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martes, 7 de julio de 2015

Estoy harto de pensar en el Poder. Quiero pensar el Común (Apuntes sobre el Comunismo, 1)

(Es la respuesta que le he dado a un amigo que está tomándose unos días de descanso y ello le ha llevado a pensar que probablemente abandone Podemos. Ha sido una excusa magnífica para comenzar una nueva serie de entradas que hace tiempo que me rondaba por la cabeza).

Tener tiempo para pensar es malísimo para la continuidad en Podemos. Yo tengo una extensa lista de mailing, cosa que sabes porque estás incluido en ella, a la que envío un mensaje cuando publico algo que considero destacado. Pues bien, ya voy dando de baja a alguna gente a la que mis cosas parecen no sentarles bien y me lo hacen saber. Hoy he recibido un correo de un miembro del CC estatal, que llevaba en la lista supongo que desde hará algo menos de un año, con este texto: "Hola, gracias, pero prefiero que no me envíes más correos informativos sobre tus publicaciones. Ya sé que están disponibles en el el blog. Un saludo" Mi respuesta ha sido lacónica: "Lógico, lógico." Y, por supuesto, lo he suprimido de la lista.
Lo que me ha dado qué pensar ha sido que la gota que ha desbordado su vaso ha sido precisamente mi última columna, que destilaba una cierta fe en la humanidad a cuenta del referéndum griego. ¡Qué curioso que sea precisamente eso lo que le ha desbordado! ¿No? Parece que llevan mal cualquier discurso que no les dé exactamente la razón y, más concretamente, llevan mal la decencia de la alegría. Una alegría que hemos sentido millones. Pensar no les conviene.
No he podido menos que recordar un parrafito que recogí después en mi blog el 27 de octubre pasado en una entrada que titulé "Justo antes de saberse el resultado de la votación de los borradores (Apuntes sobre el Populismo, 9)"
"Llevo pensándolo unos días. Si gana #SumandoPodemos, probablemente sienta algo muy nuevo para mí: fe en la humanidad. Es un sentimiento extraño que quisiera experimentar, porque no recuerdo haberlo tenido nunca. Cuidado: sí he sentido por la humanidad muchas variedades del amor, de la solidaridad a la compasión, pasando por la rabia inmensa ante lo injusto. Pero creo intuir que fe, no. Que la fe en la humanidad ha de ser un sentimiento distinto a todo lo que he sentido antes."
Tras en NO del pueblo griego he sentido justo eso que anhelaba sentir entonces y que, ahora me doy cuenta, no he podido sentir desde Vistaalegre para acá. Podemos ha sacado lo peor de mí, me ha hecho peor de lo que era sin duda (lo mismo que el 15M, por ejemplo, nos hizo mejores a muchos). No es un lugar sano para estar en absoluto. Y me alegro de haber pasado por ello. El conocimiento siempre ha sido importante en mi vida. Casi lo que más porque todas mis pasiones han estado mediadas por él. He amado, odiado, deseado cabe el conocimiento siempre. Hoy, Podemos es la patria de la ignorancia, del no querer saber. Hoy, y tras haberlo atravesado, mucho mejor fuera que dentro de Podemos.
Durante un año he mantenido una serie en mi blog que se llamaba "Apuntes sobre el populismo". Puede que este rollazo que te acabo de soltar empiece otra que se llame "Apuntes sobre el Comunismo" Estoy harto de pensar en el Poder. Todo me pide empezar ya a pensar lo que debió ser nuestro centro de gravedad siempre: el común.

domingo, 5 de julio de 2015

Lo que más miedo me da, si en Grecia gana el sí.


