Entre la versión paleo-marxista: “La masas no entienden nada porque
están alienadas y no tienen conciencia”. Y la versión
hegemono-populista: “Oh, masas, yo os entiendo y hablo vuestro lenguaje,
por eso debéis seguirme y regalarme vuestra voz” ¿Por qué no una
alternativa del tipo “¡Masas hablad y hablemos, inventemos la voz de la
multitud?” ¿Por qué ese miedo a la contingencia verdadera, a la verdad
de la contingencia, y a la contingencia de la verdad? Es el miedo de los
políticos -de las élites y de las vanguardias- a un tiempo que pueda
presentarse como vacío, pero ya no como homogéneo, que con los dos
atributos juntos se las entendía bien la progresía socialdemócrata. Es
el pánico a lo real del bien-decir que se pretende cauterizar con la
impostura del decir-bien. Y no es lo mismo ¿no? Cada vez ando más
convencido de que los intelectuales no deben preceder a las masas para
intentar pre-decirlas, sino que deben ser su fornida retaguardia: poner
un cierto orden hermenéutico, ni doctrinario, ni dogmático ni banalmente
comunicativo. El neoliberalismo inventó la postmodernidad. Su cara a
fue un todo vale, que puede ser muy fructífero como instante de ruptura.
Pero a las élites político-financieras les interesaba la cara b: nada
vale, no hay otro modo.
Continúa aquí....
Intentos de comprender el mundo con la esperanza de intuir algunas estrategias que puedan transformarlo.
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viernes, 31 de julio de 2015
miércoles, 15 de julio de 2015
Ahora en Común, Grecia y la hermenéutica del desengaño (Apuntes sobre el Comunismo, 4)
Dado que, movido por cierta vehemencia y cierta necesidad de ilusión, en mis dos anteriores entradas (Ahora, en común. Sin olvido ni perdón. y Ahora en Común es una opción desesperada) me había mostrado entusisamado, creo que es importante que comparta ahora este post aclaratorio. Si dejé por escrito mis primeras consideraciones, basadas en la ilusión y en la necesidad de creer, creo que es de ley -por congruencia y por responsabilidad conmigo mismo y con los que leéis estas páginas- anotar también esta siguiente consideración, basada en una primera impresión no precisamente afortunada. Evidentemente, las ilusiones y las fes no pueden tener rango de ley; pero tampoco, las primeras impresiones. Creo en la responsabilidad política, pero un modo infinitamente distinto a cómo esto se suele escenificar en la comunicación como campo único de enunciación, que es simulando coherencia a cualquier precio, lo cual acaba redundando en una especie de aferramiento identitario monolítico que bloquea completamente la conciencia crítica. Porque ésta empieza por el reconocimiento de la relatividad, espacial y temporal, de la propia percepción y de la propia posición judicativa, es decir, por asumir el riesgo de equivocarse y la obligación moral de explicitar y explicar ese error. Vamos, un juego que no es de tronos, sino de posiciones enunciativas éticamente responsables y discursivamente contingentes. La voz que busca el común no puede nunca ser una voz identitaria que postule que la razón está en su fundamento, sino, al contrario, que ése es su objetivo, que ése su horizonte. No se parte de ella, se va a su encuentro. No hay verdad previa a su enunciación, no hay verdad sin navegar el riesgo de equivocarse.
Como soy un convencido, pues, de aquello de que la verdad sólo puede decirse a medias, creo que es en la lectura de los entresijos, de las hiancias entre unas posiciones y otras, como uno puede dar consigo como efecto de su deseo, esto es, en la verdad del "que sea dicho" oculto "tras lo que se dice en lo que se escucha". Vamos, que la verdad tiene mucho más que ver con la posición desde la que uno habla -que es lo que intento dilucidar- que con el contenido semántico de sus enunciados.
Dicho esto, el ver ahora cómo supuestos críticos a la cúpula son citados por miembros de ésta como maestros me reafirma en una dolorosa convicción: seguimos en el juego de los tronos. Algunos simplemente están jugando a hacerse los críticos con la cúpula y la ideolgía hegemono-pópulo-verticalista que se ha adueñado de Podemos (la ideología CQP) Tras entrar en un grupo de Facebook, supuestamente de gente que anda construyendo AeC, me di cuenta de que había quien se consideraba dueño del invento y había decidido que línea, qué parámetros y que tono había que seguir. Me fui a las pocas horas y publiqué esto en Facebook.
Este fue el final de la conversación antes de mi despedida del susodicho grupo, copiada por una amiga. "Tú" soy yo. No creo que haga falta más comentario.
