lunes, 11 de enero de 2016

Calculando... (Apuntes postelectorales)



Foto de Diego Lonjedo (fragmento)


Todos, comentarios hechos en las redes sociales en esta hora de pactos con los votos de los ciudadanos como moneda y la líneas rojas como faroles.











    • El PP y el PSOE tienen muchas cosas en común. Entre otras cosas, esta señora y una cierta idea de España que sacan a pasear cuando les conviene, presidida por sus barones que, casualmente, vienen representando a esa mitad sur de España que ellos han reducido al clientelismo, al subdesarrollo y que son beneficiarios netos de la Hacienda española. Por eso, cuando aquello del 15M, los Think Tanks del Psoe y sus militantes más cerriles, se las rebuscaron para acusar a los que habían salido a la calle de ser los causantes de la derrota de la "izquierda". Nunca puede sonar una palabra más falsa que lo que suena "izquierda" en boca de algunos descebrados que el Psoe mantiente entre su militancia porque le rinden algunos réditos reaccionarios, como palmeros irresponsables, en situaciones como las que ahora atravesamos. Felipismo traidor, puro y duro.
      Si alguien piensa que, después de la traición de la segunda transición que representó Vistalegre, estoy defendiendo a la cúpula de Podemos, con todo lo que he dicho sobre ellos simplemente es un difamador y un sinvergüenza. Lo que tiene la radicalidad, entre otras cosas, es que no te casas con nadie. Ni le das una alabanza perpetua, ni dejas de reconocer que tiene razón cuando la tiene. La línea roja de la autodeterminación de los pueblos de España, esta España que algunos podríamos atrevernos a amar porque no la soñamos ni la concebimos negra y mortífera, no es un invento ni una manía de Pablo Iglesias Turrión y su camarilla. Es una premisa de sus aliados periféricos en Catalunya, el País Valencià o Galiza, que asumen sin problemas todos los españoles de bien, esto es, de izquierdas.
      Esto de ser radical tiene cosas tan curiosas que hoy va y siento pena por Ken al verlo bajo las garras de esta señora y sus secuaces. Yo también prefiero, antes que a este Jesús del madero, a aquel que anduvo en la mar. A ver si nos dejan de una vez, hostia.

