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viernes, 24 de febrero de 2017

Quo usque tandem abutere, PP, patientia nostra?

Creo que, si alguien podía tener aún alguna duda de que el Régimen del 78 está periclitado, la absolución fáctica de Urdangarín, permitiéndole no sólo no entrar en prisión, sino vivir fuera de España, debería bastarle como prueba definitiva. No queda ni pacto, ni decencia, ni vergüenza torera ni decoro que maquille el purulento aspecto de lo viejo que no acaba de morir.  Hoy, que hay mucha gente mesándose los cabellos por la decisión de un juez sobre la elusión de la  prisión por parte del ex-duque, creo que es un buen momento para que reflexionemos sobre la auténtica significación de este hecho en su contexto histórico. Veamos....

http://www.vlcnoticias.com/quo-usque-tandem-abutere-pp-patientia-nostra/
El régimen constitucional postfranquista fue cuidadosamente diseñado por las élites en un proceso que lideró fundamentalmente Felipe González. El proceso tiene muchas caras y aristas, pero una de las esenciales es la territorial, que -más allá de sus aspectos burocráticos, administrativos y jurídicos- tuvo una enorme importancia en el plano simbólico. Era perentorio recrear una patria constitucional que domara a los díscolos pueblos periféricos. Por eso, las dos primeras legislaturas y media de paseo triunfal del felipismo giraron en torno  a la construcción de un gran imaginario nacional que había que erigir, necesariamente, sobre las ruinas del imperialismo de los Austrias para que sustituyera a su rapaz (por el águila, digo) caricatura franquista. Así que se constituyó un horizonte temporal pleno de hechizo histórico: el 92, emblema de una España constituida en una unidad del evento en lo universal. Y se trazó un eje vertebral entre Barcelona (Olimpiadas), Madrid (Capital Europea de la Cultura) y Sevilla (Expo), que ejercían más de sí mismas, en su neo-españolidad, que de capitales de sus territorios, pero que se confiaba arrastraran a andaluces, catalanes y madrileños a constituir de grado un proyecto nacional conjunto que, de paso que incluía a éstos, dejaba algo perjudicados a todos los demás: gallegos, vascos, valencianos, asturianos, navarros, aragoneses, murcianos (ay, Murcia, me dueles), baleares, riojanos, extremeños y canarios, melillenses y ceutíes y que Dios me perdone si me he olvidado de alguno. Oye, que ya está bien, que una cosa es construir España y que café hubo para todos en el 78 pero catorce años después ya, cócteles y tal, eran menos los que se podían repartir. Bueno, todo hay que decirlo, incluía a madrileños, andaluces y catalanes y también a los castellanos. Porque los castellanos, cosa muy curiosa, tienden a sentirse incluidos siempre en los planes imperiales de las cortes de Madrid aunque ésta pase de ellos olímpicamente. Esta vez pasaron de ellos, además, expo-universalmente y capitalino-culturalmente. Ellos, haciendo gala de esa ancestral sabiduría que Larra glosó como nadie, siempre piensan “mientras nos expolian, nos despoblamos y nos consumimos, nosotros a pitarle a Piqué cuando juega con la Selección, a ver si se entera ya de lo glorioso que es ser español, hombre. Aunque no quieras”.

Bueno, pues a este esquema simbólico se sumó, como no podía ser de otra manera, la Corona que redobló el croquis diagonal sobre la piel de toro imprimiéndole su propia marca. Y lo con una solvente política de matrimonios como hacen inveteradamente  los buenos monarcas cuando se ponen a jugar a los tronos. Aprende Tywin Lannister allá donde estés, que eres un aficionao. Mucho mejor que te pillen cazando elefantes que que te pillen cagando, hombre. En el primer caso, el arma la llevas tú y eso es una auténtica ventaja. Así pues, la familia real y su jefe a la cabeza decidieron casar a cada uno de sus vástagos en cada una de las tres ciudades antedichas para que la fiesta no decayera. Y de paso que hacemos eventos, hacemos metáforas, y prolongamos el espectáculo de la unidad hispánica unos añitos más. A la mayor, pues hombre, mucho no había dónde elegir así que le buscaron como marido a un noble de vieja cuna, con pálido y afilado semblante, que despertaba el vislumbre de cierta depravación distinguida y ese leve reflejo de alguna tara de alta alcurnia efecto de una consanguineidad muy aristocrática. Y le adjudicaron Sevilla, porque a la imagen majista que se le pretendía dar le venía muy bien, con la Duquesa de Alba por allí y todo.