Yo sigo creyendo en el comunismo hermenéutico y en la anarquía de las interpretaciones, frente al método dogmático que comparten neoliberales, hegemono-populistas y estalinistas. Vuelvo, como tantas veces, a Lacan: Un discurso es siempre adormecedor, salvo cuando uno no lo comprende — entonces despierta. Yo no concibo un despertar sin un cierto jaleo, sin una cierta algarabía, sin un incierto desconcierto. Lo que debemos procurar es que esa algarabía no nos pille como esclavos solitarios de la pulsión cobijada bajo la figura de un líder, de una cúpula o de una doctrina mortífera. El ruido de la multitud despertando no debe confiarse a un amo. Mi fe en el pueblo griego, que nos dio a todos una lección, sigue intacta. Y sale reafirmada mi convicción de que toda esa fuerza, regalada al carisma de un líder que nos seduce desde su núcleo irradiador para convertirnos en sectores laterales y someter la fuerza instituyente de la multitud a los designios del capitalismo institutuido, será siempre arrojada al vertedero de la Historia. Mucho ojo con el que pretenda saber qué podemos decir y qué no y pretenda condenar una sola voz al silencio. Tenemos perfecto derecho a a ajustar cuentas con los traidores y a hacer pagar con la humillación a los soberbios.
Como soy un convencido, pues, de aquello de que la verdad sólo puede decirse a medias, creo que es en la lectura de los entresijos, de las hiancias entre unas posiciones y otras, como uno puede dar consigo como efecto de su deseo, esto es, en la verdad del "que sea dicho" oculto "tras lo que se dice en lo que se escucha". Vamos, que la verdad tiene mucho más que ver con la posición desde la que uno habla -que es lo que intento dilucidar- que con el contenido semántico de sus enunciados.
Dicho esto, el ver ahora cómo supuestos críticos a la cúpula son citados por miembros de ésta como maestros me reafirma en una dolorosa convicción: seguimos en el juego de los tronos. Algunos simplemente están jugando a hacerse los críticos con la cúpula y la ideolgía hegemono-pópulo-verticalista que se ha adueñado de Podemos (la ideología CQP) Tras entrar en un grupo de Facebook, supuestamente de gente que anda construyendo AeC, me di cuenta de que había quien se consideraba dueño del invento y había decidido que línea, qué parámetros y que tono había que seguir. Me fui a las pocas horas y publiqué esto en Facebook.
Esta mañana me han invitado a un grupo de Ahora en Común. He durado menos de doce horas. Ante varias admoniciones, conatos de descalificación, etc. que he visto, he preguntado quién marcaba la línea y me han tratado de troll me han invitado a marcharme. He dejado esto y he abandonado el grupo:
"Queridos amigos, lamento el error. Yo creía que verdaderamente esto era algo nuevo y por hacer, escarmentados de núcleos promotores y gente a la que se invita sumarse y obedecer. Necesitamos otra cosa. Yo sigo con mi idea de horizontalidad instituyente y no de hechos consumados y si te gusta mi línea te sumas y si no otra cosa. Nos veremos por las calles y por las redes. Un saludo y suerte."
Lo siento, pero no paso una. Si Ahora en Común es un apaño de unos cuantos para hacerse fuertes y pactar con la cúpula de Podemos, esa no es mi guerra. Y en un rato eso es lo que me ha parecido ver. Desconfío enormemente de los que ponen verde a la cúpula de Podemos en privado y predican la "alegría" y el entendimiento en público. No lo puedo remediar.Luego he añadido
Simplemente he visto que había una línea muy marcada y que se estaba diciendo qué se podía decir y qué no por las redes. He preguntado que quién marcaba esa línea y me han remitido al manifiesto, que es una especie de manual de estilo convertido en Constitución. Después un señor me ha dicho que si no estaba de acuerdo qué hacía allí. Yo creía que acercarme a algo que estaba naciendo, no a otro núcleo promotor.
Este fue el final de la conversación antes de mi despedida del susodicho grupo, copiada por una amiga. "Tú" soy yo. No creo que haga falta más comentario.
Tú: O sea, que hay núcleo promotor y el que quiera que se sume....Y ésta otra de mis aclaraciones.
Tu interlocutor: hay un llamamiento si, y el que quiera que se sume. Si no estas de acuerdo con el llamamiento, no se qué haces aqui. Esto no es para crear confrontación, es para unir. Queda MUY claro en el llamamiento que se supone que leiste y firmaste ...
Todo lo que leí desde que entré, TODO, eran admoniciones y consignas sobre qué se podía decir y qué no en las redes, cuál era la esencia de AeC y quién podía usar o no el logo. TODO. Ayer no se habló de otra cosa en ese foro que yo viera. Y reaccioné a última hora de la tarde cuando ya tenía una idea clara de qué iba el cotarro.En fin, acabé colgando esta especie de declaración, que es lo que principalmente os intento transmitir:
De aquí unos meses hablamos, como siempre, y si estaba equivocado lo reconoceré, como siempre. Y, si tenía razón, espero que algunas personas me lo reconozcan también, como creo que también han hecho siempre. El gran error de Podemos y de CQP como su núcleo irradiador fue ponerse corsés comunicativos, acallar las voces múltiples y plurales para someterlas a una línea política. Después vino la centralidad del tablero, el sectarismo, el populo-hegemonismo dogmático y todo lo demás. Llevo más de un año diciéndolo en público y mucho más en privado.
