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jueves, 14 de mayo de 2015

La moderación y la centralidad del tablero (Apuntes sobre el Populismo, 32)

(Comentarios en redes sociales entre el 10 y el 14 de mayo)

Sobre la hipótesis Errejón: la centralidad del tablero.

  •  Cuando mejor le ha ido a Podemos en las encuestas es cuando el debate ha sido público. Eso era una representación de lo que estaba ocurriendo en la sociedad. Eso era la centralidad del tablero, porque estábamos hablando de conflicto social. Desde que se han cerrado filas en torno a una posición única, la gente ha dejado de sentirse representada en buena medida. Y las encuestas también lo dicen. Lo último que puede permitirse una fuerza desbordante es ser conservadora. Y no digo en las propuestas programáticas, sino en lo más profundamente ideológico: en la propia lectura que se hace de lo social. Si moderamos el discurso, si tapamos el debate estamos transmitiendo a la sociedad una imagen conservadora de sí misma. Y la sociedad recibe el mensaje y lo procesa. Ciudadanos es el resultado de ese repliegue de Podemos que ha decidido que su votante es conservador. Me parece un error estratégico que podría salir muy caro.
  •  El sentido común no es el campo de batalla, es el enemigo. Y vence por absorción a los que creen la victoria es conquistar su centro.
  •  La provocación puede ser la mejor forma de salir del laberinto de la queja, que constituye al Amo como único garante del sentido. ‪#‎política‬
  •  Esto es lo que he respondido en otro muro a una persona que preguntaba sobre qué pasa con las llamadas en lenguaje lacauiano "demandas sectoriales" (de los movimientos sociales, por ejemplo, por simplificar mucho) cuando se apuesta por la política hegemónica.
    Se llama inteligencia colectiva y la tendencia normal de institucionalismo hegemónico es a acallarla, a sepultarla absolutamente bajo la voz instituyente como portavoz del movimiento equivalencial. Laclau lo dice y lo advierte: "“Pero la hegemonía, si no es acompañada de una acción de masas al nivel de la sociedad civil, conduce a una burocratización y a una fácil colonización por parte del poder corporativo de las fuerzas del statu quo. Avanzar paralelamente en las direcciones de la autonomía y de la hegemonía es el verdadero desafío para aquellos que luchan por un futuro democrático que dé un real significado al -con frecuencia advocado- "socialismo del siglo xxi"". El problema es que el hegemonismo puede caer en la tentación de reimponer el fordismo verticalista en un contexto de postfordismo multitudinario y "virtuosista". En la comunicación, que es mi campo, eso se traduce en una imposición del broadcasting sobre el potencial subversivo de la comunicación reticular. En las estructuras políticas, en la imposición de la verticalidad difusiva, en vez del diálogo, del comunismo hermenéutico. Vamos, que yendo a lo que tú preguntas, la tendencia es a subsumir en una demanda democrática la demanda popular y borrar en la cadena equivalencial todas las diferencias y legitimidades de las demandas sectoriales. Entiendo perfectamente tu inquietud. Véase si no el problema que tiene la cúpula de Podemos con las demandas territoriales (hay que subsumirlas en un único proceso constituyente centralizado, dicen) o con las demandas del feminismo. Yo estoy convencido que la dimisión de Monedero es el primer síntoma de esta profunda contradicción (paradoja democrática) que el cierre mediático-electoralista (el encastillamiento en la comunicación como campo único de enunciación) está impidiendo arrostrar y resolver. El pensamiento de Laclau deja mucho que desear. Y mucho qué pensar. No está cerrado en absoluto. Puede ser un gran instrumento mientras no se convierta en el sucesor.del materialismo dialéctico para uso del siglo XXI. Es decir, en un método dogmático. Igual que el Populsmo puede ser una magnífica herramienta de radicalzación democrática hacia el socialismo -que es el objetivo, y no el propio populismo- y no se convierta en las nuevas tablas de la Ley. Porque ello acaba generando la construcción de becerros de oro. Y el asesinato del líder, como figura paterna.
    (Por cierto, si alguien afecto a Lacan dice "deja mucho que desear", ello está connotado muy positivamente, al revés que en el castellano "normal". Nadie puede decirle a un pueblo que para constituirse ha de dejar de desear y ver su deseo alienado para siempre en la Demanda gestionada por el Otro).
  •  Anda que no tiene guasa... Yo, sigo siendo pobre. Es el problema de la centralidad del tablero: no consiste en otra cosas que dorarle la píldora a la "clase media" para, después, machacarla corntinuamente. ¿Respuesta de la clase media, la más loca de todas las clases? Clientelar y consumista. Constituirse en mayoría centrista y pendular de producto electoral a producto electoral. Promesa → credulidad→  desengaño →búsqueda angustiada de otra promesa → credulidad opuesta. El planteamiento pópulo-hegemonista está cayendo en el peor de lo crímenes posibles en política: la ingenuidad y la inocencia. Y mira que Maquiavelo ya advirtió y mira que los ilustrados ya se obstinaron en no hacerle caso (piénsese en Esquilache o en Robespierre). No habrá planteamiento hegemónico radical-democrático mientras no se tome nota de que se está operando en el bucle del Disucrso Capitalista y se busquen fórmulas impiliquen hegemonía y corte. "No es sencillo. Soy maestra de ballet y sé que nada es sencillo" Geraldine Chaplin en la mejor película de Almodóvar: Hable con ella. Sí, el problema es que es muy fácil hablar con alguien si está en coma y no puede contestar... Hay que hacer despertar, porque "la verdad adormece o despierta dependiendo en el tono en el que sea dicha"
    (Foto y texto son comentario a este link...http://bit.ly/1GYTi27
  •  "En el PV el problema identitario no es una prioridad".Eso significa que la derecha te sigue atacando por rojo y ahora la izquierda por centralista. De la famosa serie, ‪#‎grandesgeniosdelaestrategiapolítica‬. Se trataba de construir el antagonismo, no de salvar el consenso. ¿No habíamos quedado en eso?

