viernes, 12 de mayo de 2017

Populismo y branded content.


1.      Este Podemos.

Aunque yo lo hubiera preferido más "en movimiento", este Podemos me parece mejor que el anterior a Vistalegre II y me es mucho más simpático. Me siento infinitamente más cómodo con Irene Montero –con Beatriz Gimeno o Teresa Rodríguez me sentiría aún mucho mejor, dicho sea de paso- que con las formas algo melifluas del portavoz anterior, que eran las adecuadas a la versión “clara” de antes –y que algunos pretendían convertir ya directamente en “ilusa”. Comenzar un artículo con semejante boutade está perfectamente justificado cuando la prensa sistémica está sistemáticamente recalcando lo antipático que es el populismo y equiparando- través de esa animosidad- las figuras de Pablo Iglesias y de Donald Trump, a la par que –cuanto más a la derecha está el medio, más insiste en ello- se presenta a Íñigo Errejón como una víctima de la persecución, censura y varios ominosos cargos más imputables a la nueva cúpula de Podemos.

Por tanto,  esto no es un ataque a Podemos. Lo digo sobre todo para aviso de algunos  que  consideran que es ataque todo lo que no es pura repetición sumisa de las consignas de la cúpula. Es, eso sí, una crítica radical, porque apunta, no tanto a personas o acciones concretas –aunque nombre y comente algunas-, como a una revisión de sus supuestos más nucleares.  Si estoy a favor o en contra de Podemos no es más que una típica pregunta en el ámbito de la opinión pública  y si algo ha de ser una lucha contra-hegemónica es una excepción a la opinión pública, al blanco o negro sin matices –información sin saber- del paradigma epistémico neoliberal.
Este texto parte, pues, de  una profunda convicción: creo firmemente que en el proceso de radicalización democrática todo está por inventar, porque ninguna de las recetas tradicionales de enfrentamiento, resistencia o corrección de los efectos del capitalismo puede funcionar de modo independiente y absoluto en tiempos de post-fordismo neoliberal. Ni el marxismo, ni ningún activismo sectorial o anti-sistema, ni,  –por supuesto- la socialdemocracia. Pero tampoco el populismo, al menos en su versión europea –la latinoamericana, de momento, está en una crisis evidente-, tiene la respuesta en solitario –ni simplemente “en conjunto” o eclécticamente- a los males de las sociedades capitalistas.  

2.      Tramabús: Storytelling y branded content.

Se ha hablado mucho de cierta torpeza de los actuales cargos y cuadros pablistas en las tareas de comunicación, ahora que los errejonistas, que las venían copando los dos últimos años, se han visto forzados a abandonarlas. Porque hasta ahora toda la estrategia comunicativa, que en el paradigma actual no se distingue de la política (no hay más política que la comunicación) había permanecido muy mayoritariamente en manos del sector errejonista. El ideario se con-fundía con argumentario. Pero el caso es que mi experiencia (semi-interna) en Podemos  me ha enseñado que leer a los intelectuales del errejonismo es como si pretendiéramos juzgar y entender el arte de vanguardia exclusivamente a través de sus manifiestos. Eso en la mejor versión. En la peor, es como creerse lo buena que es una novela leyendo lo que dice su contrasolapa. En Vistalegre II se vio claramente que a praxis errejonista consistía en un  “lo compro todo” si me da votos. Mal lo tenemos para entendernos, porque la constancia en las ideas es un valor .Claro que se puede cambiar de ideas: se llama dialogar con el mundo. Lo que no se puede es actuar en contra de lo que predicas como fingiendo que eres consecuente. Y menos cambiar completamente de ideas fingiendo que las actuales son consecuentes con las anteriores. Se trata de simular coherencia, el truco de todos los partidos del régimen en el seno del tri-decenio neoliberal.

Me gustaría poder decir que el post-populismo errejonista está hecho de dogmas. Pero sus asertos ni siquiera tienen esa dimensión. Están hechos de clichés que, a base de pretender ser transversales (divulgativos desde la élite irradiadora, que es la que sabe, hacia las masas), acaban siendo soberbiamente autoritarios. Casi como entradas de catecismo, para hablar con propiedad. Una sentencia como “los marcos no se crean, se disputan”, que es un cliché típico, por ejemplo, implica que sólo puede disputar el marco quien se ha introducido en él: vanguardia, burocracia. Es una sentencia más post-populista que populista, en cualquier caso, porque responde a un momento lógicamente posterior a la construcción del pueblo. O que algún intelectual errejonista, después de haberse llenado la boca y habernos llenado los oídos con la cantinela de los significantes vacíos esté pidiendo ahora cuidado con el vocabulario que se usa porque este tiene un peso histórico que modeliza todo el mensaje.

El caso es que sí que percibimos ahora una cierta experimentalidad comunicativa en Podemos, frente a la banalidad estandarizada y repetitiva del núcleo irradiador y de la máquina de guerra electoral. Y cuando se experimenta, lógicamente,  se cometen errores. El desliz la campaña “Correa financia a Podemos”, que remite inevitablemente a la “trama Gürtel”, es evidente. Del tramabús se critica su uso el haber utilizado una estrategia que hace poco implementó una organización de extrema derecha como Hazte Oír. Pero sobre todo se critica su inoportunidad, su redundancia, su intención de incoar un debate falso a partir de una acción inútil  porque no ofrecía ni ninguna información novedosa, ni ninguna alternativa a ese estado generalizado de corrupción patrocinado por el PP.

Lo que pasa es que difícilmente entenderemos las acciones si no sabemos contra (versus) quién van dirigidas. Los hegemono-populistas tienen al menos tres frentes abiertos: contra el sistema y sus élites (antes conocidos como “casta), contra la que ellos llaman izquierda identitaria y contra el populismo neofascista.  ¿Valen las mismas estrategias para todos los adversarios, como ha defendido en la práctica el sector más schmittiano de Podemos amparándose en la distinción amigo-enemigo? La pregunta es relevante, porque se juega en ella una dinámica de las identidades y de los goces (en el sentido psicoanalítico del término) que pone a las nuevas formaciones de cuño populista de izquierdas en la disyuntiva de “construir pueblo” o del “todos contra mí”.   
La cuestión es que el problema del tramabús es otro, porque el adversario es otro que el que se denuncia. En la comunicación concebida como campo único de enunciación, donde la verdad se muestra infructuosa e impotente, las dinámicas son otras y, por ello, creo que algunas herramientas de análisis que usan los publicitarios pueden ser más útiles que las categorías de la politología. Iremos al grano: creo que el tramabús es, antes que cualquier otra cosa, una estrategia de branding, de construcción de marca. Es un intento de permanecer visible en la agenda mediática, que es un espacio ferozmente darwiniano y competitivo.
Como tantas marcas comerciales, Podemos ha echado mano del storytelling (la trama) transmedia para perpetuarse en los medios. Es notorio que el grafismo del autobús conformado por imágenes distorsionadas a partir de fotografías previas remite a la estética del meme, como género visual digital, lo cual ayuda a su receptor potencial a contextualizar y decodificar mejor el mensaje
ofreciéndole una imagen más cotidiana y familiar. La vocación de transmedia del proyecto, que se origina como un #hashtag, también me parece evidente: un autobús en el espacio urbano, que sirve para retransmitir en directo a través de las redes sociales y, así, dinamizarlas, a la par que para incrustarse en periódicos y televisiones. 
Los publicitarios suelen llamarlo branded content. Se trata de crear contenidos patrocinados por una marca, para que simplemente la marca aparezca ellos, esto es, para copar una porción de la audiencia y de la agenda mediática.  Si lo puede hacer Repsol, Activia, Coca-Cola o Red Bull, ¿por qué no (,) Podemos? No es nada insólito, pues: se vende un sueño, un estilo de vida, una narrativa de esfuerzo, empoderamiento y triunfo. ¿Cuántas veces hemos visto un anuncio en los últimos tiempos y nos hemos preguntado “pero esto qué tiene  que ver con el refresco, friegaplatos, combustible, producto lácteo o vehículo publicitado”?  En tiempos donde la función fática del lenguaje -comunicar y estar continuamente presente- es mucho más importante que todas las demás, los mensajes no son nunca rectos, sino preponderantemente oblicuos, obtusos. Tiempos, pues, en los que la verdad deviene impotente, porque, en tanto sometida al patrón de la eficacia, por encima de la retórica, simbólica o contextual, no se distingue de cualquier otro mensaje, ficticio o mentiroso. Es una cuestión de condiciones del dispositivo y de reglas del discurso. La semántica queda completamente sometida a ellas.  El lector juzgará si nos estamos acercando a una de nuestras tesis esenciales: que no es tanto que Podemos sea presa de su modelo comunicativo como del modelo comunicativo del neoliberalismo postfordista, esto es, de la propia sociedad de la información, que es también la del espectáculo. Y que de poco sirve disputar los marcos si no disputas el modelo epistémico y discursivo que los genera. Ese desbordamiento era el más urgente para no acabar siendo engullido por los tableros al buscar su centralidad.

