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viernes, 8 de mayo de 2015

(Lacan ◊ : ? Laclau), 1

     Introducción a esta serie.

    Comienzo con este texto, lo que pretendo que sea una serie de exploraciones sobre el uso de Lacan por la política emancipatoria. No voy a extenderme en esta introducción, porque no tengo ni idea de a dónde me llevará esta deriva, por lo que sólo voy a apuntar una serie de hipótesis que presumo a día de hoy que pueden ser el hilo conductor de estas entradas.


    1. La defensa del Populismo puede derivarse de los planteamientos de Hegemonía y Estrategia Socialista pero en ningún caso se deducen de ellos como una necesidad lógica.
    2. Veo muy difícil la conciliación de ciertos supuestos del populismo con el psicoanálisis. Por supuesto, estoy a la espera -con ansia incluso- del poder leer el libro de Nora Merlin Populismo y psicoanálisis, todavía en prensa, que estoy perfectamente abierto a que reconduzca mis objeciones.
    3. Carl Schmitt es absolutamente incompatible con Lacan y con Freud. Al menos, yo no atisbo de momento la manera. Esta incompatibilidad es para mí cada vez una convicción más profunda.
    4. El análisis "hegemónico" del discurso ha hecho olvidar la propia noción de Discurso en Lacan (y en la semiótica, y en Foucault, y en Derrida, y en Kristeva, y en Bajtin, y en Barthes...) Cierto que de vez en cuando se habla de la construcción hegemónica y se dice que allá al fondo está el Discurso del Capitalista, pero se ha privado a al matema de su enorme precisión descriptiva, teniendo en cuenta que la matemización lacaniana tuvo siempre un propósito heurístico y lógico, no algorítmico o predictivo. Es decir, político y no táctico. Es un álgebra no ecuacional, no despeja la incógnita sino que le da su justo papel de causa del discurso.
    5. No veo a nadie (sigo esperando a Nora) que haya hecho el trabajo de tender puentes teóricos entre el último Lacan (el de lo real,  el del parlêtre, el del anudamiento de los tres órdenes como constitución de "lo que habla") con el hegemonismo teórico. Ello lleva a una teorización del uso de las pasiones y las emociones en la política que no las distingue de las pulsiones. Me parece un riesgo innecesario. 

    Les dejo, pues, con la primera de estas entregas... 


     (Lacan ◊ : ? Laclau), 1

    “Por el contrario, el presente escenario político mundial, en especial desde el comienzo de la crisis económica en 2008, nos muestra el avance de formas de protesta social que escapan a toda obvia domesticación institucional (movimientos como el de los Indignados en España y otras movilizaciones similares en Europa; el movimiento Occupy Wall Street en Estados Unidos; los piqueteros en Argentina; las diferentes formas de nueva protesta social en Medio Oriente y en África del Norte, etc.). Estas movilizaciones tienden a operar de un modo que rebase las capacidades de canalización de los marcos institucionales existentes. Esta es la dimensión horizontal de «autonomía": y ella corresponde exactamente a lo que en nuestros trabajos hemos denominado "lógicas de equivalencia'. Pero nuestra segunda tesis es que la dimensión horizontal de la autonomía sería incapaz, si es librada a sí misma, de lograr un cambio histórico de largo plazo, a menos que sea complementada por la dimensión vertical de la «hegemonía», es decir, por una radical transformacfón del Estado. La autonomía, librada a sí misma, conduce, más tarde o más temprano, al agotamiento y la dispersión de los movimientos de protesta”  (Ernesto Laclau, Los fundamentos retóricos de la sociead)

    El problema es la hipostatización ontológica de la hegemonía, en base al interés y la conveniencia  calculable. Se supone que alguien "sabe" lo que la multitud quiere y está capacitado para revertir esto en una fase instituyente vertical y hegemónica que le proporcione lo que le conviene, convirtiéndolo en Demanda y traduciéndolo a un programa del que él se erige en representante y gestor exclusivo. Esto es un error grave. Porque implica no cuestionar en ningún momento la capacidad modelizadora de esos lenguajes y degradar todo el componente subversivo de la fase equivalencial en cuanto liberadora de la autonomía. De facto, implica reducir el momento histérico de la multitud al Discurso Universitario y después al Discurso del Amo. De la impronta lacaniana, del Discurso del Analista, aquí no queda ya nada. Lo interesante sería confrontar a esa multitud "virtuosa", desorganizada y vocinglera con su propio enigma y dar así paso a un momento de invención, de construcción de lo inédito. Y no es ninguna estupidez, en el sentido de que la mayoría de la gente en España entendió eso cuando comenzaron a apoyar a Pablo Iglesias. Es decir, que podrían utilizarlo (eso vendía él: ¡usadme!) como representante de su propia inteligencia colectiva. Como portavoz, literalmente, y no como usurpador de una voz en el papel de "sujeto supuesto al saber". Y lo que ha hecho Pablo Iglesias -supuestamente, según han intentado legitimarlo algunos, basándose en Lacan-, es una operación IPA: literalmente psico-adaptativa, cognitivo-conductual, y en absoluto lacaniana. Cada vez que lo voy leyendo tengo más la impresión de que no tanto Laclau como los laclauistas, y sobre todo Mouffe, han hecho una lectura psicologista y banal de Freud, como tantas. Por eso, el uso de las pasiones y las emociones, etc. Me suena de los más cognitivista, tipo inteligencia emocional, auotestima (de la que el empoderamieno ha acabado siendo una subespecie). De ahí, que me cueste mucho entender el apoyo de algunos psicoanalistas a este tipo de tesis.

    Si uno ve vídeos de años anteriores de Pablo Iglesias, denostando a la izquierda y sus lenguajes, entiende rápidamente el proceso. Yo ya me di cuenta, antes de meterme más a fondo, sólo viendo sus usos comunicativos. Si luego me enganchó Podemos, es porque coincidí en la calle con gente de extracción social muy diferente que estaban empeñados en construir un común y no regalarle prebendas al líder y al grupo promotor. La gente entró en Podemos y mucha gente confió en Podemos creyendo que iban a poder pensar por fin su vida. No que le iban a regalar esa opción a otro grupo de expertos que iban a hacer un uso torticero de esa posición de "sujeto supuesto al saber". Es decir, que iban a poder constituir su deseo como enigma, que es el germen de todo saber subversivo, emancipatorio, revolucionario en el sentido de nobleza radical de esta palabra. Copio una cita de Lacan, que lo deja bastante claro:

    "Rendí homenaje a Marx como inventor del síntoma. Sin embargo, este Marx es el restaurador del orden, por el solo hecho de que reinsufló en el proletariado la dimensión/la dicha-mansión [dit-mension] del sentido. Bastó con que, al proletariado, lo llamara así"

    Cuanto más leo a Laclau más pienso que tuvo intuiciones magníficas y esclarecedoras. Pero que a sus acólitos les pasa como a tantos que tocan con su pensamiento lo real: que les falta coraje para construirlo como un enigma y se deciden por el sentido y por el orden. Son dos formas de tratar lo real por lo simbólico. Pero de consecuencias diametralmente opuestas. La gente no es tonta. No del todo, al menos. Al menos, no toda la gente. En buena medida, el desengaño de una gran parte de las bases y del electorado con el proyecto de Podemos viene de aquí. Lo expresen en el lenguaje que lo expresen. Pero eso ya sería materia para otro momento del pensamiento.

    Copio ahora la continuación de la cita, por si algún laclau-hegemo-populista, de tantos que hay pululando la lee. Porque me parece que algunos se detuvieron en la anterior. No había más que seguir leyendo:
    “Pero la hegemonía, si no es acompañada de una acción de masas al nivel de la sociedad civil, conduce a una burocratización y a una fácil colonización por parte del poder corporativo de las fuerzas del statu quo. Avanzar paralelamente en las direcciones de la autonomía y de la hegemonía es el verdadero desafío para aquellos que luchan por un futuro democrático que dé un real significado al -con frecuencia advocado- "socialismo del siglo xxi"".

    Vistalegre fue una decisión de no seguir leyendo. Por eso la maniobra comenzó pidiendo silencio, coagulando, con las emociones y las pasiones, el pensamiento.

    Cierro con una cita de Ricardo Piglia (Respiración Artificial), de la que algunos debieran, creo yo, tomar nota, incluyendo el pesar por la, a mi juicio, injusticia con Heidegger, que cometió un indudable errror, pero luego volvió a su asiento y siguió pensando.

    “Entonces el cabo austríaco y el filósofo de Friburgo (con el Ser habitando la casa de al lado, según decía Astrada) no son otra cosa que los descendientes directos y legítimos de ese filósofo francés que se fue a Holanda y se sentó ante el fuego de la chimenea para fundar las certezas de la razón moderna. Un filósofo sentado frente al hogar, dijo Tardewski, ¿no es ésa la situación básica? (Sócrates en cambio, como usted sabe, me dijo entre paréntesis, se paseaba por las calles y las plazas) ¿No está allí condensada la tragedia del mundo moderno? Es totalmente lógico, dijo, que cuando el filósofo se levanta de su sillón, después de haberse convencido de que es el propietario exclusivo de la verdad más allá de toda duda, lo que hace es tomar uno de esos leños encendidos y dedicarse a incendiar con el fuego de su razón el mundo entero. Sucedió cuatrocientos años después pero era lógico, era una consecuencia inevitable. Si al menos se hubiera mantenido sentado. Pero usted sabe lo difícil que es mantenerse mucho tiempo sentado, dijo Tardewski y se incorporó y empezó a pasearse por el cuarto.”