 Comunicación y construcción hegemónica.

  • Pretender el cambio hegemónico sin ser capaces de entender los mecanismos reales, materiales, y semióticos que permiten religar a la gente es garantía de fracaso. Recordemos que la "búsqueda del centro / centralidad del tablero" es un problema comunicativo. La izquierda, presa de supersticiones habermasianas (y desgraciadamente ahora, banalmente laclauianas) ha sido desactivada siempre por el camino del "no os entienden" y ha ido abandonando todos sus planteamientos. Veo clara de nuevo la tentación, pero hay ahora gente capaz de entender el sistema e intentar impedirlo. No se trata tanto de que la revolución sea televisada como de que la televisión sea revolucionada.
  • Alguien comenta en Facebook que la gran diferencia -estoy simplificando- es que mientras que otros buscan audiencias, la estrategia comunicativa dominante en Podemos busca públicos. Mis comentarios:
    • Yo buscaría, lectores, colaboradores activos en la construcción de sentido, interlocutores activos. Podemos antes de Vistalegre fue la mejor muestra de que es lo que mejor funciona. Esa opción es la convenientemente acallada por quien busca la masa crítica en el sentido cuantitativista del término....
    • "Identificar de manera absoluta a uno mismo, al propio «yo», con el «yo» acerca del que estoy hablando, es tan imposible como levantarse uno mismo por el pelo" Efectivamente, va a ser que en Bajtín está alguna de las claves..... En Lacan puede haber alguna otra... "Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se escucha" Y aquí veo precisamente el problema: quién dice yo y para qué lo dice. El concepto de "remediación" en Bolter y Groussin, o incluso el concepto de "convergencia" en Jenkins, a los que parecen referirse las frases de arriba están muy bien, pero si nos olvidamos de en qué campo jugamos, que no es otro que el de la comunicación como campo excluyente, vamos mal. El concepto de público es tan unidireccional como el de audiencia. Y el concepto de opinión pública, o el de esfera pública son pasivizantes, tienden a convertir al receptor (al enunciatario) en puramente pasivo. En última instancia en electorado esclavo de sus representaciones. Por eso, la política emancipatoria contemporánea (Hardt y Negri, Vattimo y Zabala, etc.) ha tenido que correr a buscar en el baúl de los recuerdos el término común. La gran trampa del capitalismo fue dar gato por liebre y cambiar la idea de lo común, de la que venía “comunismo” y cambiarla por público, de la que viene “publicidad”. Y pasar de publicidad a audiencia (o target) no hay más que un paso. De hecho, estas estrategias de reproducción ideológica a través de la remediación y el transmedia están perfectamente teorizadas por el sistema. No hay más truco que considerar que hay un campo único de enunciación (la información/comunicación) y entonces lo que se hace es conseguir una difusión en cadena (viralización) totalmente dependiente de la difusión radial (prensa y televisión) que la parasitan. Por eso funciona. Claro que Funciona. Boltanski (El nuevo espíritu del Capitalismo) o Virno (Gramática de la Multitud) describen perfectamente este sistema de sometimiento del “general intelect” postfordista a la estrategia de perpetuación del statu quo político y comunicativo: mantener a la gente entretenida haciéndoles cree que están luchando por su vida y en realidad se les está convirtiendo en “prosumers” que están fijando toda producción discursiva en el campo informativo. Cada un que “remedia” se cree un difusor y crea un nuevo público al que se dirige que en realidad es el mismo público de siempre. Las refracciones son muy complejas. De ahí, lo lamento, que esta diferenciación entre “público” y “audiencia” me haya parecido una ejercicio de retórica chirlera no un análisis de la situación ni de la estrategia. Tú lo estás intentando Su Notissima a través de la idea de desrepresentación y de cambio de paradigma en la Democracia 4.0 y yo lo voy intentando a través de la confrontación entre Modelo Difusión y Modelo Reticular. Lo siento pero la diferencia entre público y audiencia, así tomada, me ha parecido 1.0 o menor. Yo intenté sentar las bases de otro tipo de enfoque aquí: http://lasuficienciadeloobvio.blogspot.com.es/2014/10/la-voz-compleja-decir-y-escuchar-la.html 
    • Disculpad si lo mío tambíen resulta algo difícil de entender. Pero soy profe y lo últmo que pretendo es que se me entienda demasiado pronto porque la experiencia me dice que quien te entiende "en seguida" lo qu está siguiendo es la idea que ya traía en la cabeza, es decir, su concepto precrítico de la realidad, no lo que uno intenta decir. Para hacer una verdadera política disruptiva el momento de oscuridad es imprescindible. No hay nada más engañoso que la claridad.

     Sobre la hipótesis Monedero.

  •  Ahora entiendo lo de Monedero en La Tuerka. Eran contraprogramación al Chester de Albert Rivera. Me tranquiliza, dada la torpeza comunicativa de las últimas semanas, que no haya sido auto-contraprogramación. No tengo el cuerpo para ver ni a uno ni a otro. Mañana on line. En fin, la entrevista con PI me ratifica en mi opinión. Ni con mucho, por mucho que yo discrepe de sus planteamientos, me parece lo peor de Podemos. Lo peor es, sin duda, es la siniestra segunda fila. El cognitariado-setimentaliado que busca salir de su situación de aburrimiento por adrenalina y triunfo. Se me sigue haciendo raro que un líder de izquierdas (al que le moleste que se rasque) hable de lo orgullos que están sus papás de él y que eso es lo más importante en la vida. En mi generación pasaba lo contrario. Sabías que ibas por el buen camino cuando, con dolor, empezabas a darte cuenta de que estabas siendo una decepción para tus padres. El trocito de la entrevista a Monedero, que es un año más joven que yo, me ratifica. Me voy con Michel Houellebecq y sus neuras, que me llama mucho más que la tele. Que tengáis un sueño lo menos interrumpido posible.
  • Yo lo que veo es que este hombre ha vivido en la inopia más de un año. Anda que no había gente que le estaba avisando de esto, y él mirando para otro lado. Nunca es tarde si la dicha es buena, pero lo último que necesita Podemos es un mesías de los integrados y ahora un Mesías plan B para reconducir a los críticos a posiciones dócilmente instituyentes. Comparto la entrevista de El País, pero también los dos textos que le dediqué a Juan Carlos Monedero.
    Bienvenido, Juan Carlos Monedero: http://vlcnoticias.com/bienvenido-juan-carlos-monedero/

