viernes, 23 de mayo de 2014

Algunos puntos sobre algunas íes: por qué considero necesario votar y votar a la izquierda.

Un par de fotos:

No estamos intentado empezar una guerra de clases, sino
acabarla
A los malos políticos  los elige la buena gente que no vota.

Y un par de tuits de mi venerado Gerardo Tecé (@gerardotc)  

            1

-La crisis ya está acabando.
-Pero hay más paro que cuando empezó, y los que trabajan ahora cobran menos.
-Pues eso. Todo ha salido bien. 

a)Se le llama crisis
b)Se destruyen millones de empleos
c)Se crean unos cuantos pagando la mitad que antes
d)Se le llama salida de la crisis

para hacer boca…


1. A quién tengo en mente en al escribir este texto.



       Muy claro no tengo quién pueda ser el “lector modelo” o el lector tipo de un blog tan raro como éste, donde igual cuelgo análisis políticos, que reflexiones sobre eventos mediáticos, que mis poemas. Lo que tengo bastante claro es que quien está en mi mente cuando escribo estas líneas no son los que más habitualmente suelen estar. No oculto más mis cartas: en primera instancia, esta entrada se dirige a personas que hayan podido votar al PP en recientes convocatorias electorales y se sientan decepcionados, engañados, estafados. Por ello, los lectores más habituales de mis entradas, tal vez, extrañen un poco el tono y les pueda parecer que escribo con menos determinación que otras veces. Valga, pues, como explicación también para ellos este párrafo y como afirmación de que mi postura sigue con el mismo nivel de escándalo e indignación.

     Evidentemente, las políticas del PP pueden resultar convenientes como mucho para una de cada cien mil personas que le han votado. Por ello, pese a que las encuestas siguen hablando de varios millones de hipnotizados que creen que la cosa va por donde debe (como decía una persona hace poco el Facebook, algunos votan al PP como el que echa la primitiva: esta vez no ha tocado, veremos a la próxima) son muchos los que no han tenido más remedio que abrir los ojos al ver que no baja el paro, que la educación de sus hijos es cada vez más cara y con menos medios, que los niños con cáncer no reciben los cuidados adecuados y un larguísimo etcétera.

    Algunos, y conozco bastantes, ya están arrepentidos, pero no saben qué votar o están pensando en abstenerse. Por esa razón, aquí voy a intentar iniciar un diálogo convincente y persuasivo con personas que no necesariamente han de tener la misma sensibilidad que yo. Los afectos se han convertido en una especie de trending topic en el nuevo discurso de la izquierda, pero parece - por ciertos griteríos muy del sistema bipartidista y tertulianos, que oigo en los últimos tiempos- que sólo como una alternativa extrema a la razón. Yo, sin embargo, creo la razón puede aproximarse a la sensibilidad, no para disolverla, sino para que esta misma sensibilidad pueda entrar en el diálogo. Chillar o callar no es hacer justicia a nuestros sentimientos.

     Estoy intentando convencer a gente de que vote a la izquierda, no de que sea de izquierdas. Cuidado, es posible que intentara esto en otro momento, o en otras circunstancias. Pero no pretendo iluminar a nadie y decirle algo así mira como “mira la verdad que yo poseo”, si no, ¿no crees que es de sentido común que, más allá de nuestras sensibilidades y filosofías de la vida esto puede ser conveniente para ambos? Probablemente, lo que acabe dándoles no son más que razones para no temer a la izquierda o considerarla el enemigo.

2. La derecha, sus mensajes, sus mentiras y sus trampas.

     Mucha gente votó al PP en las pasadas elecciones presa de la angustia y del miedo ante el derrumbe de la economía y el crecimiento salvaje del paro del que ellos prometían librarlos ¿Cómo consiguieron vender a una mayoría de votantes españoles que eran ellos, representantes de los intereses de los grupos fácticos y económicos que precisamente habían sido los que habían llevado al país a la ruina (bancos, constructoras, grandes empresas, en cuyos consejos de administración estaban y a los que habían regalado contratos millonarios a cambio de sus respectivas comisiones como ya estaba claro por las investigaciones sobre la trama Gürtel), los salvadores de los españoles? Pues con una aplicación implacable de las políticas de su maestro en comunicación, Joseph Goebbels ministro de comunicación de Hitler, cuyos famosos 11 principios pusieron en práctica de modo implacable a través de sus medios afines como los periódicos ABC, La Razón y El Mundo, pero sobre todo con lo que se ha dado en llamar la TDT Party (haciendo juego con el Tea Party, el think tank de extrema derecha anti-Obama en Estados Unidos), con el grupo Intereconomía a la cabeza.

