que transitaron la primera gran crisis existencial y cosmológica de la Época Moderna, el tema esencial de Vigalondo no es otro que el engaño a los ojos y la fuerza de la representación para suplantar a lo real. "Ni es cielo, ni es azul", que decían los Argensola. 
Pensemos en El Quijote y toda su deconstrucción de los patrones del realismo y de la autonomía burguesa de la ficción, sobre el simple enganche genérico de una llamada al buen juicio y la parodia de las novelas de caballerías, que no son más que la excusa para inventar y a la vez deconstruir, como hizo Velázquez, por su parte, en Las Meninas, las propias bases de la representación.  Pensemos cómo escoge todos los temas esenciales de la ficción de su época en Las Novelas Ejemplares, para después darles la vuelta como un  calcetín en El coloquio de los perros. Pensemos qué es Macbeth, sino un peón en manos de Lady Macbeth, qué es Hamlet sino el teatro en el teatro, qué es Otelo sino alguien que no ve sino la representación que el taimado Yago pone ante sus ojos, o que es La Tempestad sino una reflexión radical sobre la fuerza de la ficción. Y los mismo, de los sueños de Segismundo o de la mirada en bucle encuadrado de Velázquez en Las Hilanderas, o del juego con la luz y el exterior del la ventana abierta de Sánchez-Cotán o de Caravaggio. Sólo que la ventana de Vigalondo se ve en una doble colisión y tensión, porque ha de deconstruir la mirada sobre su fusión con el relato, ha de construir un espacio que colisiona continuamente con su trangresión narrativa. Es cine: la gramática visual del raccord exacerbada por la acción que la detesta y la exige.




Diego Velázquez, Cristo en casa de Marta y María

Poco voy a decir de Los Cronocrímenes (2007), porque hay quien lo ha hecho mucho mejor que yo lo haría pero, en tanto que es el primer largo de Nacho Vigalondo, nos da muchas pistas sobre su quehacer.  Primero, sobre cómo usa los géneros para enganchar al espectador. Nos encontramos con una producción española, de un director que había sido sorpresivamente nominado para los Óscar por un corto gamberro pero en el que la hibridación genérica (thriller de secuestro con rehenes y musical) ya señalaba a esa apropiación castiza de los cauces narrativos hollywoodenses. En Los Cronocrímenes también se hibridan dos géneros: el thriller de crímemes seriales (a eso parece apuntar el título), y por ende, algo del orden de las splatter movies y el cine de género "pulp" a lo Tarantino que está en la formación y en le imaginario estético-sentimental de la generación de Vigalondo, pero ahora entrecruzados con la ficción científica y los viajes en el tiempo. Ello hace, que las narrativas fracturadas, que son el santo y seña del cine postclásico hollywoodense, con sus desórdenes en la trama, sus saltos temporales, sus flasbacks no puntuados, e incluso, su uso narrativo de la amnesia (piénsese en Memento, pero a partir de ahí las películas de González Iñárritu, muchas de Tarantino, otras de Christopher Nolan, 500 days of Summer, etc, etc, etc....) es decir, los puzzle o mind game films, esté también presentes.  Con lo cual nos encontramos ya con una de las claves del proceder de Vigalondo como cineasta en este atraer los esquemas de Hollywood a la producción, presuntamente castiza y casera: para él Hollywood no es un lugar, ni una tendencia, ni una escuela, ni un mainstream mediático. Para Vigalondo, Hollywood es la mentalidad de su espectador modelo, el estado mediático y psíquico en el que este se halla en tanto espectador habitual de este tipo de ficción. Por lo tanto, lo que hace no es intentar sumarse a esa corriente, sino atraerla -y con ello al espectador cuya mentalidad está amoldada a ese canon- para subvertirla completamente por el procedimiento de su barroquización y su hispanización (que es algo sutil pero infinitamente distinto de su "españolización" o "europeización") desde la proyección irónica (fingidamente paródica) de otra mentalidad

Porque a partir de aquí, y sobre una idea del ingenio para el low cost que oscila entre lo picaresco y lo gracianesco y que rezuma inteligencia, resistencia y "gracia", lo que nos propone Vigalondo es una reflexión de hondo calado sobre la mirada. Los cronocrímenes es una ficción sobre un hombre que se mira para verse mirar. Y que en ese recontrarse con sus yoes futuros y pasados en una simultaneidad paradójica e imposible intenta rectificarse subjetivamente mientras su identidad se desmorona ente bultos de sangre, como el físco portentoso de Karra Elejalde metaforiza a la perfeción, hasta convertirse un fantasma de mirada teratológica.