    Y "Cambiar de jerga no es cambiar de discurso: sobre el intento de colonizar el campo crítico por parte de la cúpula de Podemos" http://goo.gl/yQKDpE

    Ruego, por favor, que en caso de que alguien quiera compartir lo haga con este comentario y los links a mis artículos.

    Yo veo una maniobra clara de intentar apropiarse del descontento de las bases para reconducirlo al redil, de buscar otro líder para contraponer al líder y que nadie se quede sin estar sometido a un líder. Una especie de bipatidismo interno en Podemos para que parezca que las dos posiciones están representadas. Y las bases no queremos que nos hagan otra representación. Queremos que nuestra voz sea tenida en cuenta.

    Bienvenido, Juan Carlos Monedero. Pero nada de intentar liderar un proceso al que has sido el último en adherirte.... (Comentario a la entrevista de El País:
    Monedero: “La moderación puede desarmar a Podemos”
  •  Bastante gente me ha dicho que probablemente me estoy pasando de desconfiado al pensar que con la dimisión de JC Monedero se puede estar dando una operación encubierta desde la cúpula de Podemos para colonizar el campo de los críticos y para canalizar el descontento de las bases con la verticalidad salvaje que pratica el estilo de CQP. Bueno, no tengo ninguna prueba al respecto. Simplemente deduzco. El aterrizaje en Cuatro, entrevistas en El País, la atención de todos los medios. Entrevista en La Tuerka como contraprogramación -he leído que la audiencia bajó a la mitad en la entrevista a Albert Rivera- a Chester... En fin, muchos años en esto de escrutar los medios como para no sospechar que hay una orquestación detrás. Así pueden mantener el discurso oficial y el crítico a la vez. A mí me mosquea. Acepto todo tipo de opioniones y puntos de vista....

 Sobre el Discurso Teológico y la figura de Gianni Vattimo:

    • A ver. Lo descubrí de jovencito [A Vattimo]. Fue de los primeros en descubrirme a un Heidegger no precisamente bien visto en ámbitos universitarios en los 80. La idea de pensamiento débil, en un momento de guerra fría, a algunos nos pareció a considerar: ninguno de los bloques con su pensamiento "fuerte" había conseguido traer la felicidad a la tierra ni tomar el cielo por asalto. También empezábamos a leer a Adorno o a Benjamin, a Baudrillard y a Lyotard. Nos parecía una forma de alejarse del Iluminismo que era sugerente. Además, yo estaba Filología y luego en Comunicación Audiovisual. Mucho más útil para entender la época que algunos de los planteamientos "marxistas" (peceros) para entender la literatura y el cine que teníamos a nuestro alrededor. En realidad, se trataba de entender el discurso de la técnica en plena amenaza nuclear. Luego le volví leer a principios de siglo, porque siempre estuve interesado en las articulaciones teóricas de la teología cristiana. Aquí si no se entiende mi paso por Lacan no se comprende nada. En ese momento, de primer auge del Islamismo, muchos se volvieron a intentar entender los valores del cristianismo. Él, pero también Badiou o Zizek. Y cuando necesité volver al marxismo de mi adolescencia hace unos años, porque había que volver a entender lo colectivos, pues Comunismo Hermenéutico o Hegemonía y Estrategia socialista me parecieron mucho más útiles que la ortodoxia marxista, la verdad. Nociones como "democracia emplazada", la idea de democracia radical o de anarquía de las interpretaciones me sirvieron tanto como me están sirviendo ahora Boltanski o Virno. En fin, por aclarar.
    •  Lo que yo pienso es exactamente esto: "He señalado de pasada cuánto tenemos que aprender sobre la estructura de la relación del sujeto con la verdad como causa en la literatura de los Padres, incluso en las primeras decisiones conciliarias. El racionalismo que organiza el pensamiento teológico no es en modo alguno, como se lo imagina la chatura, asunto de fantasía. Si hay fantasma, es en el más riguroso sentido de institución de un real que cubre la verdad. No nos parece en absoluto inaccesible a un tratamiento científico el que la verdad cristiana haya tenido que pasar por lo insostenible de la formulación de un Dios: Trino y Uno. El poder eclesial aprovecha aquí muy bien ciertos descorazonamientos del pensamiento. Antes de acentuar los callejones sin salida de semejante misterio, es la necesidad de su articulación la que es saludable para el pensamiento y con la que debe medirse. " De las veces que más claro es Lacan.
    •  Por cierto, yo no tengo ningún interés en desmentirlo (a San Pablo). Pero puede que sí en entenderlo y contemplarlo. El concepto de Kenosis es esencial para entender toda la cultura universal. Y a partir de él por qué Occidente pudo acceder a la Modernidad y el Islam no, por ejemplo... En fin, no sólo Vattimo. También Zizek reparó en él. Es el genio del cristianismo, como construcción intelectual. Rougemont es muy clarificante. Saulo de Tarso es el activista más efectivo que ha habido jamás. Estudiarlo es imprescindible.

Sobre el líder populista y el Discurso del Capitalista.