3.      La moción de censura

Con alguna de las anteriores oleadas de detenciones se me ocurrió decir que el Sistema daba por amortizado al PP. Luego ganó las elecciones y consiguió gobernar. Dudé de si pronunciarme con un comedido “¡Glups!, me colé” Pues resulta que no. Todo ese tiempo a lo que se estaba dedicando “el sistema” era a machacar al PSOE, de un modo distinto. Fue, entonces, la fórmula para salvar el bipartidismo, ante la posibilidad de un PSOE díscolo, que pudiera virar a la izquierda. Pues bien, yo creo que está sucediendo lo mismo otra vez. Ahora –con la operación Lezo- se trata de machacar al PP para que el PSOE pueda recuperarse, ante el riesgo evidentísimo de pasokización, mirando las barbas del vecino. Si llevamos razón, el tramabús habría colaborado inocentemente con el sistema en este cometido, sumándose a la caza y derribo del PP. 
El problema es que las narrativas –las tramas- no siempre traducen las lógicas. Y yo siempre creo que, en caso de disparidad, es mejor el original. Y el original es la lógica. La narrativa –a no confundir con el relato- es en todo caso superestructural, en el sentido clásico del término. El problema es que las lógicas son más difíciles de entender y de hacer entender que las narrativas y, así, el sistema ha conseguido tener a la gente, ansiosa de entender pronto más que de entender, de lo más entretenida con las teorías de la conspiración o, en su caso, con los poemas épicos de empoderamiento colectivo totalmente pergeñadas en el molde del empoderamiento personal. Ejemplo: las cantinelas haciendo creer que ganar unas elecciones –primero, y conseguir tenere algunos colocados en las instituciones, después- simplemente, era ya una victoria. Entonces vienen los conspiranoicos y te incluyen en el delirio: si has ganado es que eres sistema. Si nos conformamos con la información y no proyectamos una mirada meta-discursiva, nos vamos a estar colando continuamente. En el anti-intelectualismo, desde luego, no está la solución. Como no lo estaba en el populismo sabihondo de los núcleos irradiadores. Dale una narrativa a un pueblo y le servirá para ponerse en movimiento. Dásela a la opinión pública y la adormecerás aún más. Podemos nació desde el error de que el pueblo podía hacerse utilizando exclusivamente los medios de comunicación del establishment, esto es, disputando el marco, haciendo pueblo con una sociedad objetivamente estable de la que el núcleo promotor iba a constituirse como sujeto trascendental incontaminado por su objeto.
¿Es, entonces, un acierto o una torpeza la Moción de Censura –en realidad, mociones, si sumamos la de la Comunidad de Madrid- al PP que plantea ahora Podemos? Veamos. Desde el punto de vista de las narrativas es una cosa y desde el punto de vista de las lógicas es otra.

1) Para empezar, es como el #tramabús, una estrategia de branded content basada en el storytelling, teniendo en cuenta que es una narrativa de oblicua, que persigue unos objetivos distintos de los que declara: se trata de utilizar una narrativa para copar un espacio de la agenda, simplemente, con el añadido, tras estas oleadas de detenciones (I. González, O. Pujol y demás) de poder jactarse de haber tenido razón.
2) La moción de censura implica haberse tragado la narrativa que propone el sistema como cebo: vamos a por el PP. Todo el discurso de que el sistema se está sosteniendo contra el gobierno del PP va en esa dirección. Gracias a los jueces, guardias civiles, etc, ha dicho Pablo Iglesias. Ahora bien, es una estrategia ludo-narrativa, una acción gamificada, y por lo tanto, no importa que no haya ninguna posibilidad de que tal moción salga adelante: su eficacia es oblicua.
3) Por eso mismo, cabe otra lectura más sistémica, más anti-sistema si se quiere. El envite no es en absoluto al PP, sino a un PSOE al que pilla en un precario catastrófico: no tiene candidato alguno para liderar esa moción y tendría que ponerse a rebufo de Podemos o bien sostener al PP. En ese caso, la acusación y denuncia al bipartidismo como sistema sería evidente. Y, además, tendría el añadido de dar un buen bofetón a los críticos errejonistas, convencidos de que lo que hay que hacer es “entenderse con la socialdemocracia”, antes o después. 
En cualquier caso, si vas a llevar la cuestión al tablero o a la consola, es decir, si vas a plantear las cosas desde el juego narrativo (ludo-narrativa y gamificación, son términos técnicos provenientes del campo de los videojuegos) lo que no puedes perder es la visión de las lógicas, que está por detrás (o por abajo o por encima, utilícese la metáfora espacial que se prefiera) y que es la que va a ser determinante. En España hay una gran urgencia sistémica de salvar el bipartidismo, precisamente, porque no hay una opción electoral neofascista como en Francia (o en USA, o en Holanda, o incluso en UK, con el Brexit). Todo el sistema está apostando contra UP. Ganar partiditas no es suficiente. Eso no debe perderse de vista.
De todo ello deducimos, pues, que la izquierda no está exenta de tener que confrontarse con las dinámicas de la competencia neoliberal. Buena parte del dogma de la unidad, tan implantado en la izquierda, tiene como base un micro-neoliberalismo: no quedarse desamparado de la marca. Micro-neoliberalismo es un término que nos acabamos de inventar, en el molde de micro-machismo, y que es fácilmente constatable que hay, al menos, tantos de éstos en nuestra vida cotidiana como de aquéllos. El más habitual es confundir eficacia con éxito.  A veces pasan desapercibidos porque son nombrados como “cuñadismos”. En fin, el término nos parece necesario porque en la categoría de cuñadismo entran muchos neoliberalismos que de micro no tienen nada, así que mejor un término específico.
El vergonzoso espectáculo de Ferraz hace unos meses, y el menos enconado y cruento aunque también virulento de Vistalegre, algo después, tienen, entre otras, esa lectura. Lo que se dilucidaba es quién se queda con la marca PSOE, quién con la marca Podemos. La continua compulsión secesionista y el dogma unitarista, tan presentes en la izquierda, nos hablan del difícil que es abandonar la marca, no sólo para el político profesional, sino también para un militante.  De ahí que la lucha por la marca tenga también una lectura en el antagonismo interno. Los partidarios del errejonismo sabían que si la nueva imagen que está dando al pablismo triunfa, sus postulados -y sus puestos- quedan fuera de ella. Parece que le hicieron el vacío al tramabús, muy de calle para ellos. Parece que aunque sólo sea estéticamente, no le hacen tantos ascos a la moción de censura.

