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miércoles, 6 de mayo de 2015

Cambiar de jerga no es cambiar de discurso: sobre el intento de colonizar el campo crítico por parte de la cúpula de Podemos.

( Son algunas acotaciones al artículo “Bienvenido, Juan Carlos Monedero” http://vlcnoticias.com/bienvenido-juan-carlos-monedero que publiqué el lunes 4 de mayo y que sugiero leer antes que este texto, para comprender algunas de sus alusiones)

El otro día va y dimite Juan Carlos Monedero profiriendo amargas quejas sobre la deriva y las actitudes de la cúpula dirigente de Podemos. Al poco, Pablo Iglesias publicó un artículo donde parecía recuperar las esencias gramscianas y un lenguaje combativo que pretendia alejarse del descafeinamiento de la centralidad del tablero. Algunos compañeros han creído ver un “cambio de discurso” en el núcleo dirigente de Podemos desde los postulados hegemonistas, de los que se suele hacer responsable a Íñigo Errejón, y que, buscando generar un nuevo impulso indican un posible cambio en el modo de hacer política.

La verdad yo no puedo ser tan optimista. Yo lo que veo es un intento de invasión semántica, bajo la forma de un cambio de lenguaje (un recambio del cambio semántico), que pretende tomar lo que se considera territorio enemigo –o al menos hostil dentro del mismo Podemos. Quiero decir, que un cambio de tono –y de batería retórica, y de arsenal argumentativo- no es suficiente si no hay un cambio del Dispositivo que permita que todas esas cosas resuenen de otro lugar y de otra manera. Pablo Iglesias y su equipo lo saben bien, por eso da una de cal y otra de arena. Se han pasado años clamando contra la vieja retórica de la izquierda que distanciaba a la gente –cosa de la cual en absoluto discrepo, sino todo lo contrario- y ahora no tienen reparo en utilizarla porque la saben presa de un Dispositivo que la cauteriza. Ese dispositivo sólo resuena en dos tonos: qué bueno es Pablo, qué malo es Pablo. Sólo depende de quién lo escuche, al margen de cualquier contenido semántico que se vehicule. Por eso, Lacan decía que “la verdad adormece o despierta dependiendo del tono en el que sea dicha”. Y el Dispositivo -el modelo organizativo y comunicativo- del que Podemos se ha dotado, como la retórica de la vieja izquierda, está hecho para adormecer pese a la verdad. También el de todos los demás partidos del sistema, evidentemente.

¿Por qué, pues, este viraje semántico que no enunciativo, de contenido que no de sentido, de semántica que no de sintaxis, de escenografía que no de modelo, de lenguaje que no de discurso, de significantes flotantes que no de significantes vacíos, de sustantivos y adjetivos (banalmente, de terminología) que no de gramática? Pues yo creo que se ha de leer más en clave interna que externa. Evidentemente, centrándose en lo mediático y en lo electoral, Podemos ha estado viendo que ha perdido mucho terreno en la calle, en implantación social. Pero también se ha dado cuenta, que a base de descafeinar el contenido de su propuestas para que no fueran expulsadas del tablero comunicativo, que han considerado como “campo único de enunciación” también están perdiendo la batalla ideológica y teórica. En un lado, al banalizarse y depotenciar su discurso por no salirse del escaparate. El escapartista –conocido también como “dueño del tablero”- ha continuado su estrategia comercial y ha colocado al lado un producto de otra marca que ha decidido publicitar como similar e intercambiable con el primero y que es conocido el bazar político como Ciudadanos. Cosas de jugar al branding y a los intangibles corporativos.


Bien. Eso de cara al exterior mediático-electoral. Pero hay una segunda vertiente. Evidentemente, derrotados pero no vencidos, los críticos han seguido construyendo pensamiento, publicando en prensa, en blogs, etc. La promesa del núcleo promotor fue ganar las elecciones con una voz monocorde y unificada. Y las últimas cifras no son halagüeñas en ese sentido. Se puede sacar una aceptable representación, pero ya no se compite con Rajoy, sino con tres fuerzas políticas estatales y quedar terceros o cuartos es muy pobre oferta para la gente empoderada a la que se le pidió que dejara de pensar por su cuenta y de tomar la iniciativa y se dejara representar íntegramente por el nuevo Consejo Ciudadano. Nueva forma de militancia, lo llamaban. En fin, modernísimo.