Al heredero, le tocaba la chulapa capital del reino borbónico, como no podía ser de otra manera, y no entraremos en más comentarios. Aznar, cuyo principal rasgo de carácter ha sido siempre la envidia, se le ocurrió que no podía ser menos y decidió casar a su hija con el mismo boato en El mismo Escorial, para reivindicarse, escoltado por el trío de las Azones, como auténtico albacea del esplendor de los Austrias, y llenando el convite de auténticos proto-presidiarios como patio de Monipodio. No hay mal que por bien no venga: con ello ha salvado a tantos y tantos servicios de documentación televisivos cuando tienen que sacar imágenes de archivo de los reos de la Gürtel. Nada, que una Corte española siempre acaba siendo la de los milagros. Y aquella boda acabó por ser una magnífica representación esperpéntica que como una pesadilla vuelve y vuelve a nuestras pantallas televisivas.  Si de aquí unos decenios algún investigador decide revisitar los telediarios de principios del Siglo XXI sus más enigmáticos interrogantes serán: ¿cómo acabó la corrupción siendo una sección fija en la escaleta, como los deportes y el tiempo? y, ya puestos, ¿cómo es que le dedicaban tanto tiempo al Real Madrid? (Lo de la contabilidad de la violencia machista, entenderán, merece un artículo aparte y en un tono completamente distinto del de éste).

Pues bien, la hija pequeña se convirtió en una pieza esencial de los planes regios para asentar la restauración borbónica sobre la precaria roca del Estado Autonómico. Bien pronto decidieron enviarla a vivir a Barcelona. Si hubiera sido un Felipe del II al IV la hubieran enviado de virreina, pero D. Juan Carlos I, en cuyos reinos sí se ponía el sol (incluso salía algunas veces, cosa que está más cercana al portento que que se pusiera) pues la tuvo que enviar de becaria de la Caixa. Menos da una piedra, tú. Pero es que, además, ella va y se busca un novio que lo tiene todo. Deportista de élite de un deporte minoritario pero lo suficientemente conocido para que tuviera repercusión mediática. A la familia real le encantan los deportes minoritarios, como la vela y la hípica o el esquí (al primo que se murió, si recuerdan). A mí  de hecho me sonaba que Marichalar tenía algo que ver con estos últimos porque le fascinaban el mundo del caballo y/o el de la nieve, pero la Wikipedia no dice nada y si tuviera que hacer indagaciones biográficas a estas horas, pues las haría sobre Julio César, Alejandro de Macedonia o el Cardenal Richelieu, así que asumo que será un lapsus de memoria.

Pero a lo que íbamos: oigan, el deportista en cuestión era nada menos jugador del Barça y olímpico, con lo cual el otro extremo de la cadena nacional quedaba también atado en el plano de lo simbólico marital. Y, colmo de los colmos de la fortuna, además ¡era vasco con padre militante del PNV! Un partidazo desde el punto de vista de la vertiente mediático-simbólica del rol que la corona jugaba en la democracia española. Boda en Barcelona con un vasco. Todos, al fin, unidos en el patriotismo constitucional. A los vascos, también se les abría una puerta que la izquierda abertzale parecía enconada en querer cerrar.