    A veces, cuánto ganaríamos si algunos con tanta prisa por pasar al acto siguieran sentados.
    Ah, y muchas gracias y enhorabuena a quien haya llegado leyendo hasta aquí, que serán pocos. Alguien me dijo hace unos días tras leer un texto mío, que si “con este lenguaje pretendíamos llegar a las bases, apañados estamos”. Lo que pasa es que yo no pretendo llegar a las bases porque ya me siento en ellas. Esa mezcla liberal-parlamentaria (neoliberal) de la política con la pedagogía me da mucha grima: aquello del político profesional que cuando pierde unas elecciones dice que no ha sabido explicar sus políticas. Suele pasar que la gente las ha entendido sin necesidad de sus explicaciones. Se trata de entender el mundo y de entendernos entre nosotros. No de pretender que se tiene el privilegio de un conocimiento consumado y cometer la petulancia de ir a explicárselo a alguien. Las cosas están muy poco claras. Que sea así, no es bueno ni malo: es real. Lo malo sería que alguien quisiera hacer creer que sí lo están.

     (No dejen de ver este vídeo. Es muy esclarecedor):




    (Por supuesto, no es la primera vez que me intereso por estos temas, así que si a alguien le parece sugerente mi planteamiento, también puede ir a esta otra entrada... "¿Qué psicoanálisis para el populismo?")

miércoles, 6 de mayo de 2015

Cambiar de jerga no es cambiar de discurso: sobre el intento de colonizar el campo crítico por parte de la cúpula de Podemos.

( Son algunas acotaciones al artículo “Bienvenido, Juan Carlos Monedero” http://vlcnoticias.com/bienvenido-juan-carlos-monedero que publiqué el lunes 4 de mayo y que sugiero leer antes que este texto, para comprender algunas de sus alusiones)

El otro día va y dimite Juan Carlos Monedero profiriendo amargas quejas sobre la deriva y las actitudes de la cúpula dirigente de Podemos. Al poco, Pablo Iglesias publicó un artículo donde parecía recuperar las esencias gramscianas y un lenguaje combativo que pretendia alejarse del descafeinamiento de la centralidad del tablero. Algunos compañeros han creído ver un “cambio de discurso” en el núcleo dirigente de Podemos desde los postulados hegemonistas, de los que se suele hacer responsable a Íñigo Errejón, y que, buscando generar un nuevo impulso indican un posible cambio en el modo de hacer política.

La verdad yo no puedo ser tan optimista. Yo lo que veo es un intento de invasión semántica, bajo la forma de un cambio de lenguaje (un recambio del cambio semántico), que pretende tomar lo que se considera territorio enemigo –o al menos hostil dentro del mismo Podemos. Quiero decir, que un cambio de tono –y de batería retórica, y de arsenal argumentativo- no es suficiente si no hay un cambio del Dispositivo que permita que todas esas cosas resuenen de otro lugar y de otra manera. Pablo Iglesias y su equipo lo saben bien, por eso da una de cal y otra de arena. Se han pasado años clamando contra la vieja retórica de la izquierda que distanciaba a la gente –cosa de la cual en absoluto discrepo, sino todo lo contrario- y ahora no tienen reparo en utilizarla porque la saben presa de un Dispositivo que la cauteriza. Ese dispositivo sólo resuena en dos tonos: qué bueno es Pablo, qué malo es Pablo. Sólo depende de quién lo escuche, al margen de cualquier contenido semántico que se vehicule. Por eso, Lacan decía que “la verdad adormece o despierta dependiendo del tono en el que sea dicha”. Y el Dispositivo -el modelo organizativo y comunicativo- del que Podemos se ha dotado, como la retórica de la vieja izquierda, está hecho para adormecer pese a la verdad. También el de todos los demás partidos del sistema, evidentemente.

¿Por qué, pues, este viraje semántico que no enunciativo, de contenido que no de sentido, de semántica que no de sintaxis, de escenografía que no de modelo, de lenguaje que no de discurso, de significantes flotantes que no de significantes vacíos, de sustantivos y adjetivos (banalmente, de terminología) que no de gramática? Pues yo creo que se ha de leer más en clave interna que externa. Evidentemente, centrándose en lo mediático y en lo electoral, Podemos ha estado viendo que ha perdido mucho terreno en la calle, en implantación social. Pero también se ha dado cuenta, que a base de descafeinar el contenido de su propuestas para que no fueran expulsadas del tablero comunicativo, que han considerado como “campo único de enunciación” también están perdiendo la batalla ideológica y teórica. En un lado, al banalizarse y depotenciar su discurso por no salirse del escaparate. El escapartista –conocido también como “dueño del tablero”- ha continuado su estrategia comercial y ha colocado al lado un producto de otra marca que ha decidido publicitar como similar e intercambiable con el primero y que es conocido el bazar político como Ciudadanos. Cosas de jugar al branding y a los intangibles corporativos.


Bien. Eso de cara al exterior mediático-electoral. Pero hay una segunda vertiente. Evidentemente, derrotados pero no vencidos, los críticos han seguido construyendo pensamiento, publicando en prensa, en blogs, etc. La promesa del núcleo promotor fue ganar las elecciones con una voz monocorde y unificada. Y las últimas cifras no son halagüeñas en ese sentido. Se puede sacar una aceptable representación, pero ya no se compite con Rajoy, sino con tres fuerzas políticas estatales y quedar terceros o cuartos es muy pobre oferta para la gente empoderada a la que se le pidió que dejara de pensar por su cuenta y de tomar la iniciativa y se dejara representar íntegramente por el nuevo Consejo Ciudadano. Nueva forma de militancia, lo llamaban. En fin, modernísimo.

El caso es que si las voces críticas arrinconadas no han dejado de seguir generando pensamiento, los intelectuales orgánicos sí han seguido la pauta establecida. Han tenido a su disposición televisiones, medios escritos, estructuras de partido y perfiles de los medios sociales seguidísimos y muy nutridos de fervorosos followers que los convertían en virales entre vítores, aplausos, likes, favs y retuits. Ahora bien, su función no ha sido pensar sino difundir y legitimar. Y, por supuesto, rebatir el pensamiento que se oponía a la cúpula validando a Pablo Iglesias y sus más cercanos colaboradores –Claro que Podemos, para entendernos- como el nuevo sujeto supuesto al saber de la política. Y lo han hecho de formas, que siendo generosos, diremos que han sido algo deficientes. La primera, un viejo recurso conservador: la ridiculización y la sátira. Recuerdo que poco después de las europeas se citaba a Laclau haciendo referencia a que se debía cargar con la “cruz” del populismo, intentando emular la épica del martirio cristiano. Poco parecen saber del asunto, porque pocos historiadores del dogma cristiano dejarían de reconocerme que la apologética y la patrística, precisamente, se construyeron en buena medida contra la sátira conservadora de los paganos y de los "intelectuales orgánicos" de Roma. La sátira, la ridiculización, las acusaciones de oscuros deseos de poder y promoción narcisista son un arma de doble filo. Y, además, en el CC no contaban precisamente con un Swift o un Quevedo, un Juvenal, o un Marcial. Vamos que el perfil humorístico de los apologetas ha sido estos meses realmente bajo y la falta de ingenio de sus descalificaciones, a veces, patética.

Pero tampoco contaban con un Cicerón, precisamente. Cuando se han puesto a intentar contra-argumentar han intentado mezclar a Maquiavelo con Lacan, a Carl Schmitt con Lenin, a Hobbes con Green Peace, Judith Butler y Naomi Klein y cosas por el estilo, al grito de "¡textaco!" en sus perfiles de Facebook. Más patético aún ha sido el intento de adjudicarles a los críticos, además de oscuras intenciones de autopromoción, fuentes de autoridad absolutamente fabulosas. Recuerdo una torpísima pirueta retórica -de esas que duelen de vergüenza ajena- cuando leí que los que crítitcabamos los usos mediáticos de la cúpula es que estábamos en contra del uso político del espectáculo y se nos acusaba de ser debordianos delirantes. Era otro intento de confinamiento enunciantivo: "ya sé desde siempre quién eres, qué piensas, qué intereses te animan y todo lo que has leído desde pequeñito que yo también y soy más listo y moderno que tú". Miren, no. Yo estoy en contra de los usos tertulianos, no en contra de la representación siempre que no aspire a ser totalitaria. Por eso, en el artículo que he citado al comienzo, he metido, viniera a cuento o no, una cita de Noël Burch y he explicado porqué desde el análisis comunicativo, semiótico, discursivo y fílmico es muy difícil simpatizar con los usos mediáticos del comando así llamado.