El caso es que si las voces críticas arrinconadas no han dejado de seguir generando pensamiento, los intelectuales orgánicos sí han seguido la pauta establecida. Han tenido a su disposición televisiones, medios escritos, estructuras de partido y perfiles de los medios sociales seguidísimos y muy nutridos de fervorosos followers que los convertían en virales entre vítores, aplausos, likes, favs y retuits. Ahora bien, su función no ha sido pensar sino difundir y legitimar. Y, por supuesto, rebatir el pensamiento que se oponía a la cúpula validando a Pablo Iglesias y sus más cercanos colaboradores –Claro que Podemos, para entendernos- como el nuevo sujeto supuesto al saber de la política. Y lo han hecho de formas, que siendo generosos, diremos que han sido algo deficientes. La primera, un viejo recurso conservador: la ridiculización y la sátira. Recuerdo que poco después de las europeas se citaba a Laclau haciendo referencia a que se debía cargar con la “cruz” del populismo, intentando emular la épica del martirio cristiano. Poco parecen saber del asunto, porque pocos historiadores del dogma cristiano dejarían de reconocerme que la apologética y la patrística, precisamente, se construyeron en buena medida contra la sátira conservadora de los paganos y de los "intelectuales orgánicos" de Roma. La sátira, la ridiculización, las acusaciones de oscuros deseos de poder y promoción narcisista son un arma de doble filo. Y, además, en el CC no contaban precisamente con un Swift o un Quevedo, un Juvenal, o un Marcial. Vamos que el perfil humorístico de los apologetas ha sido estos meses realmente bajo y la falta de ingenio de sus descalificaciones, a veces, patética.

Pero tampoco contaban con un Cicerón, precisamente. Cuando se han puesto a intentar contra-argumentar han intentado mezclar a Maquiavelo con Lacan, a Carl Schmitt con Lenin, a Hobbes con Green Peace, Judith Butler y Naomi Klein y cosas por el estilo, al grito de "¡textaco!" en sus perfiles de Facebook. Más patético aún ha sido el intento de adjudicarles a los críticos, además de oscuras intenciones de autopromoción, fuentes de autoridad absolutamente fabulosas. Recuerdo una torpísima pirueta retórica -de esas que duelen de vergüenza ajena- cuando leí que los que crítitcabamos los usos mediáticos de la cúpula es que estábamos en contra del uso político del espectáculo y se nos acusaba de ser debordianos delirantes. Era otro intento de confinamiento enunciantivo: "ya sé desde siempre quién eres, qué piensas, qué intereses te animan y todo lo que has leído desde pequeñito que yo también y soy más listo y moderno que tú". Miren, no. Yo estoy en contra de los usos tertulianos, no en contra de la representación siempre que no aspire a ser totalitaria. Por eso, en el artículo que he citado al comienzo, he metido, viniera a cuento o no, una cita de Noël Burch y he explicado porqué desde el análisis comunicativo, semiótico, discursivo y fílmico es muy difícil simpatizar con los usos mediáticos del comando así llamado.


 El colmo ha sido cuando, echando mano del manual de autoayuda, han empezado a hablar del derecho a la alegría y de que en política no se debe estar por interés o por sentido del deber, sino para “crecer” personalmente. Vamos, que teníamos que apoyar políticamente a un partido para fortalecer nuestra autoestima y la de sus líderes, como si no hubiera gente muriéndose de hambre, desahuciada o jóvenes teniendo que emigrar por centenares de miles. Creo recordar que ése precisamente era el argumentario según el cual había que ganar las elecciones en plan guerra relámpago y dejarse de zarandajas asamblearias y gestualidades del viejo activismo, que es la forma que la segunda fila (no lo he visto en la primera, sinceramente) del CC estatal, para ganar puntos, tenía de referirse a la horizontalidad organizativa y a la democracia radical.

Bien, visto todo esto, ¿por qué he escrito yo mi última columna y cómo interpreto tanto la dimisión de Juan Carlos Monedero como el último artículo del Secretario General? Evidentemente, carezco de cualquier información privilegiada y no me muevo en el "interior del monstruo" (estoy citando un mensaje que recibí ayer, vid. más abajo) que es la política electoral. Pero, "como todo el mundo sabe" creo en la suficiencia de lo obvio. Y la dimisión de Monedero, sus declaraciones inmediatamente anteriores y la respuesta periodística subsiguiente de Pablo Iglesias me dan a entender que, aunque jamás lo reconocerán explícitamente, y de hecho ya han hecho declaraciones y han encargado artículos a sus escribanos de confianza recalcando que están en la línea correcta, se han dado perfecta cuenta de que llevan camino errado. Porque no es lo mismo quedar terceros o cuartos en unas primeras elecciones con una apuesta de crecimiento de la implantación social y de la multitud (a no confundir con “masa”) crítica, que quedar en el mismo lugar con una apuesta personalista y mediática. En el primer caso, se trataría de un prometedor crecimiento. En el segundo, puede ser una debacle desesperanzadora, porque se había prometido lo contrario y las posibilidades de rectificación de esa apuesta, deglutida por la agenda mediática son mímimas.

