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viernes, 16 de junio de 2017

Cuarenta años y un día.


 A Daniel Peñarrocha, In memoriam. Fue, más que nadie, hijo de su época. A su verdad, a su rebeldía, a su tragedia. Si la vida no lo hubiera puesto en mi camino, no tendría nada que ver el que hubiera sido, el que  estaba predestinado a ser, con el que soy.

El día después encuentro un ratito para escribirlo. Hace cuarenta años y un día (sí, suena como una condena), pues era mediados de junio y yo tenía 15 años. Estudiaba primeros de BUP. Mis notas eran malas porque ser militante leninista y adolescente todo a la vez era una carga excesiva para mis hombros, más teniendo en cuenta que las dos cosas las ejercía –como tantos entonces- en una familia católica y en un colegio de curas, lo que implicaba broncas y persecución constantes.  Éramos las ovejas rojas de nuestras familias. Mi partido era el MCPV, como podía haber sido cualquier otro. Fue éste porque mi amigo Daniel me metió. Allí estaba su hermano Juanje y allí acabamos casi toda la pandilla. Nosotros, por edad, militábamos en su organización juvenil que tenía un nombre precioso: Jove Germania, lleno de resonancias. Nuestro lema: “Sóc d’esquerra i valencianista, sóc del Moviment Comunista”. Nos definíamos como Marxistas-Leninistas que aceptaban las aportaciones de Mao Tsé Tung.
Mi partido era, como tantos otros, todavía ilegal. No interesaba nada que la “extrema izquierda” (nosotros nos auto-denonminábamos izquierda revolucionaria) pudiera presentarse como tal a unas elecciones para formar unas cortes que fueron constituyentes.  Nada muy trágico, porque casi todos esos partidos encontraron una forma de presentarse a las elecciones camuflados en  siglas de coaliciones, plataformas o platajuntas. Todos sabíamos de nuestras ínfimas opciones pero estábamos muy pendientes de si el PCE pasaba por delante de AP, como realmente sucedió.
Se habla ahora mucho del “cuñadismo” de Podemos y del batiburrillo ideológico en que consiste, pero si comparamos al Podemos actual con el PCE de los 70, Podemos podría pasar la fuerza política más unida y coherente de la Historia del mundo mundial. El PCE era un conglomerado antifranquista en el que igual te podías encontrar a un pro-soviético que a un demócrata-cristiano, a un abogado laboralista, a un sindicalista que a un cristiano de base o a un liberal de corazón. En ese ecumenismo basó su liderazgo en la lucha durante el tardo-franquista y ese revisionismo eurocomunista era lo que le criticábamos desde la “izquierda revolucionaria”. “Dictaduras, ni la del proletariado”, decía Carrillo. Y año y medio después, en plena campaña por el referéndum constitucional, decía con desparpajo inaudito –lo recuerdo como si fuera ayer- “esta Constitución no es de izquierdas ni de derechas”. Anguita estaba en el PCE entonces ya, creo recordar. ¿No?
