domingo, 18 de mayo de 2014

Flores sin nombre, IX. De lo Imposible.

IX. DE LO IMPOSIBLE

26

Lo imposible se erige con glucosa rapiñada
al sentido común,
con jirones de piel
y astillas de cartílago,
con hematíes supurados por los párpados.
Lo imposible no existía,
ha sido una gesta de los hombres
perfilarlo entre la nada,
dibujar su sombra convexa,
su aureola encorvada y ofensiva.
Y ver que lo creado era bueno.

27

Puede que el cuerpo ya no parezca
una prisión perpetua.
Puede que tampoco lo sea la conciencia,
ni la memoria, ni las consecuencias
de los actos, ya todos
irrevocablemente reversibles.
Pero seguimos siendo prisioneros, sin duda,
más allá de todo nombre, del foso
perimetral de nuestros ojos
y de las corrientes subterráneas
que nos empujan a saltar,
siempre únicos, al abismo.

28

Mirarse en el espejo y verse viejo,
caduco,
apenas reconocerse en ese espectro
que nos devuelve una mirada atónita,
y nos obliga
a preguntar a dónde fueron
todos los predecesores
de su estirpe congelada.
Y en esa imagen de barba semicana
y ojos hundidos,
no poder tampoco imaginar la propia muerte.

29

Sentir el presente como siente la crisálida
la infinita conmoción de su metamorfosis.
El goce puro
de sentirse sin saberse transcurrir.
Desgranar cada segundo
como una espiral negra de cohesión
inaugural con uno mismo.
Mentirse como el cosmos.
Agradecerse como una flor marchita.