martes, 23 de junio de 2015

De núcleos irradiadores y sectores laterales, de pirámides y de círculos.

 
Cascada. M.C. Escher, 1961


El Círculo Cultura de Valencia paró debido al proceso electoral interno. Uno de sus miembros, al que podríamos llamar el fundador, porque fue el que hizo la llamada para formarlo hace ahora un año, aunque yo ya estuve allí, salió elegido por la lista de CQP. Yo me quedé esperando que una vez constituido el CC de Valencia, ya como miembro, volviera a dinamizarlo. Por escrito me ofrecí a trabajar en lo que hiciera falta con el secretario general y con él. Nunca recibí respuesta. Luego me entero de que se ha abierto una nueva página de facebook y que el principal acto de Cultura desde entonces fue una especie de recepcion del núcleo duro de Madrid en el virreinato de Valencia. Esto es, que habían decidido que fuera círculo y que un par de personas del CC se hicieran cargo del "área". Vamos, que la doctrina del núcleo que irradia y los sectores laterales me quedó muy clara. El "área de cultura" se había convertido en un concesinario provincial de unos determinados intereses de Madrid (y todos sabemos que el Círculo Cultura de Madrid está perfectamente controlado por determinados intereses empresariales, editoriales concretamente). 
Como me dijo un amigo politólogo británico el otro día, por más que hagas malabarismos topológicos es imposible encajar un círculo en una pirámide. Por eso, lo círculos no tiene más remedio, si son territoriales, que convertirse en nódulos repetidores; y si son sectoriales, en "áreas" (paradójicamente en Podemos, no regidas por la ratio PI (perdón por el chiste pitagórico)), es decir, no circulares ni tendencialmente reticulares. Sí que hay PI, evidentemente. Pero ese PI no es el igualitario entre círculos, sino el de un núcleo irradiador, que al considerarse a sí mismo como tal, considera subsidiarios (es decir, laterales) a todos los demás sectores. Eso que PI llamó el otro día, Podemos + otra cosa, expesión que por estas tierras nos olió a cuerno quemado. 
Pero vamos, nada especialmente original. La izquierda actual está dividida entre un paradigma populista y otro comunista. De que lleguen a entenderse, dependerá que podamos hacer algo. El "común" tiene difícil asaltar los cielos, lo acepto. El populismo, buscando la centralidad del tablero, esto es, obsesionado con la idea de núcleo, lo que acaba es siendo absorbido estructuralmente por ese centro modelizante y perdiendo toda potencia transformadora y emancipadora. 
¿Cómo lo arreglamos? Pues no sacralizando el mecanismo antagonista como puro sucesor del mecanismo consensual  fosilizado, como muestra el régimen del 78. Es decir, es una cuestión de emplazamiento, en el sentido heideggeriano. El populismo, que ha decidido velar ese vacío, esa emergencia de lo heterogéneo, que tan bien identifica Laclau, con los imaginarios del líder carismático y la distinción amigo enemigo, cae en la derivación pulsional, de puro bucle repetitivo, esto es, en la potencia "locamente astuta" del discurso capitalista y su fuerza de succión.

(Es una respuesta dada en facebook a alguien que me ha dicho: "A lo mejor estaba usted a otras cosas cuando su círculo le necesitaba.")