Mostrando entradas con la etiqueta psicoanálisis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta psicoanálisis. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de julio de 2016

Las narrativas no explican el mundo (y las ideologías tampoco)

1  Ya pasó con Andreas Lubitz y ha vuelto a pasar con David Sonboly, muchacho de origen iraní que se autoproclamó alemán mientras masacraba a unos cuantos de sus conciudadanos. En Alemania los asesinos de masas parecen ser inexplicables.  La causa es que de entrada intentamos encajarlos en la narrativa equivocada. Queremos que sean antagonistas de Occidente en la narrativa yihadista y, sin embargo, se comportan como protagonistas en la narrativa de los asesinos de masas yanquis. El asesino de masas norteamericano es puro producto de la competencia neoliberal exacerbada en los centros educativos (looser es el insulto neoliberal por excelencia y el coach, la referencia moral) y que conlleva el bullying como corolario ineludible.
Una víctima de bullying se convierte en alguien terriblemente lúcido: de repente el mundo le ha dejado constancia de que nunca cumplirá sus sueños. Como la lucidez no lleva de suyo aparejada la sabiduría, el clima auto-ayúdico y biopolítico le habrá conducido a concluir que lo que tiene que hacer es aumentar su autoestima y empoderarse. Y entonces va y resuelve su angustia de castración comprándose un falo automático de repetición “en” la Internet (que no sé dónde estará ese sitio pero en los telediarios lo citan mucho) y disparando contra la multitud. Si la sensatez y la madurez llegan antes que los consejos psicológicos –me llama mucho la atención que estos sujetos suelan estar en tratamiento psiquiátrico, ¿no se dieron cuenta sus terapeutas? ¿o es que entendieron mal sus consejos?-  puede llegar la sabiduría, y ese desencanto trágico de la adolescencia puede convertirse en una ironía serena sobre las promesas del mercado vital y sobre las posibilidades de alcanzar los propios sueños y, encima, pretender sentirse, tras alcanzarlos, como uno se sentía que se sentiría al alcanzarlos cuando los soñaba.
2
Pero hablábamos de yihadismo. Y hablábamos de su narrativa.  La estrategia yihadista ha ido cambiando, pero su narrativa no. Por eso no entendemos  nada,  porque el enfoque narrativista sólo contempla el esqueleto mítico-arquetípico. Como narratólogo que soy –al menos en buena parte de mi desempeño profesional- desde hace treinta años, veo que a muchos narrativistas no les interesa nada ver la diferencia enunciado-enunciación que, aunque sea de una forma intuitiva, cualquier ciudadano es capaz de captar. Ellos hacen un enfoque transversal, identitario, cuantitativo, en el que el esquema actancial (las acciones y las funciones actuantes que las sustentan) es el único factor a tener en cuenta.

martes, 24 de mayo de 2016

Lo psíquico, lo mental, lo cognitivo (un breve apunte de trabajo)



La dimensión espiritual del ser humano nace con él. Desde que el ser humano puede hablar y, por lo tanto, pensar simbólicamente, significar, convivir con la ausencia como motor de su relación con sus congéneres, la patencia de que hay un más allá del ente material sensible es incuestionable. La humanidad pronto necesitó de las drogas y de la religión para poder ampliar el campo de la experiencia sensible consciente. La capacidad de alterar el reino de lo percibido, de multiplicar los entes más allá de la necesidad, es esencial para convertir al hombre en hombre. La asunción laica de esta patencia vino con la asimilación de lo espiritual a lo psíquico, que excluía la necesidad de una trascendencia crédula para poder hacerse cargo del fenómeno. Freud es crucial en este sentido.

Lo mental, como concepto, aparece más tardíamente. En la cultura occidental, yo lo dataría en el que los franceses llaman Siglo de la Ciencia, el XVII, en la querella entre racionalistas y empiristas. Si hacemos caso de ciertas influencias orientales en nuestra cultura, parece que por allá apareció antes. Yo no soy budista y mis conocimientos sobre el budismo son mínimos, pero sobre lingüística tengo los suficientes para conjeturar que sea la palabra que sea en chino, sánscrito, etc. que en las lenguas occidentales suele traducirse por “mental” (mente, mind) no es posible sin cierta violencia intelectual.

Lo cognitivo es mucho más tardío todavía. Creo que el concepto debe datarse (puede que no el significante, la palabra propiamente dicha) en los albores de la revolución industrial y toma clara carta de naturaleza en las sociedades industriales masivas, bajo el paradigma fordista. Ya no bastaba lo mental, como separado de lo físico, ni lo psíquico como separado del sensibilidad material. Ahora hacía falta que las capacidades “intelectuales” se pudieran medir, cuantificar como fuerza de trabajo. Esto sigue la impronta cartesiano/kantiana: separación de las facultades productivas y lógicas del aparato psíquico para privilegiarlas como fundamento de todas las demás (emociones, sensaciones, pasiones), que dejan de tener otra función que subordinarse a lo racional. Hay que tener en cuenta, que el para el filósofo o epistemólogo ilustrado, racional viene de razón. Pero el utilitarista y sus descendientes invierten el proceso y la razón se convierte en pura ratio, es decir, se reduce a la racionalidad (a la razón instrumental), al cálculo de la división del esfuerzo por el tiempo, dando como único cociente  de la operación el beneficio. El paradigma cognitivo-conductual, pues, queda como reinante en el mundo de la psicología desde hace décadas.