    •  En el Discurso Capitalista que el Amo está en posición servil desde el lugar de la verdad. Ello implica que cualquier imaginario que recubra esa posición va a suponer un refuerzo de las servidumbres imaginarias. Un líder va a ser siempre aprovechado por el círculo siniestro, locamente astuto, pero que camina hacia su consumación. Creo yo que Tótem y Tabú es una magnífica traducción antropológica, es decir, a la lógica colectiva, del Edipo. Pero si ponemos al Padre de la horda a servr la Demanda de goce de sujeto, creo que no vamos por buen camino. Lo primero que hace falta es ver si la lógica del discurso lacaniana puede hacerse consistente con la lógica hegemónica de algún modo. Y de ser así no creo que sea por la vía del populismo mediático. El DC tiene una habilidad inmensa para disfrazar a las pulsiones de pasiones. Es la lógica de las toxicomanías. Esa es mi principal objeción al populismo. Al menos, al populismo cuya principal raíz sea la figura de un líder. Si no nos tomamos en serio el DC, puede colar. Por eso Zizek demandaba una Thatcher de izquierdas. Pero es que yo sí me lo tomo.... Por eso te hablaba antes de las políticas prefigurativas, porque, al menos, implican una intención de corte, salvan alguna imposibilidad. El nombre de Podemos, ya me he acostumbrado, pero nunca me gustó...
    •  El problema de Laclau, a mi modo de ver, es pretender hacer de él un pensador total. No lo es. Tiene muy buenas intuciones pero no un pensamiento completo. Si se le lee como propuesta, es fructífero. Si se le lee como un recetario, no. Y hasta donde sé, él mismo, con su aval del kirchsnerismo empezó a auto-recetarse. O sea que no le quito culpa. Pero como digo también, no se la quito a Heidegger y sigo aprendiendo de él. Ah, y en buena medida, eso pasa también con Marx. Lacan ya se vacunó el sólo contra eso.
  •  
    Ante la tumba de Maquiavelo.
    "No se puede honestamente y sin ofender a otros, satisfacer a los grandes, pero sí se puede  satisfacer al pueblo: porque el del pueblo es en fin más honesto que el de los grandes, ya que éstos quieren oprimir y aquél no ser oprimido." 




  • Hay a quien le pone que l@ llamen guap@, hay a quien l@ pone que l@ llamen list@, hay a quien l@ pone ganar, ganar y volver a ganar.... Yo no concibo satisfacción ni alegría mayor que alguien declare que he sido capaz de poner sus pensamientos o sentimientos, los pensamientos o sentimientos de la gente, en palabras. Para gustos, colores. Gracias a todos los que me habéis dicho eso alguna vez.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Cambiar de jerga no es cambiar de discurso: sobre el intento de colonizar el campo crítico por parte de la cúpula de Podemos.

( Son algunas acotaciones al artículo “Bienvenido, Juan Carlos Monedero” http://vlcnoticias.com/bienvenido-juan-carlos-monedero que publiqué el lunes 4 de mayo y que sugiero leer antes que este texto, para comprender algunas de sus alusiones)

El otro día va y dimite Juan Carlos Monedero profiriendo amargas quejas sobre la deriva y las actitudes de la cúpula dirigente de Podemos. Al poco, Pablo Iglesias publicó un artículo donde parecía recuperar las esencias gramscianas y un lenguaje combativo que pretendia alejarse del descafeinamiento de la centralidad del tablero. Algunos compañeros han creído ver un “cambio de discurso” en el núcleo dirigente de Podemos desde los postulados hegemonistas, de los que se suele hacer responsable a Íñigo Errejón, y que, buscando generar un nuevo impulso indican un posible cambio en el modo de hacer política.

La verdad yo no puedo ser tan optimista. Yo lo que veo es un intento de invasión semántica, bajo la forma de un cambio de lenguaje (un recambio del cambio semántico), que pretende tomar lo que se considera territorio enemigo –o al menos hostil dentro del mismo Podemos. Quiero decir, que un cambio de tono –y de batería retórica, y de arsenal argumentativo- no es suficiente si no hay un cambio del Dispositivo que permita que todas esas cosas resuenen de otro lugar y de otra manera. Pablo Iglesias y su equipo lo saben bien, por eso da una de cal y otra de arena. Se han pasado años clamando contra la vieja retórica de la izquierda que distanciaba a la gente –cosa de la cual en absoluto discrepo, sino todo lo contrario- y ahora no tienen reparo en utilizarla porque la saben presa de un Dispositivo que la cauteriza. Ese dispositivo sólo resuena en dos tonos: qué bueno es Pablo, qué malo es Pablo. Sólo depende de quién lo escuche, al margen de cualquier contenido semántico que se vehicule. Por eso, Lacan decía que “la verdad adormece o despierta dependiendo del tono en el que sea dicha”. Y el Dispositivo -el modelo organizativo y comunicativo- del que Podemos se ha dotado, como la retórica de la vieja izquierda, está hecho para adormecer pese a la verdad. También el de todos los demás partidos del sistema, evidentemente.

¿Por qué, pues, este viraje semántico que no enunciativo, de contenido que no de sentido, de semántica que no de sintaxis, de escenografía que no de modelo, de lenguaje que no de discurso, de significantes flotantes que no de significantes vacíos, de sustantivos y adjetivos (banalmente, de terminología) que no de gramática? Pues yo creo que se ha de leer más en clave interna que externa. Evidentemente, centrándose en lo mediático y en lo electoral, Podemos ha estado viendo que ha perdido mucho terreno en la calle, en implantación social. Pero también se ha dado cuenta, que a base de descafeinar el contenido de su propuestas para que no fueran expulsadas del tablero comunicativo, que han considerado como “campo único de enunciación” también están perdiendo la batalla ideológica y teórica. En un lado, al banalizarse y depotenciar su discurso por no salirse del escaparate. El escapartista –conocido también como “dueño del tablero”- ha continuado su estrategia comercial y ha colocado al lado un producto de otra marca que ha decidido publicitar como similar e intercambiable con el primero y que es conocido el bazar político como Ciudadanos. Cosas de jugar al branding y a los intangibles corporativos.