       Si los leéis, veréis que no se han saltado ninguno en su labor de intoxicar, mentir y machacar “mentiras hasta que acabaron convirtiéndose en verdad”, es decir, en la opinión de la mayoría. Pero fijémonos ahora, sobre todo, en los dos primeros, porque son un magnífico ejemplo de su manera de proceder. Estos rezan así:
1.- Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.
2.- Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

     Pues bien, como habían hecho desde que ganó las elecciones, el principal empeño de la extrema derecha mediática consistió en reducir toda posición de izquierdas a los intereses electorales del Psoe: Ser de izquierdas era defender a Zapatero. Y siguieron insistiendo en ello pese que millones de españoles salieron a la calle en mayo de 2011 para mostrar lo contrario, porque el principal logro de Zapatero había sido desmovilizar a la izquierda y hacerla creer que con sus gestos legislativo-mediáticos (ley de memoria histórica, matrimonio gay, educación para la ciudadanía, no asistir a una misa del Papa cobarde que se retiró por no enfrentarse a la banca y a los pederastas) era suficiente y no había que seguir luchando ni controlando a los políticos. Por supuesto, el colmo de esa estrategia de la derecha fue la asimilación de Zapatero a ETA y el intento conferir a los que se sumaron al movimiento indignado y al 15M –para mí el acontecimiento político más alentador e importante en España desde la muerte de Franco- en unos parias descamisados y antisistema bajo la etiqueta de “perroflautas”. 

      Pero la estrategia de los grupos mediáticos de extrema derecha, por supuesto,  no se detuvo ahí, sino que prosiguió con el intento de desprestigio ideológico del enemigo. De este modo, al famoso eslogan “no hay nadie más tonto que un obrero de derechas”, intentaron oponer otro eslogan de lo más efectista: “Más tonto que un obrero de derechas es un parado de izquierdas”, lema que popularizó Intereconomía y que se tragó mucha gente para su mal. Evidentemente se trataba de legitimar un supuesto ideológico absolutamente fraudulento e indemostrable: que la forma de crear empleo era favorecer los intereses de los grandes empresarios y de la banca, facilitando sus beneficios, bajándoles los impuestos, abaratando el despido, etc.

      Lo más sibilino fue cargar tintas contra un concepto que es una seña de identidad histórica de la izquierda como es el de lucha de clases, motejándolo de concepto antiguo, vetusto, desfasado. Ahora bien, cuando seis millones de españoles han sido expulsados de la sociedad negándoles el derecho a ganarse la vida, cuando la brecha entre ricos (cada vez más ricos) y pobres (cada vez más y cada vez más pobres) se ha ido ampliando en España más que en ningún país europeo, cuando cientos de miles de millones de euros han ido a salvar el pellejo de bancos que se habían dedicado a vender acciones fraudulentas y a conceder hipotecas muy por encima del valor real de los pisos a los que se les aplicaban -con el cada vez menos disimulado fin de quedarse el dinero de sus víctimas y también esos pisos-, cuando los trabajadores tienen cada vez más difícil acceder a la sanidad y a la educación y, en última instancia, luchar por su futuro y el de sus hijos, mientras los banqueros, empresarios y muchos políticos (los del PP con una abrumadora mayoría sobre cualquier otro partido) se enriquecen con corruptelas, cuando los jóvenes de las clases trabajadoras (es decir, aquellos que no son ricos de familia), por muy bien preparados que estén, se están viendo obligados a emigrar y hacer de sirvientes en otros países… ¿alguien puede dudar que hay una clase que está haciéndole una sucia guerra a la otra y que además la va ganando por goleada?