Claro, luego pasó lo que pasó. El yerno estaba acostumbrado, por un lado, a la tierra (herria) donde nació que los vascos ven, a fuer de estar rodeados siempre  de montañas, por encima de sus cabezas. Y, por otro, al País de Lluís Llach, que es tan pequeño que cuando el sol se va a dormir no está seguro de haberlo visto. Por ello, debió quedar impactado al acreditar que en los reinos de su familia política, aunque como hemos oportunamente observado anteriormente –lo fundamental para que un texto ostente coherencia es que todo lo que se diga en él parezca repetido más que dicho- sí se pone el sol, estamos seguros de que éste sí que lo ha visto antes de ponerse. Vamos, que Castilla le pareció anchísima y pallá que se fue al que consideró cortijo del suegro, dirigiéndose a todo aquel que controlaba algo de presupuesto público con una coletilla variante de la típica española: ¡Oiga, usted sí sabe con quién está hablando! Le dijeron que la frase normal era con no  y no con sí, pero el chico era periférico y, oye, peras al olmo tampoco.

O sea, que Urdangarín en el banquillo es mucho más que un cuñado en el banquillo. Era emblema de la integración de todas las Españas, vehículo de una metáfora  buro-patriótica que debía haber sido una ineludible tela de araña simbólica que atrapara a todos los habitantes de La Piel de Toro bajo el manto protector, arbitral y ecuánime de la Monarquía. Que haya sido condenado y perdonado a la vez, es una metáfora también. El “hijo en la ley” y “hermano en la ley” (acéptenseme los dos anglicismos semánticos), haciendo burla de la ley. Es la evidencia visual que demuestra que, más allá de todas las urdimbres anteriores, la España actual sólo tiene un dueño: el Partido Popular, que nombra y desnombra a los fiscales según sus “méritos”. Ya no está reservado papel tutelar alguno para una Corona que creo, honestamente, que queda todavía más dañada con la libertad sin fianza del yerno que con la absolución de la hermana.

España es el PP sostenido por C’s y Psoe. No hay más. Un tropo consumado de la corrupción más allá de toda legalidad posible. La Monarquía ha perdido su semblante paterno, y su función nuclear y estructurante -por encima de la querella política- ha quedado reputada como una simple impostura. Y es terrible porque el hijo más salvaje del Pater Familias institucional se ha hecho con el poder todo, con la representación toda. ¿Hasta cuándo abusará de nuestra paciencia el Partido Popular? Pues hasta que queramos, evidentemente. Pero es tan difícil querer lo que se desea, que el pronóstico es muy poco halagüeño. Más, fíjense, en un país que entró en la época contemporánea con una tan extemporánea consigna como ¡Vivan las caenas!
 
En VLCN



lunes, 22 de septiembre de 2014

By heart: algunos apuntes sobre el Régimen del 78 y la Transición

Evidentemente, la memoria personal no es un procedimiento ni una fuente muy científica en historia. Pero creo que cualquiera que deba hacerse cargo de relatar o intente hacerse una idea cabal de un período histórico no puede prescindir de las memorias particulares. Son engañosas, sí, pero los datos documentales y los archivos, sin el hilo de sentido de una subjetividad que los ensamble, pueden ser absolutamente engañosos y dar una imagen completamente distorsionada de la realidad. Christopher Nolan nos lo explicó con claridad. Y con dolor. Por tanto, yo no voy a exponer ningún dato oculto ni novedoso, pero voy a intentar una lectura de los hechos que me extraña no haber visto articulada como tal aún.

Sobre la Transición y el asentamiento del Régimen del 78 tenemos dos grandes narrativas. Una, integrada, que posiblemente tuvo su máxima materialización textual en la serie de Victoria Prego. Es la versión oficial en su efigie más edulcorada y no es extraño que RTVE la produjera justo cuando se iba a producir la mayor alternancia en el poder dentro del régimen, tras 13 años de gobiernos de Felipe González. De todos modos, es la versión oficial: fue un proceso ejemplar que consiguió una transición de un régimen totalitario a una democracia sin que mediara un proceso bélico (señalo que no digo "cruento", porque sangre hubo). Se trató de un consenso sin ambages ni medias tintas que sirvió de ejemplo al mundo. De hecho, la mayoría de las transiciones desde las dictaduras latinoamericanas y desde el bloque soviético se habrían mirado en su espejo. La importancia de este trabajo de Victoria Prego es que mucha gente nacida después del año 70 es casi la única fuente de información de que dispone para hacerse una idea del proceso.