La estrategia es, pues, dando algunas de cal con las de arena, intentar el asalto colonizador al campo crítico apropiándose de lo que ellos creen que es su semántica. Eso parece haber hecho Monedero con su dimisión. Por eso he titulado “bienvenido” mi artículo, para recordar que no es un invento ni una genialidad de la cúpula, sino que muchos ya estábamos aquí, y algunos con una lucidez creativa, combativa y muy constructiva. Que la estrategia va por ahí, me lo ratifica –y esto no es una información privilegiada, sólo privada, perdóneseme el personalismo de este párrafo- que a los minutos de aparecer mi columna recibiera un mensaje en el móvil sugiriéndome tomar un apacible y prometedor café de alguien de la esfera de CQP que ha estado rechazando, ninguneando, o delegando a terceros para no mancharse las manos, mis ofrecimientos, que los ha habido y lo he reconocido siempre, para colaborar con Podemos en mi entorno más cercano. Y hasta aquí puedo leer. Por supuesto, esta vez, yo rechacé la invitación. Supongo que no se aclaran muy bien con alguien que sólo quiere sumar sin esperar prebendas o cargos a cambio y por lo tanto es muy difícil conseguir que no diga lo que piensa. Que no soy de fiar, vaya. Y, como yo, "otros muchos", obviamente.

Por eso digo que este intento de asalto colonizador a la semántica del disidente no implica un cambio de discurso. En absoluto. Y por eso le añadí un apéndice a mi artículo, en una operación que periodísticamente puede ser considerada como rocambolesca, hablando de que si no se cambia el dispositivo y sólo se cambia la jerga no estamos cambiando nada radicalmente, sino haciendo maquillaje. Si no hay una refundación organizativa de Podemos ya me pueden hablar de derribar el capitalismo en dos días. Puro ruido táctico. Me interesa mucho más la voz que las palabras, el empoderamiento organizativo, la multitud reconociéndose, que los programas y las diatribas. Porque los programas no son más que el sometimiento de la acción política a la forma, al dispositivo, del contrato capitalista. Y en un entorno neoliberal, nada más fácil que violar un contrato.
 

Decía Lacan, probablemente el pensador –que no filósofo- más consistente, más radical y más subversivo que conozco -y que por eso desconfió siempre de la “claridad”- que “El amor es signo de que se cambia de discurso” Y, además, advirtió que “El goce del Otro no es signo de amor”. Son dos sentencias de una lógica simple y aplastante. La primera es una indicación técnica: es el amor el signo que puede detectar el analista de que el sujeto –por medio de la transferencia- ha cambiado de dispositivo y ha pasado del Discurso del Amo –del todo igual para todos- al Discurso del Analista en el que se deja actuar por el objeto causa de su deseo (el “objeto a” lo matemizó Lacan) y cesa de intentar que el Amo presione al saber para producírselo. Es decir, pasa de articular su goce en un demanda que necesita de un amo que la descifre (que le dé sentido) a tratar con el goce, con el sinthome desde la responsabilidad subjetiva. Es el principio de cualquier emancipación. Para entender la segunda sentencia no hace falta tanta teoría: lo entiende cualquiera a quien le hayan roto alguna vez el corazón.

Entiendo que muchos que se vean reconocidos se desentiendan de hacerlo público y explícito, porque en política siempre se puede tener que pactar y no es bueno quemar las naves. Yo no es que las queme, es que no tengo. Ya sabemos la afición que tradicionalmente tenemos los españoles a quemar o mandar a luchar contra los elementos a las “máquinas de guerra”.

Por mi parte, puedo asegurar que este texto es light en comparación con algunas cosas que he leído descalificando a los críticos desde los politólogos de la segunda fila del Consejo Ciudadano de Podemos. Y no hablemos ya de los hooligans y palmeros. Insultos verdaderamente vergonzosos, muchas veces. Unas por el nombre del interpelado (ad hominem), otras operando por el subtexto (a buen entendedor…) Lo que pasa es que si se faltan ellos lo hacen con el enemigo, si criticamos o disentimos los demás, lo hacemos con el mismo Podemos en carne viviente. Vamos, que hacemos daño electoral. Lo de Mondero, no. Que ha sido sin querer. Yo he optado por no citar a nadie ni a favor ni en contra. Supongo que habré hecho bien.


