miércoles, 28 de mayo de 2014

"El poder no teme a la izquierda, teme a la gente"

  Pero bueno, ¿cómo van a temer a la gente si son los que les votan? La "Izquierda" fue la forma, imperfecta como toda invención humana, que los oprimidos encontraron de dejar de ser gente y convertirse en agente.
 

   No paro de oir gritos desgarradamente culpables y superyoicos: ¡La izquierda somos incapaces de uniros, qué asco, qué decepción, qué fracaso! Por favor, a hacer gárgaras la culpa. Lo que nos hace falta es enfrentar la realidad y lucha.
 

   La división de la izquierda no es producto de que seamos chicos y chicas malas y no sepamos dónde nos aprieta el zapato. La división es la huella de la acción del poder sobre nosotros. PP/PSOE es la cara más visible del bipartidismo, pero su esencia "metafísica" en las democracias emplazadas va mucho más allá: consiste en sembrar el germen de la confrontación banal para evitar articular antagonismos operativos y auténticos. Vamos, lo que hacen las tertulias de la tele. Todos están contra mí, todos los que están contra mí son lo mismo. El bipartidismo como estructura ideológica, más allá de las siglas en que se encarne circunstancialmente, es una forma de pensar la confrontación política.
 

  Si para volver a encontrar la unidad y liberarnos de la división, la única solución que se encuentra es que sintamos culpa de ser Izquierda y nos abracemos y demos todos besitos porque volvemos a ser "gente", habremos hecho un pan como unas hostias. ¡Muera todo el pensamiento emancipatorio moderno y viva Paulo Coelho! Es decir, habremos revertido el camino que nos llevó a sentir la subordinación a los poderosos no como algo natural sino como una opresión, y consecuentemente construir un antagonismo operativo para nuestra emancipación -con todas las dificultades, desencuentros y decepciones que se quieran en el camino- y habremos vuelto al redil de la resignación indiferenciada. Parece mentira que algunos hipercríticos con la postmodernidad no se den cuenta de que éste es un proceso muy parecido. Y sin haber aprendido lección alguna.

   Entiendo que se niegue a significantes como Izquierda, Clase Obrera, Lucha de clases, cualquier sustento ontológico (no son una "verdad material", ni categorías eternas de la historia, sino invenciones políticas), pero ¿no puede ser un error negarles su valor como significantes, como aglutinantes identitarios? ¿Hay que decirle ahora a la gente: “mira, pasamos de tu lucha de años, de tu constancia en haber mantenido la llama en minoría, porque unos cuantos votantes del PP que iban sacando pecho en 2011 se han decepcionado y hay que sumarlos”? Lo que ha aglutinado a lo mejor de la “gente” en Europa ha sido el significante Izquierda, que tiene una enorme tradición. Y la lucha de clases, no hace falta que la consideremos la esencia de la historia como el viejo marxismo-leninismo “científico”, pero negarle cualquier valor ahora que la “gente” empieza a valorarla casi como un dato empírico, como una evidencia, ante las políticas europeas de expolio y recortes a favor de bancos y grandes capitales, ¿no será un error estratégico grave? ¿O, al menos, un innecesario desperdicio de herramientas valiosas de comunicación política y movilización? ¿No será una enorme oportunidad perdida de hacer del dolor el motor y no acabar haciendo una especie de caridad empática y paternalista?

  Me parece un poco fuerte que porque haya habido gente sin conciencia, ni preocupación, ni vigor político alguno, que se metieron a la compra de pisos imposibles de costear (eso lo hicimos muchos) y, muchos de ellos, a votar al PP en masa hace tres años y ahora se encuentren en el paro, en la miseria y deshauciados y estén buscando "otra" esperanza (ya que la del PP no funcionó), debamos depreciar el trabajo de un montón de gente que durante todos esos años mantuvo la llama de la lucha y de la conciencia de la falsedad y radical injusticia del capitalismo. ¿De dónde ha salido la PAH en la que ahora ven muchos de ellos su salvación sino del sustrato de eso que se puede llamar genéricamente la izquierda, con toda su vertiente activista? ¿No nos damos cuenta tampoco de que otro significante muy presente en las luchas antiglobalización y en el movimiento occupy como era anticapitalismo ha desaparecido prácticamente del vocabulario de las "formaciones emergentes"? ¿Por qué? ¿Porque "la gente" no lo va a entender? Menudo "empoderamiento" si no se transmite a "la gente" que la causa de todos sus males es el capitalismo, y la casta sólo uno de sus efectos.