Bien. Eso de cara al exterior mediático-electoral. Pero hay una segunda vertiente. Evidentemente, derrotados pero no vencidos, los críticos han seguido construyendo pensamiento, publicando en prensa, en blogs, etc. La promesa del núcleo promotor fue ganar las elecciones con una voz monocorde y unificada. Y las últimas cifras no son halagüeñas en ese sentido. Se puede sacar una aceptable representación, pero ya no se compite con Rajoy, sino con tres fuerzas políticas estatales y quedar terceros o cuartos es muy pobre oferta para la gente empoderada a la que se le pidió que dejara de pensar por su cuenta y de tomar la iniciativa y se dejara representar íntegramente por el nuevo Consejo Ciudadano. Nueva forma de militancia, lo llamaban. En fin, modernísimo.

El caso es que si las voces críticas arrinconadas no han dejado de seguir generando pensamiento, los intelectuales orgánicos sí han seguido la pauta establecida. Han tenido a su disposición televisiones, medios escritos, estructuras de partido y perfiles de los medios sociales seguidísimos y muy nutridos de fervorosos followers que los convertían en virales entre vítores, aplausos, likes, favs y retuits. Ahora bien, su función no ha sido pensar sino difundir y legitimar. Y, por supuesto, rebatir el pensamiento que se oponía a la cúpula validando a Pablo Iglesias y sus más cercanos colaboradores –Claro que Podemos, para entendernos- como el nuevo sujeto supuesto al saber de la política. Y lo han hecho de formas, que siendo generosos, diremos que han sido algo deficientes. La primera, un viejo recurso conservador: la ridiculización y la sátira. Recuerdo que poco después de las europeas se citaba a Laclau haciendo referencia a que se debía cargar con la “cruz” del populismo, intentando emular la épica del martirio cristiano. Poco parecen saber del asunto, porque pocos historiadores del dogma cristiano dejarían de reconocerme que la apologética y la patrística, precisamente, se construyeron en buena medida contra la sátira conservadora de los paganos y de los "intelectuales orgánicos" de Roma. La sátira, la ridiculización, las acusaciones de oscuros deseos de poder y promoción narcisista son un arma de doble filo. Y, además, en el CC no contaban precisamente con un Swift o un Quevedo, un Juvenal, o un Marcial. Vamos que el perfil humorístico de los apologetas ha sido estos meses realmente bajo y la falta de ingenio de sus descalificaciones, a veces, patética.

Pero tampoco contaban con un Cicerón, precisamente. Cuando se han puesto a intentar contra-argumentar han intentado mezclar a Maquiavelo con Lacan, a Carl Schmitt con Lenin, a Hobbes con Green Peace, Judith Butler y Naomi Klein y cosas por el estilo, al grito de "¡textaco!" en sus perfiles de Facebook. Más patético aún ha sido el intento de adjudicarles a los críticos, además de oscuras intenciones de autopromoción, fuentes de autoridad absolutamente fabulosas. Recuerdo una torpísima pirueta retórica -de esas que duelen de vergüenza ajena- cuando leí que los que crítitcabamos los usos mediáticos de la cúpula es que estábamos en contra del uso político del espectáculo y se nos acusaba de ser debordianos delirantes. Era otro intento de confinamiento enunciantivo: "ya sé desde siempre quién eres, qué piensas, qué intereses te animan y todo lo que has leído desde pequeñito que yo también y soy más listo y moderno que tú". Miren, no. Yo estoy en contra de los usos tertulianos, no en contra de la representación siempre que no aspire a ser totalitaria. Por eso, en el artículo que he citado al comienzo, he metido, viniera a cuento o no, una cita de Noël Burch y he explicado porqué desde el análisis comunicativo, semiótico, discursivo y fílmico es muy difícil simpatizar con los usos mediáticos del comando así llamado.


 El colmo ha sido cuando, echando mano del manual de autoayuda, han empezado a hablar del derecho a la alegría y de que en política no se debe estar por interés o por sentido del deber, sino para “crecer” personalmente. Vamos, que teníamos que apoyar políticamente a un partido para fortalecer nuestra autoestima y la de sus líderes, como si no hubiera gente muriéndose de hambre, desahuciada o jóvenes teniendo que emigrar por centenares de miles. Creo recordar que ése precisamente era el argumentario según el cual había que ganar las elecciones en plan guerra relámpago y dejarse de zarandajas asamblearias y gestualidades del viejo activismo, que es la forma que la segunda fila (no lo he visto en la primera, sinceramente) del CC estatal, para ganar puntos, tenía de referirse a la horizontalidad organizativa y a la democracia radical.

Bien, visto todo esto, ¿por qué he escrito yo mi última columna y cómo interpreto tanto la dimisión de Juan Carlos Monedero como el último artículo del Secretario General? Evidentemente, carezco de cualquier información privilegiada y no me muevo en el "interior del monstruo" (estoy citando un mensaje que recibí ayer, vid. más abajo) que es la política electoral. Pero, "como todo el mundo sabe" creo en la suficiencia de lo obvio. Y la dimisión de Monedero, sus declaraciones inmediatamente anteriores y la respuesta periodística subsiguiente de Pablo Iglesias me dan a entender que, aunque jamás lo reconocerán explícitamente, y de hecho ya han hecho declaraciones y han encargado artículos a sus escribanos de confianza recalcando que están en la línea correcta, se han dado perfecta cuenta de que llevan camino errado. Porque no es lo mismo quedar terceros o cuartos en unas primeras elecciones con una apuesta de crecimiento de la implantación social y de la multitud (a no confundir con “masa”) crítica, que quedar en el mismo lugar con una apuesta personalista y mediática. En el primer caso, se trataría de un prometedor crecimiento. En el segundo, puede ser una debacle desesperanzadora, porque se había prometido lo contrario y las posibilidades de rectificación de esa apuesta, deglutida por la agenda mediática son mímimas.

