domingo, 19 de octubre de 2014

#Sumandopodemosganar (Apuntes sobre el Populismo, 7)

Todos los comentarios que he ido haciendo en facebook a cuenta de la Asamblea Ciudadana "Sí Se Puede", reunidos en esta entrada. (Otros eran extractos de mis dos entradas justamente anteriores)
  • Nunca se ve menos claro que cuando se está bajo los efectos tóxicos de una borrachera de presente. Ver a las masas arremolinadas en torno a un líder que las ordena y les promete es el más viejo de los anhelos burgueses. Es un narcótico luminoso, de una impresión de solidez absolutamente engañosa, que llevó a intelectos de la altura del de Heidegger a ver en el nazismo una especie de explosión del Ser en la Historia. Necesitamos algo nuevo, algo que hay que inventar, algo que aún no existe: todo, bajo la soberanía de la multitud que se inventa como pueblo. La vieja noción revolucionaria, tan del siglo pasado, de vanguardia es un obstáculo atroz para una inteligencia colectiva concernida por la verdad, que en la medida en que sólo puede ser dicha a medias, en la medida en nunca es toda, es lo que puede incidir en lo real, y no sólo por el patrón métrico, imaginario, del éxito. Eso aún no ha pasado. Y para eso, puede haber saber, experiencia, pensamiento, conocimiento, pero no hay doctrina. Las doctrinas son siempre una fascinación vieja del iluminista intoxicado. Estamos ante la posibilidad de un fenómeno histórico nuevo. Ni es evidente, ni es claro, ni existe aún. Ganar unas elecciones es una cosa muy antigua. Y nadie niega que la tradición pueda usarse al servicio de lo nuevo. Pero dice una vieja letanía que ignorar la historia es verse obligado a repetirla. Y la estrategia del presente es siempre un efecto de goce deslumbrante. Lleva al ruido y a la ira, en cuanto el deslumbramiento se atenúa lo más mínimo. No queremos una república de filósofos, sino un comunismo de la inteligencia y de la interpretación. Si tenemos mucha prisa porque lo desvanecido en el aire vuelva a ser sólido, estaremos apostando por una alucinación. Todos los cielos lo son. ‪#‎sumandopodemos‬ ‪#‎sumandopodemosganar‬
  • El grupo que forma la “intelligentsia” del núcleo duro de Podemos pertenece a la generación políticamente más anodina de la historia de España, gente que ahora ronda entre los 30 y los 45 años, pero fundamentalmente alrededor de los 40, y el máximo margen que ha tenido para llevar adelante alguna inquietud política ha sido pagar la cuota de alguna onegé y hacer algo de turismo solidario. Mientras, iban arreglando lo de su placita en la universidad y haciendo asambleas a las que iban 10 ó 15. Miran a sus compañeros de generación que han luchado por sus vidas, que están en el paro, que se han buscado la vida trabajando como han podido, con una condescendencia infinita. Algunos son, incluso, artistas (qué odio, qué rechinar de dientes). Vamos, puro lumpen.
    Uno lee en sus ataques a la transición, más allá de toda objetividad, un lastre edípico y superyoico (nunca es suficiente). Y se sienten felices porque en facebook o twitter cada vez que dicen algo, tienen unas cuantas decenas de likes o favs, algunas menos de shares y retuits, y algunos comentarios fanáticos y triunfalistas admirando su verborrea. Utilizan la misma estructura argumentativa esencialista que los estalinistas, pero queriendo pasar por hipsters sensitivo-sociales, cosa para la que ya están un poco mayores.
