viernes, 6 de junio de 2014

Yo no tenía ningunas ganas de escribir este artículo.

“En mi curioso ayer, prevalecía la superstición de que entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar. (…) Las imágenes y la letra impresa eran más reales que las cosas. Sólo lo publicado era verdadero. Esse est percipi (ser es ser retratado) era el principio, el medio y el fin de nuestro singular concepto del mundo.”
Jorge Luis Borges, “Utopía de un hombre que está cansado”
Yo ya tenía pensada mi columna. Una cosita anecdótica y hasta un poco arqueológica, tal vez. Quería escribir sobre un episodio curioso de esos que a veces pueblan la intrahistoria de los pueblos, pero son arrinconados por el tsunami de la HISTORIA verdadera, la que escriben los hombres importantes, los que tienen siempre la sartén por el mango. Era una anecdotilla, de ésas que no pasan a la HISTORIA, pero que da mucho gusto leer en los librillos de miscelánea.  Parece ser que allá en una primavera a mediados de la segunda década del siglo XXI, en unas elecciones de las que nadie se acuerda, llegó a dar la impresión de que el bipartidismo y el GRAN PACTO CONSTITUCIONAL DE 1978, habían quedado seriamente heridos. Un partido de advenedizos se había presentado con el nombre de Podemos y otro, también de poca importancia pero con más trayectoria, con el lema sí se puede. Y parece ser, según las crónicas de sociedad, que habían conseguido un gran número de votos.