Mostrando entradas con la etiqueta Terrorismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Terrorismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 1 de septiembre de 2017

Consenso y Terrorismo.

Una cosilla. Sabemos que en los últimos tiempos, sobre todo a raíz de la crisis desencadenada en 2008, se ha tendido a desmitificar el famoso consenso de los 70 que propició la transición desde el franquismo a la monarquía parlamentaria, señalando sus muchas fisuras y puntos obscuros. Pues bien, hay otro "mito consensual" que últimamente se repite mucho: ETA fue derrotada gracias a la unión de todas las fuerzas políticas contra la violencia. Tiene también muchos puntos obscuros. El primero, que la piedra angular de ese consenso, que es la despolitización -despartidización sería más correcto, por cacofónico que sea el palabro- fue llevada a cabo por todas las fuerzas políticas.

Falso. El PP no ha dejado nunca de usar partidariamente el terrorismo. Lo que le está haciendo ahora a la Generalitat Catalana y a los Mossos es exactamente lo mismo que le hizo al gobierno vasco de Ibarretxe y a la Ertzaintza: ponerlos bajos sospecha y regatearles toda la información que podía, arguyendo que no eran de fiar para denunciar después su inoperancia. ¿Hace falta alguna prueba más de que al PP le interesa políticamente el terrorismo (sí, aunque haya puesto muertos encima del asfalto, como otras fuerzas políticas) que sus dirigentes estuvieran convencidos de que les favorecía electoralmente que los 200 muertos del 11M los hubieran matado unos en vez de otros? ¿Y la execrable teoría conspirativa que mantuvieron como principal argumento electoral durante los años siguientes?


Evidentemente, con el terrorismo islamista es distinta la estrategia, pero pudor cero en lanzarlo contra las instituciones catalanas. La diferencia esencial es que mientras El País fue fundamental en la elaboración discursiva de ese consenso precario contra ETA, en el caso actual está liderando la opinión del españolismo de extrema derecha. Me parece gravísimo y por eso, con ironía y sorna (aquí o aquí) unas veces y con simple rabia otras, no dejo de denunciar esa deriva de El País. Me parece lo más peligroso para la democracia y las esperanzas de progreso que ha pasado en España en los últimos cuarenta años.


Si hay un elemento mitificable en la política española, ése es precisamente el consenso como fundamento del legalismo, y la unidad de la patria como su corolario. Precisamente, el consenso es tan apto como "mitema" en España porque nunca ha sido una nación unida, sino un territorio unificado por la fuerza escondiendo y sepultando cualquier desgarro, para que se infectara bajo la costra del acuerdo forzado. Lo único que añadiría, para los habitantes de la meseta ibérica y cercanos alrededores, es que ese forzamiento no data de 1939, sino del Reinado del antecesor de Felipe VI, su tocayo y antepasado Felipe V. Por ello, cualquier conflicto político y social en el Estado Español tiene una componente territorial inmediata. Y por eso toda la izquierda periférica, TODA, abrazó en mayor o menor medida las reivindicaciones nacionalistas en sus territorios en su época de clandestinidad bajo el franquismo. Cómo se use ese conflicto es la cuestión. Que se llegó a un consenso sobre él con el disimétrico Estado de las Autonomías es un cuento. Un mito en el mal sentido de la palabra: una regresión del logos como fuente discursiva de la verdad. Una España que no esté condenada al conflicto permanente y que no tenga al odio como nervadura principal deberá construirse sobre otras bases que el consenso entra las élites. Un pacto entre los pueblos, con urnas de por medio, no sería una mala solución. Pero los amigos del mito no suelen querer saber nada de esa razón. Por eso, el PP, con cualquier instrumento a su alcance y más allá de cualquier moral deliberativa, adora el terror como límite natural a la voluntad de los pueblos.


(Procedencia de la foto)

domingo, 27 de agosto de 2017

Algunos puntos sobre las íes de la manifestación de ayer en Barcelona.



A ver:

✹A mí no me parece tan raro que si dos señores parapetados tras un legalismo totémico y autoritario, que ellos llaman constitucionalismo, le niegan a un pueblo su derecho a decidir sobre su destino con medidas coercitivas y represivas, el día que ese pueblo sufre, en el suelo que ellos denominan su nación, una agresión trágica, al pretender encabezar y acaparar el ceremonial del duelo se lleven todo tipo de signos de reprobación. No veo una gran diferencia moral entre este caso y el de una fallecida en un accidente o atentado cuyo cónyuge, públicamente reconocido como acosador y maltratador, pretendiera encabezar su funeral aduciendo que legalmente es el marido. ¿No? Acepto que la analogía pueda pueda considerarse poco brillante, pero sinceramente no la veo descabellada.