    A mí en su furibundia y desprecio contra todo lo que no les da la razón ciegamente (los más jóvenes son niñatos de clase media, los más mayores -aunque sea por seis o siete años- somos viejos anarco-estalinistas que deberíamos estar en terapia en vez de meternos en política, así, sin preguntar) y su defensa cerrada del liderazgo de Pablo Iglesias no puede dejar de evocarme la historia bíblica de José y sus hermanos. Yo creo que ven Pablo Iglesias como el hermanito pequeño espabilado que les ha aventajado y en muchas de sus declaraciones hay un subtexto de hermano celoso que quiere dejar bien claro ante el padre-masa (a quien necesitan y odian también a partes iguales): tranquilos nosotros le aconsejamos, nosotros lo protegemos. Pueden ser una gran rémora para Podemos porque aspiran a ser una especie de cuerpo de tecnoburócratas que sustituyan a los economistas y banqueros de la casta, pero sigan hipnotizando a las masas con su retórica de despachito departamental donde antes operaba la de sala de juntas y de consejo de administración, con las mismas técnicas de hipnotismo sofístico y pseudodialógico, van a sustituir términos como mercado por ideologema o por impolítico pero van a seguir estructuralmente igual.
    Miren no los culpamos de nada. La gran droga con que nos adormeció el neoliberalismo fue el futuro y la espera confiada en un crecimiento incesante. Muchos nos enganchamos con hipotecas bancarias o con hipotecas ideológicas, pero sin acertar a encontrar un camino para la acción contra el sistema, más allá del pensamiento y la resistencia. No cuela que estaban preparando este momento en sus catacumbas, porque la crisis primero y la movilización masiva de los ciudadanos después nos ha pillado a todos de sorpresa.
    Lo que pasa es que los demás estamos en otra guerra. Hay quien prefiere una organización con un núcleo duro y una periferia pasiva y hay quienes preferimos una formación política con un núcleo más maleable, más dado a la ósmosis de ideas y de apoyos, y pensamos que eso construirá una coraza mucho más dura y resistente. Lo único que pedimos es que no se haga pasar un fenómeno mediático como la esencia de un momento político e histórico que lo excede con mucho. Lo siento, pero hay mucha gente que estamos convencidos ‪#‎sumandopodemosganar‬ y Pablo Iglesias no debería ser un títere en manos de sus hermanos mayores, con prisas por colocarse, sino el líder de una mayoría inédita –cuantitativa y cualitativamente- en la historia de este país. Es mucho más fácil encontrar un huequecito en la corte del Faraón, pero se puede pagar alumbrando una estirpe de esclavos cuya única posibilidad acabe siendo vagar por el desierto.
    La incultura intelectual es grave, pero la profunda incultura existencial, la carencia de vida, es extremadamente peligrosa.
  • Ganar unas elecciones generales es imprescindible, pero en absoluto suficiente. Decir que eso ha de ser un objetivo prioritario y excluyente es dar a entender que la casta son el PP y el PSOE y punto. Y no. La casta es mucho más amplia. Las tarjetas de Caja Madrid nos han enseñado que hay “trazas de casta” (así, bien etiquetado) en todas las instituciones, partidos, sindicatos, en las empresas en la banca, en cada ayuntamiento, en muchos barrios, en las comunidades autónomas. Un comité central, un puro aparato de partido no puede con eso en la vida. Con eso puede un movimiento colectivo inmenso en fuerza y número, infiltrado y combatiendo plaza a plaza, fábrica a fábrica, escuela a escuela, farmacia a farmacia, oficina de gestión tributaria a oficina de gestión tributaria, universidad a universidad. Viendo siempre un compañero al lado.
    Se dice que Podemos ya no es un movimiento social, que es un partido político. ¿Y eso qué es? ¿Una cosa de esas que salen en la tele y luego se presentan a elecciones? Miren, para Lenin o para Gramsci (en quien dicen inspirarse los que defienden esa tesis) el partido era mucho más que un movimiento social, era una forma de vida. Pretender que ahora somos un partido y que eso significa que debemos limitarnos a difundir ideas del núcleo central y a votar, es tener una idea de partido estrictamente liberal, conservadora, reaccionaria. ~‪#‎Sumandopodemosganar‬  
  • Hay algunos pensadores, filósofos y teóricos que a la vez que me producen un indudable rechazo, me inspiran un profundo respeto. Fundamentalmente por la capacidad que tuvieron para realizar a plena satisfacción la ingrata labor de plasmar en su obra mejor que nadie el sentido común de la civilización occidental en todo su delirio iluminista y biempensante, lo cual me permite atacarlo teniendo su obra prácticamente como referencia suficiente y casi única. Los hay de varias disciplinas, pero en filosofía quien mejor encarna ese ideal de enemigo imaginario es Aristóteles y en la filosofía contemporánea, Jürgen Habermas.