     La gran argucia ideológica de la derecha es vender que el concepto de lucha de clases –para mí más visiblemente evidente ahora que lo que lo había sido nunca desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- se asocia directamente con las soluciones que le dieron las proclamas marxistas de finales del XIX y principios del XX como la dictadura del proletariado o el socialismo estatalista. Marx nos dejó instrumentos valiosísimos para el análisis de la realidad y la política capitalistas, pero sólo algunos grupos muy pequeños y marginales siguen creyendo dogmáticamente en sus recetas. Nadie en la izquierda actual habla de estas cosas, sino más bien de radicalización (profundización, avance progresivo, extensión social, económica y cultural) de la democracia, cosa que desde los medios de derecha bien se encargan de silenciar porque a eso sí que lo temen. Es el sentido de lo común, frente al imperio del sector público (tan fácilmente corrompible por los intereses privados como estamos viendo) en lo que la izquierda actual, con sus trancas y barrancas, con las enormes zancadillas que desde los intereses de los poderosos se le van poniendo, trabaja actualmente. Que, frente a ello, hay una guerra del capital comenzada por Nixon, continuada por Thatcher y Reagan, perpetuada por Aznar y Berlusconi, y sostenida actualmente por Merkel y Rajoy para acabar con el Estado del bienestar, con la protección de los más débiles, y con la igualdad de oportunidades me parece indiscutible. Intentan hacernos creer que la izquierda no ha evolucionado y no sigue buscando nuevas soluciones, lo cual invalidaría el diagnóstico de la lucha de clases.

     La forma de razonar de la derecha es tan simple y falsa como implacable en los últimos 40 años. Ejemplos: demonizar a los sindicatos. Bien, nadie más crítico que yo con muchas actuaciones suyas tanto en las empresas como en la esfera pública, pero no me hace falta imaginar, sino recordar, que la situación de los trabajadores asalariados, que ya es bastante mala de por sí y muchísimo peor gracias a las reformas del PP, sería simplemente infernal (eso sí que sería volver al siglo XIX, con jornadas de 18 horas, trabajo infantil y sin vacaciones como propugna uno de los mayores bárbaros de la extrema derecha mediática, el incalificable Salvador Sostres, que también defiende cosas como que las mujeres deberían tener el acceso prohibido a los restaurantes o su derecho a gustar de menores de edad) si los sindicatos no existieran.

      Por supuesto, demonizar también a los trabajadores del sector público (los “funcionarios” dicen ellos) con especial saña contra los de la sanidad y la enseñanza. Gasto intolerable para los ricos, porque según se dice se la pueden pagar ellos de “su dinero”. ¿Qué dinero es ése sino el que procede de las tropelías de sus ancestros, y que han heredado, o del que extraen como beneficio a sus trabajadores, pequeños proveedores y clientes a los que luego pretenden abandonar al hambre, la ignorancia y la enfermdad? Una vez discutí con un farmacéutico muy conservador que criticaba airadamente a los que cobramos nuestros salarios del sector público, entre los cuales obviamente me incluyo. ¿Y él? A santo de qué tendría ninguna clase de beneficio si la seguridad social, es decir, los impuestos de todos, no financiara la inmensa mayoría del gasto que le hacen sus clientes. Con la diferencia de que nosotros no podemos dejar esa fuente de ingresos a nuestros hijos y él sí.

      El problema es que no hay mayor mentira que la tan cacareada libertad de mercado capitalista. El mercado es una bella invención, está en la base de la creación del género humano, que empezó a salir de su manada (de su clan, de su tribu, de su núcleo familiar) para intercambiar con otros seres humanos aquello que tenía por aquello de lo que carecía. La gran perversión es la versión capitalista del mercado que nos quieren “vender” (nunca mejor dicho), que se supone que puede regular todo a través de la “libertad” de sus agentes. Es absolutamente falso. Porque toda la legislación capitalista está orientada a anular completamente cualquier libertad en ese campo. La cuestión del emprendimiento es un mito porque cualquier innovación real, útil, creativa está totalmente condenada al fracaso excepto que la acapare una de las grandes empresas ya establecidas y la rentabilice dándole alguna miserable migaja a su creador. ¿Cómo? A través del dominio del crédito y de su negación a cualquiera que no sea sumiso con los poderes económicos y sus esbirros políticos. Sinceramente, no creo que a ningún emprendedor, autónomo, creativo, innovador o pequeño empresario con ganas de trabajar y crecer le convenga en absoluto un gobierno de derechas. Piense en ello cualquier propietario valenciano de una pequeña fábrica o tienda de muebles: cómo el PP ha propiciado el aterrizaje de Ikea en estas tierras, contra el cual tanto se lucho para proteger el empleo y la productividad que generaba el sector. La derecha supone siempre la dictadura de los grandes capitales y las multinacionales y el pisotón sin piedad a cualquiera que intente asomar la cabeza. La gran falacia liberal y, después, neoliberal es la que asimila libertad a propiedad. ¿No nos damos cuenta de que ése fue el origen de la crisis y de las miserias actuales de España, fundar todo posible desarrollo en ponerle a la gente delante la zanahoria de "cómprate un piso" que serás más libre, cuando en realidad estaban firmando hipotecas que los esclavizaban para toda la vida? Y eso fue política de Aznar, no de Zapatero. El causante fue el primero, el segundo, sólo cómplice, por no haber revocado esas políticas como su conciencia progresista le hubiera exigido.