      30 de diciembre de 2015
    •  Oye, que tengáis un buen 2016. Y que sepamos sernos fieles sin dolor o traicionarnos a tiempo y con gracia si vamos sintiendo que las lealtades nos lastran y nos aplastan más allá de la dignidad, la verdad o el gozo. Eso y muchos besos consentidos (con o sin sentido, que eso da igual) es todo lo mejor que os puedo desear. 31 de diciembre de 2015
    • Oye, que estaba pensando yo que esto del "procés" y todo lo que está generando ¿no podría ser provocado porque Mas tenga un empacho de literatura autoayúdica?¿Alguien lo ha visto por las secciones self-help de alguna librería de Barcelona haciendo acopio de libros de Paulo Coelho, Risto Mejide, monjes con Ferraris, y gente que se come quesos de otros? A ver si va a ser ese el problema, porque nadie está teniendo ese posible factor en cuenta. Parece que le hayan metido a presión las ideas tipo de esta clase de panfletos: "persigue tu sueño", "nunca te des por vencido", "el universo se ha conjurado para llevarte a conseguir tus deseos", etc. Es que la perra que tiene el hombre con no cejar y seguir y seguir como un Rambo de Las Ramblas, más allá de toda economía de la supervivencia, me parece sospechosa de una indigestión de inteligencia emocional y autoestima y una clara carencia de "seny". A ver si va a ser ése el problema y se arregla la cosa quitándole el hipérico. Lo digo en serio y todo. 4 de enero de 2016.
    • Molta xufla amb la qüestió del procés i el fastig que provoca. Però pel camí em sembla que la esquerra catalana (CUP y Barcelona en Comú, esencialment) estàn construïnt una entesa que a la resta de l'Estat, si més no dels territoris monoligües castellano-parlants, ni està ni se l'espera. I l'independentisme, podent ésser un punt de desacord, no sembla cap línia roja. Potser perquè els rojos són els caminants, i no les línies.... 8 de enero de 2016.
    • En mi humilde opinón, y partiendo de la radical desconfianza que tengo en Mas, veo imposible que hay cedido en Catalunya sin tener muy claro que el tiene un arma para aplastarlos de la que las CUP carecen: Madrid. 10 de enero de 2016
    • Me niego radicalmente a opinar sobre el acuerdo entre las CUP y Junts pels sí (CDC/DIL). He leído toda clase de comentarios hoy. Y creo, honestamente, que no es lo que los tiempos no exigen. Opinar siempre es proyectar un pensamiento viejo -ya acabado, cerrado, perfecto- sobre una contingencia. Es el mejor camino para no ver lo nuevo. O para verlo continuamente y por todas partes, por nimio que sea el detalle, que viene a ser lo mismo, porque si ves lo nuevo -si te conviene ver lo nuevo- a toda hora estás viviendo una vida vieja. El problema del vocinglero sujeto post-fordista, que es digno nieto del sujeto moderno pese a que a veces escandalice al abuelo, es su relación con el goce como forma de preservar su unicidad imaginaria. De esta unicidad en el goce provienen la urgencia de la opinión y la denegación el pensamiento. Porque la opinión es igual al pensamiento menos el tiempo. Es un sujeto de la continuidad. Y en tanto que piensa, es decir, en tanto que se enfrenta al ser como no resumido en el ente, se aleja de la apacibilidad del cáculo y se angustia mucho. Cuando se pone a alguien -incluso a uno mismo- en la tesitura de que se piense, de que abandone la seguridad cognitiva de la "cogitatio", La respuesta más habitual suele ser el odio, la acusación de traición. Cuando uno expresa algo tras haberse dado tiempo para pensarlo, acaba siempre decepcionando a alguien: ¡Yo creía que pensabas de otra manera! No hay nada más alejado de lo común que la opinión, que siempre es pública (o privada, que es la cruz de la misma moneda). Señoras, señores, hoy no sé qué pensar sobre lo que han hecho las CUP. Me lo tomaré como un extraño arrebato de lucidez, porque la tesitura es tan potencialmente novedosa que cualquier opinión -pensamiento ready made- sobre ella no puede tener otra estructura que la del prejuicio. Ni idea, pues. Ya veremos. 10 de enero de 2016
    • Me estimula ver errores, titubeos, vacilaciones y dudas en las fuerzas del cambio, como los que se le ven a la CUP. Lo que me demuestra es que no son élite y por lo tanto no tienen un manual (de comunicación política) sobre cómo mantenerse entre la élite, repitiendo consignas y monsergas como papagayos. No negar lo real es lo que tiene. Que el camino no está "claro" como vendieron algunos. La consigna "sí se puede" me gusta. La consigna "claro que podemos" me ha dado siempre náusea. Puede que podamos pero cuanto más podamos, por pura lógica, menos clara estará la cosa. La claridad para los fanáticos y los hooligans tiene que ver con un jefe fuerte acorazado tras una cúpula férrea y depredadora de toda disidencia que les dé la confianza e imagen de solidez como un equipo de club se la da a sus hinchas. La CUP ha mostrado que no está en eso. Y meterán la pata algunas veces. Pero no todas ni para siempre, ni será fácil echarles el lazo del bipartidismo como a dóciles cotorritas que no se equivocan porque no tienen que pensar qué van a decir. "Les non- dupes errent". Ni les defiendo, ni les ataco. Los criticaré cuando lo que hagan no me guste. De hecho, no tengo nada claro, como no lo tienen ellos, que hayan hecho bien apoyando la investidura. Lo que me subleva un poco es que algunos que supuestamente llevan el catecismo hegemono-populista en alto les ataquen ahora por hacer justo lo que dice su doctrina, que es sumarse al único bloque hegemónico que puede ponerle palitos en las ruedas al neoliberalismo en Catalunya. Visto desde Espanya, pues lo veremos de otra manera, obvio. Pero ellos lo ven así. En España, en las generales -no fue así en municipales y autonómicas- se ha repartido el bipartidismo de siempre, ahora disfrazadito de primera comunión: 160 diputados para izquierda, 160 para la derecha y 30 testimoniales. Y algunos al monte porque en Catalunya, verdaderamente se ha roto ese eje tan mistificador que criticaban como el origen de todos los males. Insisto: sólo constato. Y constato también que llamar sólo a la gente a votar, en comicios oficiales, primarias y asambleas tiene algo de hipócrita. Nada de pensar, ni debatir. Sólo quieren al pueblo para votar, esto es, para legitimar por los pelos los que serán sus actos.10 de enero de 2016.
    • No paro de ver críticas a las CUP desde fuera de Catalunya (por supuesto, desde Madrid fundamentalmente) y son todas crítcas "de clase", desde "la izquierda" de personas que daban por muertos los planteamientos de clase y la división derecha-izquierda. Tal vez, sería bueno respetar que en Catalunya la verdadera lucha hegemónica se está librando en el campo del nacionalismo. Son una nación distinta de España y se rigen por otra lógica. No se les pueden aplicar, en tanto que nación sin Estado, los mismos esquemas que a (l resto de) España. De momento, han conseguido quitarle a la derecha el monopolio de la reivindicación nacional catalana, que ha tenido durante 40 años. No estoy juzgando si han hecho bien o mal. Pero sí que cuestiono el derecho a juzgarlos desde las comuninades autónomas sin mar con criterios exclusivos de tierra a dentro. Exclúyanse como concernidos por este razonamiento todos los ciudadanos catalanes que, opinen lo que opinen, los considero completamente competentes para juzgar a las CUP y todo lo que pase en "el seu petit país vora la mar". No sé si me explico. Els únics vents que donen dret a l'opinió en aquest cas són el Xaloc, el Llevant i el Gregal. Ni el Ponent, ni el Migjorn, ni el Mestral. 11 de diciembre de 2016.