    Pero claro, al encarnar tan bien ese sentido común tienen algo de insoslayable y, como demonios familiares, vuelven una y otra vez. La ética discursiva racionalista de Habermas tiene eso, que uno la ve superficial, simplona, ignorando la muerte como inminencia del sujeto y el goce como interés supremo, y que se queda en el kantianismo más light (Kant es otra cosa, por favor) de la buena conciencia “sin reservas”. Pero sin embargo, vuelve y vuelve, porque está enraizada en sentido común de la civilización occidental, de la metafísica de la presencia, de la res cogitans transparente.
    Decir que “los cielos se toman por asalto”, es una frase que tiene un sentido absolutamente materialista, si se dice en la intimidad de una carta, si es un acto de escritura que deja un tiempo para la reflexión y la hermenéutica. Decirla en un mitin, retransmitido en streaming ante una audiencia entregada es un acto que tiene un sentido completamente distinto. Para el versado en marxismo es un guiño, claro. Pero para el fan irreflexivo puede constituir una simple imprecación idealista, un eslogan demagógico.
    Lo que pasa en Podemos, y por eso me referí a ello en mi blog como “la voz compleja” es que tenemos un gran cruce, un auténtico enmarañamiento de posiciones enunciativas, de incoherencias discursivas, que es imposible que acabe de tapar por sí solo el semblante de un líder electoral y mediático, opositando a ser líder popular. ¿Puede convertirse Podemos en un partido como los demás? ¿O está signado ya para siempre por un origen forjado en realidades discursivas heterogéneas, es decir, condenado a ser algo nuevo? La cuestión del liderazgo para asaltar los cielos electorales es aquí crucial. Pero lo que se está definiendo este fin de semana y en los próximos días es algo más radical y profundo.
    Pondré un ejemplo. ¿Me parece mal Pablo Iglesias como una cabeza de cartel ganadora de cara a unas elecciones? En absoluto. Pero igual me parecerían mejor, gente que respeto mucho más porque ha hecho menos malabarismos y ha cometido menos triquiñuelas enunciativas, como Ada Colau o David Fernández, personas ambas a las que admiro y agradezco profundamente su lucha. ¿Me gustaría que David Fernández y Ada Colau, personajes públicos de cuya honradez, eficacia en la lucha y carisma no dudo ni un segundo, fueran secretarios generales plenipotenciarios de Podemos? Lo diré claro: JAMÁS. Tendrían, con toda probabilidad, mi apoyo electoral y moral si encabezan una candidatura, pero no si quieren “presidir” una organización como Podemos.
    Si a alguien le damos ese poder en Podemos, todo el trabajo de empoderamiento, de consistencia popular, quedaría librada a confiar en que el líder fuera fiel a los principios de inteligibilidad, verdad, rectitud y veracidad que exige la bienintencionada ética habermasiana. Y cuando alguien tiene a los media para hacer de voceros de su imagen y los que de él discrepan no, es muy difícil dejarlo todo a la buena fe.
    El problema es ése, creo yo. Y gente como Teresa Rodríguez, Lola Sánchez o Echenique están repitiendo estos días es eso: nadie como Pablo Iglesias para candidato, para presidente del gobierno, para dirigir un proyecto electoral que combata a la casta.
    Pero ni él ni nadie, como macho o hembra alfa de Podemos. En cuanto a que uno es militante y por eso ha de apostar y saber decir no, eso está muy bien cuando se negocia con la casta, no con los compañeros, no con la unidad popular. Ya hace varias décadas, un tal Felipe González hizo el mismo amago de irse si no se aceptaban todas sus propuestas, llevándose consigo su tirón electoral. Se las aceptaron sus militantes y se quedó.  Y eso sirvió para muchas cosas -entre otras, para enriquecer el acervo popular con la palabra felipada, que quedó como nombre genérico para estos brindis al sol políticos-, pero para tirar a la casta, no.  ‪#‎Sumandopodemosganar‬ no sólo una sino muchas elecciones.