4.      Populismo, identidad, narrativa: Las comunidades de goce.

La creencia más generalizada es que la sociedad es un ente objetivo y disponible. Ahora bien, desde un punto de vista discursivo se nos muestra fehacientemente que no es así. A la masa social se la emplaza desde lugares muy distintos y es al emplazarla cuando se le da forma concreta y material: no es lo mismo dirigirse a un auditorio como pueblo, como opinión pública, como audiencia, como electorado o como comunidad de potenciales compradores de tu producto (target/heavy users), aunque sostengamos que “empíricamente” las personas, los cuerpos humanos en los que se encarnan esos modelos de receptor, son los mismos.
Visto así,  la opinión pública occidental ha sido modelizada como juez pasivo y ésa ha sido la forma de tenernos controlados como sociedad, de emplazar a la democracia para impedir las urgencias: juzgamos a unos profesionales, que actúan. Nosotros sólo miramos. Y luego consumimos o votamos, según a qué profesinales hayamos estado mirando cada vez. El terrorismo islámico es la mejor prueba de que así nos consideran a los ciudadanos noroccidentales desde fuera de nuestra zona de confort. Cada bomba, cada atropello, cada atentado, son llamadas de atención a la opinión pública como masa homogeneizada de particulares. Si quisieran  dirigirse al “pueblo francés”, por ejemplo, los procedimientos serían radicalmente distintos a atentar en las calles de Francia. La opinión pública es radicalmente irresponsable, una especie de amo despótico o rey decadente y adormilado. Los islamistas terroristas intentan despertarla haciéndole sentir en sus carnes  lo que sienten los musulmanes atacados por occidente.
En las sociedades occidentales el enemigo del pensamiento y de la lectura crítica de la realidad no es el analfabetismo o la ignorancia, sino la híper-información paralizante, la multitud hiper-comunicativizada. La pregunta, desde el paradigma pópulo-hegemonista es  cómo hacer de esta multitud postfordista europea, pueblo. Y el populismo ofrece una respuesta canónica a esa pregunta: la construcción de contra-narrativas e identidades aglutinantes que se opongan a las hegemónicas. El problema es que vía “significantes vacíos” (al menos desde una versión simplista del concepto) y vía mediatización e híper-información, lo que tenemos es una especie de “podemos proveerlo de identidades customizadas al por mayor”, por hacer una paráfrasis bastante cacofónica del título del cuento de Philip K. Dick. Y más, en un entorno tan heteróclito como el Estado plurinacional Español. 
Las identidades, en ese sentido, son siempre represivas. No se las puede poner en cuestión simplemente oponiéndoles otra opinión en el fárrago del polemos informativo, excepto que quien la vaya a adquirir no tenga otra representación en el discurso. La narrativización antagónica tuvo éxito en las luchas feministas, las de los afroamericanos o las LGBTI porque su lucha es por la visibilidad, por la representación, por el orgullo (yoico). Pero no puede tenerlo masivamente entre un electorado que ya goza de una representación, que ya se siente articulado en una comunidad de goce narcisista y agresivamente enfrentada a otra. Eso no va a funcionar con los votantes convictos del PP. De ahí, que  Podemos sólo le haya robado votos a la izquierda. De la identidad “izquierdista”, como de cualquier identidad no puede deshacerse uno a placer, ni por convicción. Pretender eso es de un racionalismo aún más dogmático y represivo que el paleo-marxista de la conciencia de clase. No puedes llegar a un montón de gente identificada con la izquierda (es una comunidad de goce y, por tanto, impone sus condiciones fantasmáticas) o con cualquier tipo de activismo de resistencia y decirle: ¡desidentifícate (o peor aún, ¡desidentitariízate!, que es dificilísimo de pronunciar, además) y populistízate!  
Pero es que, para más inri, no serviría de nada, como ha quedado demostrado en los tres años de existencia de Podemos. El bloque antagónico (insisto, la comunidad de goce contraria) va a seguir identificándote como izquierdista, comunista y perro-flauta y reproduciendo sistémicamente el viejo rechazo, aumentado con la acusación de que mientes y ocultas tus verdaderas intenciones. Las reacciones mediáticas contra Podemos y las alusiones a Venezuela son una prueba evidente. A ello se suma que el genio del sistema es perfectamente capaz inventar cosas nuevas para neutralizar tu novedad. Ciudadanos en España o Trump en USA, ambos fenómenos relámpago, son ejemplos elocuentes. Los populismos en Latinoamérica -y hasta la extrema derecha en Francia- que vieron la luz a través de mecanismos distintos de generación política, propiamente populistas y no mediaticistas, ha costado decenios ponerlos en pie. Trump, Ciudadanos o el Daesh no. Con todas las diferencias entre ellos que se quiera son respuestas relámpago  sistémicas, con un modo de construcción y articulación de tipo variado pero sobre todo contrario a la construcción populista clásica, en el sentido que la describe Ernesto Laclau.  Supongo que más de un lector se habrá escandalizado de que meta en el mismo saco al Daesh y a C’s. Piense si pensaría lo mismo si sólo hubiera mentado a Trump y al extremismo islamista. No, ¿verdad? El propio genio del sistema se ha encargado de crearlos y denostarlos para poder deshacerse de ellos o convertirlos en el enemigo fantasma (el que hace de pantalla de cualquier enemigo más auténtico) en caso de necesidad o de que se le vayan de las manos. Así con el Daesh como con la mayoría de los genocidas golpistas en América Latina.  En lo único que coinciden, y por ello los traigo a colación en conjunto, es en ser instrumentos sistémicos ready made, sin tradición propia pero sí apropiándose de la tradición pública. En ese sentido, Ciudadanos es el menos peligroso y dañino de los tres casos. Dependiendo, claro está, de cuanto considere cada cual de dañino el servir como apuntalamiento de un ente tan corrupto como el PP en el gobierno….
En fin, inisistimos: que el sistema sea capaz de realizar estas operaciones relámpago no quiere decir que eso esté al alcance de cualquiera que no tenga estos recursos y estos objetivos pro-sistema.  “Claro que se puede”, “yes, we can”, son micro-neoliberalismos, trampas sistémicas preparadas en el molde “lucha por tus sueños” que transmiten los gurús del coaching, el auto-emprendimiento y la autoayuda, y el populismo europeo de laboratorio (con un núcleo irradiador prefijado como vanguardia intelectual orgánica) ha caído en todas ellas corriendo el riesgo de convertirlo en un postpopulismo. Se puede, fácilmente, si se rema a favor del viento. Si se pretende remar en contra, todo es mucho más difícil. No de otra forma, creemos, debe leerse la opción que ha promovido Íñigo Errejón y sus correligionarios más cercanos, que ha estado siempre orientada a la fase instituyente desde la que reinterpretar el 15M a partir de una estabilización institucional.

5.      La opinión pública y el pueblo: el dogma de la transversalidad.

Visto todo lo anterior,  es evidente que la opinión pública es el arma más eficaz contra el pueblo. Lo están demostrando los sistemas de occidente poniendo toda su maquinaria a trabajar para conseguir que el pueblo sea obsceno para la opinión pública. No otro mensaje anida en acusar de populista a todo lo que no se aviene a los protocolos políticos normativos sancionados por las élites. En las sociedades postfordistas ser pueblo es excluirse de la opinión pública y convertirse en un espectáculo para la misma.  
Consecuentemente, la transversalidad no es la solución a los problemas políticos de la inmensa mayoría, porque está pensada sobre categorías mediaticistas (la opinión pública) y no populistas (el pueblo) ni tampoco de clase (obrera).  Este dogma de lo transversal es el que está llevando a este Podemos a intentar estrategias de la industria publicitaria, como al anterior a mantenerse en el empeño de copar las tertulias y los informativos, cosa que al actual le resulta mucho más difícil o, al menos, mucho más incómodo. La idea de transversalidad implica que hay unas identidades sociales objetivas y previas que hay que coordinar. Esto es, la sociedad, que sí existe, ya tiene una identidad válida para ti. En el fondo, es la filosofía del consumo y del mercado neoliberal que lleva el fetichismo de la mercancía hasta las mismas raíces del ser. Si la transversalidad se construye desde una élite ilustrada, el discurso neoliberal del poder y del éxito prevalecerá siempre como efecto hermenéutico. Porque en el panorama de la opinión pública en el que se inscribe toda comunicación de la élite a la masa todo lo que incoe el proceso adquirirá la función de una consigna. La transversalidad, la ética civil de lo “claro” (que podemos) es un efecto del individualismo ciudadanista. Y problema de las demandas ciudadanistas y reformistas es que dan por ontológicamente posible la transparencia de los hechos al juicio. Y no, el pueblo, dividido por la opinión pública no es transparente para sí mismo. El pueblo es siempre obscuro.
Para Laclau, el teórico que reivindicó el populismo y que está en la base de todos desarrollos del concepto desde la izquierda, la sociedad “no existe”. Esto es, no está ahí disponible y objetiva, sino que “lo político” es el acto central que la constituye. Por ello, aceptó la transversalidad, cierto, pero establecida desde abajo, jamás desde arriba, desde una especie de meta-saber que acaba siendo un despotismo ilustrado de la élite irradiadora populista. ¿Y cómo entender la transversalidad desde abajo sin una conversación continua, en la anarquía de las interpretaciones, desde la docta ignorantia? Lo que proponemos es la invención de algo distinto de la clásica concepción de la “democracia deliberativa”, pergeñada en el molde del alma bella comunicativa habermasiana, esto es, de la deliberación modelizada dese la concepción del individuo como mónada. Lo que necesitamos es un paradójico sujeto multitudianario.