La versión que se está imponiendo ahora es precisamente la contraria, es decir, la apocalíptica. Esta versión ha venido ganando terreno desde la proliferación de iniciativas neoconstituyentes y dese la explosión social que supuso el 15M y la ola de republicanismo que ha venido después. Según esta versión, el Régimen del 78 habría sido una victoria del franquismo que consiguió perpetuarse en el poder por otros medios de una forma muy lampedusiana. Una derrota del bando republicano que aceptó unas condiciones que nos han llevado las circunstancias actuales de crisis, recortes, empobrecimiento y corrupción generalizada.

Evidentemente, la situación es ésa, pero si estamos empeñados (yo lo estoy sin duda) en pergeñar un nuevo sujeto constituyente creo que no estará de más hacernos una idea cabal de el modo en que se formó el anterior para entender cómo es que ha acabado así e intentar no repetir los errores. Por tanto, voy a ejercer de "tío Palao" (espero no dar aún el perfil de "abuelo Cebolleta") y voy a contar los recuerdos de mi adolescencia. Concretamente, desde que murió Franco, momento en el que yo contaba 13 años, hasta la primera victoria felipista, esto es, hasta mis 20.

Pongo, pues, mis cartas sobre el tapete. Yo recuerdo las cosas de esta manera: El régimen del 78 fue un pacto -¿componenda suena muy fuerte?- entre las cúpulas de los dos bandos de la Guerra Civil al margen de la sociedad española. De hecho, los representantes oficiales de ese exilio -titulares y dirigentes de partidos refugiados fuera de España, en absoluto hablo, faltaba más, de los muchísimos exiliados de a pie- fueron claramente utilizados no sólo para legitimar el proceso, sino para domesticarlo frente a una posible insurgencia interior mucho más difícil de controlar. 

Esto dista bastante de ambas versiones oficiales, así que voy a intentar dar algunos datos y razones en los que se fundamenta mi percepción de los hechos de aquella época. Desde el lado del falangismo y el fascismo, es de sobras conocido cómo se fueron recolocando sus activos para el nuevo panorama político electoral. Gente joven del régimen se arremolinó alrededor de Adolfo Suárez y acabaron formando Unión de Centro Democrático. Otros, lo hicieron alrededor del ex-ministro de Franco, y de Arias Navarro, Manuel Fraga y formaron Alianza Popular. Tras el período, UCD se hundió y el gran partido de los que provenían del franquismo fue AP, que se refundó en el PP. Hoy se puede contemplar de muchas maneras y recriminar a alguna de esta figuras su origen franquista todo lo que se quiera, pero comparado con las transiciones del Este de Europa desde el "socialismo real" hacia el capitalismo, parece un proceso bastante transparente. En todo caso, fue una metamorfosis reformista, ad hoc y no creo que merezca más comentario.

Bastante más oscuro, a lo que veo, para las generaciones que no lo vivieron, es el proceso de la izquierda antifranquista, que hoy se vende como mucho más transparente. Pero los que vivimos la época y pululamos por ella, no deberíamos de dejar de sorprendernos de que, frente a la sopa de letras que conocimos de partidos de izquierda revolucionaria que habían traído a España las corrientes del marxismo que estaban operando desde Asia hasta el mayo francés -y por supuesto, en Latinoamérica- tras la transición del franquismo, sólo hayan quedado el PCE (semidiluido en IU) y el PSOE (completamente diluido en sí mismo). Ya, ya, la historia nos la han contado y queda de lo más aparente: eran unos locos sin sentido alguno de la realidad y acabaron haciéndose el haraquiri. Ahora bien, esos partidos y otra parte del tejido ciudadano clandestino -se supone que eran minoritarios, pero no hay forma cierta de saberlo sin encuestas ni estadísticas- también trajeron un forma de articular, por ejemplo, las demandas nacionales de las naciones sin Estado dentro del español, que en ningún modo habían sabido articular con el marxismo las fuerzas que constituyeron el Frente Popular durante la República, incluida ERC. Qué casualidad también, que después de todo este trabajo de conceptualización que había llevado a cabo la izquierda en la clandestinidad, en los dos territorios más combativos en este sentido del Estado hayan gobernado partidos "nacionalistas de derechas" (se permitieron tripartitos de izquierdas, sólo con el PP en el poder central), y que el único nacionalismo independentista socialmente presente y que no reconocía la legitimidad democrática del 78 -véanse las declaraciones de Pablo Iglesias en el vídeo que he vinculado más arriba- tuviera su posible legitimidad discursiva atrapada en las maraña del terrorismo.