La estrategia es, pues, dando algunas de cal con las de arena, intentar el asalto colonizador al campo crítico apropiándose de lo que ellos creen que es su semántica. Eso parece haber hecho Monedero con su dimisión. Por eso he titulado “bienvenido” mi artículo, para recordar que no es un invento ni una genialidad de la cúpula, sino que muchos ya estábamos aquí, y algunos con una lucidez creativa, combativa y muy constructiva. Que la estrategia va por ahí, me lo ratifica –y esto no es una información privilegiada, sólo privada, perdóneseme el personalismo de este párrafo- que a los minutos de aparecer mi columna recibiera un mensaje en el móvil sugiriéndome tomar un apacible y prometedor café de alguien de la esfera de CQP que ha estado rechazando, ninguneando, o delegando a terceros para no mancharse las manos, mis ofrecimientos, que los ha habido y lo he reconocido siempre, para colaborar con Podemos en mi entorno más cercano. Y hasta aquí puedo leer. Por supuesto, esta vez, yo rechacé la invitación. Supongo que no se aclaran muy bien con alguien que sólo quiere sumar sin esperar prebendas o cargos a cambio y por lo tanto es muy difícil conseguir que no diga lo que piensa. Que no soy de fiar, vaya. Y, como yo, "otros muchos", obviamente.

Por eso digo que este intento de asalto colonizador a la semántica del disidente no implica un cambio de discurso. En absoluto. Y por eso le añadí un apéndice a mi artículo, en una operación que periodísticamente puede ser considerada como rocambolesca, hablando de que si no se cambia el dispositivo y sólo se cambia la jerga no estamos cambiando nada radicalmente, sino haciendo maquillaje. Si no hay una refundación organizativa de Podemos ya me pueden hablar de derribar el capitalismo en dos días. Puro ruido táctico. Me interesa mucho más la voz que las palabras, el empoderamiento organizativo, la multitud reconociéndose, que los programas y las diatribas. Porque los programas no son más que el sometimiento de la acción política a la forma, al dispositivo, del contrato capitalista. Y en un entorno neoliberal, nada más fácil que violar un contrato.
 

Decía Lacan, probablemente el pensador –que no filósofo- más consistente, más radical y más subversivo que conozco -y que por eso desconfió siempre de la “claridad”- que “El amor es signo de que se cambia de discurso” Y, además, advirtió que “El goce del Otro no es signo de amor”. Son dos sentencias de una lógica simple y aplastante. La primera es una indicación técnica: es el amor el signo que puede detectar el analista de que el sujeto –por medio de la transferencia- ha cambiado de dispositivo y ha pasado del Discurso del Amo –del todo igual para todos- al Discurso del Analista en el que se deja actuar por el objeto causa de su deseo (el “objeto a” lo matemizó Lacan) y cesa de intentar que el Amo presione al saber para producírselo. Es decir, pasa de articular su goce en un demanda que necesita de un amo que la descifre (que le dé sentido) a tratar con el goce, con el sinthome desde la responsabilidad subjetiva. Es el principio de cualquier emancipación. Para entender la segunda sentencia no hace falta tanta teoría: lo entiende cualquiera a quien le hayan roto alguna vez el corazón.

Entiendo que muchos que se vean reconocidos se desentiendan de hacerlo público y explícito, porque en política siempre se puede tener que pactar y no es bueno quemar las naves. Yo no es que las queme, es que no tengo. Ya sabemos la afición que tradicionalmente tenemos los españoles a quemar o mandar a luchar contra los elementos a las “máquinas de guerra”.

Por mi parte, puedo asegurar que este texto es light en comparación con algunas cosas que he leído descalificando a los críticos desde los politólogos de la segunda fila del Consejo Ciudadano de Podemos. Y no hablemos ya de los hooligans y palmeros. Insultos verdaderamente vergonzosos, muchas veces. Unas por el nombre del interpelado (ad hominem), otras operando por el subtexto (a buen entendedor…) Lo que pasa es que si se faltan ellos lo hacen con el enemigo, si criticamos o disentimos los demás, lo hacemos con el mismo Podemos en carne viviente. Vamos, que hacemos daño electoral. Lo de Mondero, no. Que ha sido sin querer. Yo he optado por no citar a nadie ni a favor ni en contra. Supongo que habré hecho bien.


Les dejo con un toque berlanguiano, para que se vea que no soy nada debordiano.


martes, 5 de mayo de 2015

Bienvenido, Juan Carlos Monedero



Miren ustedes por dónde, ahora resulta que, según declaró poco antes de dimitir, Juan Carlos Monedero odia de Podemos lo mismo que yo y otros muchos: la mezquindad partitocrática, el olvido de los principios -ahogados por un electoralismo con maneras de márketing-, la verticalidad sin camino de vuelta, la desactivación de la iniciativa ciudadana, el cierre enunciativo de la cúpula, que banaliza todos sus mensajes para que puedan ser deglutidos sin pensar por los electores, a base de ser repetidos hasta que pierden todo su potencial de empoderamiento y radicalización democrática. Lo que pasa es que yo, y otros muchos, pues no podemos dimitir porque no tenemos cargo alguno desde el que hacerlo. Algunos podrían hacerlo desde cargos autonómicos o municipales, tanto internos de Podemos como, en algunos casos, ya institucionales. Pero nadie podía hacerlo, hasta ahora, en el Consejo Ciudadano estatal, porque gracias al sistema electoral de Podemos (eso que algunos llamamos “listas plancha”, término que horroriza a sus miembros, y yo he llamado más de una vez telecracia) es un órgano absolutamente monocolor y homogéneo, concebido para ser el centro neurálgico de una “máquina de guerra electoral” y, al menos aparentemente, impermeable a la crítica, a la discrepancia, a la alternativa táctica y política.