Les dejo con un toque berlanguiano, para que se vea que no soy nada debordiano.


viernes, 1 de mayo de 2015

Apostillas a "Todo lo que odio de Podemos" (Apuntes sobre el Populismo, 30)

Antes que nada, muchísimas gracias a todos los que habéis compartido mi artículo Todo lo que odio de Podemos. Yo no dispongo de Google Analytics u otras herramientas, pero haber conseguido más de 1500 likes de facebook, para mí es portentoso. Probablemente, cualquier texto con cierta vocación literaria supongo que lo pretende, pero un rasgo distintivo de la columna es la capacidad de condensar y plasmar en letra escrita lo que muchos piensan, porque es el género de la opinión por excelencia. Parece que de vez en cuando, lo voy consiguiendo. Tanto para mí, que no tengo más armas ni amparo para expresarme -fuera de mi vertiente estrictamente investigadora y académica- que este blog  y mi columna Comunicando, como para VLCNoticias, que es aún un medio pequeñito pero con una proyección de crecimiento impresionante, es algo muy satisfactorio. No sólo -porque su vocación de servicio local es también muy relevante-, pero en buena medida también, su sección de opinión -que es de lo más variopinta,  valiente y abierta- y la absoluta libertad de expresión que tenemos sus colaboradores sean responsables de su crecimiento y de su éxito en local y global. Quede constancia de cuán agradecido les estoy también a ellos.

Lo que os dejo aquí son una serie de comentarios con los que he ido explicando mis intenciones en ese artículo en las redes sociales. Era un artículo arriesgado y no era para menos, creo yo. He decidido, pues, recoger en ella esas explicaciones a mi texto, que son también aclaraciones a mi modo de entender el pensamiento y la comunicación.
  •  Supongo que a nadie se le escapará que este texto tiene una finalidad casi didáctica, que su lector modelo es precisamente la gente muy joven que puede que este año sea el primero que vaya a ejercer su derecho al voto y que, con tanto énfasis en la transversalidad, haya creído que Cs puede ser una alternativa a Podemos como recambio del cambio. A mí me parece un error grave el haber caído en decretar que estamos en una fase instituyente cuando todas las movilizaciones de hace cuatro años pretendían ser destituyentes y no otra cosa. Y pensar que hay que volver a fortalecer la forma partido. Lo que algunos llaman tablero yo lo suelo llamar “comunicación como campo único de enunciación” (http://goo.gl/wd6YH3) y hace ya mucho que advertí, inspirado por mucha gente, que eso es una jaula, un campo de simulación espectacular y no un auténtico campo de batalla.
    De ahí, que creo que puede ser conveniente que con mi artículo del sábado se lea esta entrada de mi blog de septiembre http://lasuficienciadeloobvio.blogspot.com.es/2014/09/by-heart-algunos-apuntes-sobre-el.html, que puede ser muy útil para quien no vivió la Transición y pueda caer en la trampa de que Cs es algo nuevo. Se trataba de destituir el régimen del 78 en tanto que fue un pacto de las élites al margen del pueblo. Y me da la impresión de que vamos por el mismo camino de claudicación. Piénsese en ello al menos, antes de dejarse fascinar por tirios o por troyanos y volver a entrar en bucle de falsa polémica como el que hemos vivido en los últimos decenios entre la derecha de siempre y la vieja pseudo-izquierda sistémica. Las prisas por “instituir”, las “máquinas de guerra electorales” están teniendo esos tremendos efectos secundarios. Si Podemos nació para aprovechar las grietas del sistema, el sistema ha contraatacado creando Cs para aprovechar las grietas de Podemos, que se sustancian ingenuidad dogmatizante, repetitiva, viral, cansina.
    La repetición de los errores del 78 es un peligro inminente. Lo imperdonable sería que, contando ahora con aquella experiencia que entonces no teníamos, volvamos caer en el mismo error de convertir las exigencias populares en “demandas democráticas” por la vía de su cauterización y adulteración. Nos hace falta aún mucho ruido asambleario antes de saber exactamente qué decir. Es un error prefabricar un “sujeto supuesto al saber” de nuestro deseo y dejarlo todo en sus manos. No es el momento. Y que no me vengan con las prisas de los desahuciados, de los parados, de los jóvenes sin empleo. No pienso en nadie más cuando digo estas cosas.

  •  Probablemente, el gran error estratégico de Podemos. Librarlo todo a la verticalidad, el centralismo, el leninismo mediático. Creer que basta con la difusión y olvidarse de la infiltración, de la distribución, de la agitación… Y así, el electorado español, reducido una vez más a su forma clientelar y pasiva, no distingue entre dos productos políticos publicitados como "nuevos" (lo más viejo que hay en publicidad) creyendo que son alternativas homologables al establishment del régimen constitucional, olvidando que uno sí es una opción destituyente y el otro sólo un subproducto continuista.