Bien, toda esa sopa de letras (MC, ORT, PCE-ML, OIC, OCE, PTE, LC, LCR, etc.) que acontecía España como en Europa y en otras partes del mundo, estaba, con todos sus sectarismos y contradicciones, realizando un trabajo de articulación de nacionalismos, feminismos, y otras muchas reivindicaciones sectoriales con el marxismo. E intentando articular entre ellos pactos, alianzas y convergencias ideológicas mientras trabajaban con denuedo leninista en el frente sindical, vecinal, obrero, etc. Junto a todos ellos estaba y sobresalía por su base militante, por supuesto, el PCE y su rama sindical, CC.OO. El PCE fue sin duda la fuerza más numerosa y más activa y que más contribuyó a la caída del franquismo desde el interior. A cambio, y era la principal acusación de los partidos "a su izquierda", abrió su militancia de tal modo que su ideología estaba cada vez menos clara, diluyéndose en un genérico democraticismo antifascista. Por su parte, su líder en el exilio, Santiago Carrillo, estaba pergeñando con otros líderes comunistas occidentales, una línea abundantemente acusada de revisionista que acabó conociéndose como eurocomunismo.

Como hemos visto, todos estos partidos fueron desapareciendo hasta principios de los 80, diluyéndose en pequeñas coaliciones autonómicas. Hoy, pasa porque tuvieron una importancia puramente decorativa, pero sólo un apunte, que todo el mundo parece empeñado en olvidar: un partido como la UCE (Unificación Comunista de España), con el que tuve varias trifulcas personales en los 80 por su dogmatismo, fue el máximo responsable de mantener encendida la llama anti-OTAN, con actos continuos y una titánica campaña de recogida de firmas (no había change.org, ni Avaaz, ni nada parecido en la época, y eso se hacía a pie de calle con frío o con calor) que obligó a Felipe González a convocar el referéndum prometido, cuando él estaba más interesado en que el pueblo español olvidara su promesa, disuelta en su carisma.

Evidentemente, fue el Psoe el que recogió el fruto de este trabajo en forma de votos durante casi década y media mientras que el PCE, tras una larga travesía del desierto, pudo salir a flote formando IU, la tercera fuerza política de España, con otros pequeños partidos, la mayoría provenientes del descontento de sectores de izquierdas socialistas con la deriva derechista del felipismo. El caso es que al final sólo quedan, es importante recalcarlo, los partidos que provenían de la República PSOE y PCE (en IU), es decir, lo que sería homologable con la Unión Eurpoea, sentando las bases de lo que hoy llamamos bipartidismo (o "casta") junto con el partido de los provenientes del franquismo y los nacionalismos legitimados por la República (prueba evidente, es el poco rastro que queda de un nacionalismo valenciano, mucho más presente hace 30 años, pero no con pedigree "pre-anti-franquista"). Los militantes de esas formaciones quedaron en el ostracismo electoral y parlamentario y se decidieron por otros movimientos sociales. Algunos acabaron entrando con los años en IU, y los más espabilados se incrustaron en el PSOE y lo consagraron como el partido de los yuppies en los 80: ya que hemos de aceptar las reglas de juego, vamos a sacar partido de ellas. Todo ello, conforma las dos grandes comunidades de goce de la política española desde la transición hasta hace muy poco.