Lo que no deja de ser curioso, desde un cierto punto de vista (el mío, por ejemplo, pero también el de otros muchos) es que, debido a las constricciones de agenda de los medios institucionales –y utilizo el término en el sentido fílmico (véase más abajo) y no en el administrativo-, que dan una imagen de Podemos completamente sesgada –es decir, como si fuera un partido convencional-, Monedero parece haber descubierto esto por la vía de la sesuda reflexión introspectiva. Y va a ser que no. En Vistalegre hubo una oposición muy fuerte al modelo organizativo triunfante y a su derivación política y pragmática, que apostaban por lo electoral, y consecuentemente lo mediático, como el objetivo fundamental de Podemos. Allí se debatió entre la claridad -que el núcleo promotor vendió como “un estilo de hacer política”, y que ha acabado siendo una ideología tan inconsistente (por eso de la centralidad del tablero y del elaboremos un discurso edulcorado para el votante cualquiera) como arrolladora- y la necesidad de sumar. Porque al grito de “¡un secretario general le gana las elecciones a Rajoy y tres no!” lo que se decidió fue un modelo organizativo y un modelo de voto que Juan Carlos Monedero defendió de manera patente, visible y enconada.


En fin, que a partir de ahí se constituyó un Podemos que privilegió su vertiente mediática sobre su dimensión de herramienta para el empoderamiento ciudadano. Porque los dispositivos, los Mass Media tanto como los modelos organizativos, justamente, “modelizan” y predeterminan lo que va a venir después. Y lo que vino después es el privilegio de una imagen forjada en la televisión y las tertulias, que pasó de ser la pista de despegue de Podemos, como había sido antes de las europeas, a ser el principal –casi único- escenario de su representación y relegó a un segundo plano a los círculos y la gente auto-organizándose, que había sido fundamental para que una fuerza emergente, que había conseguido la cuarta posición en las Elecciones Europeas, pudiera llegar hasta la Asamblea Ciudadana de Vistalegre en una posición de protagonismo político, discursivo y social envidiable.

A partir de aquí esa ideología mediaticista y espectacular, que supone que la búsqueda de la hegemonía es indisoluble –i.e., se deduce sin discontinuidad alguna- del populismo y de la impostación de la figura de un líder, ha ido ahogando a Podemos y ha facilitado la emergencia de un ente electoral formado por auténticos profesionales del merchandising político como Ciudadanos, al mismo ritmo que la multitud empoderada se sentía de nuevo condenada a su papel de electorado, es decir, de espectador pasivo de la representación política. Tiene su lógica, porque al ser presa del laberinto mediático, el líder (y el “comando mediático” como su extensión) se ha visto obligado a exigir la sumisión absoluta de las propuestas programáticas a la búsqueda de la máxima audiencia_ la famosa “centralidad” del tablero.


Mientras, los que advertíamos de los peligros y efectos secundarios de este “modo de representación” éramos blanco de todo tipo de sospechas por parte de la cúpula y sus afines y continuamente acusados de tener motivos “poco claros”. Y se nos aplicaba inmisericordemente –a veces, con mucha crueldad y, en las redes sociales, con insultos y descalificaciones realmente hirientes- la famosa distinción schmittiana amigo-enemigo, que se iba consolidando, más en el interior que en el exterior –allí, el enemigo era más fuerte- como otro de los “rasgos” del estilo CQP. Porque si a Podemos la casta se lo ha puesto difícil, imagínense las que hemos tenido que pasar los que hemos estado en Podemos defendiendo una auténtica democracia radical, cómo lo hemos tenido que pasar siendo schmittiana y maquiavélicamente acusados de hacerle el juego al enemigo, cuando veíamos, con su autenticidad originaria en peligro, que todo el proyecto de Podemos corría el riesgo de irse al garete. Se nos solía aplicar lo que en otro lugar he llamado confinamiento enunciativo: que si éramos unos quejumbrosos narcisistas, unos izquierdistas old-fashioned (casi me salé demodés, pero hubiera sido darle bazas al “enemigo”), que si líquidos, que si moralistas, etc.  A ver qué dicen ahora, que el golpe en la línea de flotación se lo ha dado una de sus figuras más representativas, dimitiendo justo al comienzo de un trascendentalísimo período electoral.


Yo estoy de acuerdo con Ernesto Laclau en que “la sociedad no existe”, es decir, que no tiene una realidad objetiva fuera de los antagonismos políticos que la constituyen, como querrían los neoliberales para aplicarles sus patrones métricos de control –las estadísticas y los sondeos- y los estalinistas –las leyes eternas de la lucha de clases y el materialismo histórico. Por eso, a veces, a la sociedad le puede hacer falta un líder para suturar el agujero de su inexistencia. Pero, en tanto proceso subjetivo y no objetivo, a Podemos le hace mucha más falta la voz proteiforme de la multitud emancipándose. Y un líder para la emancipación debe estar dispuesto siempre a ser destituido, a ser un instrumento transitorio que la multitud necesita para reconocerse, y no pretender confundirse de modo absoluto con ese reconocimiento y volver a necrosar la voz popular en una representación monolítica. Hay otras formas de hacer política que la representación. Y creer en ello significa que todos, absolutamente todos, estamos capacitados para hacer política.

El caso es que Monedero se queda. Y lo hace porque piensa, como yo y otros muchos, que lo mejor de la inquietud política española está en Podemos. Nunca me ha fascinado la cúpula y muchas veces me ha indignado la segunda fila de Podemos, haciendo palmas. Pero no les vamos a regalar el entrar en el juego amigo-enemigo. Ni estaría bien insistir en exceso ahora, que Monedero se ha subido a un carro que estaba en marcha mucho antes de que se subiera él, en que hubo una multitud que le avisó hace ya meses de que esto pasaría. Hemos de intentar entre todos –él y otros muchos- salvar Podemos como propuesta electoral. Salvar las iniciativas municipalistas en las que Podemos participa (y que por sus maneras de participación y elección son de una horizontalidad democrática ejemplar), y recordar que en Aragón, en Madrid, en Andalucía y en otras autonomías –hasta en el País Valenciano, gracias a la habilidad colectiva de los electores- esas voces críticas están representadas en las listas electorales de Podemos. Y más ahora, que habiendo apostado por un solo secretario general, el astuto sistema ha provocado que nos tengamos que enfrentar a tres, con el concurso de esa componenda anti-urgencias democráticas llamada Ciudadanos.