 El colmo ha sido cuando, echando mano del manual de autoayuda, han empezado a hablar del derecho a la alegría y de que en política no se debe estar por interés o por sentido del deber, sino para “crecer” personalmente. Vamos, que teníamos que apoyar políticamente a un partido para fortalecer nuestra autoestima y la de sus líderes, como si no hubiera gente muriéndose de hambre, desahuciada o jóvenes teniendo que emigrar por centenares de miles. Creo recordar que ése precisamente era el argumentario según el cual había que ganar las elecciones en plan guerra relámpago y dejarse de zarandajas asamblearias y gestualidades del viejo activismo, que es la forma que la segunda fila (no lo he visto en la primera, sinceramente) del CC estatal, para ganar puntos, tenía de referirse a la horizontalidad organizativa y a la democracia radical.

Bien, visto todo esto, ¿por qué he escrito yo mi última columna y cómo interpreto tanto la dimisión de Juan Carlos Monedero como el último artículo del Secretario General? Evidentemente, carezco de cualquier información privilegiada y no me muevo en el "interior del monstruo" (estoy citando un mensaje que recibí ayer, vid. más abajo) que es la política electoral. Pero, "como todo el mundo sabe" creo en la suficiencia de lo obvio. Y la dimisión de Monedero, sus declaraciones inmediatamente anteriores y la respuesta periodística subsiguiente de Pablo Iglesias me dan a entender que, aunque jamás lo reconocerán explícitamente, y de hecho ya han hecho declaraciones y han encargado artículos a sus escribanos de confianza recalcando que están en la línea correcta, se han dado perfecta cuenta de que llevan camino errado. Porque no es lo mismo quedar terceros o cuartos en unas primeras elecciones con una apuesta de crecimiento de la implantación social y de la multitud (a no confundir con “masa”) crítica, que quedar en el mismo lugar con una apuesta personalista y mediática. En el primer caso, se trataría de un prometedor crecimiento. En el segundo, puede ser una debacle desesperanzadora, porque se había prometido lo contrario y las posibilidades de rectificación de esa apuesta, deglutida por la agenda mediática son mímimas.

La estrategia es, pues, dando algunas de cal con las de arena, intentar el asalto colonizador al campo crítico apropiándose de lo que ellos creen que es su semántica. Eso parece haber hecho Monedero con su dimisión. Por eso he titulado “bienvenido” mi artículo, para recordar que no es un invento ni una genialidad de la cúpula, sino que muchos ya estábamos aquí, y algunos con una lucidez creativa, combativa y muy constructiva. Que la estrategia va por ahí, me lo ratifica –y esto no es una información privilegiada, sólo privada, perdóneseme el personalismo de este párrafo- que a los minutos de aparecer mi columna recibiera un mensaje en el móvil sugiriéndome tomar un apacible y prometedor café de alguien de la esfera de CQP que ha estado rechazando, ninguneando, o delegando a terceros para no mancharse las manos, mis ofrecimientos, que los ha habido y lo he reconocido siempre, para colaborar con Podemos en mi entorno más cercano. Y hasta aquí puedo leer. Por supuesto, esta vez, yo rechacé la invitación. Supongo que no se aclaran muy bien con alguien que sólo quiere sumar sin esperar prebendas o cargos a cambio y por lo tanto es muy difícil conseguir que no diga lo que piensa. Que no soy de fiar, vaya. Y, como yo, "otros muchos", obviamente.

Por eso digo que este intento de asalto colonizador a la semántica del disidente no implica un cambio de discurso. En absoluto. Y por eso le añadí un apéndice a mi artículo, en una operación que periodísticamente puede ser considerada como rocambolesca, hablando de que si no se cambia el dispositivo y sólo se cambia la jerga no estamos cambiando nada radicalmente, sino haciendo maquillaje. Si no hay una refundación organizativa de Podemos ya me pueden hablar de derribar el capitalismo en dos días. Puro ruido táctico. Me interesa mucho más la voz que las palabras, el empoderamiento organizativo, la multitud reconociéndose, que los programas y las diatribas. Porque los programas no son más que el sometimiento de la acción política a la forma, al dispositivo, del contrato capitalista. Y en un entorno neoliberal, nada más fácil que violar un contrato.
 

Decía Lacan, probablemente el pensador –que no filósofo- más consistente, más radical y más subversivo que conozco -y que por eso desconfió siempre de la “claridad”- que “El amor es signo de que se cambia de discurso” Y, además, advirtió que “El goce del Otro no es signo de amor”. Son dos sentencias de una lógica simple y aplastante. La primera es una indicación técnica: es el amor el signo que puede detectar el analista de que el sujeto –por medio de la transferencia- ha cambiado de dispositivo y ha pasado del Discurso del Amo –del todo igual para todos- al Discurso del Analista en el que se deja actuar por el objeto causa de su deseo (el “objeto a” lo matemizó Lacan) y cesa de intentar que el Amo presione al saber para producírselo. Es decir, pasa de articular su goce en un demanda que necesita de un amo que la descifre (que le dé sentido) a tratar con el goce, con el sinthome desde la responsabilidad subjetiva. Es el principio de cualquier emancipación. Para entender la segunda sentencia no hace falta tanta teoría: lo entiende cualquiera a quien le hayan roto alguna vez el corazón.

Entiendo que muchos que se vean reconocidos se desentiendan de hacerlo público y explícito, porque en política siempre se puede tener que pactar y no es bueno quemar las naves. Yo no es que las queme, es que no tengo. Ya sabemos la afición que tradicionalmente tenemos los españoles a quemar o mandar a luchar contra los elementos a las “máquinas de guerra”.

Por mi parte, puedo asegurar que este texto es light en comparación con algunas cosas que he leído descalificando a los críticos desde los politólogos de la segunda fila del Consejo Ciudadano de Podemos. Y no hablemos ya de los hooligans y palmeros. Insultos verdaderamente vergonzosos, muchas veces. Unas por el nombre del interpelado (ad hominem), otras operando por el subtexto (a buen entendedor…) Lo que pasa es que si se faltan ellos lo hacen con el enemigo, si criticamos o disentimos los demás, lo hacemos con el mismo Podemos en carne viviente. Vamos, que hacemos daño electoral. Lo de Mondero, no. Que ha sido sin querer. Yo he optado por no citar a nadie ni a favor ni en contra. Supongo que habré hecho bien.


Les dejo con un toque berlanguiano, para que se vea que no soy nada debordiano.


martes, 5 de mayo de 2015

Bienvenido, Juan Carlos Monedero



Miren ustedes por dónde, ahora resulta que, según declaró poco antes de dimitir, Juan Carlos Monedero odia de Podemos lo mismo que yo y otros muchos: la mezquindad partitocrática, el olvido de los principios -ahogados por un electoralismo con maneras de márketing-, la verticalidad sin camino de vuelta, la desactivación de la iniciativa ciudadana, el cierre enunciativo de la cúpula, que banaliza todos sus mensajes para que puedan ser deglutidos sin pensar por los electores, a base de ser repetidos hasta que pierden todo su potencial de empoderamiento y radicalización democrática. Lo que pasa es que yo, y otros muchos, pues no podemos dimitir porque no tenemos cargo alguno desde el que hacerlo. Algunos podrían hacerlo desde cargos autonómicos o municipales, tanto internos de Podemos como, en algunos casos, ya institucionales. Pero nadie podía hacerlo, hasta ahora, en el Consejo Ciudadano estatal, porque gracias al sistema electoral de Podemos (eso que algunos llamamos “listas plancha”, término que horroriza a sus miembros, y yo he llamado más de una vez telecracia) es un órgano absolutamente monocolor y homogéneo, concebido para ser el centro neurálgico de una “máquina de guerra electoral” y, al menos aparentemente, impermeable a la crítica, a la discrepancia, a la alternativa táctica y política.


Lo que no deja de ser curioso, desde un cierto punto de vista (el mío, por ejemplo, pero también el de otros muchos) es que, debido a las constricciones de agenda de los medios institucionales –y utilizo el término en el sentido fílmico (véase más abajo) y no en el administrativo-, que dan una imagen de Podemos completamente sesgada –es decir, como si fuera un partido convencional-, Monedero parece haber descubierto esto por la vía de la sesuda reflexión introspectiva. Y va a ser que no. En Vistalegre hubo una oposición muy fuerte al modelo organizativo triunfante y a su derivación política y pragmática, que apostaban por lo electoral, y consecuentemente lo mediático, como el objetivo fundamental de Podemos. Allí se debatió entre la claridad -que el núcleo promotor vendió como “un estilo de hacer política”, y que ha acabado siendo una ideología tan inconsistente (por eso de la centralidad del tablero y del elaboremos un discurso edulcorado para el votante cualquiera) como arrolladora- y la necesidad de sumar. Porque al grito de “¡un secretario general le gana las elecciones a Rajoy y tres no!” lo que se decidió fue un modelo organizativo y un modelo de voto que Juan Carlos Monedero defendió de manera patente, visible y enconada.


En fin, que a partir de ahí se constituyó un Podemos que privilegió su vertiente mediática sobre su dimensión de herramienta para el empoderamiento ciudadano. Porque los dispositivos, los Mass Media tanto como los modelos organizativos, justamente, “modelizan” y predeterminan lo que va a venir después. Y lo que vino después es el privilegio de una imagen forjada en la televisión y las tertulias, que pasó de ser la pista de despegue de Podemos, como había sido antes de las europeas, a ser el principal –casi único- escenario de su representación y relegó a un segundo plano a los círculos y la gente auto-organizándose, que había sido fundamental para que una fuerza emergente, que había conseguido la cuarta posición en las Elecciones Europeas, pudiera llegar hasta la Asamblea Ciudadana de Vistalegre en una posición de protagonismo político, discursivo y social envidiable.