 Es la idea de Zemeckis, pero llevada al límite con el máximo rigor trágico, mucho más cercano al de Chris Marker y con la complejidad contemporánea de Looper, Inception, Moon, Source Code, o Primer, generando un bucle que sólo puede cortar la decisión del sujeto incidiendo sobre el nudo del destino, en un magnífica metáfora del montaje que implica por igual al protagonista, al director y dueño de la máquina y al propio espectador: el corte como gesto de adueñamiento del tiempo, de enseñoramiento de la existencia, de libertad.



Mirada superficialmente, Extraterrestre (2011) puede parecer una simple gamberrada. Nada contra las gamberradas, pero en todo caso ésta, de serlo, es bastante más compleja y consistente de lo que parece a primera vista. Parece simplemente una caricatura a la española (es decir, de bajo presupuesto) de las películas de extraterrestres. Esto es, sin efectos especiales, sin naves y sin alienígenas. Pero bueno, ahí está el truco: se trata de una parodia sobre el espectáculo visual, cuyo tema esencial es de nuevo el ver. O más concretamente, lo imposible de ver. No lo ontológicamente invisible, sino aquello que por ser ónticamente invisble nos habla de lo imposible para el ojo. En este juego con las cámaras, con los raccords imposibles, con los ángulos muertos, Vigalondo está conculcando un principio implícito pero constante en el cine contemporáneo en el que la pantalla fílmica se ofrece como pantalla huésped para todas sus rivales, pero postulándose como auténtica interfaz del sentido, es decir, como la heredera legítima en la iconicidad occidental de la promesa de verlo todo que performa el encuadre moderno en perspectiva, porque la demanda escópica sólo puede ser satisfecha por el montaje analítico. Nada lo ejemplifica mejor a mi entender que esta secuencia (al menos es la que yo uso para explicarles esta idea a mis alumnos...)


Ahora bien, es la tradición barroca, como hemos visto, la que comienza deconstruyendo la representación en perspectiva como un simulacro de lo real, al explicitar sus bordes, al construir su sombra, al columpiarse sobre sus efectos gravitatorios como efecto de realidad:

viernes, 4 de julio de 2014

Los significantes vacíos, ETA y el bucle del odio (Apuntes sobre el populismo, 3)


Ya nadie cree en verdades eternas, afortunadamente. Al menos, no en lo que afecta a la política y a las cosas públicas. Todas las verdades y los objetos que el positivismo y el marxismo ortodoxo, que han compartido el mismo fondo ontológico durante siglo y medio sin problemas, dieron por incuestionables se han desvanecido en el aire. Supongo que la inmensa mayoría de los que puedan leer esta columna no han de ser especialistas en “ciencia” política, ni en semiótica, ni en filosofía del lenguaje o psicoanálisis. Si hubieran de serlo, menudo negocio estaríamos haciendo los que trabajamos en VLCNoticias. Pero al menos, si son seguidores de la actualidad, habrán visto que una serie de nuevos términos han aparecido en nuestro vocabulario y en nuestro entorno simbólico. No son palabras nuevas, sino “significantes” nuevos; palabras que ya existían pero que han sido reactualizadas. Probablemente, las dos más llamativas en los últimos tiempos han sido hegemonía y populismo.



 Para seguir leyendo...

sábado, 28 de junio de 2014

Ahora sí



Escribir algunos versos
Para confutar el vacío.
Es más ético drogarse
Sin límite,
Sin perdón
Sin hacer genuflexión
Alguna
Ante la conciencia,
Tan poco generosa.

Drogarse
Hasta más allá de la muerte
Circunvalando
Hipnotizado,
La órbita de  la última
Célula
Digna del carbono.

Aunque la nada
Duela inmensa
Su sinsabor de boca vacía,
Su obstinación de pregunta,
Su mala cara
De pez sucio,
Su vergüenza
De roca dura.

Drogarse
Sí drogarse
Como regocija con su sentido
El martirio,
Como el protocolo acuna
Las vigilias.

Como un dios
Avaro y monocorde,
Como la respuesta
Que todo merece.

Ahí sí
Está el amor.
Con su mueca de fantoche herido,
Y su calor de nuca rugosa.
Más vale.

Pues operar
Con paciencia.

Sajar la lengua
Con el filo
Líquido de un himno.

Con la luz.
Boscosa de todas
Las sabidurías.
Tan blandas.
Como una oblea masticada
por el demonio. 

viernes, 27 de junio de 2014

Flores sin nombre, XIII. De los fantasmas.

XIII. DE LOS FANTASMAS


40

Ella nos invitaba a cenar
a la acogedora escena de su fantasma.
Estancia impoluta,
con cuadros bien enmarcados
y viandas de sabor
irrefutablemente rural.
Después, con el café, nos obsequiaba
con unas ráfagas de llanto.
No entendía que no la amáramos
con la dedicación que ella lo hacía.
Y es que algunos tenemos, qué desgracias,
fantasmas más incómodos.
No son aptos para recibir a las visitas.
 