    viernes, 8 de enero de 2016

    No te lo perdonaré jamás.



    I. El perdón es, por definición, el rasgo distintivo del cristianismo respecto a las otras dos religiones del Libro. No es un concepto, el repudio moral de la venganza, que esté comprendido en el Islam o el Judaísmo. Una cosa son las doctrinas, cierto, y otra la naturaleza humana y no estoy diciendo que los cristianos no sean vengativos. Precisamente, toda la moral católica española del honor es una doctrina de la venganza, a veces muy compleja y muy taimada, una pasión de burócrata obsesivo. Véanse algunos dramas de Calderón (El alcalde de Zalamea me vale, pero El Médico de su honra es paradigmático en ese sentido de la venganza metódicamente fría y calculada). No deja de ser curioso que algunos adalides de la Islamofobia sean tan proclives a no perdonar. ¿No?

    II.También es un distintivo, dar a Dios lo que es de Dios y a César lo que es del César (Lucas 20, 25). En fin, muchos pensadores de los últimos tiempos (Vattimo, Badiou, Zizek) han defendido que el dogma de Encarnación y la kenosis  (Filipenses 2,6-7) de Cristo son un paso lógico necesario para poder concebir el laicismo. Y he dicho bien “dogma”, utilizando la palabra en el sentido técnico que le otorga el discurso teológico cristiano. Nada de que objetar cuando hablamos de materia de creencia. Probablemente, el genio radical de cristianismo, que lo tiene, sea precisamente esa mixtura intolerable entre el Dios perfecto y la carne corruptible que los otros monoteísmos no consiguen comprender y declaran blasfemo. Ahora bien, el fascismo español, como buena parte de la curia romana, no han conseguido estar nunca a la altura de este materialismo esencial del cristianismo, según el cual Dios no se avergüenza de su obra hasta el punto de ser capaz de mezclarse, de contaminarse, con ella. Arrostrar ese real no es cosa de creyentes, fanáticos o fundamentalistas. Es cosa de santos.

    III. Dicho esto, lo que los cristianos tienen derecho a considerar dogmas lo podemos considerar el resto como tradición no confesionalmente vinculante. Con toda legitimidad. Nuestro calendario está regido por las festividades cristianas, que a su vez se apropiaron de las de Grecia y Roma, y tejen una urdimbre cultural que va más allá de la filiación y la creencia. Los reyes magos en particular, pero también la Navidad en general, son un buen ejemplo. Y asumir una tradición es reelaborarla. Nos hemos hartado estos días de la famosa polémica de los reyes magos.  Y no es baladí.

