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domingo, 8 de mayo de 2016

Razones para el silencio.

Supongo que a más de uno que pasara habitualmente por la sección de opinión de este periódico, por mis perfiles en las redes sociales, mi blog o por mi página Cosas de Palao le puede haber llamado la atención mi silencio y presunta pasividad de los últimos tiempos.

Una explicación, aquí.

domingo, 19 de octubre de 2014

#Sumandopodemosganar (Apuntes sobre el Populismo, 7)

Todos los comentarios que he ido haciendo en facebook a cuenta de la Asamblea Ciudadana "Sí Se Puede", reunidos en esta entrada. (Otros eran extractos de mis dos entradas justamente anteriores)
  • Nunca se ve menos claro que cuando se está bajo los efectos tóxicos de una borrachera de presente. Ver a las masas arremolinadas en torno a un líder que las ordena y les promete es el más viejo de los anhelos burgueses. Es un narcótico luminoso, de una impresión de solidez absolutamente engañosa, que llevó a intelectos de la altura del de Heidegger a ver en el nazismo una especie de explosión del Ser en la Historia. Necesitamos algo nuevo, algo que hay que inventar, algo que aún no existe: todo, bajo la soberanía de la multitud que se inventa como pueblo. La vieja noción revolucionaria, tan del siglo pasado, de vanguardia es un obstáculo atroz para una inteligencia colectiva concernida por la verdad, que en la medida en que sólo puede ser dicha a medias, en la medida en nunca es toda, es lo que puede incidir en lo real, y no sólo por el patrón métrico, imaginario, del éxito. Eso aún no ha pasado. Y para eso, puede haber saber, experiencia, pensamiento, conocimiento, pero no hay doctrina. Las doctrinas son siempre una fascinación vieja del iluminista intoxicado. Estamos ante la posibilidad de un fenómeno histórico nuevo. Ni es evidente, ni es claro, ni existe aún. Ganar unas elecciones es una cosa muy antigua. Y nadie niega que la tradición pueda usarse al servicio de lo nuevo. Pero dice una vieja letanía que ignorar la historia es verse obligado a repetirla. Y la estrategia del presente es siempre un efecto de goce deslumbrante. Lleva al ruido y a la ira, en cuanto el deslumbramiento se atenúa lo más mínimo. No queremos una república de filósofos, sino un comunismo de la inteligencia y de la interpretación. Si tenemos mucha prisa porque lo desvanecido en el aire vuelva a ser sólido, estaremos apostando por una alucinación. Todos los cielos lo son. ‪#‎sumandopodemos‬ ‪#‎sumandopodemosganar‬
  • El grupo que forma la “intelligentsia” del núcleo duro de Podemos pertenece a la generación políticamente más anodina de la historia de España, gente que ahora ronda entre los 30 y los 45 años, pero fundamentalmente alrededor de los 40, y el máximo margen que ha tenido para llevar adelante alguna inquietud política ha sido pagar la cuota de alguna onegé y hacer algo de turismo solidario. Mientras, iban arreglando lo de su placita en la universidad y haciendo asambleas a las que iban 10 ó 15. Miran a sus compañeros de generación que han luchado por sus vidas, que están en el paro, que se han buscado la vida trabajando como han podido, con una condescendencia infinita. Algunos son, incluso, artistas (qué odio, qué rechinar de dientes). Vamos, puro lumpen.
    Uno lee en sus ataques a la transición, más allá de toda objetividad, un lastre edípico y superyoico (nunca es suficiente). Y se sienten felices porque en facebook o twitter cada vez que dicen algo, tienen unas cuantas decenas de likes o favs, algunas menos de shares y retuits, y algunos comentarios fanáticos y triunfalistas admirando su verborrea. Utilizan la misma estructura argumentativa esencialista que los estalinistas, pero queriendo pasar por hipsters sensitivo-sociales, cosa para la que ya están un poco mayores.