La espera de hoy yo no la remitiría a hace 25 siglos, a Pericles, o a la Academia. Lo que se juega hoy en Grecia a la postmoderna, es lo que se jugó en España hace 79 años. Más, incluso, que en Latinoamérica, 40 años después. Lo que está ensayando en Grecia son todas las formas posibles de derrotar al socialismo. Eso y no otra cosa fue la Guerra de España. También el bloqueo a Cuba, el golpe de Estado en Chile. 
El capitalismo se ha encontrado a gusto combatiendo a enemigos monstruosos. Eso fue la Unión Soviética de Stalin, la Alemania de Hitler, el Afganistán de Bin Laden o, ahora mismo, el Estado Islámico. Pero lo que teme a muerte el Capital es a la Democracia. No pudo tolerar la vía democrática hacia el socialismo ni en España ni en Chile. Ni se pudo estar tranquilo hasta que las dos grandes revoluciones por la decencia que acontecieron en la Guerra Fría, la cubana y la vietnamita, cayeron en manos soviéticas.
Lo que asusta de una victoria del Sí en Grecia, es que puede que, de nuevo, no dejen más opción a un pueblo en su lucha que extremarse  hacia el totalitarismo en vez de radicalizarse democráticamente hacia el comunismo (o hacia el socialismo, que en este contexto las dos palabras pueden usarse como sinónimas). No se lo permitieron a Nicaragua, se inventaron el islamismo para frenar el socialismo panárabe. 
Lo que más miedo me da si gana el Sí, no es simplemente lo desvalidos que quedaremos los europeos, sino -visto lo visto- qué monstruo inventarán para que nos arrojemos a sus brazos y poder argüir de nuevo desde una razón bastarda que se están enfrentando al mal. ¿Sabremos verlo, analizarlo, prevenirlo? 
Tal vez haya que empezar a ir pensando en ello, pase lo que que pase esta tarde. Tal vez, debamos empezar a pensar en una defensa cerrada del bien común y empezar a leer el populismo no sólo desde Laclau, sino desde la decencia comunista. Negri y Houellebecq nos son muy necesarios, en el abismo conceptual, estético e ideológico que designan sus posturas distantísimas encontraremos nuestra misión como pueblos. Nos están advirtiendo. 
No paremos de pensar pase lo que pase esta tarde, porque no está nada claro que podamos. Si ganamos esta batalla -ojalá- no dejarán de volverlo a intentar. La ingenuidad es un peligro y el cierre categorial y electoral de Podemos puede ser leído de formas mucho más perversas que unas decenas de arribistas iluminados por la claridad de su poder buscando colocarse. 
Quede como reflexión, a día 5 de julio de 2015, pocas horas antes de saberse el resultado, tan crucial, del referéndum griego.

(Quede también como añadidura a mi reflexión de ayer.... Sé que hoy no lo va a querer entender nadie y puedo ser tachado de iluminado, aguafiestas o delirante. Tranquilos, sabré lidiar con ello)

martes, 23 de junio de 2015

De núcleos irradiadores y sectores laterales, de pirámides y de círculos.

 
Cascada. M.C. Escher, 1961


El Círculo Cultura de Valencia paró debido al proceso electoral interno. Uno de sus miembros, al que podríamos llamar el fundador, porque fue el que hizo la llamada para formarlo hace ahora un año, aunque yo ya estuve allí, salió elegido por la lista de CQP. Yo me quedé esperando que una vez constituido el CC de Valencia, ya como miembro, volviera a dinamizarlo. Por escrito me ofrecí a trabajar en lo que hiciera falta con el secretario general y con él. Nunca recibí respuesta. Luego me entero de que se ha abierto una nueva página de facebook y que el principal acto de Cultura desde entonces fue una especie de recepcion del núcleo duro de Madrid en el virreinato de Valencia. Esto es, que habían decidido que fuera círculo y que un par de personas del CC se hicieran cargo del "área". Vamos, que la doctrina del núcleo que irradia y los sectores laterales me quedó muy clara. El "área de cultura" se había convertido en un concesinario provincial de unos determinados intereses de Madrid (y todos sabemos que el Círculo Cultura de Madrid está perfectamente controlado por determinados intereses empresariales, editoriales concretamente). 
Como me dijo un amigo politólogo británico el otro día, por más que hagas malabarismos topológicos es imposible encajar un círculo en una pirámide. Por eso, lo círculos no tiene más remedio, si son territoriales, que convertirse en nódulos repetidores; y si son sectoriales, en "áreas" (paradójicamente en Podemos, no regidas por la ratio PI (perdón por el chiste pitagórico)), es decir, no circulares ni tendencialmente reticulares. Sí que hay PI, evidentemente. Pero ese PI no es el igualitario entre círculos, sino el de un núcleo irradiador, que al considerarse a sí mismo como tal, considera subsidiarios (es decir, laterales) a todos los demás sectores. Eso que PI llamó el otro día, Podemos + otra cosa, expesión que por estas tierras nos olió a cuerno quemado. 
Pero vamos, nada especialmente original. La izquierda actual está dividida entre un paradigma populista y otro comunista. De que lleguen a entenderse, dependerá que podamos hacer algo. El "común" tiene difícil asaltar los cielos, lo acepto. El populismo, buscando la centralidad del tablero, esto es, obsesionado con la idea de núcleo, lo que acaba es siendo absorbido estructuralmente por ese centro modelizante y perdiendo toda potencia transformadora y emancipadora. 
¿Cómo lo arreglamos? Pues no sacralizando el mecanismo antagonista como puro sucesor del mecanismo consensual  fosilizado, como muestra el régimen del 78. Es decir, es una cuestión de emplazamiento, en el sentido heideggeriano. El populismo, que ha decidido velar ese vacío, esa emergencia de lo heterogéneo, que tan bien identifica Laclau, con los imaginarios del líder carismático y la distinción amigo enemigo, cae en la derivación pulsional, de puro bucle repetitivo, esto es, en la potencia "locamente astuta" del discurso capitalista y su fuerza de succión.

(Es una respuesta dada en facebook a alguien que me ha dicho: "A lo mejor estaba usted a otras cosas cuando su círculo le necesitaba.")