lunes, 15 de febrero de 2016

Pablo Iglesias, el príncipe nuevo.



Vistas las actitudes de Pablo Iglesias, ¿alguien puede pensar que tiene el más mínimo interés en un gobierno de progreso, esto es, en desalojar al PP del poder ejecutivo central? Es que viéndole la chulería con la que trata al Psoe, da qué pensar. Vamos a ver, si la cosa es criticar muchas actitudes reaccionarias del Psoe, me apunto desde siempre. No hay más que ver lo que está haciendo Susana Díaz en Andalucía. Ahora bien, si nos fijamos en la trayectoria del Sr. Iglesias Turrión, las claves parecen ser otras. Lo primero que hizo fue desalojar de Podemos toda posibilidad de una voz plural y multitudinaria. Los llamados críticos en el interior de Podemos, lo fueron porque se les (nos, con perdón) empujó a ese lugar. De tal modo que pasó a ser crítico todo aquél que no se adhería al borrador de Claro que Podemos y sus estrategias de jerarquización, sectarismo y segregación centralizante, que cambiaba radicalmente el modelo organizativo del primer Podemos.  Bien.

Tras eso, se trató de destrozar a IU, su principal enemigo en el campo de la izquierda. Que era su enemigo, lo decidió él (y su camarilla), en la conocida clave schmittiana que había aplicado con la máxima crueldad que pudo, y el apoyo de sus hooligans, en el interior de PodemosPor eso, durante este verano defendí en varias ocasiones que el único enemigo verdadero de Podemos era la izquierda, que su único interés era conquistar y depurar todo ese campo político para detentarlo en exclusiva. Y es que lo que está haciendo ahora con el Psoe me impide no reafirmarme en esa idea. Da toda la impresión de que Catalunya se traiga al pairo, y sólo esté utilizando el referéndum como envite  para hacerle la vida imposible a Pedro Sánchez (por lo que llevo visto, el líder más cándido de los cuatro partidos minor-mayoritarios), provocar nuevas elecciones y asolar completamente el territorio electoral socialista. 

Todas mis críticas a Podemos han sido siempre del lado enunciativo, esto es, organizativo y ético, no programático. Por eso,  en mi columna de esta semana apoyo su propuesta de referéndum como esencial. Y puedo ver bien muchas de sus medidas sociales. Pero no se me oculta que todas estas medidas programáticas en las manos de prestidigitador del señor Iglesias quedan completamente relativizadas, porque lo único que le interesa es su juego de tronos electoral y las hace aparecer o desaparecer según convenga exclusivamente a este interés. Por eso, pienso que los programas, en sí, diga el padre Anguita lo que diga, son siempre papel mojado. Sea en un pacto con el electorado y exactamente igual en un pacto entre líderes. De hecho, que a las primeras de cambio propusiera como ministro a Alberto Garzón me hizo reafirmarme en la sospecha de que la demolición de IU, y el asolamiento de Ahora en Común, no fuera algo perfectamente pactado entre ambos. (Y anoto ya mi sospecha de que el trabajo de demolición del Psoe no esté pactado con el propio Sánchez, aunque no tengo aún más que una hipótesis alcanzada por deducción y ningún dato que me lo confirme),

Recordemos que el referente político por excelencia de PIT es Maquiavelo. Véanse algunos extractos del Cap. XVIII de El Príncipe y se me entenderá. Las cursivas son de mi cosecha, pero el conjunto no tiene desperdicio:


"Por consiguiente un señor prudente no puede, ni debe, mantener la palabra dada cuando tal cumplimiento se vuelva en contra suya y hayan desaparecido los motivos que le obligaron a darla. Y si los hombres fuesen todos buenos, este precepto no lo sería, pero como son malos y no mantienen lo que te prometen, tú tampoco tienes por qué mantenérselo a ellos. Además, jamás le han faltado a un príncipe motivos legítimos con los que disimular su inobservancia. Sobre esto se podrían aducir infinidad de ejemplos modernos y mostrar cuántas paces, cuántas promesas se han revelado vanas y sin efecto, por la infidelidad de los príncipes: y el que mejor ha sabido imitar a la zorra ha salido mejor librado. Pero hay que saber disfrazar bien, tal naturaleza y ser un gran simulador y disimulador: y los hombres son tan crédulos, y tan sumisos a las necesidades del momento, que el que engaña encontrará siempre quién se deje engañar.
(…) Un príncipe no ha de tener necesariamente todas las cualidades citadas, pero es muy necesario que parezca que las tiene. Es más, me atrevería a decir eso: que son perjudiciales si las posees y prácticas siempre, y son útiles si tan sólo haces ver que las posees: como parecer compasivo, fiel, humano, íntegro, religioso, y serio; pero estar con el ánimo dispuesto de tal manera que si es necesario no serlo puedas y sepas cambiar a todo lo contrario. Y hay que tener bien en cuenta que el príncipe, y máxime uno nuevo, no puede observar todo lo que hace que los hombres sean tenidos por buenos, ya que a menudo se ve forzado para conservar el estado a obrar contra la fe, contra la caridad, contra la humanidad, contra la religión. Por eso tiene que contar con un ánimo dispuesto a moverse según los vientos de la fortuna y la variación de las circunstancias se lo exijan, y como ya dije antes, no alejarse del bien, si es posible, pero sabiendo entrar en el mal si es necesario. Debe, por lo tanto, el príncipe tener buen cuidado de que no se le escape jamás de la boca cosa alguna que no esté llena de las citadas cinco cualidades, y debe parecer, al verlo y oírlo, todo compasión, todo lealtad, todo integridad, todo humanidad, todo religión. Y no hay nada que sea más necesario aparentar que se practica, que esta última cualidad. Y los hombres, en general, juzgan más por los ojos ojos que por las manos; que a todos es dado ver, pero tocar a pocos. Todos ven lo que pareces pero pocos sienten lo que eres y esos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría que tiene además el poder del estado que les protege; y en las acciones de todos los hombres, especialmente de los príncipes, donde no hay tribunal al que apelar, se atiende al resultado. Procure pues el príncipe ganar y conservar el estado: los medios serán siempre juzgados honorables y alabados por todos; ya que el vulgo se deja cautivar por la apariencia y el éxito, y en el mundo no hay más que vulgo; y los pocos no tienen sitio cuando la mayoría tiene donde apoyarse. Cierto príncipe de nuestro tiempo, al que no es oportuno nombrar, no predica más que paz y lealtad, cuando de la una y de la otra es acérrimo enemigo; y tanto la una como la otra, de haberlas observado, le habrían arrebatado o la reputación o el estado."


La diferencia entre PIT y otros teóricos políticos, comenzando por Gramsci y siguiendo por Lefort, es que si aquellos reivindican la figura de Maquiavelo a partir de su contexto, éste lo hace de modo acrítico, eterno y absoluto. Y lee los mensajes culturales de forma sesgada y transversal, sin establecer diferencia alguna entre enunciado y enunciación. Véase la última frase que he subrayado y piénsese si tenía vigencia esta dicotomía entre el ver y el tocar como modalidades del saber, qué consecuencias puede tener en un entorno mediático, telecrático y televisivo como el actual. PIT puede vender  a sus militantes que está mintiendo, engañando y arrinconando a la derecha, pero en un entorno de opinión (de esfera) pública a la vez que se engaña al enemigo se está engañando al pueblo, porque ambos comparten el mismo espacio enunciativo.

No deja de ser curioso que en estos últimos días los dos grandes protagonistas de la política sean un nuevo aspirante a príncipe y una vieja reina madre. Entre Pablo Iglesias y Esperanza Aguirre habrá tantas diferencias programáticas como se quiera, pero en lo estratégico la coincidencia me parece más que obvia (y ello, lógicamente, es suficiente para un planteamiento crítico): ambos, en su soberbia individualista, están disparando contra su propio campo para fortalecer en él sus opciones personales. Si la comunicación es el campo único de enunciación para ambos, con sus ruedas de prensa, no pueden quejarse de que para otros sea el campo único de juicio….. Llevo 25 meses deseando equivocarme y deseando reconocerlo, pero es que la realidad está siendo muy tozuda. Y más aún deseo equivocarme, ahora que como dije hace sólo tres días, un pacto anti-PP (antifranquista) me parece más urgente que nunca. Y un Podemos en solitario tiene un techo electoral evidente.



Malos tiempos para los crédulos.