A partir de aquí esa ideología mediaticista y espectacular, que supone que la búsqueda de la hegemonía es indisoluble –i.e., se deduce sin discontinuidad alguna- del populismo y de la impostación de la figura de un líder, ha ido ahogando a Podemos y ha facilitado la emergencia de un ente electoral formado por auténticos profesionales del merchandising político como Ciudadanos, al mismo ritmo que la multitud empoderada se sentía de nuevo condenada a su papel de electorado, es decir, de espectador pasivo de la representación política. Tiene su lógica, porque al ser presa del laberinto mediático, el líder (y el “comando mediático” como su extensión) se ha visto obligado a exigir la sumisión absoluta de las propuestas programáticas a la búsqueda de la máxima audiencia_ la famosa “centralidad” del tablero.


Mientras, los que advertíamos de los peligros y efectos secundarios de este “modo de representación” éramos blanco de todo tipo de sospechas por parte de la cúpula y sus afines y continuamente acusados de tener motivos “poco claros”. Y se nos aplicaba inmisericordemente –a veces, con mucha crueldad y, en las redes sociales, con insultos y descalificaciones realmente hirientes- la famosa distinción schmittiana amigo-enemigo, que se iba consolidando, más en el interior que en el exterior –allí, el enemigo era más fuerte- como otro de los “rasgos” del estilo CQP. Porque si a Podemos la casta se lo ha puesto difícil, imagínense las que hemos tenido que pasar los que hemos estado en Podemos defendiendo una auténtica democracia radical, cómo lo hemos tenido que pasar siendo schmittiana y maquiavélicamente acusados de hacerle el juego al enemigo, cuando veíamos, con su autenticidad originaria en peligro, que todo el proyecto de Podemos corría el riesgo de irse al garete. Se nos solía aplicar lo que en otro lugar he llamado confinamiento enunciativo: que si éramos unos quejumbrosos narcisistas, unos izquierdistas old-fashioned (casi me salé demodés, pero hubiera sido darle bazas al “enemigo”), que si líquidos, que si moralistas, etc.  A ver qué dicen ahora, que el golpe en la línea de flotación se lo ha dado una de sus figuras más representativas, dimitiendo justo al comienzo de un trascendentalísimo período electoral.


Yo estoy de acuerdo con Ernesto Laclau en que “la sociedad no existe”, es decir, que no tiene una realidad objetiva fuera de los antagonismos políticos que la constituyen, como querrían los neoliberales para aplicarles sus patrones métricos de control –las estadísticas y los sondeos- y los estalinistas –las leyes eternas de la lucha de clases y el materialismo histórico. Por eso, a veces, a la sociedad le puede hacer falta un líder para suturar el agujero de su inexistencia. Pero, en tanto proceso subjetivo y no objetivo, a Podemos le hace mucha más falta la voz proteiforme de la multitud emancipándose. Y un líder para la emancipación debe estar dispuesto siempre a ser destituido, a ser un instrumento transitorio que la multitud necesita para reconocerse, y no pretender confundirse de modo absoluto con ese reconocimiento y volver a necrosar la voz popular en una representación monolítica. Hay otras formas de hacer política que la representación. Y creer en ello significa que todos, absolutamente todos, estamos capacitados para hacer política.

El caso es que Monedero se queda. Y lo hace porque piensa, como yo y otros muchos, que lo mejor de la inquietud política española está en Podemos. Nunca me ha fascinado la cúpula y muchas veces me ha indignado la segunda fila de Podemos, haciendo palmas. Pero no les vamos a regalar el entrar en el juego amigo-enemigo. Ni estaría bien insistir en exceso ahora, que Monedero se ha subido a un carro que estaba en marcha mucho antes de que se subiera él, en que hubo una multitud que le avisó hace ya meses de que esto pasaría. Hemos de intentar entre todos –él y otros muchos- salvar Podemos como propuesta electoral. Salvar las iniciativas municipalistas en las que Podemos participa (y que por sus maneras de participación y elección son de una horizontalidad democrática ejemplar), y recordar que en Aragón, en Madrid, en Andalucía y en otras autonomías –hasta en el País Valenciano, gracias a la habilidad colectiva de los electores- esas voces críticas están representadas en las listas electorales de Podemos. Y más ahora, que habiendo apostado por un solo secretario general, el astuto sistema ha provocado que nos tengamos que enfrentar a tres, con el concurso de esa componenda anti-urgencias democráticas llamada Ciudadanos.

Bienvenido, pues, Juan Carlos Monedero. Te recibimos con alegría. Bienvenido a este tren al que puedes subirte porque hay quien lo puso en marcha y lo ha seguido empujando en tiempos oscuros.  Podemos necesita una reorientación para realizar ese trabajo  titánico que tiene encomendado. Y todos, cada cual con sus habilidades, vamos a ser necesarios en la tarea.

Apéndice.


Ya sé que es absolutamente inusual -y probablemente inconveniente- añadirle un apéndice a una columna periodística, pero todo sea por el distanciamiento brechtiano y la ostranénie, de la que hablaban los formalistas rusos. Cabría preguntarse por qué, si hubo tantos teóricos e investigadores –algunos prestigiosísimos- de la comunicación que se lanzaron ávidos de conocer y entender sobre el 15M –y no voy a citar por su nombre a ninguno para evitar la injusticia de la omisión o el olvido- y sus dinámicas de acción en red, prácticamente no hay casi nadie del ramo que se haya interesado activamente por Podemos, y si lo ha hecho –como yo, y esta vez no puedo añadir “y otros muchos”- haya sido por el lado crítico.  Cuidado, no estoy diciendo que no haya en Podemos tecnócratas muy hábiles de la viralización y el hashtag. Me refiero a que no ha habido una reflexión teórica implicada, interior, a las prácticas comunicativas de Podemos. Pues bien, al inicio de este texto he dicho que utilizaba el adjetivo institucional en sentido fílmico. Permítaseme que copie una cita de esta joya del pensamiento cinematográfico, que debería ser lectura obligatoria en cualquier itinerario del bachillerato, con todo su regusto althusseriano:

“Pero a quien quiero interrogar es a la institución, o, más exactamente, a ese modo de representación que la caracteriza.


Puesto que, y ésta es la tesis principal de este libro, veo a la época 1895-1929 como la de la constitución de un Modo de Representación Institucional (a partir de ahora M.R.I.), que desde hace cincuenta años es enseñado explícitamente en las escuelas de cine como Lenguaje del Cine; lenguaje que todos interiorizamos desde muy jóvenes en tanto que competencia de lectura gracias a una experiencia de las películas (en las salas o en la televisión) universalmente precoz en nuestros días en el interior de las sociedades industriales.

Por otra parte, si hay una justificación de mi empresa en los planos ético y social, es a partir de esta constatación: millones de hombres y de mujeres a quienes se les enseña a leer y a escribir «sus cartas», no aprenderán más que a leer las imágenes y los sonidos, y por tanto sólo podrán recibir su discurso como «natural». A lo que quiero contribuir aquí es a la desnaturalización de esta experiencia.


Si tiendo a sustituir el término «lenguaje» por el de «modo de representación» no es sólo por la carga ideológica (naturalizante) que el primero implica. Porque si bien he llegado a adoptar en algunos aspeaos la metodología semiológica sigo pensando que este sistema de representación institucional es demasiado complejo y demasiado poco homogéneo, tanto en su funcionamiento global cuanto por los sistemas que construye -específicos y no específicos a la vez, desde el código indicial de las orientaciones espaciales hasta el sistema de representación perspectiva- para que incluso metafóricamente la palabra lenguaje sea apropiada. Pero, sobre todo, procuro subrayar que este modo de representación, del mismo modo que no es ahistórico, tampoco es neutro -como puede pensarse de las «lenguas naturales» pese a Bakhtin-, que produce sentido en y por sí mismo, y que el sentido que produce no deja de tener relación con el lugar y la época’ que han visto cómo se desarrollaba: el Occidente capitalista e imperialista del primer cuarto del siglo XX” (Noël Burch, El tragaluz del infinito: p.17. Las cursivas son mías)


Que no haya un afuera positivo y ontológicamente objetivo, una verdad virgen del espectáculo informativo y comunicativo, no implica que éste pueda constituirse como un todo. Y el que no esté al tanto de esa diferencia éxtima e irreductible, en la que habita la pulsión, caerá irremisiblemente en las redes del circo mediático. Estar al tanto de ello implicará que se pueda vivir la pasión política, pero no tanto caer en la ingenuidad de que se pueda hacer un uso político de las pasiones plenamente dócil al cálculo identificatorio. El neoliberalismo ha privatizado el fuera de campo, como espacio de producción del sentido, igual que la sanidad, la educación o la producción y distribución energéticas. Que estemos al tanto de ello, explica por qué hubo comunicólogos o semiólogos en el 15M y hay tan pocos implicados en Podemos, ahuyentados por la engañosa “claridad” (tan cerca semánticamente de la “naturalidad”) del núcleo promotor. Por eso, creo firmemente que el pensamiento comunicativo y fílmico han de ponerse a la altura de la filosofía, la politología, el psicoanálisis y la epistemología. Hay que atravesar el fantasma de la espectacularización informativa y no regodearse en él con un goce cognitivo-conductual. Yo lo intenté hace unos años, pero, por motivos diversos, reconozco que fue un intento fallido. Y sobre todo, recordar que no hay cambio hegemónico sin amor, porque éste es el único signo de que se cambia de discurso. Lo demás son sólo tendencias girando sin parar en el círculo siniestro del capitalismo.  Por eso, sí, mucho mejor Galeano que Juego de Tronos. Pero no está de más echarle también un ojo a Black Mirror. Facilita el tránsito.