Otro de los puntos estrella de la derecha mediática es el descrédito del Estado Autonómico. A ver, el Estado Español ha sido un estado centralista borbónico desde 1705 hasta 1978, y ha sido un absoluto desastre. Subdesarrollo, pobreza, ignorancia, provincianismo, servidumbre tanto social y económica como territorial: el dominio absoluto de la corte y de la oligarquía, con la guinda de cuarenta años de fascismo y siendo durante siglos el hazmerreír de Europa. Con la descentralización y la democracia llegaron los mejores momentos de España en toda su historia. Tampoco echemos las campanas al vuelo (casi me sale la versión tarantiniana de esta expresión): si lo comparamos con lo que había antes, no era muy difícil mejorarlo.

     Ahora bien, la repugnante estrategia del PP en ese sentido ha sido cínicamente impecable y la Comunidad Valenciana (con el ejemplo de Canal 9 a la cabeza), su paradigma:
1.    Cogemos una administración autonómica.
2.    La llenamos de enchufados sobredimensionando sus plantillas de forma que su financiación sea insostenible.
3.    Generamos contratos faraónicos que concedemos a nuestros amigotes a cambio de favores y/o sustanciosas comisiones ilegales.
4.    Arruinamos la autonomía correspondiente.
5.    Le echamos la culpa a los funcionarios y la burocracia, callando que el 70 por cien de gasto e ineficacia en ese sentido la generan nuestros enchufados y nuestros estúpidos proyectos megalomaníacos (visitas del Papa que nos empeñamos en que retransmita una pequeña televisión autonómica, hipotecándola de por vida; Fórmula 1, en la que procedemos exactamente igual, Copa América, Aeropuerto de Castellón, Ciudad de las Artes y las Ciencias...).
6.    Vaciamos así de cualquier sentido descentralizador y redistribuidor de la riqueza a la estructura autonómica administrativa y política, que en vez de eso se convierte en una fuente de gasto intolerable.
7.    ¡Ay qué pena!, no queda más remedio que privatizar. Así que les regalamos a nuestros amigotes las instalaciones e infraestructuras públicas pagadas con los impuestos de los trabajadores para que las gestionen ellos.
8.    Como además hemos hecho unas políticas laborales y sociales que han empobrecido a la mayoría de la población a estas empresas privadas les tendrá que seguir pagando la administración, pero a un precio mayor y con un servicio mucho peor. Eso sí, nuestros amigotes agradecidos o bien nos pasarán unas comisioncitas bajo mano o bien nos asegurarán un puestecito muy bien pagado cuando nos retiremos de la política porque no podemos ya robar más o porque se nos ha visto mucho el plumero y la gente ya no nos vota.
9.    Ah, y si había una banca pública, la arruinamos, la privatizamos y la rescatamos de su ruina con el dinero de todos que ahora irá a los bolsillos de unos pocos.

     El Estado de las Autonomías puede tener muchos defectos y ser muy perfectible, cierto. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que lo que es un lastre intolerable y asfixiante es una autonomía española gobernada por el PP. En fin, si les votasteis en el pasado, recordad que ya os estafaron una vez. Dijeron que no iban a hacer recortes y han destrozado la sanidad, la enseñanza y el medio ambiente, si bien no han tocado el sueldo de los políticos ni han impedido que los banqueros se adjudiquen sueldos, dividendos y pensiones de escándalo expoliando el dinero público que se les ha transferido para tapar los efectos de su avaricia y su imbecilidad. Dijeron que acabarían con el paro y no sólo éste no ha dejado de crecer, sino que los pocos puestos que pudieran crearse serán totalmente en precario, con sueldos de miseria, o como está pasando continuamente trabajando gratis o teniendo que pagar encima. ¿Os acordáis de las quejas de los mileuristas en tiempos de Zapatero? ¡Cuánta gente vendería ahora su alma, que es lo único que les puede quedar, por ser doscientoseurista!  

