domingo, 15 de junio de 2014

Catalán, gallego y euskera son idiomas inútiles.

Véase este vídeo, porque el texto que le sigue, es una respuesta a él: 





Para comenzar, decirte que disiento de la cuestión de la incorrección política. Nadie suele haber más políticamente correcto que quien empieza hablar reconociendo que va a provocar y ser políticamente incorrecto. Es la exposición mejor argumentada sobre el tema que he oído, probablemente, por eso se te puede discutir sin vociferar, ni insultar, ni nada parecido. Evidentemente, yo estoy en radical desacuerdo contigo. Dices que es inútil una lengua que no te permite “conocer gente nueva”. Analicemos la frase ¿Qué entiendes por conocer y qué entiendes por gente nueva? Para quien no los haya leído nunca, Horacio, Virgilio, Platón, Sófocles serían gente nueva. Y para conocerlos de verdad habría que entender las lenguas más inútiles de todas que según tu planteamiento serían, porque ya no las habla nadie, las llamadas lenguas muertas.


Según tu razonamiento, el inglés sería la lengua más útil de todas porque te permite conocer a mucha gente ¿Seguro? En castellano y en otras lenguas, conocer implica una cierta complejidad, una cierta profundidad. Conocer a alguien implica, no sólo “haber sido presentados” sino que puede significar saber algo de esa persona, estar al tanto de su singularidad. Pues bien si lo traduces, el inglés no te permite conocer a mucha gente, sino “meeting a lot of people”. No es lo mismo. Conocer a alguien se le conoce a través de su lengua. Conocer a los ingleses a través de su lengua está muy bien. Ahora, es un placer al que ellos han renunciado, porque como todo el mundo se ha lanzado a comunicarse (algo completamente distinto de de conocerse) en inglés, resulta que ellos han renunciado completamente a aprender ninguna otra lengua, porque no les hace falta. Total que son capaces “to meet a lot of people” pero, si rascas un poquito, te darás cuenta que en realidad no conocen a nadie. A ese esfuerzo han renunciado: ya se esforzarán los demás.


Ahora bien, lo más falaz de todo es pretender que porque te entiendes en inglés con alguien cuya lengua nativa (lengua madre, dicen algunos también) no lo es lo estás conociendo. Ése sí, es un punto de encuentro totalmente engañoso. No hay más que ver a un montón de erasmus o de turistas en esos países cuya lengua no les interesa mucho, porque sabiéndola no van a conocer a "mucha" gente "nueva". Son como esos singles y algunos matrimonios que se han recorrido los cinco continentes y cuando les dices que te cuenten de sus viajes sólo te pueden hablar de si los hoteles eran cómodos o no y el colmo de su refinamiento gastronómico es contarte si la comida estaba picante.

Muy práctico eso de "entenderse en inglés", muy “útil”, pero muy alienante, donde dos personas se vacían completamente en una vertiente exclusivamente práctica y, por lo tanto absolutamente superficial,de la relación. Hace tres años estuve en China unas semanas y me hacía gracia como la gente te miraba raro cuando intentabas entenderte con ellos en inglés. Como diciendo, “aprende tú mi lengua que yo no tengo por qué aprender la tuya”. Me encontré intentando explicarles que tampoco era mi lengua, sino una especie de código internacional para hacer turismo “and to meet a lot of people”, desde luego, poco útil para conocer a nadie. Al final, aprendí a decir  镇啤酒。, para no morir de sed, y 谢谢 para ser mínimamente polite, y la única palabra que mantuve en inglés fue fork, -absolutamente esencial para no morir de inanición si, como yo, eres un inútil con los palillos- precisamente porque en chino no existe el concepto. En cuanto a compras y precios, una solución mucho más útil: no hay tienda o puesto del mercado en China cuyo propietario no tenga en la mano una calculadora para marcarte el precio en yuanes. Puestos a ser prácticos, olvidemos todas las lenguas y postulemos la aritmética como código internacional.