    A mí en su furibundia y desprecio contra todo lo que no les da la razón ciegamente (los más jóvenes son niñatos de clase media, los más mayores -aunque sea por seis o siete años- somos viejos anarco-estalinistas que deberíamos estar en terapia en vez de meternos en política, así, sin preguntar) y su defensa cerrada del liderazgo de Pablo Iglesias no puede dejar de evocarme la historia bíblica de José y sus hermanos. Yo creo que ven Pablo Iglesias como el hermanito pequeño espabilado que les ha aventajado y en muchas de sus declaraciones hay un subtexto de hermano celoso que quiere dejar bien claro ante el padre-masa (a quien necesitan y odian también a partes iguales): tranquilos nosotros le aconsejamos, nosotros lo protegemos. Pueden ser una gran rémora para Podemos porque aspiran a ser una especie de cuerpo de tecnoburócratas que sustituyan a los economistas y banqueros de la casta, pero sigan hipnotizando a las masas con su retórica de despachito departamental donde antes operaba la de sala de juntas y de consejo de administración, con las mismas técnicas de hipnotismo sofístico y pseudodialógico, van a sustituir términos como mercado por ideologema o por impolítico pero van a seguir estructuralmente igual.
    Miren no los culpamos de nada. La gran droga con que nos adormeció el neoliberalismo fue el futuro y la espera confiada en un crecimiento incesante. Muchos nos enganchamos con hipotecas bancarias o con hipotecas ideológicas, pero sin acertar a encontrar un camino para la acción contra el sistema, más allá del pensamiento y la resistencia. No cuela que estaban preparando este momento en sus catacumbas, porque la crisis primero y la movilización masiva de los ciudadanos después nos ha pillado a todos de sorpresa.
    Lo que pasa es que los demás estamos en otra guerra. Hay quien prefiere una organización con un núcleo duro y una periferia pasiva y hay quienes preferimos una formación política con un núcleo más maleable, más dado a la ósmosis de ideas y de apoyos, y pensamos que eso construirá una coraza mucho más dura y resistente. Lo único que pedimos es que no se haga pasar un fenómeno mediático como la esencia de un momento político e histórico que lo excede con mucho. Lo siento, pero hay mucha gente que estamos convencidos ‪#‎sumandopodemosganar‬ y Pablo Iglesias no debería ser un títere en manos de sus hermanos mayores, con prisas por colocarse, sino el líder de una mayoría inédita –cuantitativa y cualitativamente- en la historia de este país. Es mucho más fácil encontrar un huequecito en la corte del Faraón, pero se puede pagar alumbrando una estirpe de esclavos cuya única posibilidad acabe siendo vagar por el desierto.
    La incultura intelectual es grave, pero la profunda incultura existencial, la carencia de vida, es extremadamente peligrosa.
  • Ganar unas elecciones generales es imprescindible, pero en absoluto suficiente. Decir que eso ha de ser un objetivo prioritario y excluyente es dar a entender que la casta son el PP y el PSOE y punto. Y no. La casta es mucho más amplia. Las tarjetas de Caja Madrid nos han enseñado que hay “trazas de casta” (así, bien etiquetado) en todas las instituciones, partidos, sindicatos, en las empresas en la banca, en cada ayuntamiento, en muchos barrios, en las comunidades autónomas. Un comité central, un puro aparato de partido no puede con eso en la vida. Con eso puede un movimiento colectivo inmenso en fuerza y número, infiltrado y combatiendo plaza a plaza, fábrica a fábrica, escuela a escuela, farmacia a farmacia, oficina de gestión tributaria a oficina de gestión tributaria, universidad a universidad. Viendo siempre un compañero al lado.
    Se dice que Podemos ya no es un movimiento social, que es un partido político. ¿Y eso qué es? ¿Una cosa de esas que salen en la tele y luego se presentan a elecciones? Miren, para Lenin o para Gramsci (en quien dicen inspirarse los que defienden esa tesis) el partido era mucho más que un movimiento social, era una forma de vida. Pretender que ahora somos un partido y que eso significa que debemos limitarnos a difundir ideas del núcleo central y a votar, es tener una idea de partido estrictamente liberal, conservadora, reaccionaria. ~‪#‎Sumandopodemosganar‬  
  • Hay algunos pensadores, filósofos y teóricos que a la vez que me producen un indudable rechazo, me inspiran un profundo respeto. Fundamentalmente por la capacidad que tuvieron para realizar a plena satisfacción la ingrata labor de plasmar en su obra mejor que nadie el sentido común de la civilización occidental en todo su delirio iluminista y biempensante, lo cual me permite atacarlo teniendo su obra prácticamente como referencia suficiente y casi única. Los hay de varias disciplinas, pero en filosofía quien mejor encarna ese ideal de enemigo imaginario es Aristóteles y en la filosofía contemporánea, Jürgen Habermas.
