domingo, 14 de junio de 2015

Los 4 Discursos. (Lacan ◊ : ? Laclau, 3)

Introducción a estas tres entradas.

Muchas de las observaciones críticas que puedo estar haciendo sobre el populismo como paradigma emancipatorio, sobre la figura del líder, o sobre la diferencia que he utilizado entre entre populismo y mediaticismo (aquí o aquí, por ejemplo) dependen de elaboraciones realizadas en un libro que publiqué hace 11 años llamado Palao Errando, J. A. (2004). La profecía de la imagen-mundo: para una genealogía del paradigma informativo. València : IVAC. (LPI-M, a partir de ahora). Allí teoricé -si con mayor o menor acierto, no me toca a mí decirlo- que la información es un saber sin sujeto, y postulé que el matema del Discurso del Capitalista lacaniano era la matriz del Paradigma Informativo y de la Cultura de Masas. Muchas de mis críticas al líder populista provienen de esa posición del significante amo en el lugar de la verdad que es propia de ese discurso, y a partir de ella de las dos figuras (lo dos engendros imaginarios) clave de esa cultura: el amo mentiroso (precisamente, porque detenta -maneja, oculta- la verdad) y la figura del profesional, que hoy -entonces no lo hice así- llamaría postfordista. 

   Bien, dado que el libro no tuvo especial repercusión -Shaila García Catalán, explica aquí, al menos, parte de las causas- me he decidido a colgar en esta serie (Lacan ◊ : ? Laclau) algunos fragmentos del mismo, necesarios para comprender mis razonamientos en ella. En todos los casos indicaré las páginas y al final dejo algunos links donde se puede consultar el libro, para poder contextualizar los fragmentos.

   Vuelco desde mi antiguo manuscrito, así que espero acepten las disculpas por los posibles errores. Las referencias bibliográficas están recogidas en libro, que tiene además un índice onomástico.

   Por lo tanto, lo que presentaré en esta entrada y las dos siguientes es una lectura del matema del discurso en Lacan orientada a los Medios de Comunicación de Masas y más concretarmente al Paradigma Informativo, que está en la base de mi lectura de la relación entre el trabajo de Laclau y Lacan.

   En esta primera entrada abordaré, pues, el matema del discurso y sus cuarto versiones originales. En una segunda, recogeré las páginas de LPI-M en las  que se trata más específicamente el Discurso del Capitalista. Y en la tercera, vocaré un análisis concreto de análisis aplicando los cinco matemas, recogido en otro libro posterior.