    Está muy bien el análisis laclauiano. A mí me ha ayudado a entender un montón de problemas que no podía captar antes de conocerlo. Pero convertirlo en un álgebra predictiva, esto es, a efectos prácticos en una dogmática inexorable, es una traición al propio Laclau, cuyo empeño esencial fue siempre desdogmatizar a Marx para hacerlo operativo en un contexto que hoy llamamos “post-fordista”. El análisis laclauiano es un magnífico método heurístico, e intentar convertirlo en un método algorítimico es una triste perversión neoliberal. No se puede uno pasar la vida haciendo cábalas sobre significantes vacíos, cadenas equivalenciales y alianzas hegemónicas y olvidar absolutamente la pregnancia del Dispositivo (de Foucault a Agamben, y según cómo se lea, pasando también por Althusser).

    Lacan ya advirtió que el Discurso del Capitalista era algo “locamente astuto”. Se dijo que “un secretario general le ganaba las elecciones a Rajoy y tres no”. Y el primero que ha tomado aplicada nota ha sido el régimen oponiendo a Podemos tres secretarios generales y diluyendo su radicalidad en un escaparate de opciones concurrido y bizarro donde ha pasado de ser la gran alternativa a ser uno más. Decir que no hay emancinpación sin hegemonía queda muy bien, pero es, siendo generosos, una falacia (y siéndolo menos, una perogrullada). Lo que no hay sin hegemonía es poder.

    En fin, sirvan estas líneas para que se entienda –la ha entendido mucha gente, me consta, pero hay quien es durillo de oído para el que se sale de la jerga- mi intención al escribir el artículo del sábado era utilizar la retórica de otra manera. Darle una pedrada al tablero, porque de repente nos han puesto otro y ya no hay que buscar la centralidad, porque el mismo tablero ha designado el centro cuatripartito. Locamente astuto. Hay que empezar a entender que no somos los amos del dispositivo y que nuestra guerra es también contra él, no sólo en él. Es la ingenuidad del No-Logo. Puedo elegir un banco, puedo elegir un operador de telefonía. Y sin darme cuenta ni pedirme permiso, fundirse o ser comprado por otro y encontrarme con que tengo contrato de permanencia con una multinacional con la que no hubiera querido tener el más mínimo trato. ¿A cuántos nos ha pasado eso más de una vez o más de dos? Pues eso es lo que le ha pasado a Podemos, que se puso a jugar en el tablero sin darse cuenta de que sus amos podían hacer lo que les diera la gana con él. Y en esas estamos.

    Mi intención no ha sido otra que llegar a los que equiparan a Podemos con Ciudadanos como opciones electorales intercambiables para, una vez en su plano, mostrar que aún –al menos, de momento- hay diferencias pese a que el márketing electoral sistémico se empeñe en equipararlos.
 
 
 
 

  •  Con un "no me gusta" o un "discrepo" en vez de "odio" lo hubieran leído la décima parte. Es retórica y cebo. Lo admito al final del artículo.
  • El problema del álgebra laclauiana es la ignorancia quasimilitante del dispositivo (en la acepción de Michel Foucault y de Agamben) pero también en la de Lacan, que es de donde toman sus supuestos conceptos. La transferencia (psicoanalítica) ya es un dispositivo. Y toda interpretación analítica no se puede hacer ignorándola. Es el abc, vamos. Si no se podría ir a un sujeto, comunicarle un diagnóstico y -si has acertado- curarlo en el acto. Freud se refirió a ello como la doble inscripción. Para teorizar el dispositivo desde el psicoanálisis es para lo que Lacan ideó el matema del Discurso.
  • Pero una cosa sí que tengo "clara". Me va a costar mucho aceptar ciertas rectificaciones cuando hay tantísimos que llevábamos avisando de los errores meses y se nos acalló con hooliganismo schmittiano, malos modos, y tratándonos de traidores y enemigos. En política es legítimo que tengan una segunda oportunidad los que fracasan en el asalto al poder. Pero de ninguna manera quien ha fracasado desde una posición de ventaja, poder, privilegio y fuerza. Lo siento, pero si su apuesta falla, dado que se han negado a negociar y ni siquiera escuchar a nadie y han jugado al insulto y el desprestigio de los críticos con todas sus hordas al ataque, yo creo que deberán dar un paso atrás y dejarse de aferrarse a la poltrona. Si un secretario general no gana las elecciones, habrá que probar con tres. Y punto. El sistema que es "locamente astuto" ya nos "ha hecho caso a los críticos" y ha enfrentado tres líderes a Podemos. Tanta historia con la división de la izquierda y no nos damos cuenta de que la derecha no tiene ningún reparo en dividirse tantas veces como sea conveniente para sus intereses. (Aclaro que cuando escribí esto no había dimitido Monedero todavía ni tenía yo ninguna noticia de que lo fuera a hacer efectivamente).
  • Ahora resulta que @MonederoJC "odia" de Podemos lo mismo que yo y otros muchos. Nunca es tarde si la dicha es buena. (Aquí, ya sí, evidentemente)
Una serie de imágenes sobre Ciudadanos con las que he acompañado el link del artículo en las redes.