(Este texto fue originalmente publicado aquí)

sábado, 18 de abril de 2015

El silencio fragmentado (Aupuntes sobre el Populismo, 29)

 Otra vez, recojo cositas de Facebook. Es obvio, suficentemente, que muchas de las cosas que veo en Podemos no me gustan nada. En mi opinión, el golpe de timón de Vistalegre ha ido convirtiéndolo en un partido más. No sé si con tres secretarios generales se le ganan las elecciones a Rajoy, pero cada vez voy teniendo más "claro" que hubiera sido mucho más fácil taponar el crecimiento de Ciudadanos. Cosas del tablero.... Mi compromiso es ningún ataque público a Podemos hasta que pasen las elecciones. Todo lo que veáis es respuesta a los ataques de la cúpula a los críticos, a los que intentan echar la culpa de sus errrores. Ahí, me cuesta mucho callar. Lo cierto es que me he comprometido mucho durante meses con Podemos y creo que esta es la posción más cabalmente responsable que puedo adoptar ahora: un silencio fragmentado.
  •  Vengo de hablar de Canal 9 y vengo de hablar de Laclau. Y mi sentimiento con Laclau es cada vez más ambivalente. Es asombroso cómo me ha servido su articulación de la hegemonía, del antagonismo, de las operaciónes simbólicas en las que se articula lo político y lo agónico en la lucha social para entender un fenómeno tan insólito como el que una televisión pública desacreditada, manipulada, degenerada y denigrada por su audiencia potencial pudiera con su cierre propiciar un giro de tendencia política en un pueblo tras décadas de pasividad e inercia de la que no la habían podido sacarla ni los argumentos ni las evidencias de currupción, nepotismo, estulticia, vulgaridad y zafiedad formulados denuncia tras denuncia por los "sectores progresistas" de esa sociedad. Y sin que éste movimiento social necesitara de ningún líder. Sí, como intentamos mostrar en ese texto sus autores, de operaciones de puesta en escena, de formulación espectacular y de retórica narrativa y visual que encauzaran y puntuaran, orientaran, la acción colectiva de la multitud. Fue una operación de representación audiovisual en el más cabal sentido de la palabra.
    Sí, Hegemonía y Estrategia Socialista, me parece un texto valioso. No una Biblia, sino un empeño heurístico sobresaliente y cargado de coraje. De coraje radical. Porque Laclau y Mouffe no se cansan de equiparar la radicalidad a la valentía de afrontar el desamparo. Ninguna ontología, ninguna "mater" (materia), ningunas leyes inmanentes de la historia, ninguna conciencia con el privilegio de conectar con la esencia de lo real más allá de los símbolos. Hegemonía es contingencia, y lo político es el reino de lo innecesario y, por lo tanto, de lo impredecible. Hay el cálculo, pero no sin sujeto, no sin apuesta, no sin la ética de sostenerse en el deseo ante el Otro incompleto del Poder.
    Pero después... La vindicación del populismo, agarrarse al concepto de lo político schmittiano, del partido otra vez esencializado, de la distinción amigo-enemigo librada al imaginario de la euforia y de la pulsión, de la crueldad espuria e innecesaria con el discrepante... No veo ahí ya el mismo impulso genial, noblemente, heurístico y estratégico por fundar lo inédito, por inventar un mundo a través de la emancipación colectiva. Veo, cada vez más, el impulso de legitimación de lo que ya existe, de regímenes que necesitaban un aparato de compulsación ideológica ante el stablishment internacional, y no otra cosa. Veo claudicación ante el desamparo que toda política emancipatoria debe desear como el único ámbito de su posibilidad. Veo la voraz carcoma del sentido que vuelve. Y, claro, ya empieza todo el edificio a gustarme bastante menos. No puedo imagnar la libertad sin el ocaso de los ídolos. Yo no. Al menos. (15 de abril)
  •  Al final, una de las cosas que van a resultar interesantes del auge actual del populismo vía Mouffe y Laclau -pasen o no a la historia por sí mismos, que de momento están de rabiosa (schmittiana) actualidad, pero sabido es que una cosa no garantiza la otra- es que están consiguiendo lo que no había conseguido nadie: una vulgarización de Lacan a base de extraer citas de sus seminarios que entiende todo el mundo, es decir, que a causa de su descontextualización, todo el mundo entiende mal, fuera de su lógica y de su trama. Tranquilos, de significantes vacíos Lacan sabía más que nadie. Por eso, para no ser di-"vulgado" en el reino del sentido, de esa religión del yo -el yo religado consigo mismo- que es la moralina autoayudística prefirió siempre la oscuridad a la claridad. Perfectamente comprensible ¿no? En fin, a ver cuánto dura la referencia a Lacan en ese tono traicionero. O si será necesaria una vuelta a Lacan como el tuvo que hacer una vuelta a Freud y por los mismos motivos: una tendencia al adapatacionismo enconadamente ocultadora de lo real. En los psicoterpeutas o en los psicopolíticos. Cosas del tablero, de cuya centralidad el Discurso Analítico no puede ser sino el reverso.  (15 de abril)
  •  Hay "estilos" que dan ya mucha grima. Ansia de poder es intentar cambiar los resultados de unas primarias porque no has podido colocar a tus amigotes. Y echar la culpa a la voz del sentido común cuando te estás cargando un partido a base de maniobras de opereta, arribismo, incultura política y torpeza. (7 de abril)
  •  Por principio, no cito fuentes informativas de la derecha, por eso no vinculo ningún link a este comentario. Pero no paro de leer no sé si rumores o informaciones de que Pablo Iglesias está imponiéndole a Teresa Rodríguez llegar a acuerdos con el Psoe en Andalucía. Si la información resulta ser falsa, pues no me tengan en cuenta este comentario. Pero si no, y después de tanto oír hablar de hegemonías y que quien pone los principios por delante es siempre un viejo y rancio izquierdista identitario que no se entera de qué va la nueva política, yo haría el siguiente razonamiento. Precisamente con el fin de propiciar el cambio hegemónico, yo no vería mal en absoluto, de entrada, que Podemos llegara a acuerdos con el PSPV o el PSM, porque en estos dos lugares lo principal, lo que necesita el pueblo, la gente, los ciudadanos, es tirar al PP. Eso es generar un cambio hegemónico en Madrid o en el País Valenciano. Pero por las mismas razones, eso no viene a cuento en Andalucía, donde a quien hay que tirar es al Psoe.
    El problema es cierta concepción del Estado liberal decimonónica que podría acabar implantándose en Podemos. Una dirección que piense sólo en clave Estatal, española, desde la capital y que no tenga en cuenta la articulación real de un Estado plurinacional. Vamos, un partido con dirección en Madrid y casinos (como los conservadores y liberales en la época de Alfonso XII) en las provincias. En resumidas cuentas, telecracia: ejercicio del poder a distancia en tanto que a distancia se ha legitimado este poder. Eso no sería pensar en clave hegemónica, sino en clave de tablero, es decir, un puro formalismo vacío -un cierto "esquematismo trancendental"- con tintes puramente electorales. No hay posibilidad contrahegemónica si no se contempla lo real del antagonismo. Y lo real empieza no tanto por lo concreto -eso sería "viejo marxismo", por dios- como por lo particular, por la excepción como ressistencia a lo formal-universal, al Discurso del Amo que quiere que todo vaya igual para todos. Lo del tablero está muy bien. Pero no deja de ser jugar. (1 de abril)
  •  Yo creía que Podemos se había inventado para no fijarse en nadie. Un modo nuevo de hacer política desde la multitud. Me da la impresión que no sólo estamos perdiendo la oportunidad de empoderar al pueblo, sino de colocar a España en la vanguardia política mundial. Podemos podía haber significado eso... El poder de la invención, el poder de lo inédito, el poder de una auténtica revolución paradigmática. I had a dream.... (1 de abril)
  • CQP no es un estilo. Es una ideología. Tengo que sacar el rato para articular este texto, repasando desde el uso ramplón del psicoanálisis que hacen algunos laclauianos hasta su aberrante encaje con Carl Schmitt. Yo no me escandalizo de nada. Se me agotó la capacidad. Pero hay que hacerlo bien. El otro día compartía este vídeo y creo que es lo que debemos aprender. Es exactamente lo que el sistema ha hecho con el clan de Somosaguas. Luego nos tocará a los que ya les advertimos de que esto iba a pasar. (28 de marzo)
  •  Hay fuego amigo, y luego hay fuego maquiavélico-hobbesiano-schmittiano. Perdonen el tecnicismo, pero es que soy valenciano y entiendo de tracas. Ya ven, el saber no ocupa lugar. (26 de marzo)
  • La gran crítica a los críticos es esa. Buscar a toda costa hacerse falta en el Otro, ser lo que al Otro le falta. Es una demanda inagotable: buscar con denuedo un amo sobre el que reinar. Ahora bien, decir que ponerse en el lugar del amo es ponerse de parte del No-todo un poquito de trampa es, ¿eh? Un poquito bastante. Una cosa es aceptar la imposibilidad estructural de que haya una demanda cuya satisfacción destruya (colapse, sature) el deseo y otra es imponer "no demandes que total no vale la pena" (o peor: que molestas). La enunciación crítica lo que se coloca es en posición de poder aceptar un fuera del sentido, ni de demandar un sentido pleno ni de pretender que la posición del otro es de absoluto sin sentido, por el hecho de que apunta a su incompletud, aunque sea negándola. Es la diferencia entre el machista y "el hombre sin ambages" del que hablaba Lacan. Vamos que acepta el Falo que no hay otra cosa no parece ni radical ni democrático. Si Freud hubiera hecho eso, el PP no hubiera tenido necesidad de ley modaza: el electroshock estaría instucionalizado. ¿Change Org es un dispositivo histérico? Sí. Escuchémoslo no denunciando la imposibilidad de satisfacer sus demandas para mandar Wittgesteinianamente callar. Wo es War soll Ich werden. (26 de marzo)
  •  El argumento ya muy cansino, de que quien critica a a la cúpula de Podemos prentende "hacer lo mismo" que los activistas e izquierdistas de antes de la epifanía del Mesías me parece extraordinariamente lacerante. Señores, yo hacía 35 años que no entraba en política (desde mi adolescencia) porque no quería hacer lo mismo que veía hacer a todos los partidos "de izquierda" acomodados con el régimen del 78. Me acerco a Podemos porque veo la posibilidad de hacer otra cosa. Y cuando protesto porque la cúpula decide hacer lo mismo que los partidos de la casta (tele, mítines, listas pactadas, lealtades al margen de la verdad...) me dicen que protesto porque quiero hacer lo mismo. ¿De qué mismidad hablambos? Es un argumento idiotamente goebbelsiano. Lo distinto era Podemos antes de Vistalegre. El Podemos post Vistalegre está siendo cada vez más más de lo mismo y los que reclamamos no hacer lo mismo no somos los mismos mismos que aquellos mismos. ¿Se me entiende, verdad? Pues como a ellos. Si se están sacando 15 diputados de un total de 109, sí que se está haciendo lo mismo que la izquierda sistémica. Si la excusa para todo lo que se ha hecho era la urgencia de ganar: ¡Ganen o aténganse a las críticas y a que les recordemos que ya les dijimos que ese no era el camino! Y punto. (Ah, y por cierto, en democracia haber perdido una elecciones no es sinónimo de obligación de callar para siempre, sino que es completamente legítimo, si se tiene la convicción, reclamar la validez de los argumentos que fueron derrotados en su momento) (24 de marzo
  • "Ahora bien, creo que un toque de “realismo” no vendría mal en este momento. El resultado en las Elecciones Europeas fue un indudable éxito personal de Pablo Iglesias, pero en absoluto fue una victoria, como él se encargó de recordar esa misma noche. Queda mucho camino por recorrer y en él, muy previsiblemente, Podemos se convierta en un partido decisivo para quitarle el gobierno a la derecha, pero su posición pasará o bien por hacer una combativa oposición o por colaborar en tareas de gobierno pero no en mayoría, ni siquiera relativa. Y ése será un camino muy, muy espinoso."