No, no van a crear empleo ni combatir el paro, porque a sus clientes les conviene que haya mano de obra barata, servil y tremendamente asustada. No están haciendo políticas para superar la crisis, están aprovechando la crisis para saquear el sector público y crear leyes que favorezcan aún más a los grandes empresarios, esos que lo son no por su esfuerzo o por su talento (la palabra está tan desprestigiada que se ha tenido que inventar una nueva, emprendedor) sino por corruptelas o por herencia, y para los banqueros. Dicen que ha bajado la prima de riesgo. ¿Cómo no va a bajar la prima de riesgo si los que la controlan son los grandes capitales multinacionales, que tienen nombre y apellidos aunque no puedan ser perseguidos judicialmente porque las leyes las han hecho quienes les protegen? Fueron a por Zapatero como han ido a por los gobiernos de Latinoamérica que no han sido dóciles con el Fondo Monetario Internacional provocando una inflación desorbitada y un terrible desabastecimiento, para luego culpar de ello a los gobiernos nacionales.

     Si aún te queda alguna duda, piensa que las campañas siempre tienen algo de sucio, pero lo que han hecho con el crimen de Isabel Carrasco, cómo han intentado darle la vuelta a un episodio escandaloso. Es el máximo: se matan entre ellos y culpan a Ada Colau. Una enchufada descontenta matando al político que la enchufó. ¿Os imagináis que una militante de cualquier otro partido hubiera matado en la calle a un cargo electo de su misma formación? ¿Qué habrían dicho La razón, El Mundo, ABC, Intereconomía, Durán, Sebastián, Rojo o Marhuernda? Ahora, todos calladitos o echándole la culpa de este episodio típico de una organización mafiosa a la gente que protesta en las redes sociales. Para ver algo similar en una formación política habría que retrotraerse a los peores tiempos del matonismo de ETA .
    
      

3. Vamos con la izquierda, sus defectos y sus opciones.

    Si el lector a quien me dirijo llega hasta aquí, estará tentado de decir “pues anda que la izquierda, y Andalucía y los eres, y Cuba y Venezuela…”. Vamos yo he llegado a oír decir a alguien, producto de las descerebradas consignas de Intereconomía, que la debacle de las Cajas de Ahorros era culpa de los sindicatos, que no habían protestado. Evidentemente, era alguien que no había salido nunca de de su casa, y no había trabajado nunca fuera de su empresa familiar, con lo cual no tenía mucha idea de qué función y qué poder tienen los sindicatos en una gran empresa, excepto que son unos "vagos que no trabajan" como le han enseñado a decir por la tele. Evidentemente, hacen muchas cosas mal, ya lo he dicho (y he sufrido), pero ésa es que no podían hacerla...
   
    Bueno, Gracias por la paciencia que has tenido por llegar hasta aquí. Ya voy con la izquierda. No sé si te esperabas otra cosa, pero no voy a hacer propaganda de ningún partido concreto. He encabezado esta entrada con dos imágenes en inglés para desechar desde el principio la idea de que vaya a hacer campaña por una fuerza política de las que concurren en España a las elecciones europeas.Yo ya tengo (casi) decidido mi voto, pero lo que trato de explicar es que eso no me casa con la candidatura que voy a votar. Lo único que quiero que quede claro de entrada es que voy a votar y voy a votar una opción de izquierda. Si no digo a cuál, es porque ciertos vicios del  clientelismo y la militancia harían pensar a unos “mira éste es de los míos”. Y a los no elegidos, “ya le está éste haciendo el juego al PPSOE”. Sí, la izquierda no es perfecta. Acabo de descubrir el Mediterráneo, ¿no?

Entre mis opciones de voto, el PSOE, por el que me siento personalmente estafado y decepcionado no entra en ningún caso. Cuando les voté alguna vez (muy pocas en los 32 años que llevo como votante) en el pasado no fue por convicción, sino por estrategia: para que hicieran de dique a las políticas antidemocráticas del PP, cosa que, desde luego, no hicieron en los últimos años. Si volvieran a tener una mayoría sobre el PP deseo con todas mis fuerzas que no sea absoluta, sino que se vean obligados a pactar con unas fuerzas de izquierda plurales.