¿Pero cómo se llegó a esta situación de domesticación de la insurgencia social a través del enfrentamiento consensuado? El franquismo reformista lo tuvo claro desde el primer momento. Nada de intentar enfrentar la conflictividad social directamente. Necesitaban interlocutores con los que pactar una salida airosa y fueron a buscarlos al exilio institucional republicano, puenteando completamente a la oposición interna con el consentimiento de éste. La operación no fue casual ni banal. Santiago Carrillo estaba en París, sí. Y se puede decir que la plana mayor del Psoe estaba en Sevilla. Pero esto no es exacto. Si Felipe fue interlocutor válido para Suárez era porque había sido legitimado en Suresnes. Tierno intentó formar un Partido Socialista del Interior, viendo lo alejados de la realidad española que estaban los dirigentes del Psoe en el exilio, y llegó a formar un Partido Socialista Popular, con el que se presentó a las elecciones. Pero no fue nunca tomado en serio -es un decir- hasta que lo disolvió y se integró en el Psoe. 

Podemos decir que, si bien, el PNV tenía tradición republicana, CiU había nacido en el seno del antifranquismo interior. Pero baste recordar que igual que se permitió entrar a Carrillo con su peluca, Suárez casi fue personalmente a bucar a Tarradellas a su casa francesa y bien que se escenificó, por encima de ERC, el traspaso de la herencia legítima de la Generalitat republicana a Jordi Pujol. Sabían que así se domesticaba a la gran mayoría de la oposición interior, al independentismo, a las fuerzas marxistas revolucionarias, al clamor popular. Fue una inteligente operación consistente en convertir los antagonismos en demandas "democráticas" (uso la terminología de Laclau ahora) que el Estado heredero de Franco podía satisfacer, disfrazándose para ello, con la doctrina eurocomunista de la reconciliación, como heredero también de la legitimidad republicana. No quedaba, quisieron transmitir, nada más que hacer. 

Creo que conviene recordar estas cosas, a día de hoy. Desde la izquierda dogmática  se está acusando a Podemos de ser el nuevo Psoe. Desde mi recuerdo adolescente, a mí me evoca mucho más el PCE del tardofranquismo y de la Transición. Un partido con cierta apariencia de cajón de sastre, pero que fue capaz de aunar magníficamente muchas voluntades de cambio. El proceso de "masas" (uso un término de la época) fue al fin coagulado, redirigido, porque sus máximos dirigentes fueron atrapados en la maraña parlamentaria y mediática y, queriéndolo o no, monopolizaron, recondujeron y después acallaron la voz popular. La organización lo pagó con sangre y fueron años duros hasta reconstituirse a través de su articulación en Izquierda Unida. Una sana desconfianza hacia los representantes mediáticos y parlamentarios, una vigilancia constante y una coordinación entre las voces populares y las de los portavoces en instituciones es imprescindible en ese sentido. A ver si no nos pasa lo mismo otra vez. Vayamos tejiendo otro tejido.

miércoles, 18 de junio de 2014

Una preguntita ingenua sobre el ataque al régimen del 78 y el resurgimiento del centralismo.

 ¿En la crítica sin matices que desde ciertos sectores se está haciendo al "régimen del 78", tras la fachada del problema del bipartidismo y el "turnismo" del PP / PSOE en el poder, no se puede encontrar agazapado un ataque al primer intento serio de reconocimiento de un Estado plurinacional y descentralizado -por mucho que luego sacralice al ejército como garante de la unidad de España- que esa Constitución supone? De hecho, la resistencia a los símbolos borbónico-franquistas, que se tuvieron que aceptar de mala gana por la izquierda como efecto consenso constitucional (el himno, la bandera, el término "español" como emblema patriotero y fascista identificado con una única lengua y una identidad de pandereta) proviene de esa época y ha sido mantenida por los nacionalismos "periféricos", no por el ideal republicano, actualmente redivivo con salud, pero aletargado durante casi treinta años.
 

Cositas como ésta me llaman la atención. De un muro de Facebook, muy mesetario: "personalmente creo que antes de librarnos de la monarquía,debíamos intentar librarnos de las Comunidades Autónomas, las grandes saqueadoras del estado (y al ser la mayoría del PP, con permiso del Gobierno)"
 

Y, más grave, un pasaje de un artículo de José Luis Villacañas defendiendo a Podemos:
"Podemos se enfrenta a la eterna cuestión de los movimientos populares españoles desde 1808: juntas locales o junta central. Los líderes, que lo saben, tendrán que ofrecer una salida airosa. Una junta central compuesta por mayoría de personas de la periferia, con la finalidad de aumentar la intensidad de los círculos Podemos por toda España, puede ser una solución. Veremos si con ello son capaces de configurar una agenda que no pase por los cansinos debates identitarios de los nacionalismos (el error que ha truncado la carrera ascendente de UPyD). Ahora de lo que se trata, según parece, es de configurar una inteligencia española que recoja los problemas de la gente y los sistematice." (las cursivas son mías). En Madrid, donde está el núcleo duro, esto serán tonterías. Pero en lo que ellos llaman "periferia" o "provincias" esto nos parece gravísimo. ¿Solución: "Llevar unos cuantos indígenas a Madrid para enseñarlos en la feria"? Tremendo.
 

Los Círculos de Podemos, empezando por Podem Ciutat de València, que es el que me queda más cerca, tienen un gran trabajo por hacer en este sentido. Porque la estructura de Podemos, tal y como está conformada actualmente, es, en su falta de matices, absolutamente centralista . Cierto que hay Círculos "locales", por toda España, pero si te interesa un círculo transversal (profesional, por ejemplo), dependes ominosamente de Madrid, "como se ha hecho toda la vida". Es una estructura perversa. O eres de tu pueblo o eres alguien socialmente relevante, esto es, o estás en Madrid. De hecho, que al formar esos círculos se les haya dado un nombre genérico, por mor de la transversalidad, soslayando su anclaje geográfico, suena como toda una declaración de intenciones.

Como apunta certerísimamente Villacañas (Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas de la Generalidad Valenciana (1999-2003), con el PP, dicho sea de paso), la estructura actual de Podemos es de momento levemente post-borbónica (con "casinos" locales, al estilo decimonónico, como los liberales o conservadores de la época), en absoluto republicana o federal. Es, estructuralmente, el armazón territorial que utilizó siempre el caciquismo. Del pueblo a la provincia, de la provincia a Madrid (y de Madrid al cielo, claro). 

La estructura protofederal es algo que sí tienen los partidos de la izquierda nacidos a partir de la estructura del 78. Podemos deberá resolver esta cuestión y corregirla, si no quiere constituirse en una especie de bruto bloque monolítico  donde la supuesta lógica de las equivalencias derive en un totalitarismo centralista. En una sociedad mediática de masas, la dialéctica entre diferencia y equivalencia está regulada por el concepto de  pertinencia, concepto lingüístico como los dos anteriores, que Laclau soslayó en su análisis de la construcción hegemónica y del populismo, sin embargo. 

Evidentemente, y lo digo ahora sin asomo de ironía, no creo que esto sea una estrategia centralista premeditada. La gente de Madrid (con el potentísimo -ellos sí que pueden- Círculo Complutense a la cabeza y algunos de otras univesidades de la provincia) ve esto natural, seguro que ni se han dado cuenta. Lo digo completamente en serio. Como dice Villacañas, para ellos lo demás son tediosos parloteos identitarios, que no es de lo que se trata ahora. Como si el españolismo no fuera una megaidentidad rojigualda. 

Ahora bien, si se afirman como demócratas radicales, lo que han de hacer es tomar nota. No les pido otra cosa. Esperemos que el  debate sobre federalismo, y la defensa de las particularidades nacionales de los territorios del Estado Español no se considere algo propio de la "casta" -es decir, no se lo silencie o demonice, negándole toda pertinencia como una "cháchara cansina", como ya se está haciendo con el término izquierda-, por mucha corrupción que hayan generado. Muy inferior, en todo caso, a la corrupción endémica del centralismo españolista -borbónico, matritense y franquista- durante tres siglos y medio.



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