viernes, 7 de febrero de 2014

La verdad acerca de los hechos, 6

(viene de aquí)



VI.  La verdad, los hechos y su registro.

En fin, desde Aristóteles como mínimo sabemos que la verdad no anida en los hechos, sino en los predicados que a ellos se aplican. La verdad es el relato, la verdad está en los signos. El caso es que cada época ha decidido capturar la fugacidad de los acontecimientos en un género, en una tipología narrativa: los anales, la crónica, el cantar de gesta, el poema épico, el tratado histórico o los géneros icónico-visuales correspondientes. La sociedad masiva, dominada en su comunicación, inventó otro género para capturar lo real como una secuencia narrativa: la noticia. Probablemente, el más neutralizador de la potencia activa de todos, por que convierte a su receptor en un ente paralítico, la opinión pública.

No hay, pues, hechos puros. Los datos, las informaciones, no sólo se integran en un relato, sino también en un metarrelato, en un cuadro ideológico determinado, en una escala de valores que confiere a su interpretación su posibilidad y sus límites, que imprime su lógica y que los convierte en realidad partiendo de unas inciertas señales. Podríamos caer en la falacia de la fotografía como prueba irrefutable, pero todo estudioso de la imagen sabe que el mismo recorte, el encuadre, el enfoque, ya son una forma de ficcionalización, porque ejercen una función modelizante, de sinécdoque. Pensemos en una portada de La Razón mostrando la foto de un encapuchado quemando un contenedor como imagen representativa de una manifestación. Evidentemente, si no ha sido trucada, la foto capta un hecho, pero ¿qué tiene que ver ese hecho con la verdad?  La verdad residirá en un enunciado: ésta imagen representa un hecho aislado / esta imagen es fiel representante del tono y actitud de todos los manifestantes.

Y ello pese al imaginario digital, que comenzó en los noventa analizando paranoicoconspirativamente el famoso corto de Abraham Zapruder en el que se recogía la muerte de Kennedy, y culminó con el modelo CSI, que se ha convertido en dominante en la ficción audiovisual de corte policíaco, no cesa de insistir en su valor de evidencia, que nos ha trasladado como un estado de creencia generalizado.