    IV. Un tuit como este


    resume perfectamente al nacional-catolicismo en su versión neoliberal, es decir, al PP.
    Fijémonos, de qué modo se proclama propietaria de una tradición. Nadie sabe prácticamente nada de los Reyes Magos. Apenas da información sobre ellos el Evangelio, para que se pueda estipular dogmáticamente cuál es su vestuario correcto. El que suelen llevar, elaborado por la iconografía católica, es tan válido y tan actualizable como cualquier otro que se pueda proponer.

    V. Ahora bien, la cosa es que por el camino hay dos dogmas neoliberales que se nos cuelan por la chimenea. El primero, la negación al poder público (el único susceptible de control democrático) de cualquier iniciativa en el campo de la cultura y de cualquier potestad de gestión de la tradición. Pero, esto es aún más grave, en ello anida también el dogma conservador del derecho a la libertad de educación que, gracias a la XIII Marquesa de Casa Fuerte y Directora del Área Internacional de FAES, presenta aquí su faz más cínica: el sacrosanto derecho de los padres a disfrutar de la exclusividad del engaño a sus propios hijos. Porque, vista así, una tradición que podría ser un patrimonio común, como la de los Magos de Oriente, identificada con una canónica -y verosímil sólo para una determinada concepción del sentido común, la nacional-católica- deviene lisa y llanamente una vulgar mentira. Sin paliativos. No sabemos si existieron, podemos dudar inculuso de la existencia del Dios al que se supone que fueron a adorar, pero de lo que no tenemos ninguna duda es de que jamás fueron vestidos como ella le ha hecho creer a su hija de seis años.

    VI. A consecuencia de este pintoresco asunto un amigo me recordó una cita de Jacques-Alain Miller que viene al pelo:

    “Desde luego, el esplendor del canalla y su brillo maléfico provienen de no aceptar ni al Otro con mayúsculas, que no es más que una ficción, ni a los otros, que no valen nada”

    Tampoco mejora nada esta canallada, acabar asimilando los vertederos con las tumbas sin nombre, porque no ha encontrado otra manera de escabullirse de un ridículo glorioso del que esta propia señora es la única responsable. Pero, claro, siempre hay formas de estropearlo más. Hay que ser impresentables.



    No sé si avanzamos, pero que ladran, ladran.

    jueves, 24 de diciembre de 2015

    La voz del líder Iglesias (Apuntes sobre el Comunismo, 13)

