“Casi” con total seguridad, voy a votar a Podemos. Como mucha gente, porque no nos
queda otra. Sobre todo en la “periferia”, donde se ha unido con fuerzas que
podrían ser su alternativa. No voy a entrar a discutir los porqués y los cómos.
Si en ello han influido las cada vez más evidentes ambiciones personales de
Mónica Oltra, por ejemplo, porque si de verdad hubieran querido unir el voto hubieran "confluido" con UP/IU, que en el País Valenciano están electoralmente desahuciados por el momento, creo sinceramente que más por sus propios errores que por otra cosa. Como he
dicho en más de una ocasión, votar es un acto impuro y aspirar a que la fuerza
a la que votas colme tus expectativas políticas es, al fin y al cabo, una
aspiración totalitaria. Las elecciones pasarán y habrá que seguir bregando,
cada uno como mejor sepa. Las elecciones son un campo de batalla, y la disputa
por la verdad es otro. Parafraseando a Clausewitz, podríamos decir que la
verdad es la continuación de la política por otros medios.
Partiendo de ese supuesto, y dado que Podemos ha decidido
jugárselo todo a la carta electoral y constituirse, de cara a la opinión pública,
como una opción electoral estándar más, me atrevo a plantearle una exigencia como
votante que desgraciadamente, nunca hubiera podido presentarle como militante:
LE EXIJO A PODEMOS UN ENFRENTAMIENTO
TOTAL Y FRONTAL A CIUDADANOS.
Creo que ya no es el momento de melifluos y
aflautados “sísepuedes”, ya no es momento de hablar sólo de ilusión y de cantos
adolescentes de fraternidad y amor. Es el momento del ANTAGONISMO en el más
contundente, honesto, y estratégicamente oficial sentido de la palabra. Es el momento de volver a las raíces -si no
organizativas, al menos político-discursivas- y plantearse un enfrentamiento
radical a la casta. Y darse cuenta de que el bipartidismo tiene una nueva
faz. Cambiar el antagonismo izquierda
/ derecha por el paripé vieja vs. nueva política es, eso sí, un
engaño en toda regla.
Es la hora de la confrontación. No aspiro a votar a quien
vaya a ganar unas elecciones por mayoría absoluta. Pero tampoco aspiro a votar
a quien quiere ser nada más que otro elemento del Bipartidismo2 y
convertirse en su cuarta fuerza política. #éselmoment
de la confrontación, de que Podemos y
Compromís no sean una fuerza política
más, sino la Otra fuerza política, la que permite al pueblo operar más allá de
una idea banal de la representación calculada. No entro, en la impureza de mi
voto, a cuestionar programas, recetas y actitudes (de las listas plancha al
fichaje de estrellas “independientes”). El programismo ha demostrado ser el
germen de toda discordia en la izquierda y no quiero más izquierda discordante
consigo misma, sino una política de la confrontación verdadera, siendo que la
verdad es una construcción discursiva y contingente.
Hemos visto algunas de las propuestas de Ciudadanos que van
saliendo a la luz. El contrato único (que llevaría a la mayor precarización de
los trabajadores que se haya vivido nunca en este país), la propuesta de que
RTVV emita en inglés (no olvidemos que el origen de C’s es la extrema derecha
neoliberal españolista catalana), las ansias de intervención militar, las
intenciones de desfuncionarizar a los profesores (¿dónde quedaría la dignidad y
la libertad de enseñanza en ese caso?¿pensamos en paralelo en dónde ha quedado
la libertad y la dignidad de los trabajadores de los medios de comunicación
públicos, constituidos en su mayoría por “no funcionarios” puestos a dedo por
los gobiernos de turno, para hacernos una idea?). En suma, un totalitarismo
gélido y calculadamente destructivo de cualquier posibilidad de control
político y público que propicie una hegemonía del pueblo.
Por eso, le exijo a Pablo Iglesias que muestre un
distanciamiento total y una discrepancia radical y contundente frente a Albert
Rivera, y deje de permitir esa connivente asociación “yoamoalaurística” que los
equipara a ambos como jóvenes y prometedores “nuevos políticos”. C’s es la suma
expresión de los valores lo que antes se
llamaba la casta y que Podemos nació para combatir. Y le exijo a
Compromís que no olvide que el cosmopaletismo ultra-liberal de C’s es el principal peligro para los valencianos. Y quede que digo
EXIJO, como se suele dirigir uno a los poderes establecidos y no, pongo como condición. Condición no les
pongo ninguna, ni admito ninguna. Después de las elecciones veremos, porque la
verdad, siendo contingente, no es relativa ni condicional.
Post scriptum
Sé que con este texto mucha gente se va a sentir decepcionada. Cualquier intento serio por acercase a la verdad acaba decepcionando inevitablemente, porque cuando algunos te toman como portavoz acaban intentando enclaustrarte en un corpus doctrinal y yo me resisto continuamente a ello. Ojo, no estoy diciendo que cueste un gran esfuerzo, al contrario, simplemente escribir pensando y no papagayeando es lo que espontáneamente me sale. Por eso, mucha gente al ver que "exijo a Podemos" pensará que estoy pidiendo el voto. Simplemente la gente no lee. El otro día desde el kirchnerismo (vid. comentarios, aquí) me acusaban de "pertenecer a la izquierda biempensante europoea". Quítele el bien y el europea (¿qué europea, si soy del Cabanyal?), hombre, y deje pensante. Simplemente. Es obvio que no me entendió porque proyectó lo que se suponía que yo tenía que decir sobre lo que dije. En ningún campo es tan necesario un enfoque materialista como en el de la comunicación: un texto dice lo que dice, su materia significante, y no lo que el autor o el lector pretenden poner allí desde sus pre-juicios sintéticos. Igual de necesario que en un psicoanálisis, vaya.
Soy un convencido de que la única posible construcción de lo común parte de una profunda radicalidad y que la radicalidad exige en su inicio el tributo de la soledad, de sostener el desafío de la desidentificación, de la desfamiliarización, de no adscribirse a ningún clan. Si de alguien desconfío definitivamente es de quien pretende unificar en el campo de lo imaginario a su familia con su opción política (y viceversa). Me parece el colmo de la demagogia. Pero esta actitud mía, inevitablemente, decepciona a los que te ubicaban en el clan propio y llena de ira a los que te ubicaban en el contrario. Por eso advierto, que ahora, en plena campaña electoral, no admitiré (ignoraré) insultos ni descalificaciones, como he hecho otras veces tanto de la hordas de hooligans pro-Podemos (véanse algunos ejemplos aquí, en los comentarios) ni de los haters anti-Podemos, que o bien obedecen a una cierta teoría de conspiración orto-izquierdista, o bien están resentidos porque sus aspiraciones personales no se han visto satisfechas, y que son tan dañinos como los anteriores. Aquí los borraré y en las redes sociales, simplemente, bloquearé a los que respondan en tono de ofensa o descalificación. Al contrario, toda discrepancia argumentada será bienvenida.