    ¿De ahora? Noooo, de hace cinco meses...

    Huy, esto también:
    "Creer que se pueden usar impune y libremente los media para los propios fines, cuando esos fines difieren de perpetuar el statu quo del poder, es realmente muy ingenuo. El capitalismo tiene en su maquinaria mediática, que hace del fetichismo mercancía, el aparato ideológico y represivo más potente que ha existido jamás. Y como dejó dicho el sociólogo Pierre Bourdieu, “la televisión oculta mostrando”. Ojalá me equivoque pero la intuición me dice que, mientras ahora todo lo que le concierne es tratado casi como un programa de producción propia en Cuatro o La Sexta, el sistema mediático español lo tiene todo previsto para neutralizar y expulsar del centro de la agenda a Pablo Iglesias en cuanto éste deje de ser un mero generador de audiencia y pase a ser un actor clave del empoderamiento popular en las instituciones, Si eso llegara a suceder, las masas le abandonarían inmediatamente seducidas por el siguiente juguete… Excepto que ellas mismas se hayan constituido como una sólida unidad popular transmediática."

    Y esto:
    "Dicen los apocalípticos leninistas de salita de estar (por distinguirlos de los leninistas mediáticos integrados) que Podemos se puede convertir en un nuevo PSOE.(.....) No, Podemos no cuenta a su favor con los traumas de la España cañí, sino que nace para ser la gran arma contra ellos. No viene a vendernos el viejo sueño de la inclusión en Occidente, sino a despertarnos de esa pesadilla del capitalismo salvaje y de la troika. Su fin, si traiciona sus objetivos, es el ostracismo electoral y el olvido más cruel, no la desactivación del pueblo y el encandilamiento de la opinión pública por medio del carisma del líder, como consiguió durante trece años el felipismo."