   Y, bueno, antes de que se me acuse de pertenecer a ella, o ser agente del marxismo internacional, aclarar que esta reivindicación no va por mí. Yo, como muchos que sentíamos la política en los 70 (de adolescente, casi de niño) y los 80, llevaba un tiempo durmiendo el sueño de los justos y velando mi convicción antisistema en soledad -ejerciéndola únicamente en mi investigación, mi escritura, y mi ética personal- ante la evidencia de que el oenegismo lavaconciencias de la época no era mi reino, hasta que con un grupo de amigos psicoanalistas o cercanos al psicoanálisis (algunos de ellos también en lucha todo ese período anterior, pero me temo que tan despistados como yo sobre cómo encarar la acción política), decidimos ponernos a pensar qué hacer ante la inminencia de la crisis y fuimos definitivamente despertados por el 15M. Y cuando despertamos, gracias a que mucha gente había seguido trabajando esos años, encontramos un tren al que subirnos. 
   
No tiremos ese trabajo a la basura porque alguien tenga la aspiración personal de ser presidente del gobierno antes de los 40 años. ¿No es mucho mejor transmitir que estamos transformando la izquierda en la tarea de rebasamiento del capitalismo que decir que no somos "de izquierdas ni de derechas", como decían todos los fascismos? ¿O tal vez el temor sea que "transformar la izquierda" implique luchar contra la burocracia partidista, contra el representativismo no participativo, pero inevitablemente también, como dejó claro el 15M con su asamblearismo, alejarse de la impostación mediática del líder y de su sacralización imaginaria? No olvidemos que su negativa a ampararse en un líder carismático fue uno de los gestos más transgresivos de radicalización democrática que puso en marcha el movimiento de la indignación. Y entonces, sí, muchos agoreros del sistema, alguno superventas, salieron corriendo a decir que no tenía futuro, que no planteaba alternativas sólidas y reales. Algunas cosas no es que sean líquidas es que son nuevas. Y todo lo nuevo es difícil de percibir y la prisa por hacerlo visible, fácil, vendible, puede ser la muerte de su novedad, de su auténtico carácter transformador y creativo. 
Siento repetirme:

    "Mi diagnóstico sobre todos los males de la política actual está hecho hace mucho tiempo: La comunicación ha suplantado a la acción y al pensamiento, que debían ser las misiones de la política. Ya no hay política sino comunicación política. Eso es lo que ha llevado a la ciudadanía, al pueblo, a estar a expensas de los partidos y su burocracia y de los grandes grupos mediáticos y su control de la agenda, (...) y ha permitido todos los triunfos del neoliberalismo que han sumido a las clases populares (la inmensa mayoría) en la más absoluta impotencia democrática."

   Pues bien, sigo pensando que el principal cebo y el más eficaz grillete que usa el sistema mediático para cauterizar cualquier cambio democrático radical es apresar a las fuerzas políticas en su identificación a la imagen hipervisible de un lider.

   Por cierto, un tal Pablo Iglesias Turrión también estuvo trabajando en la oscuridad todos esos años. No sé si es, hoy, la misma persona. Sólo una pregunta, para él: ¿Cómo os las vais a arreglar a medida que vayáis creciendo si sólo tenéis un esbozo de programa interactivo online y nula organización, para gestionar vuestro crecimiento, vuestra implantación, vuestra coherencia? ¿Queda otra opción que la impostación de la imagen del líder como semblante de compacidad y de coherencia, “lo que diga Pablo” como dogma hipnótico? ¿Y eso no es una hipostatización de la representación totalmente contraria a la democracia radical y participativa? Pregunto. Otra cosa es que todo haya sido una estrategia para atraer a gente a la izquierda, porque vais a necesitar el aparato movilizador de todas sus organizaciones sociales, incluyendo sus partidos. En ese caso, con toda sinceridad, me quitaría el sombrero. Entiende, hasta entonces, mi inquietud.

Relacionado:

Podemos y yo...
Algunos puntos sobre algunas íes: por qué considero necesario votar y votar a la izquierda
¿Gatoadictos, Tuerkamaníacos? Da qué pensar.
La traición por la imagen.
Cositas que he ido diciendo en los últimos tiempos sobre política, izquierda y comunicación.