    Pero claro, al encarnar tan bien ese sentido común tienen algo de insoslayable y, como demonios familiares, vuelven una y otra vez. La ética discursiva racionalista de Habermas tiene eso, que uno la ve superficial, simplona, ignorando la muerte como inminencia del sujeto y el goce como interés supremo, y que se queda en el kantianismo más light (Kant es otra cosa, por favor) de la buena conciencia “sin reservas”. Pero sin embargo, vuelve y vuelve, porque está enraizada en sentido común de la civilización occidental, de la metafísica de la presencia, de la res cogitans transparente.
    Decir que “los cielos se toman por asalto”, es una frase que tiene un sentido absolutamente materialista, si se dice en la intimidad de una carta, si es un acto de escritura que deja un tiempo para la reflexión y la hermenéutica. Decirla en un mitin, retransmitido en streaming ante una audiencia entregada es un acto que tiene un sentido completamente distinto. Para el versado en marxismo es un guiño, claro. Pero para el fan irreflexivo puede constituir una simple imprecación idealista, un eslogan demagógico.
    Lo que pasa en Podemos, y por eso me referí a ello en mi blog como “la voz compleja” es que tenemos un gran cruce, un auténtico enmarañamiento de posiciones enunciativas, de incoherencias discursivas, que es imposible que acabe de tapar por sí solo el semblante de un líder electoral y mediático, opositando a ser líder popular. ¿Puede convertirse Podemos en un partido como los demás? ¿O está signado ya para siempre por un origen forjado en realidades discursivas heterogéneas, es decir, condenado a ser algo nuevo? La cuestión del liderazgo para asaltar los cielos electorales es aquí crucial. Pero lo que se está definiendo este fin de semana y en los próximos días es algo más radical y profundo.
    Pondré un ejemplo. ¿Me parece mal Pablo Iglesias como una cabeza de cartel ganadora de cara a unas elecciones? En absoluto. Pero igual me parecerían mejor, gente que respeto mucho más porque ha hecho menos malabarismos y ha cometido menos triquiñuelas enunciativas, como Ada Colau o David Fernández, personas ambas a las que admiro y agradezco profundamente su lucha. ¿Me gustaría que David Fernández y Ada Colau, personajes públicos de cuya honradez, eficacia en la lucha y carisma no dudo ni un segundo, fueran secretarios generales plenipotenciarios de Podemos? Lo diré claro: JAMÁS. Tendrían, con toda probabilidad, mi apoyo electoral y moral si encabezan una candidatura, pero no si quieren “presidir” una organización como Podemos.
    Si a alguien le damos ese poder en Podemos, todo el trabajo de empoderamiento, de consistencia popular, quedaría librada a confiar en que el líder fuera fiel a los principios de inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad que exige la bienintencionada ética habermasiana. Y cuando alguien tiene a los media para hacer de voceros de su imagen y los que de él discrepan no, es muy difícil dejarlo todo a la buena fe.
    El problema es ése, creo yo. Y gente como Teresa Rodríguez, Lola Sánchez o Echenique están repitiendo estos días es eso: nadie como Pablo Iglesias para candidato, para presidente del gobierno, para dirigir un proyecto electoral que combata a la casta.
    Pero ni él ni nadie, como macho o hembra alfa de Podemos. En cuanto a que uno es militante y por eso ha de apostar y saber decir no, eso está muy bien cuando se negocia con la casta, no con los compañeros, no con la unidad popular. Ya hace varias décadas, un tal Felipe González hizo el mismo amago de irse si no se aceptaban todas sus propuestas, llevándose consigo su tirón electoral. Se las aceptaron sus militantes y se quedó.  Y eso sirvió para muchas cosas -entre otras, para enriquecer el acervo popular con la palabra felipada, que quedó como nombre genérico para estos brindis al sol políticos-, pero para tirar a la casta, no.  ‪#‎Sumandopodemosganar‬ no sólo una sino muchas elecciones.