Y la psicología deviene terapia, precisamente porque la psique se concibe exclusivamente como una anomalía de lo cognitivo, invirtiendo técnicamente el orden filosófico. El psicoanálisis freudiano, pues, queda en este entorno como una rareza clínica, porque su fin no es devolver al sujeto con problemas (emergencias, en el doble sentido de la palabra) psíquicos al tejido productivo afilando sus competencias mentales y corrigiendo sus desmanes conductuales, sino despejar el camino al deseo, precisamente entorpecido por ese acuerdo entre lo real y la libido que el síntoma. Por eso se trata de psico-análisis y no de psico-síntesis. No hay posibilidad de completud (Gestalt) ni de medición (temporal o energética) si se es consecuente con el gesto freudiano, aunque bajo la especie de la genitalidad o la madurez los postfreudianos intentaron devolver al psicoanálisis al redil. La peculiaridad de Freud no es otra que, producto de su técnica,  haberse encontrado el amor en su clínica y, en lugar de arredrarse como un hubiera hecho un buen médico, decidió darle su valor como motor de la cura. La clínica bajo transferencia, de este modo, se distancia de todos los ideales normativos de la modernidad iluminista.

El paradigma consumista y postfordista supone otra mutación, porque al buen chico fordista, con sus capacidades de cálculo, eficiencia y gestión bien encauzadas, el modo productivo ha decidido sustituirlo por un sujeto vocinglero e hiperactivo, que hace de su sociabilidad y capacidad empática su virtud más valorada por el mercado de trabajo. La consecuencia más obvia es no ya que lo cognitivo adelante o margine a lo psíquico, sino que ha conseguido suplantarlo. El sujeto postfordista no tiene derecho a sufrir sin ser diagnosticado, tratado y, normalmente, medicado, porque toda emergencia psíquica, todo pathos, todo sentimiento no rentable social y cognitivamente, toda muestra de sentimentalidad y o espiritualidad, se considera enfermiza, literalmente patológica. El coaching, la autoayuda, todo el espectro semántico de la autoestima y del éxito muestra de esta suplantación. El cine contemporáneo, postclásico, da buena cuenta de ello en su problematicidad, haciendo de la amnesia traumática uno de sus argumentos tipo fundamentales. De maneras distintas, Memento o la saga de Bourne son ejemplos de esta suplantación de lo psíquico por lo cognitivo. En el primer caso, el protagonista está convencido de que la información objetivada puede sustituir a su memoria. En Bourne, el protagonista ha perdido su identidad y memoria, pero todas sus capacidades cognitivas, producto de su entrenamiento, siguen intactas y se constituyen en un enigma que se superpone a todo su ser.

Pero el máximo exponente de este ideal medicalizado de exclusión de toda diferencia subjetiva es, sin duda, la emergencia de la neurociencia que concibe al sujeto como un cerebro al que se identifica sin resto, ocultando que toda perspectiva científica no es más que una modelización de la realidad validada por una serie de datos obtenidos de  un modo en absoluto aleatorio, sino perfectamente prefijado: la “realidad” responde según le preguntemos, sin ninguna clase de inmanencia propia. Es cuestión del modelo que proyectamos qué clase de datos recibimos. Y si presuponemos que no hay en el ser humano, en el ser que habla y simboliza, nada más allá de su conducta y sus capacidades cognitivas, es imposible que encontremos otra cosa que datos numéricos, conductas prefijadas y colorines en una pantalla.

domingo, 14 de junio de 2015

Los 4 Discursos. (Lacan ◊ : ? Laclau, 3)

Introducción a estas tres entradas.

Muchas de las observaciones críticas que puedo estar haciendo sobre el populismo como paradigma emancipatorio, sobre la figura del líder, o sobre la diferencia que he utilizado entre entre populismo y mediaticismo (aquí o aquí, por ejemplo) dependen de elaboraciones realizadas en un libro que publiqué hace 11 años llamado Palao Errando, J. A. (2004). La profecía de la imagen-mundo: para una genealogía del paradigma informativo. València : IVAC. (LPI-M, a partir de ahora). Allí teoricé -si con mayor o menor acierto, no me toca a mí decirlo- que la información es un saber sin sujeto, y postulé que el matema del Discurso del Capitalista lacaniano era la matriz del Paradigma Informativo y de la Cultura de Masas. Muchas de mis críticas al líder populista provienen de esa posición del significante amo en el lugar de la verdad que es propia de ese discurso, y a partir de ella de las dos figuras (lo dos engendros imaginarios) clave de esa cultura: el amo mentiroso (precisamente, porque detenta -maneja, oculta- la verdad) y la figura del profesional, que hoy -entonces no lo hice así- llamaría postfordista. 