Ese saber es obligación de cualquier líder o de cualquier agitador (activista). Lo contrario no es un saber es la impostación del conocimiento que establece una clásica (iluminista, burguesa) relación sujeto objeto y por ello implica la cosificación de la multitud como masa. Si la intención es desbordar no se trata, creemos, de pretender copar la normalidad –disputar simplemente  los marcos discursivos para tomar ventaja en ellos, sin cuestionarlos-, sino de debilitarla para que no sea totalitaria. Se llama subversión y es la diferencia entre la multitud que piensa y la masa electoral.  Lo común no puede construirse nunca desde lo transversal establecido desde una supuesta realidad social (todos los realismos los carga el diablo), sino desde la multitud. No es un a priori, sino un desiderátum. Nunca puede ser datum, sino in-ventio.
Lo que pasa es que al campo de la normalidad la burguesía le inyectó la vacuna del universalismo: eso hace al capitalismo insubvertible a través de la conquista de lo normal, porque toda conquista de lo normal, todo intento de transgresión, se universaliza por la vía del mercado (y del espectáculo). La Ilustración, de hecho, consistió en traducir la cosmovisión burguesa a categorías universales. Y uno de sus movimientos más sibilinos fue la ética kantiana, la del imperativo categórico: ha uno de pretender que su acción pueda ser considerada como ley universal y, eso, jamás utilizando a ningún ser humano (al semejante, tanto como a uno mismo) sólo como medio, sino siempre como fin. En resumidas cuentas, lo que se ha eliminado en la ética universalista contemporánea es la mediación de lo singular –el caso, el ejemplo, el consejo, el amor- entre lo particular y lo universal. Lo particular ha de entendérselas a solas con lo universal a través de la razón. Es la radical diferencia entre la autonomía abstracta (la razón ante el universo) y la libertad material, que no puede desligarse de la igualdad y la fraternidad. Tremendo y cruel, porque eso ha dejado en medio un enorme abismo que en la versión neoliberal del capitalismo han venido a llenar la llenar la autoayuda y la utopía romántica
Hay que llevar cuidado con la carga de tradición que acumulan las palabras. Cuando el núcleo promotor primigenio de Podemos promovió el uso de las emociones en política, estaban partiendo, sin querer verlo, de la autoayuda y de la utopía romántica. “Claro que Podemos”, el eslogan con el que el núcleo irradidador arrasó en  casi todos los comicios internos entre los dos Vistalegres, era una luminosa consigna auto-ayúdica de neón neoliberal. Y la impostación del líder era una variante de la utopía romántica de la redención, tan tildada de machista y con razón. Ojo, el líder populista tiene algo de anti-neoliberal, es cierto. Ya supone un paso por el otro como medio –el amor es eso, como se puede ver aquí y aquí- pero hay que llevar mucho cuidado cuando este líder entra en colisión con el líder mediático neoliberal (empresarial o político) en el campo comunicativo, porque queda completamente contaminado de sus valores.  Más micro-neoliberalismos.
Éste es problema de disputar los marcos sin entrar en el planteamiento radical de pensarlos como dispositivos concretos y materiales de producción y orientación del sentido y viéndolos sólo como un espacio neutro, homogéneo y vacío, a conquistar.  Se puede montar toda una alternativa política para apuntalar el sistema simulando que se combate contra su núcleo cuando en realidad  no se está más que representando una confrontación con su sector más extremo. El Yes, we can de Obama no fue otra cosa. Y la resurrección desde el núcleo del sector más extremo del neoliberalismo, el neofascista, no se ha hecho esperar. Efectivamente, las tradiciones son relatos y a partir de ellos se construyen  las narrativas. Pero a partir de los relatos, las tradiciones se constituyen como una constelación de significantes, esto es, como un dispositivo instituyente de las condiciones de sentido. Pensar que cambiando el esquema actancial del relato y la sintaxis de la trama se cambia toda la constelación, como si esta no tuviera un anclaje en lo real (en la compulsión a la repetición, en lo que vuelve y vuelve de la pretendida tumba de la sinrazón) es una ingenuidad, cuanto menos, peligrosa. Por eso, prefiero el término "comunidades de goce" a “bloques antagónicos” o a "sensibilidades enfrentadas" porque en él se incluye la pulsión de muerte, la agresividad, la eyección del otro.
El populismo es la enésima forma que está inventando la izquierda para promulgar su unidad, visto el fracaso de la conciencia de clase (obrera) y del partido único.  El problema teórico y epistemológico del hegemono-populismo es que, pretendiendo relativizarlo todo, ha acabado por  absolutizar ciertas cosas y darlas por eternas. Al hacer de “lo políticouna matriz  nuclear a partir de la cual se desenvuelve todo proceso, resulta que los marcos y los vínculos  devienen eternos: lo político existe desde que el hombre es hombre y no  desaparecerá jamás. Y lo instituyente es el único objetivo y éxito posible de la política. 
Creo que las cosas son completamente distintas y la realidad nos lo está mostrando. El pueblo no se ha de movilizar sino es por su deseo. El pueblo es obscuro porque no se sabe.  El pueblo no es auto-transparente, no tiene un saber inmediato sobre sí, sino que ese saber se aliena, precisamente, en la esfera pública. Por eso, el líder debe escuchar las demandas pero no aprestarse a satisfacerlas. La misión del líder es encauzar el modo en el que el pueblo cuida de sí.  Por eso debe catalizar el proceso de creación de un contra-poder.  
Siento tener que ser yo quien revele que los reyes magos no existen, pero los pueblos unidos (o las izquierdas reunidas homogeneizadas), hasta ahora, han sido derrotados siempre. Si han ganado en las urnas, a través del juego sucio y la violencia. Y les juro que se me eriza la piel cuando oigo y canto ese himno. Insistimos: en el proceso de radicalizar la democracia, todo está por pensar y no hay quien tenga el secreto. Porque, a diferencia de las agencias de inteligencia y de las tramas corruptas, el pueblo no tiene secretos. Es todo él un íntegro enigma. El enigma de lo común, que aún no existe. El auto-emprendimiento (en lo privado) y la obsesión institucional (en lo público) tienen como fin primordial que los y las singulares jamás desvíen su atención hacia lo común. Sería muy peligroso para las élites porque socavaría la impostora centralidad del vínculo de explotación como paradigma de todas las relaciones humanas, que es núcleo mismo de la ontología capitalista.

6.      La multitud.

Es un rasgo típico del populismo del norte de occidente, su convicción de estar en el secreto de la naturaleza humana y su consecuente falta de fe en la humanidad. Otro micro-neoliberalismo.  El gran error del populismo como instrumento de la radicalización democrática, pensamos, es haberse olvidado de la multitud en su obsesión por reducir lo político a la  representación instituyente. La multitud es un resto: lo que no cabe en el electorado, en la opinión pública, en las masas, en el griterío de la turba, el los protocolos de la sociedad civil o en la impostada unidad del pueblo. Es lo que no se puede domesticar de los oprimidos. Una democracia multitudinaria es la única alternativa política que podría resistirse a caer en las garras del neoliberalismo más cínico y sangriento. El populismo debería asumir la obscuridad de la multitud como uno de sus valores más vivificantes. Se trata de oponer al genio del sistema la inteligencia colectiva. Fue André Bazin quien acuñó el primer término para referirse al sistema de producción hollywoodense, frente al de las vanguardias y poéticas europeas. Fue Marx quien acuñó el general intellect. 
La multitud necesita pensar, no sólo pensar-se, no sólo instituirse. No opinar o difundir a una cúpula o vanguardia, sino darse al pensamiento. Una opinión es una verdad encerrada, es decir, por definición una  mentira. El pensamiento, sin embargo, es un “medio decir” y por ello está más cerca  de la verdad. La complejidad no es ya que no sea patrimonio de las élites, es que es  refractaria a ellas. Se nota la mano de las élites en el simplismo, en el afán  divulgativo, en la pedagogía del “lo que he hecho es por tu bien”. La multitud es un objeto complejo para el pensamiento. La gran  conquista emancipatoria habrá de venir por la vía de hacer de esa complejidad sujeto. Como el sistema se ha hecho sujeto cobijando a los intereses privados en el anonimato de los mercados, que no necesita de líderes carismáticos. No  habrá élites que puedan colonizar a un sujeto que piensa (enuncia  la verdad, no sólo reflexiona sobre ella) desde su complejidad.  Mal sistema es el que pretende poner orden en la multitud ejecutándola en las categorías de nación, pueblo o sociedad civil.

El problema del populismo es que ha soslayado toda ética deliberativa en lo que ésta pueda tener de radical. Eso, o se hace con mucho cuidado o acaba hipostasiando una ontología. Es decir, acaba convirtiéndose en una metafísica dogmática. Y, el paso a la praxis, en una mancia. Los círculos hubieran sido un instrumento eficacísimo para vehicular un pensamiento multitudinario, pero, ay, el núcleo irradiador desconfiaba mortalmente de ellos porque desconfiaban de  la militancia de izquierdas, tan aviesa, que se infiltraría en su seno. Y Vistalegre II no ha mejorado eso en absoluto, sino todo lo contrario: ha reafirmado el modelo presidencialista, entre otras cosas porque cuando Pablo Echenique intentó revitalizarlos se encontró con la casi-nada. A cambio seguimos con el ágora voting, la posibilidad de las listas plancha y los sistemas electorales obsesivamente debatibles y perfectibles. Tanto que se habla de paridad a cuenta de ellos y no recuerdo un solo caso en el que uno haya sido diseñado por una mujer. He ahí una excepción a la lógica fálica y al para todos de la castración. Y he ahí, en la multitud, una posibilidad inédita de feminización de la política, más allá de las cuotas. Después de todo, igual acabamos descubriendo que los micro-machismos y los micro-neoliberalismos no andan tan alejados. El electoralismo democratista es un destilado de la transversalidad. Elimina cualquier eficacia de la política porque si no hay debate y posibilidad de surgimiento de la invención, el acto de votar se convierte en una especie de metafísica. 

Aquí lo dejo.  Si el momento populista de occidente (norte, claro), son Le Pen, Trump, el Brexit o Geert Wilders, yo me quedo claramente con el 15M al que le habrán podido quitar muchas cosas, pero no el ser un momento multitudinario. Para allá se fue la multitud postfordista buscándose a sí misma en su performance virtuosa y mirándose en los bolsillos a ver si llevaban su carné de socios civiles, mientras la opinión pública, -que, por definición, nunca sale (ni de casa, ni en la tele)- los miraba atónita desde su mullida poltrona, sentando caderas como quien sienta cátedras. Luego vinieron las masas a ocupar las calles con sus mareas, rodeos y primaveras. Y en 2014, saltando desde los ojos atónitos de la opinión pública aposentada  ante el televisor vino el líder y, con él, el núcleo irradiador. El pueblo, ese nuevo pueblo que nos prometió cual maná el núcleo irradiador, aún no está. No sabemos si se le espera porque hasta hace bien poco andaba perdido entre apaños electorales y vericuetos transversales. Lo que tenemos es una opinión pública alterada, un target difuso que necesita branded content para no disolverse en el aire. Y un montón de heavy users, a veces más mansos, a veces más feroces, que difunden ese content convencidos de que en la marca y el líder está la redención. Por el momento es márketing, no contra-hegemonía. Como decía la maldición china: “Ojalá te toque vivir en tiempos interesantes”. Si esos momentos son populistas, neofascistas, o bien -¡ojalá nos oiga el dios de Spinoza!- multitudinarios está por ver.


viernes, 21 de abril de 2017

Curiosa, esta derecha.

Digo para los hombres, esto del mérito. Porque pasan más por la cárcel los empresariastros y politicastros que las mujeres de la derecha política o económica. Ellas suelen hacer como las de la realeza: no se enteraban de lo que pasaba a su alrededor. Aunque suene raro esto de alguien que es capaz de darse a la fuga en su coche con todo descaro para que no le pongan una multa, derribando la moto del policía.
 .Una rana sobre un cocodrilo.

Curiosa esta derecha neoliberal del post-fordismo. Para un viejo burgués, ir a la cárcel era lo peor de lo peor. Sin embargo, estos empresariastros y politicastros neoliberales se lo toman como un deporte. Me los imagino a todos en sus libertades vigiladas (perdonen que me ría) con los blancos rastros (o blancas ristras) bien dispuestos en la mesita de plexiglás (o cristal de bohemia, disculpen mi ignorancia de ciertos materiales pero es que frecuento poco esos ambientes) de un salón, presumiendo ante las escorts y los amigotes de sus aventuras carcelarias y riéndose del populacho que los increpa al llegar a los juzgados. ¿Pretenderán, de aquí unos años, hacer pasar por  un mérito político haber estado algún rato –lo he escrito con minúscula- en la cárcel por corrupción, como lo fue en los 80 el haber estado detenido en una cárcel franquista? ¿Qué inventará algún periodista (perdonen, me ha entrado la risa otra vez) imputado con ellos para culpar a la infausta izquierda de una persecución sin tregua?

Pero, oigan, qué finales para estas lideresas. Solas, abandonadas, excluidas e ignoradas como viejas adúlteras. Parece que el capitalismo ha cambiado su faz pero el patriarcado no tanto, si uno puede imaginarse el futuro de la lideresa madrileña, abandonada y apestada, parecido al de la faraona valenciana. A ésta, su víscera reina le hizo el favor de acortarle el calvario, según parece que reveló la autopsia. Tenía un par de vicios secretos. Y no sabemos si el Papa llegó a saber lo suyo. Secretos para una mujer, porque los hombres de la derecha neoliberal –si sus aspiraciones son al dinero o a estar en una lista electoral sin encabezarla- ya pueden salir del armario como han salido toda la vida del despacho o del prostíbulo y, ahora también, del calabozo: altas las solapas y mirando al suelo, como si pasaran casualmente por allí. Pero a ellas, ya viejas leonas repudiadas, las estamos por ver en la ruina física y moral.  Se han atrevido a mucho…
Con lágrimas de saurio, pena la condesa por sus batracios. No sé por qué, me viene este final de Ana Ozores a la mente: “….Ana volvió a la vida rasgando las nieblas de un delirio que le causaba náuseas. Había creído sentir sobre la boca el vientre viscoso y frío de un sapo.” Tal vez, alguien esté sintiendo en la suya el de una rana. Craso error haber confundido la vulgar femocracia con el feminismo y creer que te puede ir bien en el patriarcado capitalista siendo mujer por ser de derechas, si te sales de tu asignado papel de fiel consorte o subalterna y quieres el poder. Ojo, con ser mujer. Tus auto-indulgentes correligionarios machos –los alfas y los omegas- te tienen reservada una cuota de acceso mucho menor al perdón de los pecados.

(Original en VLCN)

domingo, 9 de abril de 2017

Algunos terrores se acaban y otros, desgraciadamente, no: ETA, Siria, Cassandra y la posverdad.

Sobre el desarme de ETA.

Nunca, nunca, nunca. Ni en los primeros 70 siendo un niño, ni en los segundos siendo un adolescente. Jamás he tenido la más mínima tentación de sentir un ápice de simpatía por ETA a la que siempre consideré un ejemplo de matonismo fascista y nunca pude ver como algo parecido a una guerrilla (o brazo armado) de un pueblo. No se me olvida que mataron a mucha gente inocente, que fuera de Euzkadi hacían atentados masivos, que la gente más decente que estaba en la órbita del Psoe en el Estado Español como Ernest Lluch o Tomás y Valiente fueron sus víctimas. Recuerdo perfectamente dónde estaba y con quién la tarde que mataron a Miguel Ángel Blanco y la rabia que sentí. Recuerdo el horror cuando le pusieron la bomba a Irene Villa, los via crucis de días y días cada vez que secuestraban a alguien, empezando por alguien de quien me siento tan alejado como Ortega Lara. Nunca atentaron sin que yo bajara con mis compañeros de trabajo a guardar el minuto de silencio preceptivo con absoluta convicción. Siempre, los miembros más activos de ETA (Urrusolo, De Juana, Txapote, etc.) me parecieron sujetos abominables y me inspiraron más odio que desprecio.

Pues bien, todo ello no impide la repugnancia inmensa que siento ahora mismo por la plana mayor y menor del PP clamando porque se les acaba el chollo. Me abstengo de decir

lo que pienso de algunos familiares -anda que no ha tenido que oírse esta salvajada miles de veces Pilar Manjón, de parte de la extrema derecha alojada en el PP- que han hecho carrera de su condición y llevan años viviendo de ella. Me da verdadero asco la derecha mundial que ha hecho del del “sin perdón” su cínico modus vivendi. Jamás se me ocurrió equiparar a ETA con la Farc o con cualquier guerrilla latinoamericana. Pero cada vez que veo a los peperos de ahora sacar pecho y ningunear el acto de hoy, veo, sin embargo, el mismo rostro de pétreo cinismo que vi en Uribe. 

Es escandaloso este neoliberalismo que necesita continuamente el terrorismo como enemigo –terrorismo que mata a la gente, ya no, hoy por hoy, a estos políticos- para legitimarse y perpetuarse y muestran con una desvergüenza estrepitosa su pánico a que algo de ese terrorismo pueda desaparecer, y hacen de una supuesta justicia para las víctimas su excusa para perpetuar y legitimar su propia actitud de carniceros. Ahí, tenemos a Trump que se ha dicho que ya está bien de tener mala prensa, voy a ver si mato algunos árabes. Y ahí tenemos la ocultación deliberada por los medios sistémicos de las supuestas declaraciones de al-Asad pidiendo una comisión internacional para investigar de dónde vino ese ataque con armas químicas contra el pueblo sirio. Digo supuestas porque he oído hablar de ellas, pero no las he podido ver, obviamente. Ninguna simpatía siento por estos dictadores hereditarios, pero con las mismas pruebas que ha tenido Trump para bombardear o las que tuvo el trío de las Azores para invadir Irak, me atrevo a decir que me parece absolutamente inverosímil que un presidente absolutamente acosado por las potencias occidentales haya podido ordenar un ataque químico contra su población, como hubiera hecho el Daesh, forjado a la sombra de la CIA. Lo cortés, ahora menos que nunca, puede quitarnos lo valiente.
 

I have a dream: digo esto en un plató de La Sexta y Marhuenda, Inda y el tertuliano de C's me acusan de simpatizar con ETA…. No cuento el resto del sueño, porque si por unos tuits sobre un presidente de un gobierno fascista asesinado hace cuarenta y tantos años una chica ha sido condenada a prisión, si yo cuento el final de mi experiencia onírica, puedo acabar en Guantánamo. Desgraciadamente, el desarme de ETA no será el final definitivo del terror en el mundo. Pero es una noticia. Y buena, muy buena. Y es decente alegrarse por ella. (8 de abril, Facebook)

 

Todos somos Cassandra.

Nunca me ha gustado cebarme con los muertos, por despreciables que me parecieran cuando estaban vivos. Ya lo dije en su momento, a propósito de Rita Barberá. Demasiados seres queridos muertos para que la muerte de alguien la pueda asociar a la risa. Cassandra, probablemente, me hubiera pasado desapercibida. Ni siquiera digo que me hubiera merecido desaprobación. Simplemente la hubiera ignorado porque hubiera sido incapaz de reír sus gracias. Ahora bien, la Audiencia Nacional la ha convertido en mi representante legítima. Casandra es el signo más claro de cómo nos considera a sus súbditos el régimen monárquico, neoliberal y progresivamente autoritario que ha ido instaurando el PP con una sucesión de medidas legales que equivalen a un golpe de Estado blando. #todxssomoscassandra. Algunos más que otros, porque vemos una realidad evidente que muchos no quieren aceptar. Todxs somos Cassandra es una verdad como un puñetero templo. (31 de Marzo, Facebook)




Posverdad.

  • Clinton bombardeando otra vez Siria!!!. Trump no lo hubiera hecho jamás!! Ah no, calla.... #posverdadverdadera #lapróximadeTarantino #huy!! (7 de abril, Twitter)
  • Para qué buscar la #posverdad en Trump teniendo mucho más a mano los PGE del PP. Demagogia pura para fingir una recuperación falsísima. (6 de abril, Twitter)
  •  Sobre la Transversalidad, esto es lo que he opinado yo siempre (6 de abril, Facebook)




  •  #Posverdad: época en la que los Media y los partidos neoliberales ya no consiguen manipular a la gente hasta en los más mínimos detalles. (5 de abril, Twitter)

 


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miércoles, 29 de marzo de 2017

IE/SD (y otros asuntos....)

Comentarios en redes sociales desde hace algo más de un mes...

IE/SD

Os dejo una conjetura fácilmente falsable, porque o acierto o me caigo con todo el equipo si me desmienten los hechos. Asumo el riesgo. Ayer estuve viendo la entrevista que le hicieron a Errejón en TVE y sólo faltó que le extendieran la alfombra roja (o encarnadita, para no provocar). Sólo hay que comparar la diferencia del trato a Errejón, con el denuesto continuo al que es sometida la actual cúpula de Podemos, para sospechar que hay una estrategia sistémica detrás. Tampoco ayudan mucho, dicho sea de paso, las descabelladas ideas comunicativas del amado líder, que ahora ha decidido que como ya no puede ejercer de tertuliano, pues en vez de soltar palabrotas “las cita”, porque él es muy culto. De hecho, fue la primera vez que le oí en público y la primera decepción que me llevé en su día, allá por enero de 2014, al ver lo pobres y manidas que eran sus supuestas citas cultas. Cualquiera que sepa un poquito de literatura española se habrá tenido que sonrojar viendo cómo después aludía a Quevedo con frases de manual de la ESO, para justificarse.

Bueno, a lo que iba. Errejón con americanita sociata setentas rodeado de corderos con piel de lobo en Los Desayunos de la 1, dirigidos por el ínclito Eugenio Martín, aquél que le dijo a PIT que si se alegraba con los muertos de ETA -sin embargo, con Errejón, su derechismo extremo alcanzó hitos de melifluidad sin precedentes - para sospechar la jugada. He oído hace poco que se barajaba la posibilidad de una confluencia entre la izquierda del Psoe (Sánchez) y la órbita de Errejón, cosa difundida con el fin de asustar a los muy transversales militantes del Psoe. Sólo viendo el encono que se está poniendo, desde el Psoe y la prensa sistémica, en machacar a Sánchez y el trato dado habitualmente a PIT y su equipo, es fácil intuir la jugada. A ver: Errejón tiene muy buena prensa fuera de Podemos. Infinitamente mejor que dentro, que es donde se le conoce. Parece que nadie se acuerde ahora de qué él fue el ideólogo de la variante más sectaria y autoritaria del populismo –con Carl Schmitt como lectura de cabecera- para convertirlo en una máquina de guerra electoral. Ahora, va de chico bueno e integrador y el malvado malencarado es Pablo Iglesias. Qué cosas. Otra no sé, pero que está provisto de una asombrosa astucia florentina, ha quedado acreditado
 

Dada esta “buena prensa”, decía ¿qué más fácil que facilitar su marcha de Podemos, con campañas mediáticas que le son favorables y promover una victoria de Susana Díaz en el Psoe para que acaben confluyendo y arrastrando voto progre, que es mucho? Si nos fijamos, hacia el bando de Iglesias, hay palos para todos, con Montero a la cabeza, pero del otro, en la prensa generalista sólo sacan a Errejón, porque interesa ensalzarle personalmente, como talante y no como bando. Pues eso, que yo veo que todo está siendo preparado para una confluencia IE/SD, en un futuro no lejano. Ojo, que hay mucho malpensao. Quiero decir Íñigo Errejón y Susana Díaz. Seguro que algún malvado ha leído en las siglas Izquierda Edulcorada/Socialismo de Derechas. Mecachis, qué insidiosa es la gente. (Por cierto, ¿haría falta justificar el “mecachis” con una cita culta o vale con untarlo con tocino?) 


Como a veces dos imágenes valen más que mil cábalas, aquí dejo estas dos capturas de pantalla.
 



 SD/RB

No deja de llamarme la atención la proclividad al Síndrome de Estocolmo de buena parte de la militancia socialista. Gente que mostraba hace no mucho una simpatía abierta hacia Pedro Sánchez y veían a Susana Díaz como lo que es, un submarino de la derecha andaluza en el Psoe y una trepa y golpista institucional, hoy ya la ven con simpatía y dicen que es la que puede unir al Psoe y alejarlo de las "derivas podemitas" de Sánchez. La cosa daría para un análisis más detenido, que tendría -si lo hago yo- la misma base que cuando he criticado las listas-plancha de Podemos, en su momento. El problema no es el procedimiento electoral -siento la decepción que se van a llevar conmigo quienes defienden un proceso plebiscitario continuo y tienen una fe casi ciega en los sistemas electorales- sino el electorado. O dejan de gobernar y decidir los electorados, que son masas absolutamente manipulables, y arbitramos mecanismos para que las bases se articulen como multitud y no como militantes espectadores, o siempre ganará la opción protegida por el sistema. Y cuando pierda, los media institucionales siempre pueden darle la vuelta a la tortilla acaban derribándolo otra vez como harán con Trump, por ejemplo. En fin, ¿soy el único al que Susana Díaz le recuerda por presencia, porte, autoritarismo, demagogia (que es mucho peor que el populismo) y ansias de poder a la Rita de hace 26 o 27 años cuando ganó la alcaldía de Valencia? No sé si acabarán igual, pero de corazón espero que no dure tanto... (27 de marzo)



DT

Bien no me puede caer en la vida. Pero diciendo cosas como las que ha dicho hoy de Merkel y de Alemania, deberé de reconocer que Trump me cae menos mal que la inmensa mayoría de políticos del hemisferio noroccidental, tanto en el gobierno como en la oposición. No es un gran elogio, evidentemente. Pero dado que la prensa neoliberal española y mundial lo trata mucho peor que a éstos, pues es significativo. Podemos discutir si Trump es peor que H. Clinton u Obama. Pero peor que Merkel no es nadie en el mundo entero. Personaje aciago de nuestra época, quien se niegue a darle la mano gana algún punto, si no positivo en mi simpatía, al menos, negativo en mi antipatía. (18 de marzo)

NOTICIAS.

  • Yo también leo El País. Todos los días. Cuenta las mentiras mejor y pergeña las manipulaciones más hábilmente. Sin duda. (14 de marzo)
  • Un periódico no puede decir la verdad, por definición. El periodista, en cabal desempeño de su profesión, lanza una mirada al mundo modulada para detectar noticias. Y una noticia no es nunca verdad. Ser noticia-no ser noticia es un eje epistémico distinto completamente del eje verdad-mentira. Por eso, un caso judicial, por ejemplo, deja de ser noticia en cuanto se alcanza un veredicto, esto es, en cuanto, por muy convencional que sea, alcanza una verdad. A una mentira le pasa lo mismo cuando aburre. Uno puede leer un periódico o ver la tele para informarse. Pero la verdad, obligatoriamente, habrá de buscarla en otra parte. La información tiene que ver con la sorpresa. Un mensaje es más informativo cuanto más improblable es lo que transmite. Es el ítem más elemental de la Teoría de la Información (Shannon). Y las verdades no suelen ser improbables, de ahí que sean, en su inmensa mayoría poco noticiables. Cuando un periodista le da relevancia a un hecho, no lo hace porque sea verdad, sino porque es improbable, sorprendente, noticiable. No hay el más mínimo juicio moral en ello. Un buen periodista cuando se encuentra con una verdad que era probable, por oficio, simplemente ha de ignorarla. Lleve implícitos los muertos, las injusticias o los crímenes que lleve. Por eso, una de las vertientes esenciales del activismo es convertir la verdad en noticia, para que pueda ser contada, difundida. La trampa: que al ser contada se convierte en información y se aleja del eje de la verdad. Pero eso ya es materia para otra reflexión. (14 de marzo)
  • El corto-circuito, precisamente, se produce cuando el activista cae en el delirio de que convertir una verdad en noticia la convierte en causa eficiente, cuando es casi lo contrario. Es la superstición más peligrosa y la que ha carcomido sistemáticamente a la izquierda en los entornos de capitalismo avanzado en los últimos 50 años: la superstición de la conciencia. Encarnada en el sortilegio de la pedagogía.(14 de marzo)

El psicoanálisis.

El psicoanálisis es necesariamente antifascista. Los que hemos pasado por la experiencia de un análisis tenemos, desde ese proceso de extrañamiento de lo normal y de refutación de los modos familiares del amo, un compromiso ineludible con el común. Ésa es mi razón para firmar esta petición. Le Pen es posiblemente el personaje más peligroso de Occidente. Trump, en comparación con ella, es simplemente un paleto fuera de ambiente. Ella no. Un fascismo generalizado en occidente puede empezar por Marine Le Pen con más facilidad que por cualquier otro de sus extremos. [Razón por la que firmé esta petición] (13 de marzo)

“El enemigo del fanático es el placer”. Salman Rushdie (12 de marzo)

 À

Una compañera me pregunta:
Agencia creadora de "À." (leído Apunt!!) como nombre de la nueva RTVV = Aftershare (Risto Mejide) Argumentación:

1. "La letra A está incluida en el nombre de las tres provincias que integran la Comunitat Valenciana".
2. "La A es la primera letra del abecedario, es el inicio, empezar desde cero, inaugura algo nuevo".
3. "Agotado el criterio de los números, se ha escogido la primera letra".
4. "El acento abierto, la à tónica en valenciano, es un rasgo característico de nuestra lengua".

SIGO INSISTIENDO... no se si reir o llorar... Encara que... tal volta, després ens ENXISA!!!
OPINIONES??? José Antonio Palao Errando !!! estamos esperando ...

Aquí mi respuesta:
Es una opción derridiana, más por lo gramatológico que por lo deconstructivo. Han optado por un grafema que es una especie de jeroglífico impronunciable. Fijaos que el acento implica además que es un fonema común a todo el dominio de la lengua catalana. La a átona, sin acento, no existe en catalán oriental. Ellos pronuncian ə y por lo tanto no tiene a, ni e, ni o átonas. O sea que es un fonema pan-catalán, pero a cambio de que sea impronunciable. Es en la fonética donde están las grandes divergencias, la "misrecognition" esencial entre valencianos y catalanes. Es toda una declaración de intenciones. I punt. (Risto Mejide es catalán y supongo que la agencia también...)

Estoy trabajando con un estudiante sobre la comunicación de la nueva Generalitat (con él más concretamente sobre las estrategias comunicativas institucionales que son responsabilidad de Compromís) y este nombre de la nueva RTVV -más o menos afortunado, es una cuestión que no estoy planteando en este momento- tiene mucho que ver. Lo que me interesa es ver cómo, ante los conflictos lingüísticos y culturales que ha provocado la derecha sobre el caballo de batalla del anticatalanismo, se está produciendo una contraofensiva por la izquierda valencianista en el orden de la seducción y no en el de la transversalidad. Se trata de enfrentar las falsedades emitidas por los gobernantes de la CV durante los últimos 25 años sin concederles ninguna legitimidad moral ni política -eso sería una posición transversal- pero intentando respetar al máximo la sensibilidad de quienes se sienten identificados con esas posturas. Una política de lo sensible que no sea visceralmente emocional, como pretende cierto -no todo, por supuesto- populismo relativista (todo vale con tal de ganar), el de la máquina de guerra electoral. El proceso me parece interesantísimo por muchos errores que se pueda cometer por el camino.

Carta abierta (y la cabeza, casi).

  • Querido Pablo dos puntos. Parece que los hooligans que desde cecupé consentisteis y, al menos con vuestro silencio público, alentasteis, se os han ido de las manos. Ya dieron el numerito en tu entrañable y casero rifirrafe con Errejón, y ahora parece que les montan bullas a los periodistas. Ojito, porque a ver si por ahí queda Podemos herido de muerte. No se puede ir predicando la sonrisa y tolerar matones de espíritu falangista en las filas de Podemos. Y los hay, y muchos y lo sabéis. Es necesaria una depuración de esa gentuza, que tanto ha ofendido a gente decente entre Vistalegre 1 y 2 y que ahora están dispuesto a hundir el partido escupiendo no ya sin ningún sentido de la decencia, sino incluso de la estrategia. Podemos es un artefacto complejo, lo sé. Y no se le puede juzgar como a un partido normal. Que yo siga interesado por él, después de las cosas que me he tenido que leer sobre mí, lo demuestra. Y como yo mucha gente. Pero la prensa del régimen, con El País y APM a la cabeza, seguidos de cerca por otros periódicos del régimen y las televisiones generalistas, está orquestando una campaña anti-Iglesias en paralelo absoluto con una campaña anti-Trump porque ya tomaron su partido por Clinton/Obama y Errejón respectivamente. La estrategia de asimilación de Podemos a Trump bajo la espuria etiqueta común del "populismo" es tan nauseabunda como evidente. Y ya puedes ir tú y tu plana mayor de chicxs correctxs y educadxs, que si los palmeros hacen el deleznable papel de imitadores de Trump, de nada va a valer. De verdad, toca poner orden y llamar a capítulo a los hooligans. O la van a cagar. Puntos suspensivos. Hooligans fuera de Podemos, ya!!! Signos de exclamación como barras de cuarto. (6 de marzo)
  • He dejado en Reddit lo que colgué anoche aquí. Por supuesto, los trolls lepenianos calumniadores están a saco y yo he contestado a algunos. Llaman pepero a todo el que no les ríe las gracias, yo les llamo lepenianos infiltrados a sueldo del PP para cargarse Podemos. Aquí, simplemente los bloqueo sin contemplaciones, pero allí no se puede. Siempre he pensado que esta peña que ha insultado y calumniado inveteradamente a las voces críticas como ratas anónimas y ahora, sin pararse a pensar un segundo, se meten con periodistas de los grandes medios como si éstos tampoco pudieran defenderse, son el gran peligro para Podemos. Gracias a la antipatía que generan en la sociedad han conseguido que no hubiera ni sorpasso y que el PP esté de nuevo en el gobierno. Y con Iglesias y Monedero riéndoles las gracias. A ver si Irene Montero mete algo de sensatez entre tanta testosterona estúpida. De Errejón ya ni hablo, porque ha demostrado que no tiene más interés que colocarse y trepar y es el gran protegido por esos medios. Aún, que no esté detrás de esta campaña y sea una pura venganza por haber perdido las elecciones. En fin, si tenéis cuenta en Reddit y estáis de acuerdo con lo que digo, por favor, votad -ya no digo defended, que es mucho pedir- el post. A esta gentuza lepeniana que atacan como ratas anónimas hay que pararlos porque son un cáncer interno peligrosísimo. (7 de marzo)

 I/P



La igualdad como destino puede ser algo realmente tortuoso si la pulsión se apodera de ella como ideal, es decir, si acaba siendo patrimonio del Superyó. Vencer a otro, superar a otro, como fase ulterior de la igualdad es relativamente fácil como concepción ontológica de la meta y del destino. La igualdad de oportunidades liberal es simplemente eso. Pero igualarse sin tregua, ser iguales como destino. ¿Sobre qué lecho ontológico puede sostenerse esa lucha, esa demanda?¿Cómo hacer con la singularidad del deseo en ese caso?¿Qué idea de suficiencia o justicia se podría implementar como baremo, eliminada la competitividad neoliberal?

[Dos cositas. La cuestión que planteo no está animada por la más mínima ironía. Por favor, no contestes -y menos despectiva o sarcásticamente- si no estás muy segurx de haber entendido el planteamiento. Tonto del todo no soy, así que si se te ocurre una obviedad como respuesta lo más normal es que ya se me haya ocurrido a mí y no me haya parecido satisfactoria. Resumiendo: me gustaría pensar la cuestión en serio. I.e.:cuñadxs, abstenerse. Gracias.] (4 de marzo)

Un par de apuntes

Un par de apuntes políticos que me dice FBook que compartí hace un año:
 

"Fe en la humanidad. Es un sentimiento extraño que quisiera experimentar, porque no recuerdo haberlo tenido nunca. Cuidado: sí he sentido por la humanidad muchas variedades del amor, de la solidaridad a la compasión, pasando por la rabia inmensa ante lo injusto. Pero creo intuir que fe, no. Que la fe en la humanidad ha de ser un sentimiento distinto a todo lo que he sentido antes."

"Tengo por costumbre salir a la calle, cual Diógenes, buscando un líder. Y siempre que me encuentro alguno, me pasa como al perro de Sinope, que lo único que se me ocurre pedirle es que se aparte de una vez, porque su "claridad" no hace más que robarme el sol." (1 de marzo)



 Y otro más

A cuenta de mi última columna, me pregunta un amigo si creo que el Caso Noos y sus secuelas pueden perjudicar de verdad a la Corona. Le contesto que la ha desprestigiado, sin duda. Ahora bien, que eso en el entorno del capitalismo post-fordista no implica necesariamente perjuicio. Al revés: Trump es el ejemplo consumado y paradigmático de cómo en una época de post-verdad el desprestigio puede beneficiarte. Y mucho.
Y añado: el PP es el otro gran ejemplo de ello. Creo que es con esa orientación que hay que entender lo que quiero decir en el texto y que lo haya titulado con la famosa advocación de Cicerón a Catilina. (25 de febrero)

IE en Twitter

Una primera persona muy reveladora. Ese "vamos" es ideológico: somos peronistas. Pero ese "volver" es estratégico: Es un aviso a navegantes, no precisamenente argentinos. El errejonismo (el verticalismo, el centralismo, el populismo entendido como simple demagogia) que no acaba de morir. Asumo todas la críticas a Macri. Pero lo esencial no es eso: es el hincapié en las "políticas de Estado", en las "políticas no supeditadas a lo ideológico", etc. Errejonismo en estado puro, insisto. Utilizamos a Milagro Sala, como a la RBU o al sistema electoral proporcional: porque nos conviene, para lo que nos conviene y mientras nos convenga. (25 de febrero)





Muy ilusorio y muy poco ilusionante, el panorama.Por separado no creo, pero juntos serían una potentísima herramienta para coagular todas las posibles consecuencias del 15M -incluido el defectuosísimo Podemos actual- y volver a cerrar a cal y canto el redil (29 de marzo)

jueves, 23 de marzo de 2017

El terrorista emprendedor



Ante los mortíferos eventos cada vez más frecuentes, como el de ayer en Londres, se producen sistemáticamente dos respuestas en la opinión pública: la oficialista –que intenta reavivar la islamofobia y el pánico- y la anti-oficialista –que tacha de inventos del sistema estos atentados y, más o menos explícitamente, sugieren que son provocados por los gobiernos occidentales para inculcar la creencia oficialista en la opinión pública, esto es, la islamofobia y el apoyo a la violencia estatal. Ambos comparten, lo he dicho muchas veces, la misma ontología delirante, la del paradigma informativo. Ambas apuestan por la opinión –el saber compartido objetivamente y nunca subjetivado, nunca pensado por el sujeto- y por la seguridad de que hay una trama secreta reducible a hechos y datos (facts, en inglés), ocultada fraudulentamente por los Estados, y que si tuviéramos todos los datos que el poder nos escatima, tendríamos la verdad y, con ella, el sentido completo del mundo. Delirantes ambas posturas, porque entonces aparece Assange y su simple presenci nos recuerda que todos los data, en la segunda década del siglo XXI, son big, too big. Ahora bien, a la onto-episteme neoliberal, esto -que haya muchos datos- le parece equivalente a que haya muchas revelaciones, obviando que para que algo se revele ha de haber quien lo acoja como mensaje y lo propague. No hay evangelio sin predicadores. Los datos, y cuando son big la cosa resulta aún más evidente, son un saber sin sujeto, un saber que nadie sabe pero que el activista del sharing, tanto como la masa adepta al oficialismo, reputa como ya sabido y, por consiguiente, acepta como prescindible identificar al quién, sujeto del verbo saber.
Pero lo que nos encontramos en casos como el de ayer es algo distinto: es una emergencia de lo real que se disgrega en el exterior de los circuitos de la información y su fantasioso sentido implícito. Si siempre me han parecido rechazables las teorías de la conspiración, no ha sido porque acepte las tesis oficialistas, sino porque considero que la subversión, la quiebra del simulacro por una verdad que nunca estará entera, depende de salirnos de ese bucle fantástico de la información auto-operativa que nos lleva a la impotencia de la conciencia: “¿cómo no se dan cuenta estas masas cerriles?”, acaba preguntándose el probo activista cuando ha divulgado por telegram, whatsapp, facebook, twitter y reddit mil millones de veces entre sus pacientes contactos el link que confirma y demuestra sus sospechas, y sin embargo, estos parecen permanecer incomprensiblemente renuentes a la concienciación por la evidencia. Nota bene, que lo  que transmiten no son los datos–too big to share, lógicamente – ni la supuesta verdad que anida en ellos, sino la simplona obviedad  de que esos datos dicen que existen, y que alguien los tiene, y que demuestran lo que él/la ha sabido y defendido siempre….