Los discursos. (LPI-M, pp . 68-76) *

   La estructura que hemos descrito en los párrafos anteriores toma cuerpo en uno de los más rentables y estrictamente simples hallazgos de Lacan: el matema del discurso. En 1969, Lacan se ve obligado a tomar posición (teórica) sobre los sucesos parisinos del año anterior. Dicta entonces su Seminario, en su decimoséptima edición, bajo el título de El reverso del psicoanálisis[1], haciendo alusión al lo que va a conceptualizar como el Discurso del Amo. Así, Lacan encara varios retos para la constitución del psicoanálisis como disciplina. Primero, conceptualizar el Discurso del Analista como vínculo social poniéndolo, audazmente, al nivel de los otros tres discursos, cuyas estructuras enuncia: el de la Histérica, el Universitario, y el ya citado del Amo. Queda así definida la formulación más avanzada que Lacan da de la estructura antes de entrar de lleno, en la década siguiente, en los dominios de la Topología (cuyas formulaciones utilizaba desde años atrás) y de la Teoría de los nudos.
   Antes de pasar a su descripción, es importante destacar dos aspectos de este montaje estructural que convierten a estas sencillas fórmulas especialmente valiosas. En primer lugar, hay que destacar en ellas que son el máximo exponente de la semántica polivalente de la que, a diferencia de la ciencia, hace uso el psicoanálisis. Quiero decir que su uso, como el de algunos otros matemas lacanianos, permite múltiples lecturas[2] y aplicaciones, lo que nos autoriza a interpretar, desde sus propuestas, fenómenos que atañen a ámbitos como la Teoría de los Medios de Comunicación de Masas. Ello no les resta rigor, pues las lecturas que promueven no son incompatibles, sino, al contrario, muestran conexiones, a veces, nada explícitas entre diversos sectores de la elaboración teórica.
   En segundo lugar, y como probable efecto de lo anterior, estos Discursos no están en relación de enfrentamiento o superación. Es decir, no responden a una dialéctica de origen ilustrado ni se insertan en el metarrelato emancipatorio de la modernidad[3]. Con otras palabras, siendo hechos de estructura no admiten su erradicación o "superación" ni suponen una bondad mayor de unos sobre otros, sino que, como vínculos sociales para el sujeto, se actualizan en distintas posiciones, según la correlación entre sus elementos. Un ejemplo: El Discurso del Amo no está "superado" por el Discurso Analítico, que es su reverso, todo lo más está desnaturalizado, dialectizado, atemperado su efecto en el sujeto si el segundo también se actualiza como vínculo social pues no creo que sea necesario decir que no se puede estar en él full time, so pena de parecer auténticamente delirante. A veces, es muy conveniente que la cosa marche, mientras a esta marcha se le otorgue su estatuto de semblante, no un carácter devastadoramente absoluto, totalitario. Ello no implica que la dinámica de cada discurso no lleve aparejada la tendencia a desalojar a los otros pero el psicoanálisis postula como fin de la cura el paso de la impotencia a la imposibilidad.
   La idea básica de los matemas de los cuatro discursos es colocar los cuatro elementos que conforman la estructura S1 (Significante Amo), S2 (saber), $ (sujeto) y a (objeto) en cuatro posiciones (el agente, el otro, la verdad y la producción) que van rodando en el sentido de las agujas del reloj[4]. El esquema básico de la estructura discursiva es el siguiente:


Y se puede leer como: el agente se dirige al otro con el fin de producir un resultado de su acción. La verdad es el lugar que designa el paradero de aquellos efectos no pretendidos, no programados u ocultados por la acción discursiva. La relación entre los elementos de la parte superior viene signada por la impotencia, es decir, por la incapacidad de producir un acto pleno. La relación entre los elementos de la parte inferior es de imposibilidad. A su vez, los distintos vectores indican las determinaciones que cada lugar recibe. Obsérvese que el único lugar no determinado es el de la verdad. Lacan deja claro que el Discurso es sin palabras, esto es, no es del orden de lo textual y carece de un contenido, es pura estructura que sostiene los vínculos sociales del sujeto. Exploremos cada una de sus plasmaciones para derivar de ellas las consecuencias correspondientes.

Discurso del Amo (DM)[5].





   Basándose en la dialéctica del Amo y el esclavo hegeliana, Lacan establece la fórmula de este primer discurso. El Amo, representado por su Significante, se dirige al saber (del esclavo, en consonancia con el Menón platónico), para producir el objeto de goce. La verdad oculta de ese Amo es que está castrado, que es sujeto deseante y que su falta, su división, no queda colmada por la producción del esclavo; que él, también, se halla sometido a la ley simbólica. De aquí, se deriva, como ya hemos oído decir a Lacan, que el interés del amo es que todo marche igual para todos. El amo no está en absoluto interesado en el saber sino en que, por medio de él, la cosa funcione[6]. El DM es, por tanto, discurso de desconocimiento de ahí que pueda ser asimilado al discurso del Inconsciente. 
   Múltiples son las consecuencias –lecturas– que se pueden hacer de este matema. Para empezar, el resto de inconsistencia que queda en el paso del Mito al Logos como imposibilidad de traducción plenamente satisfactoria en la apropiación del saber del esclavo por el amo. Este resto sería, de hecho, una de las definiciones del Inconsciente.
Nos interesa, además, reparar en una cuestión que separa al psicoanálisis de todos los relatos de emancipación posteriores a la Ilustración. Me refiero a que el Amo lo que oculta no es un infame goce tras sus privilegios, sino precisamente el hecho de su falta. Las tendencias enmarcables en este Metarrelato – del marxismo al anarquismo pasando por Foucault– como tendencias Ilustradas empeñadas en "convertir a los hombres en amos" estarían más cercanas a la siguiente rotación en la estructura.