Y este vídeo: 

domingo, 15 de marzo de 2015

La representación, el lenguaje, el dispositivo (Apuntes sobre el Populismo, 28)


 Criticar para fortalecer.

  •    “Es un error excluir a todos los imputados de las listas electorales”
    Si no está escrito ya -y si lo está y alguien lo conoce, le ruego que me pase la referencia- es perentorio escribir un tratado sobre la enunciación política a partir de la trayectoria de Felipe González. Una monografía sobre este hombre adquiriría de inmediato, efectivamente, la jerarquía del paradigma: el fracaso y la ignorancia como categorías de la retórica política. Se pasó casi dos décadas ignorando lo que en términos de Deleuze, Foucault o Agamben llamaríamos el Dispositivo. Como le era favorable, pensó que era transparente, aproblemático, que no tenía leyes propias. Así, podía ignorar sus complejas leyes de refracción. Había conseguido una posición, ocupar imaginariamente sin fisuras un "locus enuntiationis" de tal manera que se creyó con el poder de hacer llegar cada uno de sus mensajes, como el proyectil de David a la cabeza de Goliat, exactamente adonde pretendía: todo lo que él decía automáticamente tenía en la opinión pública los efectos deseados con la fuerza de la pura denotación, con la mítica potencia del mensaje literal. Probablemente, el ejemplo por antonomasia sea el referendum de la OTAN: primero dijo no y después dijo sí, y en ambos casos exactamente con el mismo éxito. Pero, vamos, con los 800.000 puestos de trabajo que prometió en el 82 o con todos los mensajes que envió en sus 13 años de gobierno, pasaba mutatis mutandis más o menos lo mismo.
    Y cayó en la alucinación de que era dueño de su semántica, dueño de las significaciones de sus proclamas y mensajes, que tendrían exactamente el sentido que él quisiera y les imprimiera en el mismo momento de pronunciarlos. Desde el punto de vista de la ciencia moral es lo que llamamos soberbia. La máxima vanidad de un político es creer que lo que él enuncia va a ser entendido como él designe. Se trata de la patética confusión entre la contingencia de ocupar temporalmente una posición enunciativa -Maquiavelo sabía mucho de estas cosas, de saber atrapar la oportunidad al vuelo- y la estupidez suma de creer que eso es una propiedad ontológica del sujeto.
    El caso es que el viejo Felipe González sigue convencido de ello y sin entender nada, sin entender que él éxito no se debía a la excelencia de sus cualidades personales, sino al hecho contingente de ocupar una posición de preeminencia enunciativa en una determinada coyuntura histórica. Y ahora intenta hacer lo mismo, y cada vez que habla sube el pan. Tonto del todo no es, porque su famosa teoría del expresidente como jarrón chino demuestra, que pese a todas sus resistencias, algo de esta verdad ha percibido. Pero él insiste e insisite en soltar sentencias y proclamas, como la que he entrecomillado arriba, convencido de que va a ser escuchado con veneración como si la suya fuera -como si fuera suya- la voz de un  gran y experimentado estadista. Perón, cuando iba a volver de su refugio franquista a la Argentina, a principios de los 70, por ejemplo, adoptó una posición mucho más lúcida, casi diríamos que cínica, en el mejor sentido posible de la palabra: cada vez que él lanzaba un mensaje sabía que iba a ser recibido con sentidos contrapuestos en el ala derecha y en el ala izquierda del justicialismo, pero se cuidaba mucho en desmentir a ninguna de las dos, para no menoscabar su influencia en ambas. Como estratega político había decidido, con toda lucidez, renunciar al control del sigficado para poder seguir agarrado al locus enuntiationis. Su sabiduría consistía en saber que el núcleo vital de la sabiduría es intransmisible, que hay un algo en la política que siendo semiótico, no es comunicacional. Tampoco sirvió de mucho su cinismo, que sepultó a la Argentina en una dictadura brutal y animosa. La responsabilidad es indisoluble en el poder. Y que el líder ocupe el lugar imaginario de sentido puede ser catastrófico. La democracia es la preservación de una fisura entre ambos. Y la radicalización democrática es perenetoria, precisamente, en el momento en el que el neoliberalismo había intentado volver a cerrar, a suturar, esa brecha implementando una ideología del cientifismo económico.
    Cuando ahora oigo metáforas que llevan el camino de la lexicalización meteórica, como la casta, la gente decente, la disputa de la democracia, o la centralidad del tablero, imploro porque un rayito de luz ilumine a los que las implementan y no se crean que dominan las reglas de juego con su ciencia del álgebra y sus significantes vacíos. Porque el lenguaje, el Otro, siempre sobrevive al sujeto e ignorarlo es suicida.
  • También los empoderamientos son transitorios y coyunturales, a menos que creamos que el yo tiene alguna esencia... Precisamente, la teoría de la hegemonía tiene eso en su base, no creer en categorías irreversibles, permanentes y eternas. El problema si quien está utilizando ese aparato conceptual no está precisamente ocultando eso: que está jugando con contingencias y no con necesidades.
  • A ver, llámame iluso. Pero cuando el 15M y todo el movimiento Occupy del 2011 yo llegué a pensar que las tecnologías reticulares, y los "pervasive media" podían dar origen a una nueva forma de pensamiento colectivo. A un más allá del hipertexto colonizado por el broadcasting, a una forma de interacción multitudinaria que verdaramente provcara una anarquía de las interpretaciones, un más allá de Internet como ciberespacio colonial, que propiciara ese "comunismo hermenéutico" del que hablaban Vattimo y Zabala. Sé que con tu grupo de gente estudiasteis también la posibilidad de todos esos efectos (las R-Evoluciones). Tanto me entusiasmé que me largué 3 meses a Bristol (DCRC-PMS) a estudiar el tema y allí me encontré con gente que me pareció que propiciaba otra digitalidad, partiendo no ya de la web sino de las apps para móviles, o de la gamificación, de los videojuegos. Pero está volviendo a pasar lo mismo que con el 1.0: la verticalidad y el broadcasting se imponen, ahora con la coartada del pluralismo tertuliano. A mí Appgree me ha parecido desde el principio un invento del diablo porque vuelve a confinar toda voz colectiva en el algoritmo y las estadística y tritura cualquier posibilidad de construir una textualidad nueva alejada del Modelo Difusión, vertical y tendencialmente unidireccional, velando con colorines la asimetría comunicativa de todo el sistema. Vamos, una vuelta a la telecracia en sentido de Bernard Stiegler. El uso que ha hecho Podemos de lo digital (me refiero a la cúpula) ha sido una reconducción enunciativa de todo el potencial subversivo que podía haber tenido la voz compleja de las multitudes. Una pena. Plaza Podemos se ha convertido en más de lo mismo.