   Bien, dado que el libro no tuvo especial repercusión -Shaila García Catalán, explica aquí, al menos, parte de las causas- me he decidido a colgar en esta serie (Lacan ◊ : ? Laclau) algunos fragmentos del mismo, necesarios para comprender mis razonamientos en ella. En todos los casos indicaré las páginas y al final dejo algunos links donde se puede consultar el libro, para poder contextualizar los fragmentos.

   Vuelco desde mi antiguo manuscrito, así que espero acepten las disculpas por los posibles errores. Las referencias bibliográficas están recogidas en libro, que tiene además un índice onomástico.

   Por lo tanto, lo que presentaré en esta entrada y las dos siguientes es una lectura del matema del discurso en Lacan orientada a los Medios de Comunicación de Masas y más concretarmente al Paradigma Informativo, que está en la base de mi lectura de la relación entre el trabajo de Laclau y Lacan.

   En esta primera entrada abordaré, pues, el matema del discurso y sus cuarto versiones originales. En una segunda, recogeré las páginas de LPI-M en las  que se trata más específicamente el Discurso del Capitalista. Y en la tercera, vocaré un análisis concreto de análisis aplicando los cinco matemas, recogido en otro libro posterior.

Los discursos. (LPI-M, pp . 68-76) *

   La estructura que hemos descrito en los párrafos anteriores toma cuerpo en uno de los más rentables y estrictamente simples hallazgos de Lacan: el matema del discurso. En 1969, Lacan se ve obligado a tomar posición (teórica) sobre los sucesos parisinos del año anterior. Dicta entonces su Seminario, en su decimoséptima edición, bajo el título de El reverso del psicoanálisis[1], haciendo alusión al lo que va a conceptualizar como el Discurso del Amo. Así, Lacan encara varios retos para la constitución del psicoanálisis como disciplina. Primero, conceptualizar el Discurso del Analista como vínculo social poniéndolo, audazmente, al nivel de los otros tres discursos, cuyas estructuras enuncia: el de la Histérica, el Universitario, y el ya citado del Amo. Queda así definida la formulación más avanzada que Lacan da de la estructura antes de entrar de lleno, en la década siguiente, en los dominios de la Topología (cuyas formulaciones utilizaba desde años atrás) y de la Teoría de los nudos.
   Antes de pasar a su descripción, es importante destacar dos aspectos de este montaje estructural que convierten a estas sencillas fórmulas especialmente valiosas. En primer lugar, hay que destacar en ellas que son el máximo exponente de la semántica polivalente de la que, a diferencia de la ciencia, hace uso el psicoanálisis. Quiero decir que su uso, como el de algunos otros matemas lacanianos, permite múltiples lecturas[2] y aplicaciones, lo que nos autoriza a interpretar, desde sus propuestas, fenómenos que atañen a ámbitos como la Teoría de los Medios de Comunicación de Masas. Ello no les resta rigor, pues las lecturas que promueven no son incompatibles, sino, al contrario, muestran conexiones, a veces, nada explícitas entre diversos sectores de la elaboración teórica.
   En segundo lugar, y como probable efecto de lo anterior, estos Discursos no están en relación de enfrentamiento o superación. Es decir, no responden a una dialéctica de origen ilustrado ni se insertan en el metarrelato emancipatorio de la modernidad[3]. Con otras palabras, siendo hechos de estructura no admiten su erradicación o "superación" ni suponen una bondad mayor de unos sobre otros, sino que, como vínculos sociales para el sujeto, se actualizan en distintas posiciones, según la correlación entre sus elementos. Un ejemplo: El Discurso del Amo no está "superado" por el Discurso Analítico, que es su reverso, todo lo más está desnaturalizado, dialectizado, atemperado su efecto en el sujeto si el segundo también se actualiza como vínculo social pues no creo que sea necesario decir que no se puede estar en él full time, so pena de parecer auténticamente delirante. A veces, es muy conveniente que la cosa marche, mientras a esta marcha se le otorgue su estatuto de semblante, no un carácter devastadoramente absoluto, totalitario. Ello no implica que la dinámica de cada discurso no lleve aparejada la tendencia a desalojar a los otros pero el psicoanálisis postula como fin de la cura el paso de la impotencia a la imposibilidad.
   La idea básica de los matemas de los cuatro discursos es colocar los cuatro elementos que conforman la estructura S1 (Significante Amo), S2 (saber), $ (sujeto) y a (objeto) en cuatro posiciones (el agente, el otro, la verdad y la producción) que van rodando en el sentido de las agujas del reloj[4]. El esquema básico de la estructura discursiva es el siguiente:


Y se puede leer como: el agente se dirige al otro con el fin de producir un resultado de su acción. La verdad es el lugar que designa el paradero de aquellos efectos no pretendidos, no programados u ocultados por la acción discursiva. La relación entre los elementos de la parte superior viene signada por la impotencia, es decir, por la incapacidad de producir un acto pleno. La relación entre los elementos de la parte inferior es de imposibilidad. A su vez, los distintos vectores indican las determinaciones que cada lugar recibe. Obsérvese que el único lugar no determinado es el de la verdad. Lacan deja claro que el Discurso es sin palabras, esto es, no es del orden de lo textual y carece de un contenido, es pura estructura que sostiene los vínculos sociales del sujeto. Exploremos cada una de sus plasmaciones para derivar de ellas las consecuencias correspondientes.