Era verano y me habían suspendido las matemáticas. Me pasé todas las vacaciones yendo a una academia. El profe era del PCE-ML (la rama política del FRAP, que estaba ya en proceso de abandono de la lucha armada) y trabamos rápidamente amistad. Cualquier homosexual de más 50 años podría explicar la facilidad con la que proscritos y clandestinos se reconocen, en un ambiente social represivo, cuando se encuentran. Yo iba a un colegio de curas que tenía en su currículum que los líderes de Fuerza Nueva y el FRAP en la Valencia de aquellos años fueran ex-alumnos suyos. Más centrismo, imposible, pensarán algunos. Todo un triunfo pedagógico, sin duda.
Pero, vamos, no era tan raro. Entre mis recuerdos de la época están juntarnos en el Tobarra –bar que no pasaría los estándares de higiene actuales ni en Bangladesh- los dos nazis del barrio, los ocho o diez rojos  que representábamos a unos quince partidos, y otros drogatas sin filiación fumándonos todo a lo que se le pudiera prender fuego y bebiéndonos todo lo que se pudiera deslizar por el borde de un vaso o el cuello de una botella y encontrando soluciones para España y para el mundo. Aquel año, en las fiestas de mi muy-de-curas colegio actuaron Els Pavesos, y los alumnos de la pedagogía católica más extrema nos dejamos la garganta pidiendo L’estatut d’autonomia y ondeando cuatribarradas. Eso eran los 70. O al menos así los recuerda aquel antiguo adolescente. Cuántos de aquellos imberbes políticamente removidos y conmovidos estaban un lustro después en la heroína, y década y media más tarde en el sida, sería materia para otro artículo.
Yo duré en la militancia un par de añitos más. Muchos perdimos la fe en que la revolución fuera el camino, pero habíamos ganado una transgresiva fe en la vida. Ambas fes resultaron igual de locas. Ambas fes fueron y son motivo de orgullo. Se acercaban los 80 la época del desencanto, la risa y la heroína. A los 17 estaba harto de fines de semana de humareda en semi-zulos teniendo reuniones de célula y me decidí a reconocerme que me apetecía más correr detrás de las  chicas. De los chicos, corría desde pequeñito porque nunca fui un portento físico y siempre me quedaba  el último en las carreras machirulas del patio de mi muy curas colegio. El homenaje a Forrest Gump es inevitable, aunque en ese terreno de la deconstrucción sintáctica nuestro inefabable presidente del gobierno nos lleve siempre la delantera.
No tengo un mal recuerdo del 15J. ¿Cómo lo iba a tener? Fue un gran logro. Lo que no sé es de quién porque colocar “la sociedad española” como sujeto de ese proceso es de un idealismo que no puede soportar el marxismo que aún me corre por las venas. Lo que no soporto son las narrativas que articula el PP sobre ese proceso. Harto de Jarcha, muy harto estoy. No sé si cuando de aquí unas décadas se recuerde lo ímprobo de este presente se le pondrá el rostro de Rafael Hernando o el de Sergio Martín. A su lado Urdacci me parece un niño de teta.
En fin, hace un par de años y medio escribí una recensión de ese proceso de la transición menos lírico y personal que éste. Está aquí, por si alguien tiene curiosidad. Yo no tengo nostalgia del 15J porque exactamente 407 meses  después hubo otro día 15, que aún considero vivo. Si en algo tengo fe es en el desencanto. Y de ése, la “sociedad española” (¿!?) está mucho mejor provista hoy como para dejarse engañar con tanta facilidad como en la Transición.
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Publicación Original.

domingo, 9 de octubre de 2016

Los barones del Psoe.

Traumas y tabúes
Llevo ya muchos días dándole vueltas a este artículo. De hecho, su embrión estaba pensado para la semana pasada, antes del siniestro Comité Federal, ya tristemente histórico. La idea venía con un toque sarcástico. Me preguntaba qué extraño designio de los dioses podía estar detrás de que un ser humano acabara encarnando el destino de ser un (o una) barón (o –esa) del PSOE. Hacía unos cuantos chistes a cuenta de las iniciales de nuestro “molt honorable president” (XP) -el primer baroncito que teníamos después de aquel Lerma que vendió nuestro nombre y dignidad como País al consenso (léase garras del PP, como mostraron los 20 años posteriores)- aduciendo, a cuenta de su alineamiento con los barones más ranciamente monolingües, que a los valencianos nos habían instalado un sistema operativo obsoleto que ya no disponía de actualizaciones.
Lo que sucede es que, tras el bochornoso espectáculo del comité invisible (asistimos, casi en tiempo real a través de los medios, a un espectáculo que no se nos permitió ver), el sarcasmo dio paso a una inexplicable melancolía....

Continúa aquí.


miércoles, 29 de abril de 2015

Todo lo que odio de Podemos

Llevo ya muchos meses a vueltas con Podemos. Un proyecto que no me sedujo nada cuando lo conocí mediáticamente y que me enganchó en cuanto lo conocí por dentro, en cuanto vi cómo funcionaba allí la gente, al margen de las apariciones televisivas de sus líderes. Yo me involucré en Podemos como crítico y como crítico sigo estando. Evidentemente, como consecuencia directa en el plano de la política representativa de todo lo que significó el 15M, me sigue pareciendo el proyecto más sugestivo. Tanto en sí mismo como por las dinámicas externas que genera. Ni Guanyem Barcelona, ni Ahora Madrid, València en Comú o Castelló en Moviment ni todas las candidaturas municipalistas honestamente horizontales y populares que han surgido en el Estado Español hubieran tenido las mismas posibilidades sin ese hilo conductor que ha sido Podemos como forma partidaria del 15M. El caso es que Podemos me sigue seduciendo como hipótesis, menos por lo visible desde fuera, que son los triunfadores de la “máquina de guerra electoral”, que por lo que sigue habiendo dentro: los excluidos, los que protestan, los que ofrecen alternativas, los que siguen luchando porque el espíritu que se condensó hace cuatro años no muera y espere, con toda su carga de dignidad, a volver a ser evidentemente necesario. Creo firmemente que se puede criticar a los cargos electos de Podemos sin estar atacando a la organización, sino todo lo contrario: buscando que no traicione su destino que es el de ser una auténtica arma del poder popular.
Pero evidentemente hay muchas cosas en el Podemos actual, las directas consecuencias del proceso de Vistalegre, que no me gustan nada y que en el título de esta entrada me he tomado la licencia poética de decir que “odio”. No me gusta nada el modelo de funcionamiento vertical, que reserva toda la iniciativa al núcleo promotor y, a efectos prácticos, ha relegado a una función pasiva a los círculos y de la gente. Parece que hemos caído en una especie de neoelitismo donde todas las iniciativas corresponden a los consejos ciudadanos, formados en su mayoría a partir de listas plancha y exaltadas públicamente por el “comando mediático” desde sus atalayas. Dicen que es que ahora ya pasó aquello del asamblearismo ruidoso, que ahora ya estamos en la “fase instituyente”. Vamos, a efectos prácticos que hay que dejarse de jugar al 15M,  que ahora toca que las personas mayores, maduras y cabales piensen y actúen. Los activistas, a difundir y aplaudir. Y, claro -clarísimo-, que por ese medio en vez de revocar el sistema de representación, que es para lo que se salió a la calle, lo que se está haciendo es intentar conquistarlo, hacerse un hueco en él, con aquello de la “centralidad del tablero”. Y así, sin intervención alguna de las bases, llegan los paracaidistas de las listas, llega el ser absorbido por los lenguajes dominantes, callar ante las preguntas comprometidas, disimular en los medios. Llega el compadreo, el que las listas sean más importantes que la implantación social, llega la fabricación viral de eslóganes y la prohibiciones semánticas, sin darse por enterados de que la cuestión fundamental en lo que se refiere a los “significantes vacíos”, probablemente, sea quién los enuncia, si el pueblo que los proclama o el aparato comunicativo que los declama. Y por ese camino se llega el despachito, al smart phone como nódulo esencial de la cadena de poder, a enfadarme si mis amiguitos no salen votados en el orden que yo he dispuesto -¿qué sabrá la gente?- porque el resto ha decidido que, si hay unas reglas, vamos también a jugar con ellas nosotros también…
Dicen que es que ahora ya pasó aquello del asamblearismo ruidoso, que ahora ya estamos en la “fase instituyente”.
En fin, mediaticismo excesivo que cae inevitablemente en la banalidad, repetición comunicativa en lugar de pensamiento innovador, dependencia de los líderes, nula capacidad de iniciativa ciudadana, verticalismo, viralismo automatizante… Parece que son muchas cosas las que odio de Podemos. ¿Hay alguna palabra, algún concepto, alguna etiqueta que sea capaz de recoger todos estos matices críticos y resumir de un solo golpe verbal todos mis “odios”, para que se capte mejor mi idea? Sí, hay una. Se llama: CIUDADANOS.
En efecto, todo lo que “odio” y he criticado de Podemos se ha sustanciado en un engendro electoral prefabricado llamado  Ciudadanos. Porque llamarlo “partido”, cuando no es más que un aluvión de trepas suficientemente preparados (para trepar) e imponernos su racismo “soft”, su vetusta concepción de la educación, y un neoliberalismo cuya única marca de  honorabilidad radica en que aún no han estado en la cárcel. Porque lo que en Podemos son defectos o indicación de posibles tendencias criticables e indeseables, todo eso, es la mismísima esencia de Ciudadanos. Todo lo que puede provocar un descontento y protesta en las bases de Podemos no lo provoca en la bases de Ciudadanos, simplemente, porque ciudadanos no tiene bases. Si en Podemos la verticalidad, la pasividad ciudadana, la impostación falsaria de los representantes son riesgos o errores, en Ciudadanos son su única razón de ser.
Podemos nació para romper el bipartidismo. Ciudadanos nació para elevar el bipartidismo al cuadrado. Una formación sin ninguna base social real, formada por niñatos que exhiben sus titulitos de ADE en las privadas de relumbrón, sus másteres de elevado pago, que quieren pescar algo más que la herencia de sus papás porque se han avispado de que el río andaba revuelto. ¿Dónde estaban estos muchachos en el 15M? ¿Dónde militaron, dónde actuaron? ¿Dónde estaban sus 20.000 afiliados-candidatos cuando las mareas, las marchas por la dignidad, los desahucios? Ninguna experiencia en movimientos ciudadanos, todo lo más en asociacionismo empresarial .Y no me fastidien y me quieran vender que pagaban cuotas de alguna oenegé, ese invento neoliberal para lavar conciencias, como algo parangonable al compromiso y al activismo social y político vitales y auténticos. Comparar a Ciudadanos con Podemos es indigno pero es un error grave pensar que no es nuestro problema, porque esa maldita centralidad del tablero a la que se ha entrado a jugar, de una forma tal vez excesivamente imprudente, la disputamos directamente con ellos.
¿Dónde estaban estos muchachos en el 15M? ¿Dónde militaron, dónde actuaron?
Por otra parte, nada nuevo bajo el sol. Ciudadanos es un recambio del franquismo neoliberalizado, como otros que ha habido en los últimos cuarenta años, cuando este viejo componente derechista en la sociedad española se ha visto desbordado por su propia inmundicia. Se ha dicho que Podemos corría el riesgo de ser el nuevo PSOE. A mí no me cabe ninguna duda de que con Ciudadanos se está realizando la misma operación que con la UCD de Suárez. Me los imagino intercambiando llamadas y  WhatsApps con aterrados miembros del PP y UPyD de la misma manera que los colegas de Suárez iban a los despachitos y recibían en los suyos a los mandos de Falange que veían la inminencia de su defenestración porque el capitalismo voraz se había cansado de la manera en que ellos lo gestionaban. Las bases ideológicas de Ciudadanos son esas y no otras, recordémoslo: el nacionalismo español (explícitamente anti-catanalista en su caso) y la defensa de “la enseñanza concertada”, que adoran, y que es la forma pragmática que ha tenido siempre el catolicismo de mantener sus privilegios económicos y sus prerrogativas como aparato de reproducción ideológica. No nos olvidemos de que esa enseñanza que el franquismo nos legó es la principal fuente de financiación de la jerarquía católica y no la famosa casilla de la declaración de la renta. Una cosa que necesita urgentemente España es una reforma educativa radicalmente democrática, laica, pública y estable, que es lo que hemos estado pidiendo con fuerza estos últimos años en la calle con manifestaciones, marchas y huelgas. Y una estabilidad laboral y no una homogeneización de los contratos a la baja que los homologa todos a los temporales. ¿Qué vienen estos a vendernos ahora, por favor? ¡Venga ya, hombre!
Una cosa que necesita urgentemente España es una reforma educativa radicalmente democrática, laica, pública y estable…
En efecto, Ciudadanos es la repetición de la operación de UCD: salvarle la cara al componente social franquista. Y su base ideológica no es otra que un nacional-catolicismo, ahora maquillado, sonriente y pizpireto. Y no me vengan tampoco con que son ateos o aconfesionales algunos de ellos. Jiménez Losantos o Sostres han sido buen ejemplo del cinismo neoliberal que permite defender a Dios y a la Patria como arma contra el progreso sin comprometerse personalmente con ellos ni tener que andar en procesión, ni bajo palio. La ideología del Ciudadanos, y es algo obvio y evidente en su historia y sus propuestas, es la misma que la del PP: imposición no negociada de la unidad del Estado y absoluto servilismo con los intereses económicos de la jerarquía católica, la gran empresa, la banca y el capitalismo global.
El río revuelto en el que esta gente ha venido a ver si pesca tenía como una componente esencial la defensa de lo público, de los derechos como derechos y no como servicios clientelares. Y ya han dejado muy claro que esa no es su apuesta. Lo que nos venden a cambio es la cosita de la corrupción, como almas bellas e incorruptas. La corrupción es un falso objeto, una realidad que se pretende utilizar como argucia para sustituir a un partido quemado por el neoliberalismo -la detención espectacularizada de Rato, es un buen síntoma de esa operación-por unos muchachuelos y muchachuelas risueños y vivarachos. Pero no seamos ingenuos: no hay más modo de acabar con la corrupción que el control efectivo de los políticos por parte de los ciudadanos. No es un problema de honestidad personal ni de transparencia, ni de regeneración moral. Es un problema sistémico de modelo de sociedad del que lo político es reflejo, de un modelo social de la economía, de una concepción empresarial que implica un mercado al servicio de la explotación y no un mercado al servicio de la gente. La corrupción es un síntoma, muy grave, pero sólo un síntoma. Y los muchachos y muchachas de Albert Rivera han acometido el gran fraude: autodenominarse “ciudadanos” cuando no tienen otra vocación ni otra vertiente que la de políticos profesionales. Son, sin duda, lo peor de las nuevas generaciones (en minúscula o en mayúscula, si se prefiere). Y lo peor de la vieja. Por favor, si alguien en su inocencia se  siente seducido por el angelical semblante y el dulce verbo de Albert Rivera, que no deje de recordar que, como un Dorian Grey del virtuosisimo postfordista, mantiene en su sótano los semblantes agriados de lo más amargo del panorama político español: Espada, Boadella, Nart o Azúa. Explícita o implícitamente. Ciudadanos no es más que otro intento de reactivación, otro pequeño partido transitorio de trepas (UCD, PDP, CDS, UV, UPyD, UPN…), si es que alguien se acuerda todavía de ellos, cuyo destino está trazado: ser reabsorbidos por el PP a medio plazo, como el único heredero legítimo del nacionalcatolicismo, se disfrace unas veces de falangista,  otras de liberal-parlamentario.
Miren, a partir del 15M, si lo tomamos en su acepción más auténticamente radical, si lo aceptamos con todas su paradojas y contradicciones –qué más natural que la aparición de lo paradójico cuando en el seno del sistema representativo se ha mostrado un vacío irresoluble– los españoles nos encontramos con una oportunidad histórica única: arrinconar y derrotar de una maldita vez al franquismo cuya antorcha recogió Fraga apoyado por un Felipe González que prefirió siempre sostenerlo como tapón  para la posible aparición un contrincante con más posibilidades y con menos techo electoral. De todas las trapacerías de este señor miembro de consejos de administración diversos, y ahora parece que con intención de ejercer de abogado en Venezuela, probablemente la más execrable sea no haber derrotado democráticamente al franquismo cuando lo tuvo en su mano.
Todos los que mantuvieron la llama viva, todos los que despertaron el 15M, todos que aman a su país intentando no excluir de su amor a la verdad no se merecen algo tan ramplón como Ciudadanos. ¿Somos capaces de imaginarnos lo que sucedería en esta ciudad de Valencia y en el País Valenciano en general si el recambio del PP fuera Ciudadanos, como ya se está encargando de propagar la prensa del régimen? Si han sido capaces de lo que han sido, de representar el españolismo más reaccionario en un territorio tan hostil a él como Catalunya, ¿cuánto daño podrían hacerle a un pueblo como el valenciano y a su cultura herida de muerte tras dos decenios de PP?
Tenemos una oportunidad única de no alimentar más a la bestia, de enfrentarnos a ella de una vez por todas.
Tenemos una oportunidad única de no alimentar más a la bestia, de enfrentarnos a ella de una vez por todas. No perdamos la ocasión. Necesitamos hacer un ruptura radical en lo político que permita transformaciones muy profundas en los social sin lo efectos secundarios de las revoluciones históricas. Una radicalización democrática no puede ser otra cosa. Y Ciudadanos ha nacido con el único propósito de ser la contraofensiva del nacional-catolicismo más casposo que arrastramos ocho décadas. El 15M, las masas salieron a la calle. Salieron a pensar, a ocupar el lugar de la representación, a ser agentes de su destino. Pensar no es sino hacer presente lo real, hacer actuar al lenguaje para atraer a la presencia lo que acude como invasión del ser. Seámonos fieles. Es lo único que nos hace falta: seguir teniendo el coraje de querer lo que deseamos.
Y, por cierto, si alguien se ha sentido engañado por el título de esta columna, creyendo que iba a leer una diatriba contra Podemos, al encontrarse una invectiva contra Ciudadanos, mis más sinceras disculpas. Era mi intención. Otros pretenden engañar con mucha menos sinceridad.



Columna Original..


lunes, 22 de septiembre de 2014

By heart: algunos apuntes sobre el Régimen del 78 y la Transición

Evidentemente, la memoria personal no es un procedimiento ni una fuente muy científica en historia. Pero creo que cualquiera que deba hacerse cargo de relatar o intente hacerse una idea cabal de un período histórico no puede prescindir de las memorias particulares. Son engañosas, sí, pero los datos documentales y los archivos, sin el hilo de sentido de una subjetividad que los ensamble, pueden ser absolutamente engañosos y dar una imagen completamente distorsionada de la realidad. Christopher Nolan nos lo explicó con claridad. Y con dolor. Por tanto, yo no voy a exponer ningún dato oculto ni novedoso, pero voy a intentar una lectura de los hechos que me extraña no haber visto articulada como tal aún.

Sobre la Transición y el asentamiento del Régimen del 78 tenemos dos grandes narrativas. Una, integrada, que posiblemente tuvo su máxima materialización textual en la serie de Victoria Prego. Es la versión oficial en su efigie más edulcorada y no es extraño que RTVE la produjera justo cuando se iba a producir la mayor alternancia en el poder dentro del régimen, tras 13 años de gobiernos de Felipe González. De todos modos, es la versión oficial: fue un proceso ejemplar que consiguió una transición de un régimen totalitario a una democracia sin que mediara un proceso bélico (señalo que no digo "cruento", porque sangre hubo). Se trató de un consenso sin ambages ni medias tintas que sirvió de ejemplo al mundo. De hecho, la mayoría de las transiciones desde las dictaduras latinoamericanas y desde el bloque soviético se habrían mirado en su espejo. La importancia de este trabajo de Victoria Prego es que mucha gente nacida después del año 70 es casi la única fuente de información de que dispone para hacerse una idea del proceso.

La versión que se está imponiendo ahora es precisamente la contraria, es decir, la apocalíptica. Esta versión ha venido ganando terreno desde la proliferación de iniciativas neoconstituyentes y dese la explosión social que supuso el 15M y la ola de republicanismo que ha venido después. Según esta versión, el Régimen del 78 habría sido una victoria del franquismo que consiguió perpetuarse en el poder por otros medios de una forma muy lampedusiana. Una derrota del bando republicano que aceptó unas condiciones que nos han llevado las circunstancias actuales de crisis, recortes, empobrecimiento y corrupción generalizada.

Evidentemente, la situación es ésa, pero si estamos empeñados (yo lo estoy sin duda) en pergeñar un nuevo sujeto constituyente creo que no estará de más hacernos una idea cabal de el modo en que se formó el anterior para entender cómo es que ha acabado así e intentar no repetir los errores. Por tanto, voy a ejercer de "tío Palao" (espero no dar aún el perfil de "abuelo Cebolleta") y voy a contar los recuerdos de mi adolescencia. Concretamente, desde que murió Franco, momento en el que yo contaba 13 años, hasta la primera victoria felipista, esto es, hasta mis 20.

Pongo, pues, mis cartas sobre el tapete. Yo recuerdo las cosas de esta manera: El régimen del 78 fue un pacto -¿componenda suena muy fuerte?- entre las cúpulas de los dos bandos de la Guerra Civil al margen de la sociedad española. De hecho, los representantes oficiales de ese exilio -titulares y dirigentes de partidos refugiados fuera de España, en absoluto hablo, faltaba más, de los muchísimos exiliados de a pie- fueron claramente utilizados no sólo para legitimar el proceso, sino para domesticarlo frente a una posible insurgencia interior mucho más difícil de controlar. 

Esto dista bastante de ambas versiones oficiales, así que voy a intentar dar algunos datos y razones en los que se fundamenta mi percepción de los hechos de aquella época. Desde el lado del falangismo y el fascismo, es de sobras conocido cómo se fueron recolocando sus activos para el nuevo panorama político electoral. Gente joven del régimen se arremolinó alrededor de Adolfo Suárez y acabaron formando Unión de Centro Democrático. Otros, lo hicieron alrededor del ex-ministro de Franco, y de Arias Navarro, Manuel Fraga y formaron Alianza Popular. Tras el período, UCD se hundió y el gran partido de los que provenían del franquismo fue AP, que se refundó en el PP. Hoy se puede contemplar de muchas maneras y recriminar a alguna de esta figuras su origen franquista todo lo que se quiera, pero comparado con las transiciones del Este de Europa desde el "socialismo real" hacia el capitalismo, parece un proceso bastante transparente. En todo caso, fue una metamorfosis reformista, ad hoc y no creo que merezca más comentario.

Bastante más oscuro, a lo que veo, para las generaciones que no lo vivieron, es el proceso de la izquierda antifranquista, que hoy se vende como mucho más transparente. Pero los que vivimos la época y pululamos por ella, no deberíamos de dejar de sorprendernos de que, frente a la sopa de letras que conocimos de partidos de izquierda revolucionaria que habían traído a España las corrientes del marxismo que estaban operando desde Asia hasta el mayo francés -y por supuesto, en Latinoamérica- tras la transición del franquismo, sólo hayan quedado el PCE (semidiluido en IU) y el PSOE (completamente diluido en sí mismo). Ya, ya, la historia nos la han contado y queda de lo más aparente: eran unos locos sin sentido alguno de la realidad y acabaron haciéndose el haraquiri. Ahora bien, esos partidos y otra parte del tejido ciudadano clandestino -se supone que eran minoritarios, pero no hay forma cierta de saberlo sin encuestas ni estadísticas- también trajeron un forma de articular, por ejemplo, las demandas nacionales de las naciones sin Estado dentro del español, que en ningún modo habían sabido articular con el marxismo las fuerzas que constituyeron el Frente Popular durante la República, incluida ERC. Qué casualidad también, que después de todo este trabajo de conceptualización que había llevado a cabo la izquierda en la clandestinidad, en los dos territorios más combativos en este sentido del Estado hayan gobernado partidos "nacionalistas de derechas" (se permitieron tripartitos de izquierdas, sólo con el PP en el poder central), y que el único nacionalismo independentista socialmente presente y que no reconocía la legitimidad democrática del 78 -véanse las declaraciones de Pablo Iglesias en el vídeo que he vinculado más arriba- tuviera su posible legitimidad discursiva atrapada en las maraña del terrorismo.

Bien, toda esa sopa de letras (MC, ORT, PCE-ML, OIC, OCE, PTE, LC, LCR, etc.) que acontecía España como en Europa y en otras partes del mundo, estaba, con todos sus sectarismos y contradicciones, realizando un trabajo de articulación de nacionalismos, feminismos, y otras muchas reivindicaciones sectoriales con el marxismo. E intentando articular entre ellos pactos, alianzas y convergencias ideológicas mientras trabajaban con denuedo leninista en el frente sindical, vecinal, obrero, etc. Junto a todos ellos estaba y sobresalía por su base militante, por supuesto, el PCE y su rama sindical, CC.OO. El PCE fue sin duda la fuerza más numerosa y más activa y que más contribuyó a la caída del franquismo desde el interior. A cambio, y era la principal acusación de los partidos "a su izquierda", abrió su militancia de tal modo que su ideología estaba cada vez menos clara, diluyéndose en un genérico democraticismo antifascista. Por su parte, su líder en el exilio, Santiago Carrillo, estaba pergeñando con otros líderes comunistas occidentales, una línea abundantemente acusada de revisionista que acabó conociéndose como eurocomunismo.

Como hemos visto, todos estos partidos fueron desapareciendo hasta principios de los 80, diluyéndose en pequeñas coaliciones autonómicas. Hoy, pasa porque tuvieron una importancia puramente decorativa, pero sólo un apunte, que todo el mundo parece empeñado en olvidar: un partido como la UCE (Unificación Comunista de España), con el que tuve varias trifulcas personales en los 80 por su dogmatismo, fue el máximo responsable de mantener encendida la llama anti-OTAN, con actos continuos y una titánica campaña de recogida de firmas (no había change.org, ni Avaaz, ni nada parecido en la época, y eso se hacía a pie de calle con frío o con calor) que obligó a Felipe González a convocar el referéndum prometido, cuando él estaba más interesado en que el pueblo español olvidara su promesa, disuelta en su carisma.

Evidentemente, fue el Psoe el que recogió el fruto de este trabajo en forma de votos durante casi década y media mientras que el PCE, tras una larga travesía del desierto, pudo salir a flote formando IU, la tercera fuerza política de España, con otros pequeños partidos, la mayoría provenientes del descontento de sectores de izquierdas socialistas con la deriva derechista del felipismo. El caso es que al final sólo quedan, es importante recalcarlo, los partidos que provenían de la República PSOE y PCE (en IU), es decir, lo que sería homologable con la Unión Eurpoea, sentando las bases de lo que hoy llamamos bipartidismo (o "casta") junto con el partido de los provenientes del franquismo y los nacionalismos legitimados por la República (prueba evidente, es el poco rastro que queda de un nacionalismo valenciano, mucho más presente hace 30 años, pero no con pedigree "pre-anti-franquista"). Los militantes de esas formaciones quedaron en el ostracismo electoral y parlamentario y se decidieron por otros movimientos sociales. Algunos acabaron entrando con los años en IU, y los más espabilados se incrustaron en el PSOE y lo consagraron como el partido de los yuppies en los 80: ya que hemos de aceptar las reglas de juego, vamos a sacar partido de ellas. Todo ello, conforma las dos grandes comunidades de goce de la política española desde la transición hasta hace muy poco.

¿Pero cómo se llegó a esta situación de domesticación de la insurgencia social a través del enfrentamiento consensuado? El franquismo reformista lo tuvo claro desde el primer momento. Nada de intentar enfrentar la conflictividad social directamente. Necesitaban interlocutores con los que pactar una salida airosa y fueron a buscarlos al exilio institucional republicano, puenteando completamente a la oposición interna con el consentimiento de éste. La operación no fue casual ni banal. Santiago Carrillo estaba en París, sí. Y se puede decir que la plana mayor del Psoe estaba en Sevilla. Pero esto no es exacto. Si Felipe fue interlocutor válido para Suárez era porque había sido legitimado en Suresnes. Tierno intentó formar un Partido Socialista del Interior, viendo lo alejados de la realidad española que estaban los dirigentes del Psoe en el exilio, y llegó a formar un Partido Socialista Popular, con el que se presentó a las elecciones. Pero no fue nunca tomado en serio -es un decir- hasta que lo disolvió y se integró en el Psoe. 

Podemos decir que, si bien, el PNV tenía tradición republicana, CiU había nacido en el seno del antifranquismo interior. Pero baste recordar que igual que se permitió entrar a Carrillo con su peluca, Suárez casi fue personalmente a bucar a Tarradellas a su casa francesa y bien que se escenificó, por encima de ERC, el traspaso de la herencia legítima de la Generalitat republicana a Jordi Pujol. Sabían que así se domesticaba a la gran mayoría de la oposición interior, al independentismo, a las fuerzas marxistas revolucionarias, al clamor popular. Fue una inteligente operación consistente en convertir los antagonismos en demandas "democráticas" (uso la terminología de Laclau ahora) que el Estado heredero de Franco podía satisfacer, disfrazándose para ello, con la doctrina eurocomunista de la reconciliación, como heredero también de la legitimidad republicana. No quedaba, quisieron transmitir, nada más que hacer. 

Creo que conviene recordar estas cosas, a día de hoy. Desde la izquierda dogmática  se está acusando a Podemos de ser el nuevo Psoe. Desde mi recuerdo adolescente, a mí me evoca mucho más el PCE del tardofranquismo y de la Transición. Un partido con cierta apariencia de cajón de sastre, pero que fue capaz de aunar magníficamente muchas voluntades de cambio. El proceso de "masas" (uso un término de la época) fue al fin coagulado, redirigido, porque sus máximos dirigentes fueron atrapados en la maraña parlamentaria y mediática y, queriéndolo o no, monopolizaron, recondujeron y después acallaron la voz popular. La organización lo pagó con sangre y fueron años duros hasta reconstituirse a través de su articulación en Izquierda Unida. Una sana desconfianza hacia los representantes mediáticos y parlamentarios, una vigilancia constante y una coordinación entre las voces populares y las de los portavoces en instituciones es imprescindible en ese sentido. A ver si no nos pasa lo mismo otra vez. Vayamos tejiendo otro tejido.

viernes, 4 de abril de 2014

Suárez

Acabo de cumplir cincuenta y dos años. Como todas las edades, ésta también tiene ‘cosicas’ que no te esperas y que la hacen distinta de otras. Ahora me he dado cuenta de que, en buena medida, mi biografía se confunde con lo que para otros es la Historia. Esto se hace muy evidente sobre todo si convives habitualmente con gente mucho más joven que tú, que se remite a hechos colectivos que tú recuerdas como parte de tu vida personal con la feroz abstracción del que los ha leído en un manual de conocimiento del medio o alguna materia por el estilo. Dadas las circunstancias se puede pensar que uno es historia o bien, yo lo prefiero, que la historia es una parte de mi vida. Y ello me autoriza a hablar de ella como lo vivido.

(Continúa en VLCNoticias)