Efectivamente, los chinos nos dan una buena lección: “entenderse con”, no es lo mismo que entenderse, ni que entender a alguien. Y defender y fomentar la pluralidad de las lenguas es una estrategia de resistencia, es apostar por la universalidad frente a una aplastante globalidad neoliberal. Porque yo no concibo una proyección universal si no es partiendo desde lo insobornablemente singular y particular. Olvidar los orígenes no es universalizarse es homogeneizarse. Hablas de que nacer en un lugar u otro es una pura contigencia. Por supuesto, como el color de la piel o la orientación sexual, por ejemplo. Lo importante es, una vez que te encuentras estas cosas qué haces con ellas. Puedes ser homosexual y elegir vivir libremente tu sexualidad y reivindicarla como un derecho, u ocultarla, casarte con alguien del sexo opuesto para cubrir las apariencias y militar en un partido homófobo. La diferencia entre esas dos posturas se llama ética y la ética es lo más útil que conozco. La ética consiste en la posición de absoluta libertad del sujeto frente al hecho de la imposibilidad de su absoluta autonomía. Nos encontramos (meet) las cosas, los lugares, las gentes y los hechos; de nosotros depende si además queremos reconocerlos y conocernos en ellos.


Yo soy valenciano. Y me pasa como a ti con Galicia, porque por familia y ambiente soy castellano-parlante. Con el agravante de que por edad nunca pude estudiar la lengua de mi país en el colegio, porque estaba prohibido. Recuerdo que por allá por mediados de los 70 un grupo de compañeros nos reunimos alrededor de un profesor que se ofreció a darnos unas clases al acabar el horario escolar, con auténtico fervor. Estudiar la lengua de nuestro pueblo era una ventana hacia la libertad. Era una forma de encarar lo universal desde la responsabilidad de nuestra particularidad. Ser valenciano era ser algo, por fin. Luego lo seguí estudiando en la universidad y practicando siempre, como hacemos en los territorios bilingües, alternando una lengua y otra con total naturalidad. Mi opción es defender la forma de hablar el catalán que tenemos por estas tierras, que me parece mucho más útil que estas actitudes de autoodio, típicas del partido que lleva veinte años gobernando por aquí.






Un día que esté de mejor humor, igual te hablo de nuestra inveterada alcaldesa, en el amplio espectro de su  doble moral.


No debería haber alguien más nuevo que nos interese conocer que a nosotros mismos. Disculpa que te lo diga, pero en ese afán de turista inane, de conocer (to meet) mucha gente no puedo dejar de leer algo de ignorante prepotencia. ¿Para qué querríamos encontrarnos con tantos objetos (gente) de una supuesta relación, si no hemos sido capaces de construirnos como sujetos capaces de mantenerla? Construir lo que hace falta es el trabajo del conocimiento. Por eso, nadie más sobrao que un ignorante. Nada le hace falta.

Cierto los ciudadanos del mundo lo son porque no tienen raíces, tienen pies. Pero también es cierto que lo son porque tienen memoria. Un desmemoriado que odia su propio origen no es más que un lugareño sin lugar, que un lunático que va por el mundo sin conocer a nadie, porque puede encontrarse objetos (la gente nueva) pero no puede relacionarse con ellos como sujeto, es un paleto internacionalizado. He could meet a lot of people, but not knowing anyone else. Fue el gran consejo socrático: conócete a ti mismo. Porque si te olvidas de ti no podrás conocer nada. Serás un zombie turístico e inútil en un eterno peregrinaje entre no lugares.


Defender la propia lengua es una estrategia de resistencia. Defender lo apráctico, el arte, lo creativo, lo distinto, también. Defender lo particular es el único camino digno hacia lo universal. De nada vale conocer a mucha gente si no tienes memoria, si no tienes nada que contarles y aportarles, si no tienes un lugar para conservar el tesoro de la experiencia. De poco vale aprender una lengua para comunicarte, si no te sirve para expresarte. Eso no es conocer a gente nueva, eso es hacer business contacts, networking, no “netliving”, palabra que me acabo de inventar porque en inglés, simplemente, no existe.

(Relacionado con este texto)