Mis tres opciones, de las cuales una se va a llevar mi voto, son las siguientes.
1.    Izquierda Unida (Izquierda Plural): A favor, que es un valor sólido y contrastado históricamente y que en ella hay gente honesta con muchos años y experiencia de lucha en muchos frentes sociales. En contra: pues que arrastran vicios burocráticos de los partidos clásicos, como ciertos grados y jerarquías, y que el programismo (esto da para otra entrada, obviamente) les ha llevado a favorecer al PP frente al PSOE en algunas ocasiones y algunos lugares, porque, total, son lo mismo. No me ha gustado nada, pero confío sinceramente en que sea algo excepcional y muy puntual
2.    Compromís (Primavera Europea): De ellos me gusta su frescura, su desparpajo en el ataque al PP más reaccionario y bárbaro de España, que probablemente sea el valenciano. Su defensa de la lengua y de la cultura de mi pueblo -atacada y perseguida por el PP como no lo era desde los tiempos de Franco-, su apuesta anticentralista y ecologista. Me molesta que su pluralismo les pueda llevar en ciertas ocasiones a una relativa indefinición ideológica y en muchas a una política de alianzas errónea.
3.    Podemos: Es un experimento interesante de alternativa a la izquierda “tradicional” formada por partidos políticos. Me molesta su simplismo comunicativo basado en el tertulianismo populista, aspecto en el que no voy a insistir porque ya lo he dicho por activa y por pasiva en este blog y en otros sitios.

      No entran en absoluto en mis cálculos electorales aquellos partidos que dicen no ser ni de izquierdas ni de derechas, porque eso es imposible. "El movimiento de hoy, que no es de partido, sino que es un movimiento, casi podríamos decir un antipartido, sépase desde ahora, no es de derechas ni de izquierdas", son palabras que me pillan mayor para creérmelas en vez de darme auténtico pavor cuando se las oigo repetir a algunos que se creen que porque ahora hay Internet, y en los años 30 no había (había radio, que hacía la función), no pueden acabar en los mismos resultados que dieron en Alemania, Italia, o España el siglo pasado. Lo mismo me pasa con lo de “centro”, los de “centro” siempre son de derechas.

   Tampoco me siento en este momento concernido por posturas del tipo “comunismo ortodoxo”. Para mí, ser dogmático, no dialogante, incapaz de la autocrítica, es siempre de derechas, es ser conservador. En mi concepción de la libertad, la justicia, la igualdad y el bienestar de la mayoría todo está por inventar y mi único enemigo visceral y declarado, porque me ha robado, me ha empobrecido, me ha insultado y está destrozando como una apisonadora mi país es el PP.

     Con lo cual, no me queda más remedio que volver al PSOE, porque si me cuesta entender quien le haya votado en el pasado le vuelva a votar, puedo entender que algunos ex-votantes del PP vean que ésta es la única opción por la que podrían decidirse. Hablando en plata: quien haya votado en el pasado al PP y se haya dado cuenta de la tremenda estafa nunca va a sentirse peor que ahora si vota al PSOE. Digo esto aunque estoy convencido de que menos se arrepentirían si votaran a una izquierda menos dubitativa a la hora de la verdad.

      Sí, yo también he utilizado la expresión PPSOE al calor de la indignación. Sobre todo porque la socialdemocracia carece de una política económica productiva propia y sólo sabe redistribuir, vía impuestos y subvenciones, lo que el capitalismo genera. Por eso, cuando el capitalismo no había entrado en crisis, y pese a que muchos lo veíamos venir, Zapatero fue su cómplice silente. Y cuando entró en crisis, él entró en pánico porque no tenía nada que ofrecer como alternativa al sistema.

     Yo soy partidario de inventar una nueva economía popular, social. Hay cosas que no queremos perder: no es posible ni deseable pensar que el Estado ha de tomar la única iniciativa en la actividad económica. Lo que sucede, como he dicho antes, es que el capitalismo nos ha vendido la engañifa de que la libertad está ligada a la propiedad, por eso cuando ellos hablan de libertad sólo hablan de "libertad de mercado"  Pero lo que vivimos es una sociedad de mercado de todo menos libre. Muchos emprendedores triunfadores que vemos por ahí publicitados lo que son es hijos de familias riquísimas que han inicidado una diversificación del negocio con el dinero de sus papaítos. Así cualquiera. 
    
    Yo creo que puede haber una nueva economía colaborativa, creativa, no sólo ni principalmente competitiva, en la que el talento sea una energía común, no un siervo de intereses privados. Los poderes públicos deben alejarse de un modelo que los vea simplemente como un árbitro de los intereses privados (el Estado liberal-capitalista de toda la vida), no suplantando las fuerzas creativas y productivas que emergen en la sociedad (el modelo soviético), sino convirtiéndose en un apoyo decidido de la creación, la riqueza y la libertad común. Comunismo, hoy, no puede significar otra cosa. Pues bien, aunque no los vea liderando esa nueva economía creativa, porque no saben cómo, cualquier partido de izquierdas será siempre un obstáculo mucho menor que uno de derechas que sólo legisle para los ricos y que vea como amenaza cualquier innovación realmente positiva para el bien general, y no sólo para los beneficios económicos de los de siempre.