La salida de ese bucle de la impotencia –es mi humilde pensar- pasa por distinguir entre la apropiación informativa y la escucha sintomática. Es decir, por intentar no evaluar desde la norma(tividad) sino interpretar desde la causa. El principal problema es que seguimos proyectando sobre este terrorismo islamista el paradigma del terrorismo urbano clásico, de cariz vertical, organizativo, militarizado y partitocrático del que ETA, tal vez, haya sido el último ejemplo. A este terrorismo se le acusaba, muy racionalmente, de ser irracional, lo que suponía que el acusador, al menos, presumía en el terrorista una racionalidad instrumental sustancializada en el deseo de vencer y, a ser posible, de vivir para ver esta victoria. Pero nada de esta normatividad racionalista funciona ya en el terrorismo suicida actual.

Si hacemos, decía, el simple ejercicio de una escucha sintomática, pasarán a ser obvios otros aspectos que la teoría de la conspiración de raíz informativista oculta. Por ejemplo, que el terrorismo suicida actual tiene en su bagaje mucho más de neoliberalismo occidental que de islamismo. Decía el psicoanalista Jacques-Alain Miller a principios de este siglo –a cuenta del 11S- que el terrorista suicida era un terrorista “angélico”, porque despreciaba su cuerpo en el acto de masacrarse junto con sus víctimas. Pues bien, la figura del terrorista “islamista”, 16 años después, ha progresado mucho. De más está decir, porque ya es de sobras conocido, que muchos, no sé si mayoría, de los efectivos del Daesh son occidentales de nacimiento y formación. No es así extraño que hayamos pasado, en consonancia con los tiempos, del terrorista angélico al terrorista emprendedor. El poder del Islam y la Yanna son “tu-sueño-por-el que-has-de-luchar”, asesorado a ser posible por un coach, figura a la que acaban asimilándose el mulah, el imam, o simplemente el correligionario “radicalizado”.


El lobo solitario se nos aparece entonces como un performer auto-emprendedor que, como tantos en el hemisferio occidental, no ha encontrado patrón que compre su fuerza de trabajo y por ello ha decidido perseguir su sueño de manera autónoma, como alternativa a la exclusión social que le reportaría ser un simple detritus del mercado de trabajo y del mercado de consumo, sobre todo del consumo identitario (ser quien sueño). Sólo, que en vez de pedirle a un banco que llene con un préstamo el vacío patronal, para permitirle subsumir en la forma-empresa su soñado proyecto vital, se ha decidido por que este proyecto le sustancie en un rápido, in-mediato, ingreso en la Yanna. Observamos en él, pues, todos los atributos, comenzando por la impaciencia y la exigencia de anular toda mediación y aplazamiento de la satisfacción, típicos del pro-sumidor post-fordista. El lobo solitario ha pasado a concebir el Islam no ya como una religión, en el sentido clásico, sino como un proyecto de performance virtuosista personal. Es una especie de hipster del más allá. Al fin y al cabo, hipsters e islamistas muestran el mismo aprecio por sus luengas barbas. Todo un síntoma.


Hace unos meses, a cuenta del evento (palabra que me parece más precisa que “atentado” o “ataque” en estos casos) de Niza yo lo intenté explicar de este modo. Pido disculpas –de un modo retoriquísimo, lo admito- por la auto-cita:

“Pues bien, más allá de la cuestión del fundamentalismo religioso y del odio a la democracia y de todas estas cosas que pone sobre el tapete la narrativa occidental anti-islámica, hay muchísimas trazas enunciativas en las performances del yihadismo que nos resultarían reveladoras de su origen, si atendiéramos a ellas. Rasgos característicos que nos explicarían en muchas ocasiones lo que parece el gran misterio para los servicios de seguridad europeos, que es eso que llaman la “radicalización relámpago” (o exprés) de muchos de estos nuevos terroristas. Hay rasgos formales, como la estética de videoclip o de videojuego que utilizan en sus vídeos, que nos hacen entender que este tipo de yihadistas no puede haberse criado en un lugar distinto de un país occidental y que es esa cultura la que los ha preparado para caer rendidos en los brazos de la fe en la pulsión de muerte.

Pero hay más cosas que un enfoque puramente narrativista se niega a ver. Por ejemplo, y es algo que nos tiene muy despistados, esa transición del terrorista proto-psicótico que se amarra una bomba al cuerpo porque no distingue, en el acto de matar, el suyo del de sus enemigos, ni del mundo, al nuevo lobo solitario que ha decidido ceder a la falicización del arma de fuego empuñada, diferenciada de su cuerpo. Es bastante evidente que mientras puede haber hombres y mujeres bomba, este nuevo tipo de terrorismo, más neurotizado, más sometido a la lógica patriarcal del falo separado del cuerpo, es decir, más cercano a la angustia de castración que a la explosión orgánica, es sólo perpetrada por hombres. Ya no muero al matar, provoco que me maten. Una mujer puede explotar, esparcir sus vísceras con las del enemigo. Lo intolerable es que pueda ser penetrada por lo que expele el apéndice empuñado por éste.”


Entiendo, pues, que la fobia al neoliberalismo sería una respuesta más justa y exacta que la islamofobia ante estos eventos post-fordistas anegados de muerte que son los atentados “islamistas”. En cuanto a esa tergiversación informativa que hace pasar lo visible por sentido no hay ilustración mejor que la falsa claridad de ese circulillo transeúnte del encuadre, que se pretende clarificador en este vídeo de la BBC.


Magro, este sustituto de tres al cuarto de un montaje analítico que, en el cine comercial, nos hubiera provisto de una saturación escópica por raccord en el eje (un plano cercano, para los no puestos en la jerga fílmica). Es la base de la ontología iluminista del neoliberalismo: la mostración implica la existencia y la existencia, la verdad. Irrefutable, claro está. Pero tanto como irrefutable, falso. No, no hay sentido porque no hay causalidad del relato en estos eventos, sólo reiteración de una narrativa como simulación de su presencia en el mundo. Mis sinceras (sin intención retórica esta vez) disculpas a quien no le haya parecido apropiado el tono de este artículo. Hace exactamente una semana, por motivos puramente banales, paseaba yo por el Puente de Westminster para ir a echarle una ojeada al mercadillo de libros del Southbank, justo a las puertas del BFI. Me ha resultado aún más siniestro, pues, este atentado de cuyo escenario estuve tan cerca. Así que he preferido exorcizarlo en un tono distinto a la dominante confirmación general del compungimiento. Maneras de vivir.  

Sin títuloPor la misma razón, en vez del vídeo de la BBC, yo prefiero esta otra imagen que he compartido muchas veces y que está, en mi humilde entender, mucho más cercana a la verdad y, por ello, supone una explicación mucho más precisa de lo que ayer pasó en Londres y de todos los desgraciados eventos a cuya seriepertenece.   Tal vez suene a provocación o boutade, pero –honestamente- creo que  las religiones han pasado de ser causa eficiente del matar a ser un simple instrumento del capitalismo, que, en efecto, cada vez más se nos revela como otra cosa que la vida.


En VLCN

lunes, 20 de marzo de 2017

De Trump, Iglesias y otros cuentos.

Os dejo el enlace a la entrevista que me ha hecho el profesor Esteban Galán en Transmedia: el programa de investigación en comunicación.


Transcripción inicio de la entrevista

Decía aquel escritor, poeta y bibliotecario argentino que no hay ejercicio intelectual que no sea finalmente inútil”. Nuestro café con micro de hoy comparte con aquel escritor, poeta y bibliotecario argentino conocido como Jorge Luis Borges su condición de escritor, también de poeta y un pasado como bibliotecario en la Filmoteca donde adquirió lecturas y amistades que toman vida a diario en cada una de sus clases. El profesor y maestro José Antonio Palao es uno de esos profesores que sigue siendo útil al estudiante muchos años después olvida. El conocimiento maridado con grandes dosis de pasión y aliñado con capacidad crítica es su receta imbatible para seguir conquistando a sus estudiantes de la Universitat Jaume I de Castelló.