    Esta mañana había decidido no hacer comentario alguno sobre las elecciónes andaluzas. Simplemente he compartido el vídeo del último plano de Mulholland Drive, alusión que habrá pillado muy poca gente. Pero ya he leído en varios muros de esa segunda fila de figuras del Consejo Ciudadano Estatal, que el bajo resultado de Podemos se debía a ciertos tics activistas e izquierdistas, culpando poco solapadamente a Teresa Rodríguez. No, señores, de lo que se ha cansado ya mucha gente no es de los tics del activismo, sino de los tics de político profesional de toda la vida que ostenta cada vez más el antiguo núcleo promotor, luego comando mediático, posteriormente cúpula dirigente. Y no han visto la diferencia. Eso de ganar el centro, de ganar la mayoría, lo está haciendo magistralmente C's. La lucha de Podemos debería ser otra. No la del tablero mediático, sino la de la realidad social. Y ésa hace tiempo que parece haber dejado de interesar y haber sido usurpada por los quesitos de colores. Confundir el marketing electoral con la construcción hegemónica es lo que tiene. Y no. Bien, no va la cosa. (23 de marzo)
  •  Uno lee cosas sobre los curas católicos, la pedofilia, supuestas perversiones y uno se pregunta. ¿No será que lo realmente pervertido es la moral católica basada en la continencia, el celibato y la culpa? Ya sé que a estas alturas la pregunta resulta muy ingenua, casi obvia, perogrullesca. Pero acabo de leer sobre el fraile ese del camino de Santiago, y he pensado ¿no hubiera sido mucho más natural que el buen hombre hubiera tenido la opción de haber vivido su sexualidad libremente? No dejo de no ignorar que la sexualidad humana tiene un punto de "maldición", en el sentido etimológico del término. Nunca podrá ser ben-dita y siempre, en tanto que mediada por el símbolo, que como toda representación es esencialmente per-verso (no lleva rectamente a la cosa, sino a través del circuito, de la circunlocución). y mal-dice, será mal-dita. Por eso toda revolución sexual basada en la transparencia y la publicidad lleva en sí el germen de su fracaso.
    Ahora bien, la libertad no es la transparencia, y por eso conlleva una responsabilidad por la singularidad -por la opacidad, por la oscuridad- de cada uno y no una culpa, porque no se mide contra un ideal y por tanto no está subyugada por una moral inicua. No sé, el monstruoso edificio católico debería empezar a preguntarse seriamente si lo que considera sus anomalías no son un corolario inevitable de su propia esencia. Francisco debería sentarse cara a cara con Lucifer y abrir un serio debate, donde la víctima no sea siempre la verdad y, consecuentemente, la libertad. El próximo concilio, en el Infierno. Es una región que el papado considera tan conquistada que no le presta la atención que debiera. Si se convoca el Concilio Demoníaco I, yo iría de corresponsal. A ver qué se cuece.
    Ah, y México no me vale como sucursal. La brutalidad en México es consecuencia del capitalismo neoliberal, ése que ha hecho del patriarcado -que sí, que ya sé que es más antiguo- una versión espeluznante, inéditamente bárbara. (16 de marzo)
  • Nadie en su sano juicio denuncia una representación, en el siglo XXI porque crea que ciega una verdad literal. Las representaciones, los espectáculos sólo son criticables si se pretenden hacer pasar por verdades. Ningún puritanismo en ello. La cuestión es que como yo vengo de una semiótica filtradita por el psicoanalásis siempre pienso la cuestión de la representación en términos estrucuturales. Esto es, para mí no tiene mucho sentido hablar de buena fe o de buena realidad. En realidad toda representación presupone una "teoría de la mentira" (Umberto Eco, dixit) en su base, es decir, no se trata tanto de buena fe o de buena representación porque por estructura si algo se presenta en lugar de algo o alguien literalmente lo hace ausente, es decir usurpa su presencia. Por lo tanto no hay ninguna representación legítima a priori, más bien al contrario, legitimar cualquier representación es una tarea artificiosa y compleja. Y más, si además del deseo, tenemos en cuenta la pulsión contra la que aquel es dedefensa. Por aquello de el significante mata la cosa. ¿No?
    Yo siempre pensé y dije que la apuesta más subversiva del 15M fue negarse a tener representantes. A mí nunca me pareció una carencia o un error sino un gesto pleno de sentido, una ruptura absolutamente radical y necesaria. No porque destapaba la verdad, sino porque se negaba a entrar en la dialéctica del espectáculo impostor. La prisa por suturar la herida de la "desrepresentación" me ha parecido (24 de marzo)
  •  No tengo nada contra los espectáculos. De hecho, me gano la vida explicándolos y disfrutándolos. Pero como se ha dicho más arriba, no todos los espectáculos son iguales, están sujetos a dispositivos ideológicos y tramas discursivas específicas y concretas. Yo en todo caso he criticado un dispositivo espectacular concreto, el sistema mediático neoliberal que funciona como simulacro. Como un tipo de simulacro concreto de hecho, la hiperrealidad (Baudrillard), que se postula más real que lo real. Pero vamos, nada contra el carnaval, que es otro tipo de espectáculo. El problema de los dispositivos es que uno ha de estar al tanto de ellos, porque no te dejan indemne. Vamos que no es lo mismo ver una peli de Van Damme que un film de Tarkovsky. El primero idiotiza, hagas de bueno o de malo. El segundo emancipa. (24 de marzo)
  •  Yo nunca he dicho que no a eso, efectivamente. Ahora, equipo mediático y estrategia electoral tienen todos los partidos de la casta. Una militancia multitudinaria hubiera debido ser el rasgo diferencial de Podemos. Y mi hipótesis es que si los resultados electorales no están a la altura es, precisamente, porque la gran multitud entusiasmada y laboriosa que generó el fenómeno 15M y después Podemos está en clara deflacción. Quien haya provocado esa deflacción, o consigue los resultados prometidos a cambio de la verticalidad y el centralismo, o deberá responder de ello. Es bien simple. (24 de marzo)
  • Yo he llegado a un paroxismo de autocitas que ya me da rubor. Dije que esto pasaría, tal cual desde hace meses. Pasa lo que dije, recuerdo que lo dije y es que soy un izquierdista rancio que no entiende de qué va la cosa. Algo no me cuadra la verdad. E insisto, yo me había hecho el propósito de callarme hasta que vi en ciertos muros eminentes descalificaciones a Teresa Rodríguez, como culpable de los resultados. Lo siento, pero ahí no pude ya contener. Y no era fuego amigo. Lo siento, pero no lo era. (24 de marzo)
  • No es lo que se esperaba de una máquina de guerra electoral. Insisto: yo me hubiera callado si no hubiera empezado a ver que se culpaba de no tener los resultados esperados a la candidatura de Teresa Rodríguez y a los "activistas".(24 de marzo)
  • Es que es de lógica elemental: "Todo lo que hacemos es y se justifica por el fin de ganar a cualquier precio. Tenemos todo el poder para hacer lo que queramos. Lo hacemos. No ganamos. La culpa es de los que nos dijeron que ése no era el camino" ¿Qué clase de razonamiento ese ése? (24 de marzo)
  • Si hablamos de política, la situación quirúrgica me parece una mala alegoría. Sólo digo eso. Si como vehículo metafórico del proceso político se utiliza una situación en la que todo el poder y el saber está concentrado en unas manos (las del cirujano) y lo mejor para el beneficiario del proceso (el paciente) es permanecer anestesiado, a qué "tenor" metafórico estamos aludiendo? La urgencia como excusa es un antiquísimo recurso despótico. No discutas ahora que no es el momento. Ya, ya. El problema es que llevamos un año de debates y nunca es el momento. (24 de marzo)
  • Ahí voy. Por eso yo al principio no entendía nada. Eran profes, soy profe, pensaba que, bueno, querrian debatir, dialogar, de buen rollo para aprender. Y no. Lo traían ya todo pensado. Es la definición más vetusta de una ideología: "Lo ya para siempre pensado, lo que no hay que volver a pensar" Te hace soberbio de entrada y muy tonto de salida. Sobre todo si el que te discute te está advirtiendo de un error y tú lo consideras un enemigo a acallar. Lo intenté, lo juro. Los trataba como colegas. Pero me di cuenta que tenían el schmittianismo metido en la sangre. Si no eres mi fan eres mi enemigo. En fin, tengo bastantes anécdotas para contar. (24 de marzo).
  • La cuestión del ejército es crucial y en todos los análisis "radical-democráticos"(repárese en las comillas) se pierde irremisiblemente, en efecto. Parece que el único campo de acción política sea el discursivo y que no haya que contar con el brutal poder material del capitalismo. Y no pienso precisamente en Syriza cuando digo esto. Si se piensa que todo se puede arreglar un ¡Vivan los guardias civiles demócratas! Vamos apañaos. (24 de marzo)
  •  Cuando digo transitorios, no me refiero a que te empoderas y luego te desempoderas. Me refiero a que el empoderamiento es siempre especular. Uno se empodera en cuanto que se considera reflejo de una categoría colectiva (mujer, obrer@, ciudadano, catalán, homosexual, gitano, negro, lesbiana, etc.) y esas categorías son constructos históricos, puntos de condensación contingente. La educación, como, por ejemplo, la pura reflexión, siendo necesarias tampoco son suficientes, porque es imprescindible una decisión subjetiva y esa es radicalmente particular, aunque pueda celebrar su encuentro con lo común. Yo creo profundamente en la libertad de los sujetos, pero no así en una especie de autonomía abosoluta. Si fuéramos absolutamente autónomos la libertad no tendría valor ético alguno. (16 de marzo
  • Vamos a ver subnormal ¿quién narices te has creído tú para tirarme de mi país? Vete tú a fregar platos a Alemania como tiene que estar haciendo tanta gente decente y que vale cien mil veces más que tú, vago. (16 de marzo) (Respuesta a un niñato pepero anadaluz que me envió a Cuba por defender a Teresa Rodríguez)

     


sábado, 31 de enero de 2015

Sobre política, ideología y subjetividad (Apuntes sobre el Populismo, 23)


