jueves, 6 de febrero de 2014

La verdad acerca de los hechos, 4



(Viene de aquí)

IV.        Las estrategias discursivas y su investigación

En estas circunstancias, las estrategias discursivas de los medios de información son inconmensurablemente más complejas que las que nos puede ofrecer una deontología binaria o sometida a un simple patrón cronométrico. Son analizables, sin duda, pero no simplificables a un reduccionismo epistemológico binario. Es aquí, donde la supuesta objetividad, siempre promulgada como un ideal jamás cumplido, revela su carácter de simulacro sometido la relevancia coral y el establecimiento de la agenda. No se trata de pinchar los teléfonos de los directores de los medios a ver qué se ponen de acuerdo en emitir (es decir, de buscar más hechos sobre los hechos en una especie de facticismo metafáctico) lo que nos llevaría a una maraña inextricable, sino de ver las huellas de ese pacto en sus plasmaciones textuales: las emisiones, las programaciones, las parrillas. Es obvio, por muy tácito que sea. Está a la vista de todo el mundo. Además, en estos momentos hay que contar con el el streaming online y la capacidad de denuncia y actualización de las redes sociales.
Por eso soy contrario a las investigaciones cuantitativas como un fin en sí mismas: trabajan para el sistema constituyendo un insoslayable laberinto de espejos. Saber qué piensan/mos, qué van/mos a hacer, qué votarían/mos. Una objetivación del nosotros en un ellos fugitivo y ajeno. Alienante. Paralizante. No hay lugar para ninguna apuesta sorprendente, para ningún pensamiento inédito. La acción se concibe como pasaje al acto, como apuesta por la ignorancia, no como iniciativa revolucionaria, radicalmente democrática, transformadora. No hay lugar para el cataclismo cosmovisionario: todos acabamos repitiendo recetas. Los políticos, los tertulianos, los vecinos, los militantes de célula que pretenden ser la vanguardia de la clase obrera, los expertos en macroeconomía, los ciudadanos, los votantes…