  •  La elecciones están siendo un veneno muy tóxico para Podemos. Hay que mantener la sensatez y no volverse locos. Una "máquina de guerra electoral" es necesariamente una apisonadora de toda horizontalidad, de toda discrepancia, de toda complejidad. El sistema parlamentario es esencialmente vertical.
  • A mí es que eso de la "máquina de guerra electoral" me ha recordado siempre inevitablemente a la Armada Invencible. Ojalá Errejón no tenga que parafrasear a Felipe II y acabar diciendo algo así como "envié mis barcos a luchar contra la casta, no contra la realidad".
  •  La cuestión es que como yo vengo de una semiótica filtradita por el psicoanalásis siempre pienso la cuestión de la representación en términos estrucuturales. Esto es, para mí no tiene mucho sentido hablar de buena fe. En realidad toda representación presupone una "teoría de la mentira" (Umberto Eco, dixit) en su base, es decir, no se trata tanto de buena fe o de buena representación porque por estructura si algo se presenta en lugar de algo o alguien literalmente lo hace ausente, es decir usurpa su presencia. Por lo tanto no hay ninguna representación legítima a priori, más bien al contrario, legitimar cualquier representación es una tarea artificiosa y compleja. Y más, si además del deseo, tenemos en cuenta la pulsión contra la que aquel es dedefensa. Por aquello de el significante mata la cosa. ¿No?
  •  Yo siempre pensé y dije que la apuesta más subversiva del 15M fue negarse a tener representantes. A mí nunca me pareció una carencia o un error sino un gesto pleno de sentido, una ruptura absolutamente radical y necesaria. La prisa por suturar la herida de la "desrepresentación" me ha parecido como mínimo un error. Como mínimo.
  •  No es tan difícil entender el sistema interno de Podemos: ya podéis hacer lo que queráis que al final saldrá lo que diga el comando mediático porque es el único que tiene las armas adecuadas para influir en la opinión pública, que es la conformación a la que ha quedado reducida la masa votante de ágora voting. Por eso, la gente sabe de sobra que si se acuerda algo con el secretario general lo demás es puro trámite. Elevar el trámite a categoría fundamental es un gesto ideológico de dominación como otro cualquiera. Hacer del rito el centro de atención para ocultar su trama efectiva. Es lo que han hecho desde siempre las religiones. El ágora voting es la plaza de San Pedro esperando la fumata pero es en Iphone de Pablo Iglesias donde tiene lugar el cónclave.
  • Evidentemente, Podemos ha abierto la brecha. Por eso, siendo muy crítico al principio, cuando me di cuenta de ello me tragué mis prejuicios y me acerqué. Ahora bien, en este momento, la cosa consiste en si vamos hacia lo inédito, hacia el empoderamiento de la multitud o vamos a más de lo mismo. El problema es que el sistema del liderazgo mediático está perfectamente consolidado en el capitalismo como el principal dispositivo de reciclaje y absorción de cualquier transgresión, subversión o ruptura cultural y/o política. La cuestión es que no les niego a los líderes su función. Lo que pido es control. Porque nadie menos autónomo en un sistema liberal partido-cráticco que un líder. Y o lo controlamos las "masas" o lo absorberán los medios y lo los lobbies. Una cierta "anarquía" de base es necesaria, un cierto comunismo hermenéutico, de voces complejas y en debate para arrebartarle el patrimonio del "general intelect" y del sentido común al amo. Temo mucho más a los bancos y a los grandes empresarios que a las masas. Han demostrado ser mucho menos responsables. Me encanta el debate, me encanta la discrepancia. Sobre todo porque el arma más letalmente útil que conozco para arrebatarle al amo el arma de destrucción popular masiva que es la homogeneidad y la propiedad privada del sentido. Me fascinan las ortodoxias, que son un gran tour de force del pensamiento, pero siempre a condición de no creerme ninguna y practicar dos o tres a la vez.
    (Alguno pensará que cómo cojo y pongo esto así de repente. Muchas de las cosas que comparto aquí son cosas que he dicho en otro hilo como comentario y las traigo aquí para comenzar un debate nuevo, pro las razones que he dicho en las últimas líneas antes del paréntesis. Mi intención es no tener sólo un registro, ni hablar siempre en el mismo tono. Puedo compartir chistes, imprecaciones al PP, y embrioncillos, como éste, de un pensamiento un poco más teórico)
    (Ah, y por favor, los que paséis por aquí mirad también el post que he compartido justo antes en mi muro, que vale mucho más la pena que éste)
  •  Tengo por costumbre salir a la calle, cual Diógenes, buscando un líder. Y siempre que me encuentro alguno, me pasa como al perro de Sinope, que lo único que se me ocurre pedirle es que se aparte de una vez, porque su "claridad" no hace más que robarme el sol.
    Y va y cuando me encuentro a uno que se llevaría mi voto, mi entusiasmo, mi entrega y mi pasión, no le puedo votar porque no es de mi circunscripción. Os dejo el discurso electoral más verdadero y bello que he leído en mucho tiempo. Y con él las razones de por qué, pese a todo, yo, como él, también he decidido permanecer en Podemos. Y es a veces muy difícil. Por favor, leedlo. Es un discurso que no vende humo bajo la forma de una claridad que sólo pretende tapar la luz. Podemos también es esto. Para mí, Podemos, es sobre todo la gente como Rodrigo López Muñoz. Los demás pasarán.