Discurso Histérico.

 

 

   Aquí, el sujeto se dirige al Amo para demandarle que produzca un saber sobre el goce – sobre el sexo, sobre la femineidad[7], podríamos decir. Lo que adviene para el sujeto al lugar de la verdad es la irreductible particularidad del objeto, del plus de goce, que causa su deseo. Las histéricas fueron, indudablemente, el origen del psicoanálisis por su desafío al saber de la medicina científica siempre insuficiente, impotente, para resolver sus males, que no podía explicar. La histérica es una mala esclava, en ese sentido, pues se niega a que la cosa marche. El síntoma histérico es el más claro índice del fracaso del Logos para constituir como campo del saber un todo coherente. El objeto alcanza así, en la estructura, ese lugar de verdad última del deseo como una fisura, como un impás en el intento apaciguador del saber. Podríamos afirmar, por este camino, que la Razón Moderna denuncia, en su génesis – que no es otra que la demanda al Amo de un saber que le es imposible producir, la legitimidad del poder–, su estructura histérica:
"El iluminismo en el sentido más amplio de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los hombres y de convertirlos en amos. Pero la tierra enteramente iluminada resplandece bajo el signo de una triunfal desventura. El programa del iluminismo consistía en liberar al mundo de la magia. Se proponía, mediante la ciencia, disolver los mitos y confutar la imaginación"[8]

Discurso del Analista.



   Y, ante la demanda al amo la respuesta del Discurso del Analista es constituir su reverso, el discurso que invierte, respecto al de aquél, todas sus posiciones. El objeto, la insuficiencia del saber, se ofrece como causa al sujeto con el fin de producir los Significantes–Amo que determinan su destino, para otorgarles, así, su estatuto de semblantes, para dialectizarlos, en definitiva. De ahí, que se diga que el analista se ofrece como semblante de objeto, como desecho. El precio es que el saber adviene al lugar de la verdad. Lo cual implica, por una parte, que es un saber que el sujeto no buscaba –lo que busca el paciente en el psicoanálisis es, evidentemente, evacuar el malestar que su síntoma le acarrea–, pero también que es un saber que debe permanecer incompleto: la verdad sólo puede decirse a medias.

Discurso Universitario.

 
   Pero hay otra posibilidad estructural: ofrecer a la histérica el reverso de su propio discurso invocando un saber completo y potente[9], capaz de disolver enigmas  y de constituir al sujeto como producto de ese saber. En el DU el saber se dirige al objeto, no como causa del deseo, sino como   origen de la angustia, para producir a un sujeto capaz de sustentar ese saber. El precio es ahora que el S1 va al lugar de la verdad, que el Significante Amo marca la imposibilidad de detenerse, de darse un límite.
   Digámoslo sin más dilación: una de las hipótesis básicas que guiaron nuestro en sus inicios[10] trabajo es que los Media están sostenidos, al menos en su vertiente in–formativa, por la estructura básica del Discurso Universitario. Conjugar la angustia con un saber que se confunde con su dimensión escópica, para producir un sujeto (audiencia), índice del éxito de la operación, con el precio de la imposibilidad de detenerse, pues ese saber sólo puede ocultar su impotencia con su proliferación, que concuerda coherentemente con la exigencia de publicidad –transparencia– que la modernidad exige para todo saber.
   Creo que nada puede ilustrar mejor esta cuestión que la comparación de la moderna imagen informativa con la teoría del trauma en Freud y en sus discípulos directos, pues la idea de la reductibilidad del trauma por la reproductibilidad de la escena que lo produjo es un magnífico ejemplo de funcionamiento del Discurso Universitario. A la anamnesis, a la re–presentación ante la conciencia –y ante su forma más genuina, mas patentizadora de su carácter imaginario, la mirada –, la Modernidad le otorga un carácter catártico. Es sabido que, en sus primeros pasos hacia la constitución del psicoanálisis, Freud, aún de la mano de Breuer, instauró este método, cuyo núcleo terapéutico consistía, esencialmente, en hacer advenir a la memoria el contenido histórico y objetivable de una escena traumática reprimida, origen de las actuales manifestaciones patológicas de un paciente:
“La semejanza descubierta entre ambas dolencias neuróticas nos induce a considerar también como traumáticos los sucesos a los que nuestros enfermos de neurosis espontánea parecen haber quedado fijados. Obtenemos así una etiología extraordinariamente sencilla para esta neurosis, pues podremos asimilarla a una enfermedad traumática y explicar su patogénesis por la incapacidad del paciente para reaccionar normalmente a un suceso psíquico de un carácter afectivo muy pronunciado.”[11]
   Pero, en su genuina lucidez, Freud no tardó en abandonar esta concepción en un trayecto que se cifra en el paso de la escena traumática, efectiva y datable, a una escena fantasmática, a un receptáculo del goce perdido que el sujeto ha de construir en su análisis, no rememorar como si siempre hubiese estado allí, disponible para ser recuperada con la oportuna asistencia médica. Su célebre confesión a Wilhelm Fliess –"ya no creo en mis neuróticos"[12]– da buena cuenta de ello. Así lo expresa Lacan:
"Reproducir es lo que se creía poder hacer en la época de las grandes esperanzas de la catarsis. Conseguían una reproducción de la escena primaria como uno consigue ahora obras maestras de la pintura por nueve francos cincuenta. Sólo que Freud nos indica, cuando da los pasos siguientes, y no tarda mucho en darlos, que nada puede ser captado, destruido, quemado sino, como se dice, de manera simbólica, in efiggie, in absentia"[13]
   Porque, en Freud, hay dos concepciones opuestas de la represión y de la angustia correspondientes a dos momentos de su elaboración teórica. Su primera versión será: angustia lo que se reprime. Versión moderna e ilustrada: si se levanta la represión, desaparecerá, sin dilación, la angustia, pues no hay un mal intrínseco en el mundo y, por lo tanto, con el grado de madurez adecuado, un sujeto puede hacerse cargo de aquellas percepciones que, en su infancia, rebasaron su capacidad de comprensión y, por ende, de tolerancia. Dada la adecuada competencia metalingüística, el sujeto podrá elaborar un juicio adecuado donde antes no pudo. Aquí, por tanto, tiene un sentido la imagen como un depósito perceptivo que hay que hacer advenir a una conciencia –ahora, sí – capaz de soportarla. Si el ojo estuvo y retuvo, el lenguaje, la capacidad de juicio y comprensión, no tiene más que someterse a un benigno compás de espera para recuperar y asimilar esa escena que otrora fue traumática. 

   Pero este divorcio entre la representación y los afectos que se le adhieren tiene consecuencias mucho más profundas de las que Freud le atribuyó en un primer momento, pues testimonia, en última instancia, de una sobredimensión del goce irrecuperable para el lenguaje, de que –y son, ya, palabras de Jacques Lacan– no hay metalenguaje, el Otro no está completo. En lo que a esta argumentación atañe, no hay una escena perfecta, acabada, disponible y reproductible, cuya rememoración evacúe los malestares del sujeto. Por ello, Freud pasa a una segunda concepción según la cual se reprime lo que angustia[14]. Es decir, hay un déficit irreductible de simbolización, un imposible para el sujeto. O, con otras palabras, y evocando resonancias barthesianas, del ojo no se puede decir que estuvo allí. Esta divergencia entre la percepción y su incorporación a lo simbólico, su conversión en saber, es lo que la reproductibilidad de la imagen registrada trataría de soslayar. Y ¿qué hace falta para que una imagen sea reproductible?: que pase, de la dimensión de registro de un acto, al de registro de una acción. A la fotografía, le falta el movimiento para ser vehículo adecuado del saber. El movimiento suple imaginariamente la carencia de saber que se manifiesta en el registro icónico. Éste es origen "ideológico" del cinematógrafo y por ello, pienso, el enfoque adecuado para dar cuenta de la falta como motor de la relación del sujeto con el mundo, es, en el caso del dispositivo audiovisual, de tipo genealógico.
     ¿Qué relación mantiene este discurso con el de la ciencia? Es importante recalcar que para Lacan el Discurso Universitario  no es el discurso de la ciencia -al que posteriormente califica de "cuasi–histérico" (1991) por reconocer la constante insuficiencia de su saber. Para lo que nos va atañer a partir de ahora, que es el papel de la ciencia en la génesis del Imaginario Moderno que culmina en el Paradigma Informativo, baste recordar ahora una idea clave en Lacan: que el discurso científico forcluye al sujeto, que éste en cuanto deseante no halla en la ciencia clave alguna de su particularidad. El terreno está abonado para la constitución metonímica (pars pro toto, sinécdoque) de una instancia Imaginaria en forma de un Universo dócil a la mirada, de un Mundo–Imagen, que supla el silencio de dios que la ciencia implica desde sus orígenes cartesianos. 



   * Creo que se puede afirmar que Lacan jamás escribió los cuatro discursos -y menos el quinto, como se verá de una forma canónica y definitiva. Encontramos escrituras parciales en los Seminarios XVII y XX así como en Radiofonía y Televisión. La versión que plasmo de los matemas, pues, no aspira a ser canónica, pero sí legítima. El razonamiento topológico que subyace a ellos puede ser rastreado en los textos de Sergio Lamera y Jorge Alemán citados, así como en el magnífico trabajo de Jean-Paul Gilson, consultable en la página web de la Escuela Lacaniana de Montréal. Op. Cit
 [1]  Op. Cit. Para la relación de los 4 discursos con la época, vid. Laurent (1992).
    [2]Un ejemplo, el matema Ⱥ (el Otro barrado) puede leerse como: el Otro castrado, no hay Otro del Otro, el Otro no existe, no hay metalenguaje, etc.
    [3]Vid. Lyotard .
[4] Para la fundamentación topológica de los 4 discursos vid. Larriera (1996)  y Alemán y Larriera (1998).
    [5]Conservamos la inicial de la palabra francesa Maître para distinguirlo del Discurso del Analista (DA).
    [6] Seminario XVII. p. 22.
       [7] Carmen Gallano (1994)  lo explica perfectamente:
"Pero el misterio no desaparece, pues más se descifra, más se alimenta. ¿Por qué? Porque lo que espera la histérica del saber a producir, es el significante del goce femenino, otro significante que no fuera el significante fálico. El psicoanálisis puede hacerle descubrir a la histérica que esa espera es vana, que no hay tal saber de la feminidad, porque el inconsciente no sabe nada más allá del falo. No sabe nada del Otro sexo.
Entonces el impasse histérico consiste en que por buscar el secreto del goce en la vía del saber, llega a un punto distinto del que esperaba. Llega a que el saber está despedazado en fragmentos, a que está agujereado, a que es incompleto" (p. 29)

    [8]Así comienzan Adorno y Horkheimer su Dialéctica del Iluminismo (Op. Cit.). No es este el lugar para un tal debate, pero creo que sería muy conveniente para toda teoría crítica aceptar su aproximación al DH. La Dialéctica Negativa de Adorno en perfectamente parangonable, en su imposibilidad de cernir una síntesis, al hecho de que el objeto, la falta de referencia, advenga al lugar de la verdad. Los mismo se podría decir respecto a todos los problemas de legitimación en la época del tardo-capitalismo, en el pensamiento de Habermas. Me limito, ahora, a anotar esta sugerencia, sin más pretensiones.
    [9]Cabe subrayar la raíz común de Universo (conjunto de todas las cosas, según Corominas,  Op. Cit., p. 604) y Universitas procedentes ambos del VERTERE latino. El DU tiene siempre vocación totalizadora, de "verter" lo real en el saber.
[10] Mejorada, si se me permite decirlo, en el transcurso de la  investigación. Vid. cap. 7. Creo conveniente,  sin embargo,  mantener en el texto esta primera hipótesis por lo que ilumina del trayecto hacia la segunda: que el matema que mejor da cuenta de la cultura de masas es el Discurso del Capitalista.
[11]Lecciones introductorias al psicoanálisis Op. Cit.  p. 2294
    [12] Op. Cit. p. 3578.
    [13]Seminario 11 p. 58.