✹Dicho esto, las CUP, con las que tiendo a simpatizar por naturaleza, tienen el más viejo vicio del activismo anarco-comunista muy enraizado: un eticismo que tiende a lo totalitario porque no sabe distinguir entre la radicalidad y el fundamentalismo. Pretender que la muerte es un hecho más en la ilimitada serie de los acontecimientos y negarle su relevancia fundante para incoar un fundamento político en su lugar es lo que podríamos llamar fundamentalismo. Si uno va de verdad a la raíz, ve que la muerte es un acontecimiento distinto. Denunciar el cinismo del opresor en un momento de duelo es un gesto inevitablemente obsceno. Una victoria escénica para ese mismo opresor. Esto es una crítica a las CUP desde su bando. Es una crítica que llevo haciendo años a todo el activismo.


✹Con Catalunya veo que me pasa lo mismo que con Venezuela. Ni estoy allí ni tengo una una convicción resuelta sobre lo que allí pasa. Lo único sobre lo que sí puedo expresar una crítica convencida es sobre los discursos que en mi espacio público social y mediático se construyen sobre ellos. Por eso, lo que hago últimamente es denunciar la enorme manipulación que realizan los medios españoles sobre lo que allí pase. Que es manipulación, es evidente desde la inmanencia del discurso. Por tanto, a diferencia de los activistas estándar, intento no caer en la falacia referencialista. No se trata de mentiras, no se trata de una falsa conciencia que la levantas y debajo está una ontología estable que el discurso ocultaba o denegaba. Lo que hay debajo es puro noúmeno. Si eres radical eres sabiamente nihilista, esto es, no acometes la impostura de pretender que el Ser avala tu pulsión de muerte. Por eso, siempre he dicho que el activista anticapitalista tiende a compartir la ontología del capitalismo neoliberal, aunque se oponga a su ideología. Para el activista estándar hay un mundo que el aparato ideológico del capitalismo oculta a sabiendas. Nada "más lejos de la realidad", por decirlo con toda la sorna. El concepto de postverdad me parece necesario para transcender el concepto positivista de verdad como referencia y pasar a un concepto de verdad como performatividad. La referencia está muerta como verdad en el Paradigma Informativo. Y no sólo porque la información sea un negocio, sino porque la información ha fagocitado a cualquier otra forma de conocimiento ofreciéndose como su máximo común divisor, como una especie de traductor universal de todos los saberes.


✹Una vez dicho esto, he de confesar que la única manera que encuentro de salir del estupor que me produce la deriva de El País es la convicción paulatina de que su aproximación a la
extrema derecha es mucho menos político-ideológica que empresarial. Está disputándoles sus lectores, con tácticas de OPA hostil, a ABC, La Razón, El Mundo y casi que a La Gaceta. Sólo así se entiende que ayer por la tarde se pudiera leer bajo su cabecera el titular más sectario y ultraderechista de toda la prensa española. Esto es lo que sintetiza para ellos lo que pasó ayer en Barcelona. 


Nada que añadir. Bueno sí, que me imagino a Cebrián jugando con un globo con la forma del mapa de España y con cara de no acabar de entender por qué no le flota como a Chaplin, ni le sale bien la coreografía. ¿No será porque no es redondo, hombre, por más que lo pretendas?

viernes, 25 de agosto de 2017

West(ern)world

Veo rabia, veo odio, veo rentabilización política, veo sarcasmo, veo sospechas, veo críticas veo instrumentalizaciones –algunas más miserables que otras… Pero veo poco dolor (en todo caso, empatía con él que no es lo mismo que dolor propio). Veo solidaridad y veo indiferencia. Veo supervivencia, veo el aturdimiento del día a día, veo los “hay que pasar página”, veo prisa porque el ritual atrape al recuerdo, veo prisa por cerrar el duelo y olvidar. Pero es cierto: prácticamente no he visto miedo. Habría que pensar si los del ISIS saben con quién se están metiendo, a quién están atacando.

21121881_1457019194390629_1380621003_n
¿Cuántas cancelaciones de viajes, reservas de hoteles o alquileres de pisos se han producido? Una sociedad de solos no puede sentir miedo. El miedo es la reacción lógica por la ausencia de los iguales, que podría protegernos. Nosotros no tenemos eso, por eso Occidente no tiene miedo. Y ello es peligroso. Miedo no me da. Pero sí intuición intelectual del peligro. Los “anfitriones” de Westworld, la gran metáfora del terror y del turismo -los dos ítems de la agenda que han puesto a Barcelona en el ojo del huracán todo el verano- que ha parido la HBO, no tienen miedo de los huéspedes. Los odian cuando los matan, lo olvidan en cuanto llega el día siguiente. Tienen que seguir trabajando. Su trabajo es hacer como que viven.
21100174_1457019221057293_20625831_n
Gran metáfora, digo. No hay turismofobia, en Westworld, ni miedo al extraño. No dejé de pensar en ello desde que surgió el tema este verano. Un parque temático, cuyos anfitriones habitan un mundo sin historia y ofrecen su cuerpo, psique y existencia en constante holocausto para goce exclusivo de los huéspedes. No tienen memoria. Por eso, tampoco tienen miedo. Odiar, sí pueden. Pero su odio no tiene nada que ver con la realidad de ningún hecho, aunque les exploten, les roben, les maten continuamente. Odian porque les han implantado falsas narrativas a partir de las cuales el turista pueda customizar al máximo su experiencia. Es el sueño de cualquier turoperador: la gentrificación sin exterior. El problema es que una experiencia customizada deja de ser una experiencia para pasar a ser un simple rito neurótico, esto es, un automatismo implementado con el fin de preservarse de lo real….
A su vez, cuando los lugareños odian, no pueden evitar tampoco hacerlo en tanto ciudadanos locales que han sido desplazados de su lugar de privilegio como clientes postfordistas por el flujo turístico y la gentrificación. Por eso somos todos turistas y turismofóbicos. La clase media es el hombre nuevo: frustrado como productor destruye y sobrevive; reciclado como consumidor, goza y, ahora, también muere. No tiene miedo.21076959_1457020394390509_109387724_n
Hace unos años escribí este poema, precisamente, en un momento en el que intentaba dar un paso más en la travesía de mi fantasma y hacerme amigo de mi soledad. Es decir, hacer de la soledad experiencia y no simple rito misántropo del neurótico:
MIEDO
Cómo te añoro a veces, miedo.
Con tu escozor de relámpago escondido.
Miedo que nos acerca tanto al mundo: alimento para el lobo, pasto para la brutalidad]
del desconocido,
amor al abrigo del hermano.
Miedo, salvífica emoción del solitario.

Hoy me resuena de un modo completamente distinto. Es lo que tienen los poemas, que no son esclavos de la referencia, el significado o el autor. Tienen vida propia. Cosa que no sé si es exagerado decir de los adocenados, alienados e impávidos ciudadanos de la Europa Occidental. No tenemos miedo. Es un eslogan que hemos oído repetidas veces esta semana. Lo que no tengo claro es si se debe a que somos valientes o a que somos androides. No pude haber miedo si no hay fraternidad, porque sin fraternidad nada es extraño. Lo es todo. No tenemos miedo. Que el mercado no se pare.
Os dejo esta joya de la puesta en escena serial del Siglo XXI. Pinta negro. Cualquier parecido con cualquier realidad es mera coincidencia.



Original en VLCN

domingo, 9 de abril de 2017

Algunos terrores se acaban y otros, desgraciadamente, no: ETA, Siria, Cassandra y la posverdad.

Sobre el desarme de ETA.

Nunca, nunca, nunca. Ni en los primeros 70 siendo un niño, ni en los segundos siendo un adolescente. Jamás he tenido la más mínima tentación de sentir un ápice de simpatía por ETA a la que siempre consideré un ejemplo de matonismo fascista y nunca pude ver como algo parecido a una guerrilla (o brazo armado) de un pueblo. No se me olvida que mataron a mucha gente inocente, que fuera de Euzkadi hacían atentados masivos, que la gente más decente que estaba en la órbita del Psoe en el Estado Español como Ernest Lluch o Tomás y Valiente fueron sus víctimas. Recuerdo perfectamente dónde estaba y con quién la tarde que mataron a Miguel Ángel Blanco y la rabia que sentí. Recuerdo el horror cuando le pusieron la bomba a Irene Villa, los via crucis de días y días cada vez que secuestraban a alguien, empezando por alguien de quien me siento tan alejado como Ortega Lara. Nunca atentaron sin que yo bajara con mis compañeros de trabajo a guardar el minuto de silencio preceptivo con absoluta convicción. Siempre, los miembros más activos de ETA (Urrusolo, De Juana, Txapote, etc.) me parecieron sujetos abominables y me inspiraron más odio que desprecio.

Pues bien, todo ello no impide la repugnancia inmensa que siento ahora mismo por la plana mayor y menor del PP clamando porque se les acaba el chollo. Me abstengo de decir

lo que pienso de algunos familiares -anda que no ha tenido que oírse esta salvajada miles de veces Pilar Manjón, de parte de la extrema derecha alojada en el PP- que han hecho carrera de su condición y llevan años viviendo de ella. Me da verdadero asco la derecha mundial que ha hecho del del “sin perdón” su cínico modus vivendi. Jamás se me ocurrió equiparar a ETA con la Farc o con cualquier guerrilla latinoamericana. Pero cada vez que veo a los peperos de ahora sacar pecho y ningunear el acto de hoy, veo, sin embargo, el mismo rostro de pétreo cinismo que vi en Uribe. 

Es escandaloso este neoliberalismo que necesita continuamente el terrorismo como enemigo –terrorismo que mata a la gente, ya no, hoy por hoy, a estos políticos- para legitimarse y perpetuarse y muestran con una desvergüenza estrepitosa su pánico a que algo de ese terrorismo pueda desaparecer, y hacen de una supuesta justicia para las víctimas su excusa para perpetuar y legitimar su propia actitud de carniceros. Ahí, tenemos a Trump que se ha dicho que ya está bien de tener mala prensa, voy a ver si mato algunos árabes. Y ahí tenemos la ocultación deliberada por los medios sistémicos de las supuestas declaraciones de al-Asad pidiendo una comisión internacional para investigar de dónde vino ese ataque con armas químicas contra el pueblo sirio. Digo supuestas porque he oído hablar de ellas, pero no las he podido ver, obviamente. Ninguna simpatía siento por estos dictadores hereditarios, pero con las mismas pruebas que ha tenido Trump para bombardear o las que tuvo el trío de las Azores para invadir Irak, me atrevo a decir que me parece absolutamente inverosímil que un presidente absolutamente acosado por las potencias occidentales haya podido ordenar un ataque químico contra su población, como hubiera hecho el Daesh, forjado a la sombra de la CIA. Lo cortés, ahora menos que nunca, puede quitarnos lo valiente.
 

I have a dream: digo esto en un plató de La Sexta y Marhuenda, Inda y el tertuliano de C's me acusan de simpatizar con ETA…. No cuento el resto del sueño, porque si por unos tuits sobre un presidente de un gobierno fascista asesinado hace cuarenta y tantos años una chica ha sido condenada a prisión, si yo cuento el final de mi experiencia onírica, puedo acabar en Guantánamo. Desgraciadamente, el desarme de ETA no será el final definitivo del terror en el mundo. Pero es una noticia. Y buena, muy buena. Y es decente alegrarse por ella. (8 de abril, Facebook)

 

Todos somos Cassandra.

Nunca me ha gustado cebarme con los muertos, por despreciables que me parecieran cuando estaban vivos. Ya lo dije en su momento, a propósito de Rita Barberá. Demasiados seres queridos muertos para que la muerte de alguien la pueda asociar a la risa. Cassandra, probablemente, me hubiera pasado desapercibida. Ni siquiera digo que me hubiera merecido desaprobación. Simplemente la hubiera ignorado porque hubiera sido incapaz de reír sus gracias. Ahora bien, la Audiencia Nacional la ha convertido en mi representante legítima. Casandra es el signo más claro de cómo nos considera a sus súbditos el régimen monárquico, neoliberal y progresivamente autoritario que ha ido instaurando el PP con una sucesión de medidas legales que equivalen a un golpe de Estado blando. #todxssomoscassandra. Algunos más que otros, porque vemos una realidad evidente que muchos no quieren aceptar. Todxs somos Cassandra es una verdad como un puñetero templo. (31 de Marzo, Facebook)




Posverdad.

  • Clinton bombardeando otra vez Siria!!!. Trump no lo hubiera hecho jamás!! Ah no, calla.... #posverdadverdadera #lapróximadeTarantino #huy!! (7 de abril, Twitter)
  • Para qué buscar la #posverdad en Trump teniendo mucho más a mano los PGE del PP. Demagogia pura para fingir una recuperación falsísima. (6 de abril, Twitter)
  •  Sobre la Transversalidad, esto es lo que he opinado yo siempre (6 de abril, Facebook)




  •  #Posverdad: época en la que los Media y los partidos neoliberales ya no consiguen manipular a la gente hasta en los más mínimos detalles. (5 de abril, Twitter)

 


Si te ha interesado la entrada, también te puede interesar esta otra.