Bienvenido, pues, Juan Carlos Monedero. Te recibimos con alegría. Bienvenido a este tren al que puedes subirte porque hay quien lo puso en marcha y lo ha seguido empujando en tiempos oscuros.  Podemos necesita una reorientación para realizar ese trabajo  titánico que tiene encomendado. Y todos, cada cual con sus habilidades, vamos a ser necesarios en la tarea.

Apéndice.


Ya sé que es absolutamente inusual -y probablemente inconveniente- añadirle un apéndice a una columna periodística, pero todo sea por el distanciamiento brechtiano y la ostranénie, de la que hablaban los formalistas rusos. Cabría preguntarse por qué, si hubo tantos teóricos e investigadores –algunos prestigiosísimos- de la comunicación que se lanzaron ávidos de conocer y entender sobre el 15M –y no voy a citar por su nombre a ninguno para evitar la injusticia de la omisión o el olvido- y sus dinámicas de acción en red, prácticamente no hay casi nadie del ramo que se haya interesado activamente por Podemos, y si lo ha hecho –como yo, y esta vez no puedo añadir “y otros muchos”- haya sido por el lado crítico.  Cuidado, no estoy diciendo que no haya en Podemos tecnócratas muy hábiles de la viralización y el hashtag. Me refiero a que no ha habido una reflexión teórica implicada, interior, a las prácticas comunicativas de Podemos. Pues bien, al inicio de este texto he dicho que utilizaba el adjetivo institucional en sentido fílmico. Permítaseme que copie una cita de esta joya del pensamiento cinematográfico, que debería ser lectura obligatoria en cualquier itinerario del bachillerato, con todo su regusto althusseriano:

“Pero a quien quiero interrogar es a la institución, o, más exactamente, a ese modo de representación que la caracteriza.


Puesto que, y ésta es la tesis principal de este libro, veo a la época 1895-1929 como la de la constitución de un Modo de Representación Institucional (a partir de ahora M.R.I.), que desde hace cincuenta años es enseñado explícitamente en las escuelas de cine como Lenguaje del Cine; lenguaje que todos interiorizamos desde muy jóvenes en tanto que competencia de lectura gracias a una experiencia de las películas (en las salas o en la televisión) universalmente precoz en nuestros días en el interior de las sociedades industriales.

Por otra parte, si hay una justificación de mi empresa en los planos ético y social, es a partir de esta constatación: millones de hombres y de mujeres a quienes se les enseña a leer y a escribir «sus cartas», no aprenderán más que a leer las imágenes y los sonidos, y por tanto sólo podrán recibir su discurso como «natural». A lo que quiero contribuir aquí es a la desnaturalización de esta experiencia.


Si tiendo a sustituir el término «lenguaje» por el de «modo de representación» no es sólo por la carga ideológica (naturalizante) que el primero implica. Porque si bien he llegado a adoptar en algunos aspeaos la metodología semiológica sigo pensando que este sistema de representación institucional es demasiado complejo y demasiado poco homogéneo, tanto en su funcionamiento global cuanto por los sistemas que construye -específicos y no específicos a la vez, desde el código indicial de las orientaciones espaciales hasta el sistema de representación perspectiva- para que incluso metafóricamente la palabra lenguaje sea apropiada. Pero, sobre todo, procuro subrayar que este modo de representación, del mismo modo que no es ahistórico, tampoco es neutro -como puede pensarse de las «lenguas naturales» pese a Bakhtin-, que produce sentido en y por sí mismo, y que el sentido que produce no deja de tener relación con el lugar y la época’ que han visto cómo se desarrollaba: el Occidente capitalista e imperialista del primer cuarto del siglo XX” (Noël Burch, El tragaluz del infinito: p.17. Las cursivas son mías)


Que no haya un afuera positivo y ontológicamente objetivo, una verdad virgen del espectáculo informativo y comunicativo, no implica que éste pueda constituirse como un todo. Y el que no esté al tanto de esa diferencia éxtima e irreductible, en la que habita la pulsión, caerá irremisiblemente en las redes del circo mediático. Estar al tanto de ello implicará que se pueda vivir la pasión política, pero no tanto caer en la ingenuidad de que se pueda hacer un uso político de las pasiones plenamente dócil al cálculo identificatorio. El neoliberalismo ha privatizado el fuera de campo, como espacio de producción del sentido, igual que la sanidad, la educación o la producción y distribución energéticas. Que estemos al tanto de ello, explica por qué hubo comunicólogos o semiólogos en el 15M y hay tan pocos implicados en Podemos, ahuyentados por la engañosa “claridad” (tan cerca semánticamente de la “naturalidad”) del núcleo promotor. Por eso, creo firmemente que el pensamiento comunicativo y fílmico han de ponerse a la altura de la filosofía, la politología, el psicoanálisis y la epistemología. Hay que atravesar el fantasma de la espectacularización informativa y no regodearse en él con un goce cognitivo-conductual. Yo lo intenté hace unos años, pero, por motivos diversos, reconozco que fue un intento fallido. Y sobre todo, recordar que no hay cambio hegemónico sin amor, porque éste es el único signo de que se cambia de discurso. Lo demás son sólo tendencias girando sin parar en el círculo siniestro del capitalismo.  Por eso, sí, mucho mejor Galeano que Juego de Tronos. Pero no está de más echarle también un ojo a Black Mirror. Facilita el tránsito.


(Este texto fue originalmente publicado aquí)