Creo que no es un mal día hoy al anochecer, tras la manifestación de esta mañana y tras el texto que publiqué ayer,  para publicar estas reflexiones sobre la ética militante en el siglo XXI, la estrategia política, y las esperanzas a las que estamos autorizados los demócratas radicales en este presente y en esta Europa que decae. Veo desánimo y decepción en los más combativos y críticos, como lo he visto otra veces, y comprendiéndolo y co-sintiéndolo creo que no debemos con-sentirlo. La aceptación de lo imposible, la consanguinidad con lo contingente (no otra cosa es pensar la política como lucha por la hegemonía) deben ser el mejor antídoto contra la impotencia. Desear y atreverse a no ceder en el deseo es antagónico de quererlo todo. Porque quererlo todo es muy loco. Y nos priva del entusiasmo por temor a la certeza del desengaño. Como la mayoría de las entradas de esta serie, Apuntes sobre el populismo, la forma es más bien aforística y fragmentaria. Es reflexión cotidiana, una especie de cuaderno de bitácora que no excluye la duda ni los sentimientos encontrados. Ni tampoco la mise en abyme autofónica, como propensión a una congruencia inalcanzada: vínculos a textos y estados previos, que funcionan como constatación de algunos leitmotivs, de algunas obsesiones, que hacen sospechar, anhelar, implorar, una subyacente compacidad del pensamiento. No hay eso todavía.
  •  Las ideologías son visiones del mundo. No hay acción concreta que no proceda de una forma de ver el mundo sobre la que se sustenta como horizonte de expectativas. Hacemos "a" porque según nuestra ideología, nuestro modo de ver el mundo y de encarar los problemas en función de él, ello causará el efecto "b". Dicho esto, una cosa es la ideología, el horizonte hacia el que pensamos que se dirigen y en el que adquieren sentido nuestros actos, y otra es la doctrina, que es un compendio de conceptos y recetas que impiden pensar cada acto, que intentan fosilizar una ideología e impedir que funcione en ella tanto la inteligencia particular como la colectiva. Pues bien, Podemos, en mi modesta opinión tiene ideología (democracia radical, economía tendencialmente socializante, un modo de vivir basado en la alegría de lo común y no en la competitividad y la explotación como únicos vínculos sociales reconocibles...) pero aún no tiene doctrina. En este momento, es cuando la ideología de Podemos es potencialmente más subversiva, precisamente por ello. Si se cierra en una doctrina, si huye de un movimiento colectivo, dialéctico y dialógico, si deja de ser un instrumento para convertirse en un tótem, dejará por el camino mucho de ese potencial de subversión. Hoy por hoy, juzgar a Podemos como si fuera la encarnación de una doctrina y no una nueva estructura de pensamiento es vil, injusto y torticero. En ello coinciden todos los doctrinarios, esto es, todos los enemigos de que la realidad pueda ser de nuevo pensada y, por tanto, transformada. En ello coinciden, con toda naturalidad, paleocomunistas, socialiberales y neoconservadores. Son todas facetas del pensamiento hegemónico, si lo pensamos no como un compendio de contenidos doctrinarios, sino como una antigua manera (modo, modalidad) de pensar.
  • Toda conciencia es esencialmente falsa. Cuando la teoría del discurso conceptualizó que no había teoría que no fuera ficción (un modelo que se proyecta sobre el mundo y no una comunicación metafísica entre la materia y la conciencia) pues ello fue formulado de diversas maneras: no hay discurso que no sea del semblante (Lacan), la genealogía y arqueología foucaltianas (las modalidades del discurso), la semiótica como teoría de la mentira (Eco), etc. El pensamiento Lacauiano de la hegemonía (que es una antidoctrina que algunos quieren convertir en doctrina a toda costa, esto es, en un recetario algorítmico) es lógicamente heredera de todo ello. Para mí la mejor formulación, la que a mí al menos me ha sido más útil es la de Heidegger en "La época de la imagen del mundo":
    • "El fenómeno fundamental de la Edad Moderna es la conquista del mundo como imagen. La palabra  imagen significa ahora la configuración de la producción representadora. En ella, el hombre lucha por  alcanzar la posición en que puede llegar a ser aquel ente que da la medida a todo ente y pone todas las  normas. Como esa posición se asegura, estructura y  expresa como visión del mundo, la moderna relación  con lo ente se convierte, en su despliegue decisivo , en una confrontación de diferentes visiones del mundo  muy concretas, esto es, sólo de aquellas que ya han ocupado las posiciones fundamentales extremas del  hombre con la suprema decisión. Para esta lucha entre visiones del mundo y conforme al sentido de la  lucha, el hombre pone en juego el poder ilimitado del cálculo, la planificación y la corrección de todas las  cosas. La ciencia como investigación es una forma imprescindible de este instalarse a sí mismo en el  mundo, es una de las vías por las que la Edad Moderna corre en dirección al cumplimiento de su esencia a  una velocidad insospechada por los implicados en el la. Es con esta lucha entre las visiones del mundo  con  la que la Edad Moderna se introduce en la fase más  decisiva y, presumiblemente, más duradera de toda s u  historia".  
  •  La crítica de las ideologías como crítica de un corpus doctrinal es siempre aporética porque cuando se habla de literalidad se habla sobre todo de semántica, es decir, de letra cargada con un imaginario inconsistente. Por eso, la hermenéutica que quiere concluir en una dogmática (sea el catolicismo, en el islamismo, sea el paleomarxismoleninismo) se las ve y se las desea para conseguir un consenso de lectura estable y la herejía y el anatema son las opciones inminentes. La prueba ontológica definitva de que una exégesis de este tipo es la universalmente válida suele ser la eliminación del sustento físico de las interpretaciones rivales. En toda doctrina, la muerte escapa como horizonte hermenéutico (como huella de la finitud subjetiva, de la inconsistencia ineludible que habita en todo pensamiento y que le permite avanzar) y vuelve como pulsión.
  • A mí el trabajar la imagen (pictórica, fotográfica, fílmica, interfacial) -el arte, en cuanto que en él siempre hay una tendencia iconizante- creo me ha protegido bastante en ese sentido. Antes de que alguien lo entienda mal: no estoy diciendo, lógicamente que la imagen sea menos imaginaria que la palabra, sino que el trabajar con imágenes, el revelarlas en su opacidad significante, en cierto modo te acaba preservando de las añagazas de lo imaginario. Cuando se trabaja con la imagen con una propensión radical aquello que Platón nombró como el 'ετερον, siempre acecha, siempre salva. El fracaso del significado siempre tiene una vertiente redentora, emancipadora.
  • El populismo, como lo define Laclau, en cuanto articulación del 'ετερον, puede ser un más allá de esta dialéctica en bucle entre visiones del mundo. Se trataría no de verlo como una visión más, porque si es una "ideología" más en el mercado de las ideologías es un producto muy defectuoso. Desde una mirada capitalista, que lo juzga todo como mercancía, esto es, como producto transido metafísicamente de un brillo agalmático, fálico. En el mercado político, el valor de cambio por excelencia es la fiabilidad y el material plástico de su envoltorio es la seriedad institucional que suele pasar por sucedáneo de la coherencia ideológica.En ese sentido, creer que la movilización popular y la ruptura subjetiva puede ser parangonable al concepto capitalista (numérico, mayoritario, electoral, mercantil) de éxito puede ser un error estratégico, político y ético grave. Las victorias del populismo no pueden ser éxitos mensurables por los patrones tipo de las democracias emplazadas. Un triunfo popular es, ese sentido, irrepresentable o lo que es lo mismo, carece de valor cambiario estándar.
  •  Cuando leo algunas críticas a Podemos de militantes convencidísimos de los partidos de izquierdas (voy a utilizar una expresión pre-setentayocheica) "con representación parlamentaria" veo el mal que ha causado el régimen en la militancia de izquierdas. Lo normal en el Psoe y en el PCE, que son dos partidos muy sistémicos, es que hubieran hecho lo que Garzón o Sánchez Melero: acercarse estratégicamente a Podemos para organizar un frente común. Sin embargo, los esforzados compenetrados con las direcciones de estos partidos esgrimen: ¡Nooo, que son populistas, que dicen no son de derechas ni de izquierdas, que nuestra identidad es sagrada! A ver. Voy a dejar fuera a Carrillo y al PCE, con su bandera rojigualda aquel año 77, pero el Psoe ha estado traicionando todo tipo de principios de izquierda sistemáticamente durante 35 años. ¿De qué identidad hablamos, si no es socialista ni es obrero, sino español solamente y tampoco cien por cien si americano también, que gringo ser muy absorbente? ¿De unas siglas, un puñito y una rosa?
    Lo curioso de esto es ver cómo fijados a ciertas esencias de escaparate -y yo no estoy libre de pecado aunque esté tirando esta piedra- lo que se han olvidado completamente es de hacer política, en tanto que militantes fieles. Tienen censurado por sus direcciones pensar estratégicamente, orientar su pensamiento a la acción: lo que haga Susana, bien, lo que haga Pedro, bien. Nosotros estamos guardando la pureza ideológica, luego ya que los jefes hagan política y enseñen símbolos. Y acusan de descerebrados y de no tener formación política a los que están intentando sumarse a algo nuevo, es decir, a los que intentamos salir de ese círculo vicioso de acciones traicioneras y principios vacíos.... Obviamente, una militancia pensante es una militancia contradictoria, a veces enconada, heterogénea. Ellos no: lo que digan los jefes y nosotros a defenderlo como una sola voz.
    Esta mañana he oído a una tertuliana de derechas muy preocupada porque en Madrid IU iba a perder su identidad en la operación Podemos / Ganemos. Ahora, me empieza a cuadrar todo....
  •  Veo a muchos compañeros valiosos y a mucha gente honestamente progresista desengañadísima con muchas actitudes y acciones de la cúpula de Podemos que han cercenado en buena medida muchas aspiraciones de horizontalidad y de arraigo popular. Creo que debemos reflexionar. Y mucho. Hoy por hoy, y pese a que pueda parecer lo contrario, dejar Podemos no es abandonar la figura de un líder y de una camarilla que nos puede resultar antipática o de poco fiar. Es dejar muchas más cosas. Sinceramente, creo que no es tiempo de abandonar. Mucho poder conlleva mucha responsabilidad. Quien haya querido acapararlo, tendrá que responder cuando haya problemas y reveses. Y los habrá. Lo trágico sería que no hubiese entonces nadie en Podemos para pedir cuentas y hacer las preguntas. No caigamos en el eticismo fantasmático. La ética pasa por el valor de encarar la incoherencia, la contradicción, no por huir a la mínima constatación de la división subjetiva. Eso que en psicoanálisis se llama pasaje al acto... 
  • Los desengañados se engañan (y los nombres del padre vagan/yerran... cosas del francés y las homofonías: la verdad siempre está más allá del significante...) Ya advertí hace tiempo, que es es algo muy típico de la izquierda española en los últimos tiempos: la certeza del desengaño. No es lícito ni está éticamente a la altura de nuestra época dejar este proyecto político porque no nos sentimos íntegramente representados en él. La apacibilidad moral -que es invocada por la cúpula dirigente bajo el nombre de decencia, y ésa es una parte del problema, no lo niego- no es el ethos para estos tiempos, sino la capacidad de arrostrar la indeterminación, incluso la ambigüedad o la contradicción sin desfallecer. Ya no se trata de ser de los nuestros, sino de construir un nosotros que no tiene ninguna existencia ontológica previa: no hay leyes de la historia, no hay clase obrera como un ente material objetivo, sino como un agente político histórico y cambiante. Y ello sólo se puede hacer desde la aceptación de la radical singularidad, de la radical diferencia que nos constituye. Si no fuera por lo desgastado del término, hablaría incluso de cierto principio de realidad, al menos en tanto antídoto de la prepotencia narcisista (que es como lo usaba Freud). El Otro está en falta, el Otro nunca será íntegro. La ética actual es una ética incómoda, exige estar en el desacuerdo, exige estar sin ser cabalmente representado. Quedarse en casa, no militar, no sumar porque los otros no responden íntegramente a mis ideales es muy cómodo. Es mortalmente cómodo. Son tiempos para otra cosa.
  •  No sólo hay dos espacios. Hay dos tiempos. Dos carreras: una de velocidad y otra de fondo. Si uno lo ve así, la contradicción entre los usos de Podemos es más manejable.
  •   Resumiendo: