A ver, hay dos cositas para las que sé seguro que no sirvo. Por mucho que unos y otros puedan tener mi afecto y mi respeto, no tengo madera de activista sectorial a tiempo completo, pero tampoco la tengo de militante. Esto es, creo que hay que tener una mirada abierta. No he dicho holística, ni integral, ni global porque no me llega la soberbia -en este terreno, en otros puede que sí- para ello. A poco que te descuides, los tres adjetivos de la oración anterior pueden ser sinónimos de total y de total deriva totalitario.
Entonces, puedo apoyar sin reservas a los ecologistas sin necesidad de ser vegano ni decirle a la gente cómo tiene que comer o desplazarse.Hay otros condicionantes, aparte de la sanidad más o menos paranoica y de sentirse infinitamente maternal con el planeta, que influyen en cómo un sujeto decide conducir su vida. Defiendo sin dudas la igualdad de género y la mayoría de los postulados del feminismo, también, sin que ello me lleve a pensar que quien no hace de ésta la causa única de su vida es un machista terrorista y violento o una despreciable descerebrada víctima del sistema, de facto y sin matices. También creo que hacerle alguna crítica a los planteamientos feministas (en mi caso, siempre desde el punto de vista táctico y comunicativo, no desde el estratégico, político o ideológico) no implica que se deduzca de ellas que estés incurriendo en un micromachismo inconsciente porque tienes una falta de asesoramiento pedagógico. Lo que pasa es que igual que hay micromachismos hay microneoliberalismos y tampoco está de más señalarlos.
También defiendo la lengua y la cultura de mi país y su derecho a la autodeterminación, como la de los países que son hermanos del mío. Me siento muy afín, pues, con el nacionalismo catalanista y valencianista. Pero eso no me lleva a negarme a hablar en castellano ni mirar mal a quien lo hace, sino a defender a muerte a quien se exprese en catalán (en mi tierra solemos decir valenciano, pero es lo mismo) siempre que lo considere oportuno. Defenderé a muerte el catalán frente a las imposiciones del castellano, como defenderé el castellano -mucho más que los castellano-parlantes monolingües, sin duda- frente al inglés como lengua del poder.
Apoyo sin reservas todas la reivindicaciones LGTBI, desde siempre. Pero en casos como la maternidad subrogada no tengo inconveniente en manifestar mis reservas frente a algunas posturas mantenidas por algunos miembros de la parte G del colectivo. Ni pienso que los heterosexuales -hombres y mujeres- lo seamos por mala intención o por afán de colaborar con el patriarcado sistémico. Vamos, es lo que piensan muchos derechistas españoles de los que hablamos otras lenguas en el Estado Español, que lo hacemos de mala fe. Nada que ver. Son aquellos puntos en los que se articula lo íntimo con lo común y, por tanto, el juicio político sobre ellos no digo que sea impertinente, sino simplemente parcial.
Por lo tanto, tampoco creo que se pueda decir que soy un militante al uso. Desde el lado marxista, no creo que enfocar cualquier fenómeno como un efecto de la lucha de clases nos permita un entendimiento suficiente de la realidad sin tener en cuenta muchos otros factores. Los de género, los nacionales, los ecológicos, por ejemplo. Ni tampoco pienso, desde el lado anarquista, que una acción que no lleve a la desaparición del capitalismo para mañana a primera hora de la mañana ni a la abolición del Estado para la hora de la merienda, lo más tardar, sea un acto maligno de inicua colaboración con los explotadores. Vamos, que no censuraré a nadie por tomarse una caña en vez de estar todo el rato pendiente de hacer la revolución. Ello no me impide hacerme hacerme una foto con emoción junto a una estatua de Lenin en el Metro de Moscú, puño en alto. Ni emocionarme escuchando A las Barricadas o La Internacional. Me pasa a veces con La Marsellesa también, porque toda manifestación colectiva antifascista me capta el corazón de inmediato.
¿En qué me convierte esta actitud? No diría que en un progre, porque me aleja de ellos una posición innegociable de radicalidad, un cierto amor por la verdad en lo que tiene de complejo, esto es, en tanto en ella siempre hay una resistencia a dejarse atrapar por el saber. Esa resistencia que, tantas veces, el militante y el activista intentan ahogar con la impostación de la pulsión de muerte en forma extremismo e intolerancia profética y mesiánica (lo que tiene un relevante componente de coñazo) y el progre, con su afecto por la levedad (lo light) y la simpleza ignorante, en un semblante de fatua felicidad y de estar encantado de haberse conocido.
Así que probablemente sólo se me pueda definir como un simple tipo de izquierdas del montón. El problema es que a veces el montón, la multitud, no parece tal, porque a diferencia de la masa, el no ir de uniforme la hace menos visible. De todos modos, no está mal ser un izquierdista del montón. Si la hay un futuro para la humanidad, pasará por nuestras muchísimas manos. En forma de una radicalización de la democracia. Ya veréis.
La foto es mala, porque es mía. Pero la traigo porque el concepto de la escultura, en una fachada de Moscú, cerca del Bolshoi, me seduce. Un martillo y una hoz que no están entrelazados, pero que sirven de apoyo para un bello pensador. No habrá futuro si no somos capaces de admitir, que por mucha y sólida que sea nuestra base, el símbolo de nuestra unión, su andamiaje discursivo, necesitará siempre ser pensado. Que la unión de los oprimidos no es sin pensamiento, que la conciencia por sí sola no es suficiente y que esa unidad no goza de garantía ontológica alguna. La materialidad del símbolo la sostiene al sujeto. Esa es su verdad. La obligación del sujeto es pensarlo siempre. Es es la verdad del sujeto.Todavía es más emblemática la imagen en su contexto: la fachada de un centro comercial. Post-fordismo creativo en estado puro. La multitud se significa, pero a diferencia de los uniformados no prot-agoniza.
Aquí, el contexto: https://goo.gl/maps/QLWc3tSJV2z
Intentos de comprender el mundo con la esperanza de intuir algunas estrategias que puedan transformarlo.
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sábado, 9 de septiembre de 2017
sábado, 21 de febrero de 2015
Sobre Grecia y sobre la división subjetiva del militante crítico (Apuntes sobre el populismo, 26)
Todos, comentarios en Facebook.
- Me
conozco el percal y éste es el típico estado que se va a llevar muy
pocos “likes”, porque casi todos los "aludidos" o "implicados" van a
pensar que soy el enemigo, o bien, que no siendo de los suyos mejor no
darme pábulo ni llamar la atención sobre lo que digo, que luego se
pueden arrepentir. Pero en realidad lo que intento es ser lo menos
schmittiano posible en el interior de Podemos, para que luego podamos
crear antagonismos veraces y eficaces contra la casta en la contienda
política. Voy al grano:En Claro que Podemos hay gente muy honesta. incluso gente que defendió propuestas organizativas enfrentadas a la del núcleo promotor, mucho más asamblearias y horizontales, pero que ha decidido integrarse en estas listas porque ha visto claro que hay que trabajar por un cambio radical y vérselas con los gigantes, y no con los molinos de viento. También los que estratégica y honestamente han apostado por un modelo que creen que será más efectivo y ágil electoralmente, y muchos que apostaron por Podemos antes de que otros viéramos que era el futuro y el lugar desde el que luchar. Junto a estos, hay trepas, algún hooligan cuyo único bagaje político es el culto fanático a los líderes, y gente que viniendo de fuera completamente ha visto una oportunidad abierta para colocarse en la vida, dados los buenos augurios en las encuestas para Podemos. No juzgo a nadie por su pasado, que todos los tenemos, sino por cómo ha actuado en el presente y si ha repetido o no el mismo patrón que utilizó para colocarse al rebufo del PSOE e, incluso en algún caso, del PP.
En las otras listas y entre los independientes hay gente muy honesta, que intentan con limpieza ser auténticos representantes de la voluntad popular, gente que ha llegado de nuevas a la política o que llevan años trabajando en silencio y sin ventanas de difusión en causas y movimientos sociales. Gente, en definitiva, que apuesta más por un modelo asambleario y de control popular de los cargos ejecutivos, desde una política radical-democrática que busca la coherencia máxima entre los principios morales individuales y los de la acción y organización política. Ahora bien, también nos podemos encontrar ahí mucha gente que se ha instalado en la queja agónica y perenne, que ha trasladado frustraciones personales –todos las tenemos, sin duda- a Podemos y que ha acabado odiando más a los compañeros de las listas ganadoras que a la casta.
Por eso, pienso que el sistema de listas está pervertido en su origen y que crea falsos antagonismos y falsas distinciones amigo-enemigo en el interior de Podemos, y que habrá que pensar en un tipo de articulación de candidaturas más justo y eficaz en el futuro. De ahí, y aunque la aplicación del Agora Voting (con una interfaz manifiestamente confusa y muy poco intuitiva) no lo ponga fácil, que sea responsabilidad de los electores –el sistema nos concede un poder inmenso, si no lo regalamos- confeccionar nuestra lista individualizada antes de votar y por eso también, no me he mostrado a favor explícitamente de ninguna lista (ni persona), aunque haya criticado las actitudes que no me parecían de recibo, y he compartido en las redes sociales contenidos de todas.
(Sólo una advertencia final: si estás cabalmente de acuerdo con lo que digo, pero no das like, para no difundir a alguien que no es “de los nuestros” o si discrepas honestamente y no intentas refutarme –con una mínima cordialidad democrática, claro- para alimentar el debate morirá un gatito ) (13 de febrero. Evidentemente, un ejercicio de retórica persuasiva. No le demos más importancia de la que tiene ;) ) - Lucidísmo análisis del populismo por Juan Domingo Sánchez Estop. Le he dejado allí también este comentario:
""El análisis me parece magnífico. Evidentemente nos estamos cargando el pluralismo a base de trascendentalizar e hipostatizar las operaciones retóricas de las que habla Laclau. El problema es que en vez de utilizarse como un método heurístico o hermenéutico se está usando como una algorítmica, para manipular y predecir resultados de acciones de implementación de tendencias y liderazgo que acaban siendo puro márketing político.
Por aportar algo desde el lado lado del psicoanálisis, el problema de Laclau (muy agravado por el schmittianismo de Mouffe, creo yo) es que la distinción de los tres órdenes se pierde completamente. Es decir, que las operaciones retóricas y simbólicas parecen autónomas,esto es, sin tener en cuenta sus consecuencias imaginarias y su componente "real", nada menos que la agresividad y la pulsión de muerte.
No se puede entender la idea de significante vacío sin ponerla relación con el Sq (pivote esencial de la transferencia) y el S1 (el significante amo). Claro, esto da como consecuencia un manejo de los afectos que lleva a la pasión ignorante, a un concepto lógicamente totalitario del populismo, como muy bien apuntas, en los cualquier heterón, cualquier germen de pluralidad es arrollado por la uniformidad y la adoración al líder. Peligrosísimo." (17 de febrero) - Rodrigo López Muñoz, una vez más lo clava (lo que yo pienso, al menos):
"Tras las tardías pero claras y sólidas explicaciones de Monedero comienzan a aflorar en las redes los típicos 'hooliganismos' podemeros sacando pecho en defensa del líder con argumentos vacíos e infantiloides. Está muy bien que haya comparecido y que haya sido firme en su alocución pero oiga, ni la ruindad de los medios del régimen ni la prepotencia ciega de esta gente. Tan nocivo es un comportamiento como el otro. Y peligroso, porque no les deja ver más allá."Las formas y no la ficción de las indentidades contenidísticamente positivadas son el estilo en política. Y el estilo es el sentido, no una supuesta semántica programista y adoratriz. Cuánto daño está haciendo la justificación absoluta del antagonismo, la impostación pasional -que no apasionada- del irracionalismo ante la evidencia de que la razón no puede con lo universal. Estamos yendo de un esencialismo a otro, tan metafísico como el racionalismo neoliberal consensualista. Y es una pena, porque si quedara un margen de silencio, una angostura por leve que fuera para el pensamiento, nos estaríamos acercando sin duda a la transformación más radical de la realidad social que hayan visto siglos enteros. Pero ello es imposible sin un nuevo estilo subjetivo, ése que está siendo ahogado por el griterío de una plebs ensordecida que no se da la oportunidad de ser populus, de las identidades buenas que impiden que el pensamiento concurra al proceso de emancipación y convierta la euforia pulsional en pasión política. En fin, y en román paladino, que muchos de los que hoy están gritando por Pablo Iglesias o por Monedero, lo estarán haciendo por Alber Ribera de aquí tres o cuatro años, sin noticia alguna de un sentimiento moral llamado vergüenza. Al tiempo. Necesitamos paciencia y no desfallecer. Y cuidarnos de los idus de marzo.
Si alguien nos explicó con qué fuerza podía imponerse las ficciones, no fueron los clásicos, sino los barrocos. Os dejo con Shakespeare, Mankiewicz y Brando. Saben lo que los romanos ya sabían.
(Perdón por subir la versión doblada, pero no he encontrado la secuencia entera en inglés. El doblaje es magnífico, todo sea dicho. No tanto la calidad de la imagen). (20 de febrero)
- Yo también votaré y defenderé a Podemos. De la casta y de los hooligans que alejan a mucha gente.
- Cuanto uno más admira al gobierno griego más profundo desprecio siente por el papel de capataz de esclavos del gobierno español, asumido con total desvergüenza y chulería. (18 de febrero)
- Curioso un país en el que ser un patriota significa estar casi siempre apoyando a otro país contra las políticas del propio gobierno, que lo considera el enemigo de los interseses de la nación. Desde apoyar a Francia contra Fernando VII, a apoyar a Grecia contra Rajoy. La primera como tragedia, esta última como farsa. Las innumerables del medio como oprobio. Qué curioso eso de ser español. Da lo mismo de sentimiento o de carné. A efectos prácticos no hay mucha diferencia. Hoy ser un patriota en España es apoyar a Grecia contra el gobierno de España. Déjà vu. (19 de febrero) Un par de respuestas a personas que se indignaron por mi uso de la palabra "patria" en este contexto:
- Pues claro que no existe la patria. No hay Otro del Otro. Eso no nos evita nombarlo continuamente. Podemos servirnos del Nombre del Padre a condición de no creer en él. Es lo que pretendía hacer. Claro que los hay que creen en él como se cree en los demonios familiares o en los espíritus malignos, y entonces caemos en la superstición de que nombrarlo es invocarlo.
- El problema -creo que es la primera vez en mi vida que me (nos) llaman "intuitivista"- es que me parece que las dos personas que se han puesto un poquito al monte escriben desde un país como la Argentina donde la patria efectivamente parece ser un "concepto". Yo he escrito desde España, sin ningún afán universalizador, sino al revés, un poco de coña. Éste es un estado plurinacional y la palabra patria siempre rebosa ironía, porque siempre que se usa aquí acaba siendo cualquier cosa menos un concepto unívoco. Yo entiendo que el sustrato peronismo/antiperonismo lleva a una dialéctica distinta. El antiperonismo puede llegar a ser el mejor exportador del peronismo al ver peronistas por todas partes....
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