     Pero hay más. La sensibilidad social, la convicción democrática y el respeto a la del Psoe, aunque tenga muchos vicios y poltronas, no es la inexistente del PP. El 15M, por ejemplo,  con el PP hubiera sido un baño de sangre. Su aprecio a la sanidad y la educación públicas no son tan radicales como yo querría, pero al menos no se mueren de risa cuando ven que un niño va al colegio sin comer (recuérdense los salvajes comentarios de algún tertuliano de la COPE al respecto), ni dicen que Cáritas miente porque en su informe habla de la enorme pobreza que está asolando a mucha gente en España, como ha hecho con crueldad infinita Montoro. Subían de vez en cuando las pensiones, hicieron una ley de dependencia, mejoraron la situación de las mujeres y reivindicaron y dignificaron a algunos sectores sociales y favorecieron la cultura. La derecha les acusa de derrochar por esto. Ya, y destrozar el sistema bancario valenciano o subvencionar al fútbol (cuidado, no por amor al club, sino porque los accionistas son amigotes constructores en la ruina por su falta de preparación y profesionalidad y por su avaricia de pavos reales con apariencia de cochinillo) o gastar millones en obras faraónicas y en eventos enloquecidos, no es derrrochar, ¿no?

    Las dudas que puedan quedar a un antiguo votante del PP vienen del lado de lo afectivo, de la sensibilidad. La derecha mediática, con la curia católica en cabeza, se ha preocupado de ofender esa sensibilidad con cuestiones como la legalización del aborto o el matrimonio homosexual. Comprendo sus razones, pero si quien lee esto se considera cristiano, por favor, pídale a la Iglesia que se comprometa también con los niños desnutridos, con los desahuciados, con los parados, con los pobres, con los jubilados, con los discapacitados, con los jubildados estafados por los bancos. Públicamente, quiero decir. Ya sé que tienen instituciones benéficas para esas cosas. Pero en el lenguaje de la izquierda hablamos de justicia, de derechos, de solidaridad, no de limosnas.

     Y tranquilos. Las medidas de la izquierda son para conquistar derechos y dignidad. No para imponer acciones o actitudes a nadie. Nadie es “abortista” porque nadie en su sano juicio querría que alguien de su entorno se tuviera que ver en esa situación. Lo único que se intenta es que si una mujer se ve obligada por cualquier circunstancia a tomar esa decisión, no acabe también en la cárcel o muerta. Ni ella, ni su pareja, ni –para la izquierda la sanidad es un derecho universal- el médico que la atiende.

   Al final sólo se me ocurre ya como contraargumento la cuestión del descrédito de la política, como última dificultad que pueda lleva a alguien a pensar que votar a la izquierda es un “cambio de bando”. Dices que los políticos son incoherentes, que cada vez dicen una cosa, que se contradicen, que sólo piensan en sí mismos. Que la política te aburre, que no la entiendes... Te pregunto, ¿eso no lo hacen tu pareja, tus suegros, tus padres, tus amigos? Y, ahora más en serio. Si eres asalariado, ¿no te da esa impresión constantemente tu jefe?. Si eres un o una profesional autónomo o tienes una pequeña empresa, ¿no te pasa eso continuamente con tus clientes, que ahora dicen una cosa y luego otra, que parece que no valoren tu trabajo? ¿Si eres estudiante, no piensas eso de tus profesores? ¿Y si eres profesor no piensas eso de tus alumnos? ¿Y prescindes de todos ellos, sin protestar, ni reclamar, ni hacérselo saber? Es la dictadura comunicativa la que nos ha hecho exigir a los políticos una coherencia que no exigimos a nadie más y que al final a lo único que los lleva es a no pensar, sino a repetir consignas por miedo a contradecirse sin reconocer jamás un error ni rectificarlo. Y a la estrategia del “y tú más” y a atacar al contrario para tapar los propios errores. Y si reclamanos, como haríamos con cualquier relación humana, los de siempre dicen que molestamos y que cortamos el tráfico y que impedimos el derecho a trabajar (de los que tengan trabajo, me imagino). Los políticos son humanos. Vótales, pero no cometas la estupidez de desentenderte después como si fueras su cliente. La política es el arte de relacionarse con lo colectivo. Es un compromiso de conciencia para siempre, no un acto de consumo más. Y el acto de votar es esencial, pero no puede ser la única actividad política de un ser humano digno y comprometido.
        
