sábado, 8 de noviembre de 2014

Es obvio, aunque puede que no evidente... (Apuntes sobre el Populismo, 10)

 (Varios comentarios en Facebook....)
  • Si Podemos muere o fracasa, será por su apuesta por la telecracia (Stiegler). El que avisa no es traidor. Un grave error, proveniente de una concepción de las cosas pre-mcluhiana y que algunos intentan vender, con la excusa de la reivindicación del populismo como praxis política, como el colmo de la (perdón que lo diga en valenciano, pero esta palabra no tiene traducción castellana) modernor.
  •  Como ya he dicho en más de una ocasión, el tema en arte no es más que un subterfugio, un recurso técnico para atrapar al receptor en la urdimbre significante y enunciativa. Cuando se pretende dar al asunto, a lo temático una centralidad y un protagonismo absolutos, se acaba apostando por la transparencia comunicativa, por un grado cero de la escritura. Y dado que esa transparencia no existe, no tiene refrendo ontológico alguno, la sencillez, la claridad comunicativa no es más que un reforzamiento de los mecanismos semióticos hegemónicos. Siempre he sospechado de la lucha por la visibilidad como por el empoderamiento como fines en sí mismos. O cambiamos los modos de ver y las relaciones de poder, o no conseguiremos más que ruido y reproducción de los esquemas dominantes.Un plano de Orson Welles, un raccord en el eje de Buñuel, un fallo de raccord de Lynch, un travelling de Godard, una voz over de Resnais o una arbitrariedad narrativa de Almodóvar pueden ser más subversivos que todo el cine de Ken Loach y Costa Gravras juntos. La política no es cuestión de tema y de tópicos narrativos, sino de visión del mundo.(Este comentario no remite a la actualidad, sino al presente. Es un trocillo de una conferencia que estoy preparando. Siempre luchando contra la trampa de la claridad, de la lectura banal y redundante, de la interpretación automatizada. Lacaniano que es uno)
  •  Nosotros, mucho CIS, mucha pulsión militante, mucha expectación votante. Pero a nuestras espaldas se está tramando el TTIP, el más grave y potencialmente devastador acontecimiento mundial desde 1945. Ganaremos el CIS, pero el libertarianismo salvaje nos está metiendo goles tremendos a diario. Vamos a llevar unos grilletes y vamos a regalar soberanía como probablemente nunca desde la Revolución Francesa. Igual, no deberíamos pensar en otra cosa. O, al menos, pensemos en lo que pensemos, que esta amenaza sangrante no esté nunca fuera de nuestro campo de visión. Es terrible. Es muy muy grave. Es una apisonadora antidemocrática de consecuencias y dimensiones incalculables.
  •  Es obvio, aunque puede que no evidente, que el sistema, esto es, el Capital, da por amortizado al PP. El Capital agradece así las cosas. Estos fantoches, que fueron sus testaferros, sus eunucos, sus lacayos, han dejado de ser útiles. Y el complejo jurídico-mediático ha comenzado a actuar sin piedad. Un rosario interminable de imputaciones telediarias en las que se encuentran inmersos todos los partidos del sistema, a la izquierda y a la derecha -porque se trata de una purga premeditadamente lampedusiana- pero en el que los lacayos peperos, con sus tersas tripas orondas y sus calvas engominadas se están llevando la peor parte. Los tribunales, la prensa, los dos tentáculos suprarrepresentativos y metalegales, del sistema están cumpliendo fielmente su función.
    Primera fase, que se solapa con la segunda: aupar a un Podemos, coartadamente atacado a la vez que ensalzado y exhibido. No se me ocurre otro fin de su promoción televisiva, de los requiebros de la sra. Botín, del sr. Bertín, de los berrinches de Pedro Sánchez, que le han dicho que no los nombre, que intentar que ocupen el relevo de la clase corrupta. Me encantaría ver esto desde fuera. Pura comedia humana, que me decían unos amigos el otro día. Pero estoy dentro. No puedo evitar estar dentro como mucha gente de mi generación porque sabemos que es un momento único en el que real, auténticamente, la Historia nos reclama, lo común nos exige salir de nuestra madriguera privada y dejar de ver este proceso como público y verlo como una parte herida y querida de nuestra ardiente intimidad. Somos miles. Somos millones. El sistema, que todo lo sabe, lo sabe.
    ¿Lo saben los que están al mando popular del proceso también? ¿O están en la pomada? ¿O son unos ingenuos? ¿NO se dan cuenta? ¿O sí se DAN CUENTA de que la opción por unas elecciones plebiscitarias, por la telecracia –de la tele a la audiencia, de la audiencia al agora voting, del agora voting de vuelta a la tele- los deja desnudos ante el emporio jurídico-mediático manejado por brutales intereses económicos –no hemos de pensar más que el TTIP- si no cuentan con una articulación popular efectiva, implantada, combativa, estructurada y fuerte?
    Sí, sí. Ya sé que Hobbes y Maquiavelo -los mejores pensadores para plantear la lucha de “los de abajo”, que tanto les interesaban a estos santos varones, frente a “los de arriba” y desplazar la periclitada dialéctica izquierda-derecha- dejaron dicho en sus escritos que Pablo Iglesias jamás recorrería el camino de Felipe González (me gustaría decir “cometería los errores”, pero en el caso de FG, no fueron errores, sino una campaña muy bien orquestada nacional e internacionalmente) y que los que avisamos de ese peligro somos una arcaicos prepostmodernos. El caso es que no consigo ver una gran ventaja en ser un pre-macluhiano cínicamente ultra-postmoderno que cuando se pone a hacer política sólo recurre a Maquiavelo, Hobbes y Carl Schmitt, aunque Nietzsche, Gramsci, Laclau o Spinoza le vengan muy bien para encandilar a sus alumnos y que los inviten a unas cañas después de clase.
    Sí, estoy un poco amargo. Lo siento. No me gusta lo que veo en un barco que, ineludiblemente, es el mío.
    ‪#‎occupypodemos‬