    Estoy de acuerdo con muchas de las cosas que está diciendo Pablo Iglesias estos días. Sobre Catalunya, sobre le ley de emergencia social, etc. Lástima que no me pueda fiar en absoluto de él debido a su trayectoria interna en Podemos. ¿Si de verdad va a defender todas estas cosas, por qué tuvo tanto interés en imponer en su partido un modelo autocrático, jerarquizado, centralista y, por ende, estatalista?. Se trataba de un pueblo no fuera nunca una multitud organizada y autogestionada, sino una plebe a expensas de un líder supremo y de una cúpula acorazada. Defender lo que está defendiendo con su voz pública y defender, con su voz interna y privada, el modelo organizativo que defendió es de una incoherencia radical. Profundamente radical. Porque donde se juega el poder, la actitud en o frente a él, es en el modelo organizativo, no el los discursos públicos. Es la diferencia entre jugar a los significantes vacíos o a los significantes flotantes. Los primeros son patrimonio de un pueblo proactivo, los segundos son patrimonio de los profesionales del márketing, que te pueden coger cualquier valor social para ponerlo al servicio de la promoción de su producto. A cambio, eso sí, de vaciarlo de cualquier operatividad pragmática. El significante vacío tiene sentido y opera, el significante flotante es pura cháchara castradora. Laclau lo explica perfectamente:
    "Y, por las razones antes mencionadas, cuanto más extendida la cadena tanto más ese nombrar habrá de prevalecer sobre las referencias particularísticas de los eslabones individuales. Es por esta razón que hemos hablado de destrucción del sentido a través de su misma proliferación. Esto hace posible entender la relación precisa entre significantes “vacíos” y “flotantes”: dos términos que han tenido una circulación considerable en la literatura semiótica y postestructuralista contemporánea. En el caso del significante flotante, tendríamos aparentemente un exceso de sentido, mientras que el significante vacío sería, por el contrario, un significante sin significado. Pero si analizamos el problema con más atención, veremos que el carácter flotante de un significante es la única forma fenoménica de su vacuidad. Un significante como “democracia” es, ciertamente, flotante; su sentido será diferente en los discursos liberales, radicales antifascistas o conservadores anticomunistas” (Emesto Laclau, Los fundamentos retóricos de la sociedad: 31)
    Bien, ¿qué hace la diferencia entre un discurso y otro, si no es la semántica? Por supuesto, la pragmática, la enunciación. Si enuncia un líder político profesional para recibir el aplauso y no una contravoz críticamente constructiva, todo significante deviene flotante. Es la ley estructural del silencio como única fórmula organizativa. Huir del neoliberalismo ha de comenzar por poner al líder, que no tendría más función que encarnar al imaginario del reconocimiento mutuo, al servicio del pueblo y no al revés. Por favor, que nadie me espete ahora que entonces IU/UP hubiera sido la alternativa. IU/UP era eso desde el principio y jamás hubo allí un espacio para cuestionar el centralismo organizativo. En ese sentido, IU es peor que Podemos. Los programas son un puro engaño si los representantes no están férreamente controlados por los representados. Lo que hace falta es inventar lo nuevo, lo que aún no existe pero estuvimos tan cerca de poder presentir. El gran antagonismo para los próximos tiempos habrá de ser multitud vs. élites. De esta confrontación nacerá el Pueblo, no de oponer unas élites profesionalizadas a otras.

    miércoles, 23 de diciembre de 2015

    ¿Es España ingobernable?: ¡Ya era hora!

    Ayer, anteayer y  antes de anteayer fueron días solemnes y sesudos, de una moralidad gimiente, nocturna y grave. Decididamente, España es un país diviso. Entre el funeral y la caspa, ente la risa y la romería, entre la jarana y la negritud. Anoche me fui a la cama entre los estertores de la señora Arrimadas, (a ésta no la voy a llamar señorita, como a Carolina, que luego me dicen de todo) poniendo esa carita de estar oliendo un zurullo, que tan natural de sale, y diciendo que Podemos había conseguido lo que había conseguido por unirse a todo tipo de piojosos y pordioseros periféricos. No le pega decir a esta señora “perroflautas”, que es muy moderno. Le pega sustantivar las interjecciones. Pordioseros, zarrapastrosos, haraganes y perdularios, que quieren romper España. ¡Anda que no venía averiada ya!
    Y esta mañana me he despertado con Inda y todo tipo de tertulianos cavernarios diciendo que España es ingobernable con estos resultados electorales.....

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    sábado, 19 de diciembre de 2015

    La dimensión del puñetazo.

    Ayer, cuando vi el puñetazo que le dieron Rajoy, sentí como si me lo hubieran dado a mí personalmente. Vaya por delante mi absoluto rechazo moral y político a cualquier uso de la violencia. Pero no estoy hablando de eso, precisamente. Estoy hablando de la dimensión más banalmente semiótica y psicológica del hecho. Yo, que me las doy de listo y experimentado en el análisis (y por lo tanto en la capacidad de distanciarme) del discurso, me sentí automáticamente identificado con una víctima audiovisual, que tiene ganado mi absoluto desprecio y odio político por cómo ha usado él esa misma violencia política, policial, económica, bancaria y administrativa contra la sociedad que gobierna y a la que pertenezco. Imaginen lo que habrá sentido quien no tenga esos instrumentos de distanciamiento crítico.

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    domingo, 13 de diciembre de 2015

    LE EXIJO A PODEMOS. #éselmoment



    “Casi” con total seguridad, voy a votar a Podemos. Como mucha gente, porque no nos queda otra. Sobre todo en la “periferia”, donde se ha unido con fuerzas que podrían ser su alternativa. No voy a entrar a discutir los porqués y los cómos. Si en ello han influido las cada vez más evidentes ambiciones personales de Mónica Oltra, por ejemplo, porque si de verdad hubieran querido unir el voto hubieran "confluido" con UP/IU, que en el País Valenciano están electoralmente desahuciados por el momento, creo sinceramente que más por sus propios errores que por otra cosa. Como he dicho en más de una ocasión, votar es un acto impuro y aspirar a que la fuerza a la que votas colme tus expectativas políticas es, al fin y al cabo, una aspiración totalitaria. Las elecciones pasarán y habrá que seguir bregando, cada uno como mejor sepa. Las elecciones son un campo de batalla, y la disputa por la verdad es otro. Parafraseando a Clausewitz, podríamos decir que la verdad es la continuación de la política por otros medios.

    Partiendo de ese supuesto, y dado que Podemos ha decidido jugárselo todo a la carta electoral y constituirse, de cara a la opinión pública, como una opción electoral estándar más, me atrevo a plantearle una exigencia como votante que desgraciadamente, nunca hubiera podido presentarle como militante: LE EXIJO A PODEMOS UN ENFRENTAMIENTO TOTAL Y FRONTAL A CIUDADANOS

    Creo que ya no es el momento de melifluos y aflautados “sísepuedes”, ya no es momento de hablar sólo de ilusión y de cantos adolescentes de fraternidad y amor. Es el momento del ANTAGONISMO en el más contundente,  honesto, y estratégicamente oficial sentido de la palabra. Es el momento de volver a las raíces -si no organizativas, al menos político-discursivas- y plantearse un enfrentamiento radical a la casta. Y darse cuenta de que el bipartidismo tiene una nueva faz. Cambiar el antagonismo izquierda / derecha por el paripé vieja vs. nueva política es, eso sí, un engaño en toda regla

    Es la hora de la confrontación. No aspiro a votar a quien vaya a ganar unas elecciones por mayoría absoluta. Pero tampoco aspiro a votar a quien quiere ser nada más que otro elemento del Bipartidismo2 y convertirse en su cuarta fuerza política. #éselmoment de la confrontación, de que Podemos y Compromís no sean una fuerza política más, sino la Otra fuerza política, la que permite al pueblo operar más allá de una idea banal de la representación calculada. No entro, en la impureza de mi voto, a cuestionar programas, recetas y actitudes (de las listas plancha al fichaje de estrellas “independientes”). El programismo ha demostrado ser el germen de toda discordia en la izquierda y no quiero más izquierda discordante consigo misma, sino una política de la confrontación verdadera, siendo que la verdad es una construcción discursiva y contingente.

    Hemos visto algunas de las propuestas de Ciudadanos que van saliendo a la luz. El contrato único (que llevaría a la mayor precarización de los trabajadores que se haya vivido nunca en este país), la propuesta de que RTVV emita en inglés (no olvidemos que el origen de C’s es la extrema derecha neoliberal españolista catalana), las ansias de intervención militar, las intenciones de desfuncionarizar a los profesores (¿dónde quedaría la dignidad y la libertad de enseñanza en ese caso?¿pensamos en paralelo en dónde ha quedado la libertad y la dignidad de los trabajadores de los medios de comunicación públicos, constituidos en su mayoría por “no funcionarios” puestos a dedo por los gobiernos de turno, para hacernos una idea?). En suma, un totalitarismo gélido y calculadamente destructivo de cualquier posibilidad de control político y público que propicie una hegemonía del pueblo.
    Por eso, le exijo a Pablo Iglesias que muestre un distanciamiento total y una discrepancia radical y contundente frente a Albert Rivera, y deje de permitir esa connivente asociación “yoamoalaurística” que los equipara a ambos como jóvenes y prometedores “nuevos políticos”. C’s es la suma expresión de los valores  lo que antes se llamaba la casta y que Podemos nació para combatir. Y le exijo a Compromís que no olvide que el cosmopaletismo ultra-liberal de C’s es el principal peligro para los valencianos. Y quede que digo EXIJO, como se suele dirigir uno a los poderes establecidos y no, pongo como condición. Condición no les pongo ninguna, ni admito ninguna. Después de las elecciones veremos, porque la verdad, siendo contingente, no es relativa ni condicional.


     Post scriptum

    Sé que con este texto mucha gente se va a sentir decepcionada. Cualquier intento serio por acercase a la verdad acaba decepcionando inevitablemente, porque cuando algunos te toman como portavoz acaban intentando enclaustrarte en un corpus doctrinal y yo me resisto continuamente a ello. Ojo, no estoy diciendo que cueste un gran esfuerzo, al contrario, simplemente escribir pensando y no papagayeando es lo que espontáneamente me sale. Por eso, mucha gente al ver que "exijo a Podemos" pensará que estoy pidiendo el voto. Simplemente la gente no lee. El otro día desde el kirchnerismo (vid. comentarios, aquí) me acusaban de "pertenecer a la izquierda biempensante europoea". Quítele el bien y el europea (¿qué europea, si soy del Cabanyal?), hombre, y deje pensante. Simplemente. Es obvio que no me entendió porque proyectó lo que se suponía que yo tenía que decir sobre lo que dije. En ningún campo es tan necesario un enfoque materialista como en el de la comunicación: un texto dice lo que dice, su materia significante, y no lo que el autor o el lector pretenden poner allí desde sus pre-juicios sintéticos. Igual de necesario que en un psicoanálisis, vaya.

    Soy un convencido de que la única posible construcción de lo común parte de una profunda radicalidad y que la radicalidad exige en su inicio el tributo de la soledad, de sostener el desafío de la desidentificación, de la desfamiliarización, de no adscribirse a ningún clan. Si de alguien desconfío definitivamente es de quien pretende unificar en el campo de lo imaginario a su familia con su opción política (y viceversa). Me parece el colmo de la demagogia. Pero esta actitud mía, inevitablemente, decepciona a los que te ubicaban en el clan propio y llena de ira a los que te ubicaban en el contrario. Por eso advierto, que ahora, en plena campaña electoral, no admitiré (ignoraré) insultos ni descalificaciones, como he hecho otras veces tanto de la hordas de hooligans pro-Podemos (véanse algunos ejemplos aquí, en los comentarios) ni de los haters anti-Podemos, que o bien obedecen a una cierta teoría de conspiración orto-izquierdista, o bien están resentidos porque sus aspiraciones personales no se han visto satisfechas, y que son tan dañinos como los anteriores. Aquí los borraré y en las redes sociales, simplemente, bloquearé a los que respondan en tono de ofensa o descalificación. Al contrario, toda discrepancia argumentada será bienvenida.

    Addenda:

    sábado, 12 de diciembre de 2015

    Algunos apuntes sobre la democracia y sus representaciones (Crítica del Electoralismo Puro, 3)

    Sobre Democracia y Populismo, lecciones del exterior.
    I
    En una democracia formal parlamentaria de mercado, un pueblo no habla a través de las elecciones. En todo caso, el electorado asume la representación de la sociedad civil y legitima a los que van a hablar en su nombre durante los próximos años. Las elecciones son vitales para una democracia. Pero, en una sociedad capitalista, son insuficientes para eso que se llama empoderar al pueblo. Igual de tramposo es pretender constituir a un pueblo sin sufragio universal, que pretender que el sufragio universal constituye por sí mismo al pueblo y que el pueblo, como concepto y como sujeto, se constituye por su identificación a esa mayoría. Lo social es mucho más complejo y el sujeto popular no es nunca auto-transparente.
    No paro de oír a analistas de derechas congratulándose porque Maduro y Fernández han perdido las elecciones en sus respectivos países. Elecciones, por cierto, a las que nominalmente no se presentaban. Pese a que no tengo ninguna simpatía especial por ninguno de ambos, el argumentario neoliberal me exaspera. Como han perdido las elecciones, el pueblo ha hablado y los ha despreciado, se ha “desidentificado” de ellos. Con Venezuela, se llega al máximo del patetismo cuando se dice “el régimen ha perdido las elecciones” Señores, los regímenes nunca pierden las elecciones precisamente porque no las convocan. Cualquier españolito de más de cuarenta años les podría explicar esto por memoria. Y cualquier persona decente, por lógica. En Venezuela ha perdido un pésimo gobierno en un régimen formalmente democrático. Punto.  (10 de diciembre)

    lunes, 7 de diciembre de 2015

    Emociones electorales. (Crítica del electoralismo puro, 2)