       El voto blanco, el nulo, la abstención tienen muy poco sentido en unas elecciones en las que mal que bien lo que necesitamos es alguien que combata las sucias políticas neoliberales del PP a favor de los bancos, de los grandes capitales, y de sus corruptos amiguitos del alma. Si hubiera una hegemonía social, una campaña bien orquestada a favor de la abstención como desligitimación radical del sistema, que garantizara un 80 o 90 por cien de abstención, no tengo duda de que yo la apoyaría. Pero no la hay. Y abstenerse en este momento no es deslegitimar al Estado o al sistema, es legitimar al gobierno.

A quién no me dirijo.



        Para concluir:
  • Si crees que las mujeres son inferiores a los hombres, y que no merecen ser dueñas de su vida, su cuerpo y su salario y que mejor si los gestionan los hombres de sus familias, el Estado o una religión; 
  • si odias a los homosexuales, 
  • si crees que el paro existe en España por culpa de los inmigrantes y no de una clase empresarial generalmente muy mal preparada –desde luego mucho peor que la mayoría de los profesionales que trabajan para ellos;
  • si crees que los que no tienen trabajo son unos vagos, y los deshauciados o estafados por las preferentes unos irresponsables que no se merecen ningún respeto;
  • si crees que los que tengan un familiar enfermo o gravemente discapacitado no tienen derecho a una ayuda social;
  • si crees que no es un derecho de las familias educar o alimentar a sus hijos y que no es problema tuyo si se mueren de hambre o se quedan en la calle;
  • si tienes una empresa y prefieres "deslocalizar" tu producción buscando mano de obra barata en condiciones infrahumanas, mientras en tu país hay seis millones de personas sin forma de ganarse la vida y, sin embargo, usas los servicios –comunicaciones, medios de transporte, carreteras, alumbrado, sanidad- que los que trabajamos en este país financiamos con nuestros impuestos para tu placer o tu provecho;
  • si crees que las gentes del Estado Español que hablan lenguas distintas del castellano lo hacen para provocar a los castellano-parlantes o por falta de educación, y no porque es la lengua que han mamado en sus casas, sus sociedades, y países y en la que saben amar, protestar, jugar y acceder al conocimiento y a los bienes públicos;
  • o si crees que cualquier cosa que cree puestos de trabajo, por miserables y serviles que éstos puedan ser, está justificada aunque destruya la dignidad de la gente o su entorno natural, 
siento mucho haberte hecho perder tu tiempo, porque este texto no era para ti. Bueno, en realidad lo siento poco, porque si piensas todas estas cosas, es porque no habrás leído 10 páginas en tu vida, y no creo que me hayas hecho el honor de que esta vaya a ser la primera vez…

A todos los demás, gracias de corazón por vuestro tiempo.
 

 
Sabes que tu gobierno ha fracasado cuando tu abuela empieza a amotinarse.

Postscriptum:



Al poco de colgar este post, alguien me ha hecho llegar este mensaje a través del chat de Facebook.


"Palao, te escribo por privado porque por los clientes que tenemos en la agencia, no quiero hacer ninguna mención política de forma pública. Decirte que he leído tu artículo y muy atentamente. Me ha llamado la atención cuando has comenzado diciendo que pedir el voto a la izquierda no significaba "ser de izquierdas". Tienes razón. Yo no lo soy. Pero me he sentido identificada porque yo también soy una persona que ha votado al PP y que se siente desorientada y estafada. Tras leer el post y llegar totalmente horrorizada al final del mismo, quería escribirte y decirte que gracias por arrojar luz a los que no sabíamos qué hacer. Un abrazo."

Si ésta es la reacción, misión cumplida. El PP es mi enemigo. Muchos de sus votantes, no. Y no hace falta ocultar las convicciones de uno ni ir diciendo que no es de izquierdas ni de derechas. Lo que hace falta es más sensibilidad, más honestidad y menos gritos tertulianos. En suma, máxima radicalidad y nulo fundamentalismo.

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Cositas que he ido diciendo en los últimos tiempos sobre política, izquierda y comunicación.
"El poder no teme a la izquierda, teme a la gente"
PODEMOS y yo...