Discurso del Amo (DM)[5].





   Basándose en la dialéctica del Amo y el esclavo hegeliana, Lacan establece la fórmula de este primer discurso. El Amo, representado por su Significante, se dirige al saber (del esclavo, en consonancia con el Menón platónico), para producir el objeto de goce. La verdad oculta de ese Amo es que está castrado, que es sujeto deseante y que su falta, su división, no queda colmada por la producción del esclavo; que él, también, se halla sometido a la ley simbólica. De aquí, se deriva, como ya hemos oído decir a Lacan, que el interés del amo es que todo marche igual para todos. El amo no está en absoluto interesado en el saber sino en que, por medio de él, la cosa funcione[6]. El DM es, por tanto, discurso de desconocimiento de ahí que pueda ser asimilado al discurso del Inconsciente. 
   Múltiples son las consecuencias –lecturas– que se pueden hacer de este matema. Para empezar, el resto de inconsistencia que queda en el paso del Mito al Logos como imposibilidad de traducción plenamente satisfactoria en la apropiación del saber del esclavo por el amo. Este resto sería, de hecho, una de las definiciones del Inconsciente.
Nos interesa, además, reparar en una cuestión que separa al psicoanálisis de todos los relatos de emancipación posteriores a la Ilustración. Me refiero a que el Amo lo que oculta no es un infame goce tras sus privilegios, sino precisamente el hecho de su falta. Las tendencias enmarcables en este Metarrelato – del marxismo al anarquismo pasando por Foucault– como tendencias Ilustradas empeñadas en "convertir a los hombres en amos" estarían más cercanas a la siguiente rotación en la estructura.

Discurso Histérico.

 

 

   Aquí, el sujeto se dirige al Amo para demandarle que produzca un saber sobre el goce – sobre el sexo, sobre la femineidad[7], podríamos decir. Lo que adviene para el sujeto al lugar de la verdad es la irreductible particularidad del objeto, del plus de goce, que causa su deseo. Las histéricas fueron, indudablemente, el origen del psicoanálisis por su desafío al saber de la medicina científica siempre insuficiente, impotente, para resolver sus males, que no podía explicar. La histérica es una mala esclava, en ese sentido, pues se niega a que la cosa marche. El síntoma histérico es el más claro índice del fracaso del Logos para constituir como campo del saber un todo coherente. El objeto alcanza así, en la estructura, ese lugar de verdad última del deseo como una fisura, como un impás en el intento apaciguador del saber. Podríamos afirmar, por este camino, que la Razón Moderna denuncia, en su génesis – que no es otra que la demanda al Amo de un saber que le es imposible producir, la legitimidad del poder–, su estructura histérica:
"El iluminismo en el sentido más amplio de pensamiento en continuo progreso, ha perseguido siempre el objetivo de quitar el miedo a los hombres y de convertirlos en amos. Pero la tierra enteramente iluminada resplandece bajo el signo de una triunfal desventura. El programa del iluminismo consistía en liberar al mundo de la magia. Se proponía, mediante la ciencia, disolver los mitos y confutar la imaginación"[8]

Discurso del Analista.



   Y, ante la demanda al amo la respuesta del Discurso del Analista es constituir su reverso, el discurso que invierte, respecto al de aquél, todas sus posiciones. El objeto, la insuficiencia del saber, se ofrece como causa al sujeto con el fin de producir los Significantes–Amo que determinan su destino, para otorgarles, así, su estatuto de semblantes, para dialectizarlos, en definitiva. De ahí, que se diga que el analista se ofrece como semblante de objeto, como desecho. El precio es que el saber adviene al lugar de la verdad. Lo cual implica, por una parte, que es un saber que el sujeto no buscaba –lo que busca el paciente en el psicoanálisis es, evidentemente, evacuar el malestar que su síntoma le acarrea–, pero también que es un saber que debe permanecer incompleto: la verdad sólo puede decirse a medias.

Discurso Universitario.

