VI. La verdad, los hechos y su registro.
En
fin, desde Aristóteles como mínimo sabemos que la verdad no anida en los hechos, sino en
los predicados que a ellos se aplican. La verdad es el relato, la verdad está
en los signos. El caso es que cada época ha decidido capturar la fugacidad de
los acontecimientos en un género, en una tipología narrativa: los anales, la
crónica, el cantar de gesta, el poema épico, el tratado histórico o los géneros
icónico-visuales correspondientes. La sociedad masiva, dominada en su
comunicación, inventó otro género para capturar lo real como una secuencia
narrativa: la noticia. Probablemente, el más neutralizador de la potencia
activa de todos, por que convierte a su receptor en un ente paralítico, la opinión pública.

Y ello pese al imaginario digital, que
comenzó en los noventa analizando paranoicoconspirativamente el famoso corto de
Abraham Zapruder en el que se recogía la muerte de Kennedy, y culminó con el
modelo CSI, que se ha
convertido en dominante en la ficción audiovisual de corte policíaco, no cesa
de insistir en su valor de evidencia, que nos ha trasladado como un estado de
creencia generalizado.
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