41

La mirada perpleja del amor
dejando pesar su ternura entre mis brazos.
Tengo que agradecer a la vida
haber conocido en vosotros un amor nuevo.
Y que vuestras madres odiaran a vuestros padres
en la lógica benevolente que precede al olvido.
Y que yo fuera, al menos un tiempo,
la encarnación para vosotros de un enigma.
Y que, en vuestras noche de terror,
el amor alcanzara un horizonte
hacia el que nunca habría mirado.
Y que vuestra sed señalara para siempre el corazón,
yaciendo con mi nombre en el mar
de vuestros ojos en penumbra.
Y que vuestro infierno de negrura fuera,
al menos un tiempo,
mi paraíso.


42

Hay una pregunta, un gran enigma,
que daría con el secreto de mi vida
y que no soy capaz de resolver.
¿De qué ignaro fantasma
necesito el amor? Sé que no es humano, sé
que no es Dios, ni tampoco una mujer.
Sé que su amor no me falta,
porque si no mi vida sería un infierno
de aborrecimiento y pesadumbre.
Pero no tiene semblante. Sé que está,
pero no puedo adivinarlo. Sé que no vive
entre la armonía de las palabras,
ni en el oropel del éxito,
porque a veces miro hacia allí
y su ausencia, sí,
me incomoda, pero no llega a derruirme.
Algo me ama intensamente. No puedo
luchar por conservar su amor,
porque lo desconozco. Pienso
que le debo este sosiego ocasional
de mi soledad y no puedo negociar
con ello su permanencia.
Y no soy tan necio como para creer
que conseguiré bastarme
únicamente con mis fuerzas.
Cualquier sospecha al respecto
de la identidad de mi etéreo amante
me alarma,
me escandaliza.


lunes, 23 de junio de 2014

Democracia radical y representación política (Apuntes sobre el populismo, 2)