 
   Pero hay otra posibilidad estructural: ofrecer a la histérica el reverso de su propio discurso invocando un saber completo y potente[9], capaz de disolver enigmas  y de constituir al sujeto como producto de ese saber. En el DU el saber se dirige al objeto, no como causa del deseo, sino como   origen de la angustia, para producir a un sujeto capaz de sustentar ese saber. El precio es ahora que el S1 va al lugar de la verdad, que el Significante Amo marca la imposibilidad de detenerse, de darse un límite.
   Digámoslo sin más dilación: una de las hipótesis básicas que guiaron nuestro en sus inicios[10] trabajo es que los Media están sostenidos, al menos en su vertiente in–formativa, por la estructura básica del Discurso Universitario. Conjugar la angustia con un saber que se confunde con su dimensión escópica, para producir un sujeto (audiencia), índice del éxito de la operación, con el precio de la imposibilidad de detenerse, pues ese saber sólo puede ocultar su impotencia con su proliferación, que concuerda coherentemente con la exigencia de publicidad –transparencia– que la modernidad exige para todo saber.
   Creo que nada puede ilustrar mejor esta cuestión que la comparación de la moderna imagen informativa con la teoría del trauma en Freud y en sus discípulos directos, pues la idea de la reductibilidad del trauma por la reproductibilidad de la escena que lo produjo es un magnífico ejemplo de funcionamiento del Discurso Universitario. A la anamnesis, a la re–presentación ante la conciencia –y ante su forma más genuina, mas patentizadora de su carácter imaginario, la mirada –, la Modernidad le otorga un carácter catártico. Es sabido que, en sus primeros pasos hacia la constitución del psicoanálisis, Freud, aún de la mano de Breuer, instauró este método, cuyo núcleo terapéutico consistía, esencialmente, en hacer advenir a la memoria el contenido histórico y objetivable de una escena traumática reprimida, origen de las actuales manifestaciones patológicas de un paciente:
“La semejanza descubierta entre ambas dolencias neuróticas nos induce a considerar también como traumáticos los sucesos a los que nuestros enfermos de neurosis espontánea parecen haber quedado fijados. Obtenemos así una etiología extraordinariamente sencilla para esta neurosis, pues podremos asimilarla a una enfermedad traumática y explicar su patogénesis por la incapacidad del paciente para reaccionar normalmente a un suceso psíquico de un carácter afectivo muy pronunciado.”[11]
   Pero, en su genuina lucidez, Freud no tardó en abandonar esta concepción en un trayecto que se cifra en el paso de la escena traumática, efectiva y datable, a una escena fantasmática, a un receptáculo del goce perdido que el sujeto ha de construir en su análisis, no rememorar como si siempre hubiese estado allí, disponible para ser recuperada con la oportuna asistencia médica. Su célebre confesión a Wilhelm Fliess –"ya no creo en mis neuróticos"[12]– da buena cuenta de ello. Así lo expresa Lacan:
"Reproducir es lo que se creía poder hacer en la época de las grandes esperanzas de la catarsis. Conseguían una reproducción de la escena primaria como uno consigue ahora obras maestras de la pintura por nueve francos cincuenta. Sólo que Freud nos indica, cuando da los pasos siguientes, y no tarda mucho en darlos, que nada puede ser captado, destruido, quemado sino, como se dice, de manera simbólica, in efiggie, in absentia"[13]
   Porque, en Freud, hay dos concepciones opuestas de la represión y de la angustia correspondientes a dos momentos de su elaboración teórica. Su primera versión será: angustia lo que se reprime. Versión moderna e ilustrada: si se levanta la represión, desaparecerá, sin dilación, la angustia, pues no hay un mal intrínseco en el mundo y, por lo tanto, con el grado de madurez adecuado, un sujeto puede hacerse cargo de aquellas percepciones que, en su infancia, rebasaron su capacidad de comprensión y, por ende, de tolerancia. Dada la adecuada competencia metalingüística, el sujeto podrá elaborar un juicio adecuado donde antes no pudo. Aquí, por tanto, tiene un sentido la imagen como un depósito perceptivo que hay que hacer advenir a una conciencia –ahora, sí – capaz de soportarla. Si el ojo estuvo y retuvo, el lenguaje, la capacidad de juicio y comprensión, no tiene más que someterse a un benigno compás de espera para recuperar y asimilar esa escena que otrora fue traumática. 

