sábado, 21 de junio de 2014

Hegemonía, razón, comunicación (Apuntes sobre el populismo, 1)

  • Hay que distinguir la especificidad el concepto de hegemonía de la simple tendencia,  "moda", ciclo electoral (que implícitamente es la categoría fundamental del márketing político) de cualquier otro concepto que designe la predominancia escópica de un determinado ítem en el espacio público durante un período limitado. Para eso es esencial determinar, por medio del análisis, la articulación de la presencia de lo nuevo en los media, no vale con un análisis códico. Es trampa, tanto hacer pasar la diacronía (el ajuste entre momentos de un sistema) por texto, por acto de habla, en el que una enunciación se se sustancia en una operación de sentido, como reducir la cuestión a su aspecto cuantitativo. La agenda, que marca la pertinencia en el juego entre diferencias y equivalencias, se transforma por medio de operaciones discursivas y enunciativas que cuestionen su fundamento, no por conseguir un espacio en ella cuya única variable posible de abordar sea métrica o, como sucedáneo, dialéctica.
  • El problema es cómo encajar la techné. La imposibilidad de un nexo lógico que permita la continuidad entre la razón crítica y la razón instrumental convierte la contingencia de un sujeto en nódulo necesario en la política. La imagen desanudada no puede hacer esa función, si no es infectándose del impulso mortífero, al intentar suturar el vacío simbólico que supone la emergencia de lo político. Esa la única explicación lógica a la tentación de prepotencia que anida en todo populismo y que corre el serio riesgo de convertirse en la única, o al menos en la dominante, al ceder a la comunicación como campo único de enunciación.
  • A veces con eso del espectro populista uno no sabe cómo aclararse... ¿Qué es peor, los mismos perros con distintos collares, o distintos perros usando los collares de los antiguos? Porque no olvidemos que es el collar lo que hace perro al perro, aunque se quiera presentar como lobo o como zorro. El collar es el emblema que indica que se obedece a un amo que nombra a la jauría desde su íntimo exterior y le concede su euforia inextricable y ruidosa de ser unánime. Ya sé que llevamos un collar, dice el amo nuevo, pero no permitáis que os llamen perros, porque ahora somos otra clase de cánidos. Un pitbull, un chihuahua, un labrador y un pastor no saben que son perros hasta que se reconocen por su collar como propiedad de un solo amo al que se identifican sin poder jamás igualarse 
  • Yo creo que Podemos es el futuro. Lo cual ni es bueno ni malo en sí mismo. Si soy tan crítico es porque intento que sea lo mejor posible, no porque esté en contra. Perdure como organización o sea un instrumento de derribo del bipartidismo y del régimen del 78, a mí me parece crucial, y no concibo la idea pararme a ver qué pasa sin intervenir, porque en ambos casos será trascendente. El problema es que han generado una dinámica imaginaria tal, para posicionarse electoralmente, que hacerles la menor crítica constructiva es dificilísimo porque inmediatamente te imputan de "casta". Yo sigo en esa labor porque creo que es importante. Sea como organización concreta o bien por el influjo estructural que va a tener en toda la izquierda, Podemos me parece máxima importancia para el futuro de la movilización popular en el Estado Español. Ahora bien, no hay cosa que más tema que las adhesiones inquebrantables y acríticas. Son antipopulares y antidemocráticas por naturaleza.