  • El 15M surgió como un movimiento sociopolítico radical. Lo afirmo sin ningún tipo de dudas ni ambages. Toma de la calle, método asambleario y renuncia premeditada (pro-gramática, como anuncio inequívoco de una escritura política inédita) a ser condensados y confinados en la figura de un líder, dado que no hay mejor eslabón para que el poder agarre la cadena con la que sujetar a la gente que un líder. Primero, porque supone un influjo hipnótico y persuasivo que elimina, o al menos anestesia drásticamente, la posibilidad de una conciencia crítica basada en el discurso y la argumentació bajo la imagen y la consigna reiterativa. Pero, segundo, porque cuanto más condensada está la representación más fácil es la corrupción. Un líder es una puerta abierta a la coacción, a la manipulación, al soborno, a la claudicación.
  • Por ello, yo no entendí nunca su principal eslogan, No nos representan, como alusión a una formación política, ni a una tendencia ideológica, sino como protesta contra el sistema representativo propiamente dicho, en tanto que éste impedía a las ciudadanía el acceso a la participación política. No nos representan no significaba que ésos no nos representaban: si queríamos otros no había más que esperar las elecciones o fundar un partido político nuevo. Lo entendí más bien como la búsqueda de una forma de actuación política nueva que no se resumiera en el electoralismo partidista, en el puro desposeimiento de toda iniciativa que propugna el electoralismo liberal-capitalista.
  • El 15M, pues, no tuvo nunca una intención ni una proyección electoral. Nace justo en un momento en el que acaba un ciclo electoral de izquierda parlamentaria y en el que todas las encuestas, con la fuerza irrebatible de lo científico, vaticinaban una victoria irrefutable de la derecha en el siguiente ciclo de comicios. No se trataba de ir contra esta marea neoliberal en su terreno parlamentario, sino de plantear un terreno de lucha política participativa alternativo a la arena parlamentaria, cuyos engranajes estaban totalmente dominados por el emporio financiero y mediático a través del sistema partidista.
  • La idea era no tanto que aquellas voces tuvieran una única voz, sino conseguir una patencia de irrepresentabilidad, un resto operativo de la operación electoral que mantuviera la tensión e impidiera que el círculo de los representantes se mantuviera cerrado. No se trataba de reintroducir en el parlamento esa inquietud, de hacerla apaciblemente representable en el legislativo, sino de dividir al poder, de mantenerlo inquieto, de imaginarle (figure out, dicen los ingleses) un afuera que lo mantuviera siempre incompleto.
  • Por eso, tal vez, ciertas voces del sistema empezaron a reputar el 15M como un fracaso y le inocularon el peor de los venenos, el ansia de éxito sustancializada en la imagen de una victoria electoral. El 15M era simplemente emocional, así no íbamos a ninguna parte.
  • Ganar unas elecciones no es nunca, en sí mismo, un objetivo radical. Lo radical es transformar la realidad, las reglas discursivas, no hacerse un hueco en ellas. Tenemos el caso Obama como gran ejemplo. Su Yes we can (en el que se basa el español Podemos) pudo implicar el impulso a un cambio radical en el sistema. Pero con el añadido de una imagen que condensaba ese imposible para convertirlo no en posibilidad (en contingencia, en escritura sobre lo real, sobre "lo que no cesa de no escribirse") sino en potencia: colocar a un negro en la Casa Blanca. Un negro que, con leves variantes, mostró lo que podía en breve tiempo: hacer las mismas políticas que los 43 blancos que lo habían precedido.
  • Al fin y al cabo, dejar un resto de imposible como patente pero irrepresentable es abrirle la puerta al deseo, colocar al sujeto de lo político, en este caso, en una posición de responsabilidad, de hacerse cargo de sí, que ningún sistema podrá ejercer la función de sostenerle en una falaz completud simbólica.
  • Se trataba, pues, de colocar al pueblo, a la marea popular, en una posición éxtima (nuclear pero exterior, imposible de sojuzgar y de ignorar) respecto al poder establecido que ya no iba a poder ser nunca estable sin contar con voces que le eran heterogéneas. Parecía tonto, tal vez. Por eso, desde cierta izquierda burocrática y feliz en su posicionamiento en el sistema se empezó a culpar al 15M de la victoria electoral de la derecha, por no haber aglutinado fuerzas. En un sistema de concentración capitalista, probablemente, la desconcentración sea la opción más sabia. Quincememos, les decían algunos.
  • En épocas de bonanza económica el PSOE había sido una factoría de taylorismo programista. Conversión en serie de cualquier demanda popular en petición democrática cauterizando su potencial subversivo. La demanda nacional y soberanista de Catalunya fue un buen ejemplo. El antagonismo absorbido en el ruido de la confrontación espectacular. La tensión electoral, de la que hablaba Zapatero.
  • Laclau, que es el máximo valedor del populismo como opción política legítima, distingue entre demandas democráticas y demandas populares. Las primeras serían sectoriales, funcionarían según una lógica diferencial y serían asumibles por el Estado. Las segundas, funcionarían según una lógica equivalencial en la que por sinécdoque una demanda representaría a la totalidad popular provocando la insostenibilidad del poder. Pero esta imposibilidad de la totalidad, suturada por un tropo, por una operación retórica, no queda por ello anulada, sino que es el resto que convoca todo avance, toda fuerza operativa, impulsando la cadena de los significantes.
  • Hay quien hace unos años hablaba (parece que no se acuerda) de lo que Lacan llamó el Discurso Capitalista. Una de las principales causas de su fortaleza era precisamente su carácter de bucle, de círculo siniestro, que impedía, a diferencia del Discurso del Amo antiguo, establecer en él ningún corte que propiciara el establecimiento de un reverso. Pues bien, en lo político, este carácter de bucle se ha patentizado en la capacidad del capitalismo de convertir las posibles demandas populares en sectoriales demandas democráticas que, coartada la posibilidad de su potencia equivalencial, se han convertido en particularidades homogeneizadas.
  • Probablemente no hay caso más claro que la llamada Transisción Española y el subsiguiente Régimen Constitucional del 78, donde los antagonismos operativos pudieron ser reconvertidos en consensos desactivantes. Las demandas populares pasaron a ser solicitudes administrativas. El caso de las autonomías es ejemplar. Frente al grito identitario contra la opresión cultural, lingüística y económica del centralismo españolista, el régimen inventó aquello que se llamó "café para todos": 17 autonomías igualadas en la imposibilidad de su equivalencia. Y el problema de la soberanía devino burocrático: cesión de competencias, quejas por la balanza entre lo que se contribuye y lo que se recibe, administración de servicios (sanidad, educación), etc. La homogeneidad del "todas diferentes", la imposibilidad de equivalencia frente a un Estado central.
  • Podemos, de momento, se ha constituido sobre la idea de dar una sola voz a las voces múltiples, de llevar las demandas de la calle al interior del sistema. Y todo sobre la base de un semblante de potencia (empoderamiento) que ha llevado mucho más allá de su eslogan hasta su propio nombre. ¿Soy el único que ve aquí el riesgo de una reabsorción conservadora de las demandas populares, de pasaje al acto como aniquilación de la memoria, del deseo y de la responsabildad de sí? Habrá que ver.
  
Hegemonía, razón, comunicación (Apuntes sobre el populismo, 1)