domingo, 11 de mayo de 2014

Odio el bipartidismo

Odio el bipartidismo. No es que odie al PP y al PSOE, que también. El PP condensa todo lo que odio en política y en falsa moral y el PSOE se lleva todo mi resentimiento e indignación por las veces que ha engañado al pueblo español. Pero lo que odio sobre todo es el bipartidismo como moral, como ideología genérica, como cosmosvisión. Odio el bipartidismo como campo único de enunciación. Hay varias opciones electorales de izquierda, todas menores en votos y representación, que estoy a la vez publicitando, a veces criticando (sólo he descalificado sin paliativos al PP, ni siquiera al PSOE) a veces difundiendo sus propuestas o actos, porque participar en un proceso electoral no lo puedo entender sólo como espectador pasivo. Creo que pienso, tengo capacidad de análisis y puedo aportar y advertir de errores si los percibo. Y cada vez que lo hago sale alguien de otra de ellas descalificando lo que yo diga desde la moral del "y tú más" de Soraya y Soraya.

Hay gente en Izquierda Unida, Coalició Compromís, y Podemos, que son absolutamente bipartidistas, maniqueos, de corazón. Señores el bipartidismo es una ideología, un pensamiento hegemónico que está captando a la inmensa mayoría aunque se coloquen contra los dos partidos mayoritarios. Es una forma torticera de entender el proceso político independientemente de las siglas o programas (cuánto daño y cuántas tonterías se han dicho a cuenta del programismo, que no es más que un prejuicio liberal, es la ideología del contrato notarial) que se diga defender. El problema es que a uno de estos tres votaré, porque los dos partidos institucionales mayoritarios y el tercero, la abstención, no entran en mi horizonte de posibilidades. Y tendré que callarme en público (en las redes sociales, quiero decir) lo que haya decidido porque alguno de los otros dos vendrá a espetarme que le estoy haciendo el juego al PPSOE. Para ellos, todo lo que no sea su opción es PPSOE. BIPARTIDISMO:  NOSTROS VS. PPSOE (entre los que se incluyen todos los que, no defendiéndonos exclusivamente a nosotros, obviamente, tienen interés en que gane el Otro).

Y los partidarios de la opción elegida vendrían a felicitarme porque al fin se me habría caído la venda de los ojos y ya sería de los suyos. No señoras y señores, no soy de los suyos porque los míos son muchos más que ustedes. Ni estoy en contra de los otros tampoco porque también los considero en mi campo. Si la mismísima Ada Colau, a la que estos días he manifestado mi admiración sin ambages, se presentara a unas elecciones, se llevaría mi voto, sí, pero también mis críticas, disensos, discrepancias y hasta consejos, si hubiera lugar. Sí, soy un ser pensante y me creo capaz de poner en juego mi subjetividad en el proceso político y colaborar a hacer de mi época pensamiento. He dicho pensante, no racional. El pensamiento es mucho más que la racionalidad como ya aclaré hace veinte años, antes de que venga alguien a pegarme con Spinoza en la cabeza. No entiendo que pueda haber mayor delirio que el intento de la unanimidad y la demanda de representación plena a la fuerza que se vota.

Estos dos últimos días me he oído de todo. Un prócer de Podemos diciéndome que soy un ingenuo porque no entiendo bien las películas y que él me las va a explicar ( :O ), que me están engañando los de Hollywood. Uno de Compromís me ha dicho que si cobro sobres del PP. Varios de Izquierda Unida me acusan de no ser un marxista ortodoxo y científico por no considerar que la clase obrera es una realidad material inmanente (sólo decía que otros sectores de la sociedad podían sumarse a sus luchas). Y una vez que he puesto algo de Izquierda Unida, alguien ha venido a recordarme la pinza Anguita / Aznar (de la que me acuerdo perfectamente y de ahí mi antipatia hacía Anguita de siempre, que no hacia IU).