   Pero este divorcio entre la representación y los afectos que se le adhieren tiene consecuencias mucho más profundas de las que Freud le atribuyó en un primer momento, pues testimonia, en última instancia, de una sobredimensión del goce irrecuperable para el lenguaje, de que –y son, ya, palabras de Jacques Lacan– no hay metalenguaje, el Otro no está completo. En lo que a esta argumentación atañe, no hay una escena perfecta, acabada, disponible y reproductible, cuya rememoración evacúe los malestares del sujeto. Por ello, Freud pasa a una segunda concepción según la cual se reprime lo que angustia[14]. Es decir, hay un déficit irreductible de simbolización, un imposible para el sujeto. O, con otras palabras, y evocando resonancias barthesianas, del ojo no se puede decir que estuvo allí. Esta divergencia entre la percepción y su incorporación a lo simbólico, su conversión en saber, es lo que la reproductibilidad de la imagen registrada trataría de soslayar. Y ¿qué hace falta para que una imagen sea reproductible?: que pase, de la dimensión de registro de un acto, al de registro de una acción. A la fotografía, le falta el movimiento para ser vehículo adecuado del saber. El movimiento suple imaginariamente la carencia de saber que se manifiesta en el registro icónico. Éste es origen "ideológico" del cinematógrafo y por ello, pienso, el enfoque adecuado para dar cuenta de la falta como motor de la relación del sujeto con el mundo, es, en el caso del dispositivo audiovisual, de tipo genealógico.
     ¿Qué relación mantiene este discurso con el de la ciencia? Es importante recalcar que para Lacan el Discurso Universitario  no es el discurso de la ciencia -al que posteriormente califica de "cuasi–histérico" (1991) por reconocer la constante insuficiencia de su saber. Para lo que nos va atañer a partir de ahora, que es el papel de la ciencia en la génesis del Imaginario Moderno que culmina en el Paradigma Informativo, baste recordar ahora una idea clave en Lacan: que el discurso científico forcluye al sujeto, que éste en cuanto deseante no halla en la ciencia clave alguna de su particularidad. El terreno está abonado para la constitución metonímica (pars pro toto, sinécdoque) de una instancia Imaginaria en forma de un Universo dócil a la mirada, de un Mundo–Imagen, que supla el silencio de dios que la ciencia implica desde sus orígenes cartesianos. 



   * Creo que se puede afirmar que Lacan jamás escribió los cuatro discursos -y menos el quinto, como se verá de una forma canónica y definitiva. Encontramos escrituras parciales en los Seminarios XVII y XX así como en Radiofonía y Televisión. La versión que plasmo de los matemas, pues, no aspira a ser canónica, pero sí legítima. El razonamiento topológico que subyace a ellos puede ser rastreado en los textos de Sergio Lamera y Jorge Alemán citados, así como en el magnífico trabajo de Jean-Paul Gilson, consultable en la página web de la Escuela Lacaniana de Montréal. Op. Cit
 [1]  Op. Cit. Para la relación de los 4 discursos con la época, vid. Laurent (1992).
    [2]Un ejemplo, el matema Ⱥ (el Otro barrado) puede leerse como: el Otro castrado, no hay Otro del Otro, el Otro no existe, no hay metalenguaje, etc.
    [3]Vid. Lyotard .
[4] Para la fundamentación topológica de los 4 discursos vid. Larriera (1996)  y Alemán y Larriera (1998).
    [5]Conservamos la inicial de la palabra francesa Maître para distinguirlo del Discurso del Analista (DA).
    [6] Seminario XVII. p. 22.
       [7] Carmen Gallano (1994)  lo explica perfectamente:
"Pero el misterio no desaparece, pues más se descifra, más se alimenta. ¿Por qué? Porque lo que espera la histérica del saber a producir, es el significante del goce femenino, otro significante que no fuera el significante fálico. El psicoanálisis puede hacerle descubrir a la histérica que esa espera es vana, que no hay tal saber de la feminidad, porque el inconsciente no sabe nada más allá del falo. No sabe nada del Otro sexo.
Entonces el impasse histérico consiste en que por buscar el secreto del goce en la vía del saber, llega a un punto distinto del que esperaba. Llega a que el saber está despedazado en fragmentos, a que está agujereado, a que es incompleto" (p. 29)

    [8]Así comienzan Adorno y Horkheimer su Dialéctica del Iluminismo (Op. Cit.). No es este el lugar para un tal debate, pero creo que sería muy conveniente para toda teoría crítica aceptar su aproximación al DH. La Dialéctica Negativa de Adorno en perfectamente parangonable, en su imposibilidad de cernir una síntesis, al hecho de que el objeto, la falta de referencia, advenga al lugar de la verdad. Los mismo se podría decir respecto a todos los problemas de legitimación en la época del tardo-capitalismo, en el pensamiento de Habermas. Me limito, ahora, a anotar esta sugerencia, sin más pretensiones.
    [9]Cabe subrayar la raíz común de Universo (conjunto de todas las cosas, según Corominas,  Op. Cit., p. 604) y Universitas procedentes ambos del VERTERE latino. El DU tiene siempre vocación totalizadora, de "verter" lo real en el saber.
[10] Mejorada, si se me permite decirlo, en el transcurso de la  investigación. Vid. cap. 7. Creo conveniente,  sin embargo,  mantener en el texto esta primera hipótesis por lo que ilumina del trayecto hacia la segunda: que el matema que mejor da cuenta de la cultura de masas es el Discurso del Capitalista.
[11]Lecciones introductorias al psicoanálisis Op. Cit.  p. 2294
    [12] Op. Cit. p. 3578.
    [13]Seminario 11 p. 58.

viernes, 1 de mayo de 2015

Apostillas a "Todo lo que odio de Podemos" (Apuntes sobre el Populismo, 30)