    Viendo uno tras otro los diversos programas televisivos dedicados a las elecciones, a mí lo que me preocupa realmente es observar cómo el dispositivo mediático iguala en su faz familiar y amable a todos los candidatos. En efecto, esos que llevan años robando -o encubriendo a los que roban- aparecen ahora como hombres y mujeres humanísimos. Y los que deberían haberse opuesto a ellos, construyendo un antagonismo firme y contundente, entrando al mismo trapo de la empatía humanísima y personalísima. Por eso, me ha sentado tan mal que Pablo Iglesias se avenga al teatrillo burgués, al vodevil de la campaña, como me ha sentado la pobreza de espíritu de IU/UP le haya llevado a protestar por no haber sido invitada a este aquelarre homogeneizador que lleva a la desafección por proximidad, que no por distanciamiento, que para veleidades brechtianas no está el capitalismo sentimental.  Y que se esté reivindicando desde el populismo de izquierdas el uso de lo sentimental, sin hacer sobre ello una mínima proyección analítica que permita contemplar el hecho de que el sentimentalismo (la autoayuda emparejada con el pathos del melodrama) ha sido sin duda el terreno que más fértilmente ha colonizado el capitalismo postfordista, y que no es posible utilizar las emociones en política sin un trabajo paralelo de descolonización del alma romántica.

    (Continúa aquí: http://www.vlcnoticias.com/emociones-electorales-critica-del-electoralismo-puro-2/)

    viernes, 4 de diciembre de 2015

    Crítica del electoralismo puro (¿1?)


    “El niño anciano observa desde la ventana los fuegos fatuos de la claridad”. 
    (Jenaro Taléns).


    Hace unos cuantos meses  escribí  esto:

    “Nada somos por separado. El activista se convierte, si va por su cuenta, en un gamberro intrascendente; el militante, en miembro de una secta destructiva; el candidato, en un trepa corrupto; y el que tiene ínfulas de intelectual crítico, en un misántropo hosco, solitario y amargao.”

    Hoy matizaría estas palabras. En esta campaña yo echo en falta sobre todo intelectuales. Veo palmeros, militantes, activistas, desencantados, haters y algunos indiferentes. Puede que menos que en otras convocatorias, siquiera sea por la novedad. Pero yo creo que hacen falta sobre todo intelectuales. Para ser exactos, 34.516.185 (según la oficina del censo electoral). En efecto, yo no creo que ser “intelectual” sea una profesión, una aptitud o mucho menos una posición jerárquica. No me interesa para nada esa división platónica del trabajo ni su República gobernada por los filósofos. Al contrario, vivimos en un entorno de virtuosismo y precariado postfordista, en el que encajaría muy mal semejante posición de encasillamiento pre-moderno. Para mí, la de intelectual, es una posición de sujeto, a no confundir tampoco con una subjetividad como se entiende en la filosofía política contemporánea normalmente. Es un lugar al alcance de cualquiera, porque no tiene que ver con la erudición, ni con el saber, ni es una posición exclusiva ni permanente. Es un punto de vista que creo que conviene adoptar y comprender y que implica que la pasión no niegue la lucidez. De igual modo, pienso que todos debemos en algún momento ocupar del activista o del militante para que la lucidez no nos lleve al desencanto, a la inacción o al resentimiento más amargo.

    sábado, 14 de noviembre de 2015

    El Totalitarismo Frío.

    El nacionalismo frío
    Supongo que nos pasa a todos. Los que nacimos y vivimos alguna parte de nuestra vida bajo el franquismo y nuestra juventud en los 80 estamos un poco sorprendidos de las reacciones del derechista gobierno español ante los tímidos embates del incipiente independentismo catalán institucionalizado. Nuestro recuerdo del nacionalismo español pasa por su violencia impositiva y sectaria, por su virulencia catastrofista y cavernaria. Es decir, por esa versión que lleva impresa desde su nacimiento en los años 20 del siglo pasado y que lo unía de siempre a la indeleble huella del fascismo.

     Continúa aquí....