sábado, 3 de mayo de 2014

No confundamos la indignación con el escándalo, cuidadín.

Un avisito: los que estáis compartiendo el anuncio de Desigual de los condones para escandalizaros y ponerlos verdes les estáis haciendo publicidad gratuita. Es lo que pretendia la campaña y lo estáis siguiendo a pies juntillas. La marca está apareciendo en lugares (muros de gente progresista, antisistema, feminista, etc.) a donde jamás hubiera llegado de otra manera. No otra cosa pretendían los que la diseñaron y planificaron como un viral. Cuanto más se "linke" el anuncio, algorítmicamente más se difundirá y aparecerá en el campo de visión de más usuarios. Cuidadito porque se le puede hacer el juego al sistema y al mercado de muchas maneras. Cositas de la capacidad del capitalismo para reciclar lo que se le opone y reproducirse. Yo mismo estoy entrando al trapo, se podría decir (porque he citado la marca aunque no haya puesto "inocentemente" el link). Pienso que a muchos progresistas biempensantes le convendría leer a Lacan, aunque sea algún ratito suelto:
"De nuestra posición de sujeto somos siempre responsables. Llamen a eso terrorismo donde quieran. Tengo derecho a sonreír, pues no será en un medio donde la doctrina es abiertamente materia de compromisos,donde temeré ofuscar a nadie formulando que el error de buena fe es entre todos el más imperdonable."
Cuidadín con la peligrosa posición escandalizada del "alma bella", por favor. Recordemos que el escándalo de la comunidad de goce contraria es una de las grandes fuerzas de perpetuación del sistema, porque en una situación de saturación informativa es una gran baza para sobresalir. De nada se beneficia más el sistema comunicativo liberal bipartidista que de la capacidad de escandalizarse de los sujetos. Da lo mismo que un rojo se ría del escándalo pacato de un nacional-católico que un neoliberal de la corrección política progresista. El capitalismo ha aprendido soberbiamente a utilizar como combustible la misma repugnancia. Ignorar esto tiene enormes consecuencias: la más notable, el metaescándalo. Que no paremos de escandalizarnos porque los contrarios no se escandalizan de lo que nos escandalizamos. Ya tenemos montado el trending topic, los hashtags que se le subordinan y la incendiaria cháchara intrascendente montada. Y la marca y los grandes medios a forrarse.
Es aquello de la sobredeterminación y el exceso de sentido que tan bien teorizaron Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. Puede parecer sutil pero no confundamos la indignación con el escándalo. Es muy poco revolucionario.