Antes que nada, muchísimas gracias a todos los que habéis compartido mi artículo Todo lo que odio de Podemos. Yo no dispongo de Google Analytics u otras herramientas, pero haber conseguido más de 1500 likes de facebook, para mí es portentoso. Probablemente, cualquier texto con cierta vocación literaria supongo que lo pretende, pero un rasgo distintivo de la columna es la capacidad de condensar y plasmar en letra escrita lo que muchos piensan, porque es el género de la opinión por excelencia. Parece que de vez en cuando, lo voy consiguiendo. Tanto para mí, que no tengo más armas ni amparo para expresarme -fuera de mi vertiente estrictamente investigadora y académica- que este blog  y mi columna Comunicando, como para VLCNoticias, que es aún un medio pequeñito pero con una proyección de crecimiento impresionante, es algo muy satisfactorio. No sólo -porque su vocación de servicio local es también muy relevante-, pero en buena medida también, su sección de opinión -que es de lo más variopinta,  valiente y abierta- y la absoluta libertad de expresión que tenemos sus colaboradores sean responsables de su crecimiento y de su éxito en local y global. Quede constancia de cuán agradecido les estoy también a ellos.

Lo que os dejo aquí son una serie de comentarios con los que he ido explicando mis intenciones en ese artículo en las redes sociales. Era un artículo arriesgado y no era para menos, creo yo. He decidido, pues, recoger en ella esas explicaciones a mi texto, que son también aclaraciones a mi modo de entender el pensamiento y la comunicación.
  •  Supongo que a nadie se le escapará que este texto tiene una finalidad casi didáctica, que su lector modelo es precisamente la gente muy joven que puede que este año sea el primero que vaya a ejercer su derecho al voto y que, con tanto énfasis en la transversalidad, haya creído que Cs puede ser una alternativa a Podemos como recambio del cambio. A mí me parece un error grave el haber caído en decretar que estamos en una fase instituyente cuando todas las movilizaciones de hace cuatro años pretendían ser destituyentes y no otra cosa. Y pensar que hay que volver a fortalecer la forma partido. Lo que algunos llaman tablero yo lo suelo llamar “comunicación como campo único de enunciación” (http://goo.gl/wd6YH3) y hace ya mucho que advertí, inspirado por mucha gente, que eso es una jaula, un campo de simulación espectacular y no un auténtico campo de batalla.
    De ahí, que creo que puede ser conveniente que con mi artículo del sábado se lea esta entrada de mi blog de septiembre http://lasuficienciadeloobvio.blogspot.com.es/2014/09/by-heart-algunos-apuntes-sobre-el.html, que puede ser muy útil para quien no vivió la Transición y pueda caer en la trampa de que Cs es algo nuevo. Se trataba de destituir el régimen del 78 en tanto que fue un pacto de las élites al margen del pueblo. Y me da la impresión de que vamos por el mismo camino de claudicación. Piénsese en ello al menos, antes de dejarse fascinar por tirios o por troyanos y volver a entrar en bucle de falsa polémica como el que hemos vivido en los últimos decenios entre la derecha de siempre y la vieja pseudo-izquierda sistémica. Las prisas por “instituir”, las “máquinas de guerra electorales” están teniendo esos tremendos efectos secundarios. Si Podemos nació para aprovechar las grietas del sistema, el sistema ha contraatacado creando Cs para aprovechar las grietas de Podemos, que se sustancian ingenuidad dogmatizante, repetitiva, viral, cansina.
    La repetición de los errores del 78 es un peligro inminente. Lo imperdonable sería que, contando ahora con aquella experiencia que entonces no teníamos, volvamos caer en el mismo error de convertir las exigencias populares en “demandas democráticas” por la vía de su cauterización y adulteración. Nos hace falta aún mucho ruido asambleario antes de saber exactamente qué decir. Es un error prefabricar un “sujeto supuesto al saber” de nuestro deseo y dejarlo todo en sus manos. No es el momento. Y que no me vengan con las prisas de los desahuciados, de los parados, de los jóvenes sin empleo. No pienso en nadie más cuando digo estas cosas.

  •  Probablemente, el gran error estratégico de Podemos. Librarlo todo a la verticalidad, el centralismo, el leninismo mediático. Creer que basta con la difusión y olvidarse de la infiltración, de la distribución, de la agitación… Y así, el electorado español, reducido una vez más a su forma clientelar y pasiva, no distingue entre dos productos políticos publicitados como "nuevos" (lo más viejo que hay en publicidad) creyendo que son alternativas homologables al establishment del régimen constitucional, olvidando que uno sí es una opción destituyente y el otro sólo un subproducto continuista.