Señores, en serio ¿estamos todos locos o qué? La troika y la banca se están frotando las manos. El bipartidismo es una falsa conciencia y una opción vital efectiva. No sé está libre de él por llenarse la boca con las siglas PPSOE. Hay muchos izquierdistas absolutamente bipartidistas en sus actitudes. Sólo que el bipartidismo con el que ellos sueñan ni siquiera tiene existencia empírica.
El bipartidismo es la esencia del sistema. El simulacro de confrontación, en vez del discernimiento de los antagonismos, que consisten en convertir la mansa subordinación en sentido de opresión primero y vocación de lucha después. La tertulia política, variante del talk show ha modelizado completamente nuestra visión del proceso político tiñéndolo de bipartidismo. Al todo es Psoe/Eta no le puede sustituir lo que no soy yo es PPSOE. De esa brutal sensación de minoría y de aislamiento no puede nacer ningún impulso realmente subversivo. Esa búsqueda del empoderamiento por la bronca no lleva a la sana imposibilidad antinarcisista de comprender que el mundo no es a mi imagen y semejanza, sino a la terrible impotencia que nos lleva a no poder sentirnos nunca mayoría que engendra el narcisismo de las pequeñas diferencias.


https://www.youtube.com/watch?v=gb_qHP7VaZE

viernes, 7 de febrero de 2014

La verdad acerca de los hechos, 8



 (viene de aquí)

VIII.  El periodismo de investigación y su lógica (particularmente, en España).
  
           Al final, el periodismo de investigación en el actual sistema de medios sólo parece servir para reforzar las comunidades de goce. De lo que se trataría, si estamos hablando de la verdad, es de cambiar la visión del mundo, las expectativas vitales, las opciones éticas, no de dar información que será interpretada como denuncia o manipulación según la comunidad de goce en cuestión, pero que jamás generará una auténtica rectificación subjetiva (si se entiende mejor, léase toma de conciencia). Los tsunamis informativos tipo “leaking” que han proliferado en los últimos tiempos son muy evidentes al respecto: efecto político = 0. Ha habido aluvión informativo, pero no αλήθεια, no desvelamiento,  no revelación. De hecho, si un medio apuesta por el periodismo de investigación como la base o lo primordial de su tarea -sé que esto va a doler a más de un honrado periodista- automáticamente deduzco que ha renunciado a cualquier pretensión subversiva en el más noble sentido del término.

         El periodismo de investigación nos parece una opción excelente si pensamos en el Washington Post de los 70 y en el Watergate. Ninguna duda. Pero, ay amigos, estamos en España y aquí una levísima ojeada histórica nos indica que las cosas son y han sido de otra manera, que la relación entre los hechos y la verdad puede ser perfectamente anulada o incluso invertida y siempre fácilmente corrompida. Pensemos que el medio más representativo del periodismo de investigación fue durante años El Mundo de Pedro  J. Ramírez, que fundamentó su fama en la investigación del caso GAL, que acabó con un ministro y un alto funcionario socialistas, y un par de policías corruptos en la cárcel. Caso, pues, que fue investigado por un director de un medio y un juez estrella con claras intenciones de venganza contra Felipe González. El juez en cuestión detiene la investigación antes de llegar al fondo (la famosa X), porque una cosa es desgastar al odiado enemigo y otra muy distinta meter a un presidente del gobierno en la cárcel. Este juez prosigue su carrera convirtiéndose en la gran estrella de la izquierda española pero quien saca beneficio electoral de todo ello es el PP, que si hubiera sido coherente con su ideología hubiera debido estar encantado con los GAL y haberlos defendido a capa y espada. 

          Este partido gobierna España durante ocho años y pierde las elecciones por mentir flagrantemente acerca de la autoría de un masivo ataque terrorista, falsedad descubierta y propagada por la acción de los ciudadanos a través de sus teléfonos móviles, no por los medios de comunicación, que fueron siempre a rebufo aquellos tres días de marzo. Durante los ocho años siguientes, el medio que descubrió a los GAL (los mortales enemigos de ETA) monta una teoría de la conspiración inspirando continuas sospechas de que ETA, a quien le hizo el favor de denunciar a los GAL, estuvo implicada en la autoría de aquel atentado. A su vez, su medio rival descubre una trama corrupta (Gürtel) contra el partido contrario, que ahora se pretende desgastar no por su acción de gobierno, sino mientras está en la oposición en el Estado pero que sigue gobernando en muchos gobiernos autonómicos, instrucción que, junto a otras, lleva a cabo el mismo juez estrella que ayudó a ese partido, en ese momento en la oposición, a llegar al gobierno, consiguiendo que el partido acusado acabe acaparando el mayor poder electoral de toda la historia de la monarquía constitucional española, y que acabe atacándolo y consiguiendo su inhabilitación, mientras sus propios cargos electos van de imputación en imputación como todo el mundo sabe y acepta sin que la mayoría deje de tener intención de seguir votándoles. ¡POR DIOS, EN SERIO ¿DÓNDE NARICES ESTÁ LA VERDAD DE TODO ESTO?!!!!

         Por hechos no será… Pero, evidentemente, la lógica de estos procesos dista mucho de la biempensante cadena lógica denuncia -> reacción punitiva (o al menos de reprobación) por parte de la opinión pública, sino que está gobernada por una lógica completamente distinta: la de la serialidad fidelizante, que es problablemente la más antigua estrategia entre las la industrias culturales de la ficción. Es decir, la lógica del culebrón o del folletín, esencialmente comerciales y que en muchos casos, de Dickens a Breaking Bad, han podido generar producciones dignas y de muy alto nivel. Pero sin mentir. Es decir, ofreciéndolas explícitamente como ficción, no como “hechos” o noticias.

En última instancia, vemos que el desgaste no es una opción precisamente revolucionaria, que vaya en dirección a propiciar una significativa (verdadera, en el buen sentido de la palabra, radical) transformación del estado de las cosas. Por muy bien intencionado que sea, -y no dejo de valorar recientes opciones tan abnegadas como el  El Diario.es o La Marea- el periodismo de investigación no consigue más que reforzar un cierto ciudadanismo, una especie de narcisismo de la opinión pública y en vez de cuestionar al sistema acaba cuestionando las mentiras de los políticos y empresarios, es decir, las morales particulares de sus actores, insinuando el subtexto de que tienen la culpa de todo y que si no fuera por sus canalladas más o menos subrepticias, el sistema funcionaría (la realidad sería de otra manera). La maldad está en el sistema, no este o aquél "políticoempresarioobanquero" corrupto. La verdad es que para que funcionara ese mito liberal que es el libre mercado, con auténtica igualdad de oportunidades, auténtica competencia libre, auténtico éxito de los mejores, y auténtico gobierno de la oferta por la demanda -estado utópico que jamás han conseguido enmascarar el capitalismo relamente existente, el de los emporios, los lobbys y las multinacionales- haría falta un estado policial tal que hubiera hecho parecer a la URSS un paraíso, porque el capitalista, el hombre de empresa liberal, es tramposo y transgresor por esencia.

En fin, que como decía mi  amigo Jaume Peris  hace unos meses a cuenta del caso Bárcenas, el gran escándalo del PP no está en los sobres, está en el BOE. Obvio. Suficientemente. Tanto, como que sin análisis y opinión no hay verdad.

viernes, 6 de diciembre de 2013

La actualidad es una ficción: sobre la información y sus fuentes.




Mi anterior post sobre Canal 9 ha recibido las repuestas de algunos amigos aludiendo a la supuesta trama que se ocultaba tras su cierre. Algunos apuntaban a oscuros tejemanejes económicos, a la (para mí segura) intención de vender de saldo las instalaciones a los amigotes, que es una forma extraordinariamente corrupta de privatización. Y también se especulaba con la idea de que en el fondo la decisión del cierre la había tomado Rajoy. A mí no me acaba de cuadrar esto, la verdad. Conociendo el nivel de responsabilidad del PP con el gasto público y su voracidad electoral, simplemente con que Fabra hubiera advertido que RTVV había sido y podía seguir siendo un instrumento propagandístico clave para conservar un feudo esencial, no creo que Rajoy le hubiera puesto muchas pegas. Pero el caso es que me da absolutamente igual. En el primer post de este blog y en su mismo nombre creo que he dejado claro que no me interesan las tramas ocultas, porque tengo suficiente con lo que me es dado a interpretar: La verdad de la política está en la espesa superficie de sus mensajes. Los hechos no son lo real, porque o bien tienen sentido -es decir, están insertos en un relato- o,  si no, son absolutamente ininteligibles. Por lo tanto, los hechos, los facts, los raw data son un puro mito, porque nos llegan ya procesados como ficción. Extraer de ese sentido una verdad es una labor de reflexión hermenéutica, no una búsqueda desesperada de una objetividad mítica. La verdad no se alcanza por la generación compulsiva de sentido, sino por cernir las discontinuidades, las paradojas, las incoherencias que en él anidan y que, si se pretenden velar, se convierten de pleno derecho en argucias, en imposturas, en mentiras.
La actualidad es pues una ficción y con las categorías de la ficción ha de ser abordada. Para mí el autor modelo de la secuencia narrativa "cierre de RTVV" es el "molt honorable" don Alberto Fabra. También es una cuestión de estrategia, de lucha política, porque el texto es un campo de batalla y hemos de ser consecuentes con sus líneas de fuerza: por ese acto podemos pedir la dimisión de Fabra, pero sería un exceso interpretativo delirante pedir directamente la de Rajoy. Si nos ponemos así, podríamos acabar pidiendo la de Van Rompuy o la de Durão Barroso, ¿por qué no? Soy completamente derridiano en este punto: efectivamente, "no hay fuera de texto". Por esta razón podemos afirmar que la hermenéutica es un imperativo moral: dado que vivir es interpretar, es perentorio hacer de esa interpretación pensamiento, no puro reflejo cognitivo. El pensamiento es siempre rebelión, porque implica desnaturalizar lo creemos, lo que asumimos como existente, e impide que nos conformemos con una adaptación ignorante. Revelar es rebelarse. No prestarle  al entorno la atención, sino la hospitalidad existencia en que toda crítica consiste.
El referente de la actualidad, decíamos, no existe. Es una construcción discursiva y una práctica de poder. Por eso, es tan importante el establecimiento de la agenda, porque agenda setting significa poder y exclusión. Y por eso, en buena lógica, no podemos concederle a la actualidad un estatuto ontológico, sino estrictamente ideológico. Lo que puede tener un vínculo con el ser es el pre-sente, justo porque implica un componente trágico y patético: la responsabilidad ante lo que se rev/bela. La agenda siempre la han establecido los poderosos e irrumpir en ella por parte de los oprimidos significa quebrarla, conculcarla, subvertirla. Decirle al poder, tú no decides lo que cuenta. Por eso, los poderosos odian los escraches y buscan prohibirlos. No porque sus pobres niños sufran, sino porque es la forma que tienen los oprimidos de entrar en escena, de mostrar las hendiduras que requebrajan la pantomima de su gloria. Aún más, de su importancia.
Termino con una larga cita de Borges, porque la auctoritas está mucho más cerca de la verdad que los datos. La palabra tiene el poder de revelar. no de reprimir la verdad como aquéllos. Decía el narrador de “Utopía de un hombre que está cansado” (El libro de arena) de su tiempo, que es el nuestro:

— En mi curioso ayer, prevalecía la superstición de que entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar. El planeta estaba poblado de espectros colectivos, el Canadá, el Brasil, el Congo Suizo y el Mercado Común. Casi nadie sabía la historia previa de esos entes platónicos, pero sí los más ínfimos pormenores del último congreso de pedagogos, la inminente ruptura de relaciones y los mensajes que los presidentes mandaban, elaborados por el secretario del secretario con la prudente imprecisión que era propia del género.
Todo esto se leía para el olvido, porque a las pocas horas lo borrarían otras trivialidades. De todas las funciones, la del político era sin duda la más pública. Un embajador o un ministro era una suerte de lisiado que era preciso trasladar en largos y ruidosos vehículos, cercado de ciclistas y granaderos y aguardado por ansiosos fotógrafos. Parece que les hubieran cortado los pies, solía decir mi madre. Las imágenes y la letra impresa eran más reales que las cosas. Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi (ser es ser retratado) era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo.”
Y le contesta su interlocutor futuro:

“Pero no hablemos de hechos. Ya a nadie le importan los hechos. Son meros puntos de partida para la invención y el razonamiento. En las escuelas nos enseñan la duda y el arte del olvido. Ante todo el olvido de lo personal y local. Vivimos en el tiempo, que es sucesivo, pero tratamos de vivir sub specie aeternitatis. Del pasado nos quedan algunos nombres, que el lenguaje tiende a olvidar. Eludimos las inútiles precisiones. No hay cronología ni historia. No hay tampoco estadísticas”

Por eso he empezado, una vez más, con una viñeta de El Roto. Porque en cualquiera de ellas hay mil veces más verdad que un millón de datos banalmente informativos..