Descalificar para combatir 

  •  Eso de cambiar el diccionario jurídico como a tres días de las elecciones es comunicación estratégica de vanguardia, ¿no? ‪#‎desesPPerados‬
  • De El País: "Antonio Sánz, delegado del Gobierno [en Andalucía]: “No quiero que a Andalucía se la mande desde Cataluña ni alguien que se llama Albert” Qué miserable es el PP y qué ingenuo un catalán que cree que la casta española y sus palmeros lo van a acoger con los brazos abiertos por haber traicionado a su país y haberse plegado a los intereses de Madrid como el más innoble de los gusanos. «Roma traditoribus non praemiat». En fin, con su pan se lo coman, se atraganten y se asfixien. Los dos son el enemigo, pero permítaseme expresar, al menos, el asco que me da la derecha española y su retórica de vísceras llenas de mierda.
  •  Al menos la entrada de "ciudatans", como dicen ellos, tiene algo positivo. A Rajoy se le está cayendo la poca careta que le quedaba y está mostrando a las claras que detrás de su defensa de la Constitución y de la supuesta soberanía nacional española no hay más que un anticatalanismo cavernícola y visceral, un odio mortal contra lo diferente, compartido por todo el PP (y por parte del PSOE madrileño y castellano, dicho sea de paso). Un catalán que ha hecho fe continua de ser un español de derechas como Dios manda y siguen recriminándole que sea catalán. Fuerte.


(Todo lo anterior son intervenciones en redes sociales entre el 6 y el 15 de marzo de 2015)


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