    Está muy bien el análisis laclauiano. A mí me ha ayudado a entender un montón de problemas que no podía captar antes de conocerlo. Pero convertirlo en un álgebra predictiva, esto es, a efectos prácticos en una dogmática inexorable, es una traición al propio Laclau, cuyo empeño esencial fue siempre desdogmatizar a Marx para hacerlo operativo en un contexto que hoy llamamos “post-fordista”. El análisis laclauiano es un magnífico método heurístico, e intentar convertirlo en un método algorítimico es una triste perversión neoliberal. No se puede uno pasar la vida haciendo cábalas sobre significantes vacíos, cadenas equivalenciales y alianzas hegemónicas y olvidar absolutamente la pregnancia del Dispositivo (de Foucault a Agamben, y según cómo se lea, pasando también por Althusser).

    Lacan ya advirtió que el Discurso del Capitalista era algo “locamente astuto”. Se dijo que “un secretario general le ganaba las elecciones a Rajoy y tres no”. Y el primero que ha tomado aplicada nota ha sido el régimen oponiendo a Podemos tres secretarios generales y diluyendo su radicalidad en un escaparate de opciones concurrido y bizarro donde ha pasado de ser la gran alternativa a ser uno más. Decir que no hay emancinpación sin hegemonía queda muy bien, pero es, siendo generosos, una falacia (y siéndolo menos, una perogrullada). Lo que no hay sin hegemonía es poder.

    En fin, sirvan estas líneas para que se entienda –la ha entendido mucha gente, me consta, pero hay quien es durillo de oído para el que se sale de la jerga- mi intención al escribir el artículo del sábado era utilizar la retórica de otra manera. Darle una pedrada al tablero, porque de repente nos han puesto otro y ya no hay que buscar la centralidad, porque el mismo tablero ha designado el centro cuatripartito. Locamente astuto. Hay que empezar a entender que no somos los amos del dispositivo y que nuestra guerra es también contra él, no sólo en él. Es la ingenuidad del No-Logo. Puedo elegir un banco, puedo elegir un operador de telefonía. Y sin darme cuenta ni pedirme permiso, fundirse o ser comprado por otro y encontrarme con que tengo contrato de permanencia con una multinacional con la que no hubiera querido tener el más mínimo trato. ¿A cuántos nos ha pasado eso más de una vez o más de dos? Pues eso es lo que le ha pasado a Podemos, que se puso a jugar en el tablero sin darse cuenta de que sus amos podían hacer lo que les diera la gana con él. Y en esas estamos.

    Mi intención no ha sido otra que llegar a los que equiparan a Podemos con Ciudadanos como opciones electorales intercambiables para, una vez en su plano, mostrar que aún –al menos, de momento- hay diferencias pese a que el márketing electoral sistémico se empeñe en equipararlos.
 
 
 
 

  •  Con un "no me gusta" o un "discrepo" en vez de "odio" lo hubieran leído la décima parte. Es retórica y cebo. Lo admito al final del artículo.
  • El problema del álgebra laclauiana es la ignorancia quasimilitante del dispositivo (en la acepción de Michel Foucault y de Agamben) pero también en la de Lacan, que es de donde toman sus supuestos conceptos. La transferencia (psicoanalítica) ya es un dispositivo. Y toda interpretación analítica no se puede hacer ignorándola. Es el abc, vamos. Si no se podría ir a un sujeto, comunicarle un diagnóstico y -si has acertado- curarlo en el acto. Freud se refirió a ello como la doble inscripción. Para teorizar el dispositivo desde el psicoanálisis es para lo que Lacan ideó el matema del Discurso.
  • Pero una cosa sí que tengo "clara". Me va a costar mucho aceptar ciertas rectificaciones cuando hay tantísimos que llevábamos avisando de los errores meses y se nos acalló con hooliganismo schmittiano, malos modos, y tratándonos de traidores y enemigos. En política es legítimo que tengan una segunda oportunidad los que fracasan en el asalto al poder. Pero de ninguna manera quien ha fracasado desde una posición de ventaja, poder, privilegio y fuerza. Lo siento, pero si su apuesta falla, dado que se han negado a negociar y ni siquiera escuchar a nadie y han jugado al insulto y el desprestigio de los críticos con todas sus hordas al ataque, yo creo que deberán dar un paso atrás y dejarse de aferrarse a la poltrona. Si un secretario general no gana las elecciones, habrá que probar con tres. Y punto. El sistema que es "locamente astuto" ya nos "ha hecho caso a los críticos" y ha enfrentado tres líderes a Podemos. Tanta historia con la división de la izquierda y no nos damos cuenta de que la derecha no tiene ningún reparo en dividirse tantas veces como sea conveniente para sus intereses. (Aclaro que cuando escribí esto no había dimitido Monedero todavía ni tenía yo ninguna noticia de que lo fuera a hacer efectivamente).
  • Ahora resulta que @MonederoJC "odia" de Podemos lo mismo que yo y otros muchos. Nunca es tarde si la dicha es buena. (Aquí, ya sí, evidentemente)
Una serie de imágenes sobre Ciudadanos con las que he acompañado el link del artículo en las redes.










Y este vídeo: