sábado, 1 de noviembre de 2014

Flores sin Nombre, XVII. DE LOS LOCOS



Pintura de Carmina Pascual.

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Los locos oyen voces a las que dan crédito automático y cuyos mandatos obedecen ciegamente.
La única razón –parece-, para que una voz tenga una autoridad semejante sobre ellos, es que emane del interior del propio cuerpo.
Inferimos, pues, que el loco distingue entre voces externas e internas. Como todo el mundo.
La diferencia es que se siente vinculado por las segundas. La locura es un magnífico amplificador de la conciencia de la voz.
El cuerdo, sin embargo, presta más atención a las voces externas y suele obliterar las voces que le hablan desde dentro.
Por eso, los cuerdos somos magníficos esclavos y, en situaciones normales, dominamos el mundo.
Si alguien le da órdenes monstruosas, no se fíe. Si estuviera loco, las ejecutaría él mismo, incapaz de objetivar la voz que las enuncia.
Si le es posible transferir esas órdenes a terceros, no está loco. Simplemente, es mala persona. Como todo el mundo, lo dominaría en situaciones normales.


54

La sonrisa puntiaguda de aquel ángel
desoye el mortecino florecer de los almendros
engalanados como pálidas novicias
ahítas de forjar mil desencuentros
abundantes con la esencia de la carne,
y rollizas como el alma de los perros,

y satisfechas como huellas de elefante.

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