"Mi diagnóstico sobre todos los males de la política actual está hecho hace mucho tiempo: La comunicación ha suplantado a la acción y al pensamiento, que debían ser las misiones de la política. Ya no hay política sino comunicación política. Eso es lo que ha llevado a la ciudadanía, al pueblo, a estar a expensas de los partidos y su burocracia y de los grandes grupos mediáticos y su control de la agenda, esto es, a constituirse en comunidades de goce pasivas y ha permitido todos los triunfos del neoliberalismo que han sumido a las clases populares (la inmensa mayoría) en la más absoluta impotencia democrática.
Pues bien, el núcleo de todas mis críticas a Podemos es que presentándose como una alternativa a ese estado de cosas, esto es, pretendiendo subvertir el sistema en tanto que "desempodera" al pueblo está cayendo en todas las trampas mediáticas del planteamiento político comunicativo que sería lo primero que debería combatir. No se trata de coger un trozo de pastel de la agenda. Se trataría de dinamitar el propio planteamiento comunicativo y los principios que permiten que esta agenda nos diga de qué podemos hablar y por tanto cuáles son las vías para pensar la realidad." (28 - 4 - 2014)
Fue entrar en un determinado grupo de facebook afín a AeC y darme cuenta de que el planteamiento de mis dos últimas entradas de blog apoyando a AeC iba a ser duramente reprimido. Cuando haces dos preguntas, y te tratan de troll e invitan a irte unos supuestos guardianes de la ortodoxia, diciendo que te leas el manifiesto AeC como si fueran las tablas de la ley, la única forma de demostrar que no lo eres es hacer mutis por el foro. Y sí, hay gente que me lee y no creo que nadie me crea a pies juntillas -soy muy difícil de creer a pies juntillas, porque siempre pongo la lógica y la verdad, al menos como yo las percibo, por delante de la coherencia y eso no hace acólitos- y si llevo unos días atrayendo a la gente a AeC me siento en la obligación de que sepan que lo que he visto cuando he entrado en uno de sus grupos de Facebook no me ha gustado un pelo. No se trata de un espacio discursivo libre y constructivo sino de un espacio que tiene un núcleo promotor -todos los núcleos promotores/irradiadores tienen motivaciones y objetivos poco claros- que buscan masa crítica. En fin, el error básico que se intentaba -que yo al menos intentaba- combatir.Y:
Si hay algo que detesto más que un político profesional es un político amateur. Tiene la misma alma que el otro, pero mucho menos oficio.Probablemente, detrás de toda esta desconfianza está Tsipras y su traición al pueblo griego. Por eso, también os copio dos comentarios al respecto. Una de las figuras de la 2ª Fila del Consejo Ciudadano de Podemos, publicó esto, procedente de un artículo:
Estas fueron mis contestaciones.
Respecto a algunas defensas de Tsipras y sus curiosos volantines electorales he de confesar que me preocupan menos los razonamientos de los marxistas desde el sofá que los de los hegemonistas desde su trono, la verdad. Todos tienen su mueble de pensar pero los pueblos siguen directamente sobre el suelo con las rodillas desnudas.
Grecia significa una gran lección política que podríamos sintetizar en una frase completamente original y novedosa que se me acaba de ocurrir ahora mismo, gracias a mi gran intución y portentoso genio. Por favor, si la usáis no os olvidéis de citar su origen, que me siento muy orgulloso. La escribo tal y como se me acaba de ocurrir, para que veáis lo que es un intelecto superdotado al trabajo:"Ni en dioses reyes ni tribunos está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor. Para hacer que el tirano caiga y al pueblo esclavo liberar, soplemos la potente fragua que al hombre nuevo ha de forjar"¿A qué es brillante y original?Tal vez, sea la única estrofa del la Internacional que asumo sin ningún pero y que veo cada vez más vigente.
Yo sigo creyendo en el comunismo hermenéutico y en la anarquía de las interpretaciones, frente al método dogmático que comparten neoliberales, hegemono-populistas y estalinistas. Vuelvo, como tantas veces, a Lacan: Un discurso es siempre adormecedor, salvo cuando uno no lo comprende — entonces despierta. Yo no concibo un despertar sin un cierto jaleo, sin una cierta algarabía, sin un incierto desconcierto. Lo que debemos procurar es que esa algarabía no nos pille como esclavos solitarios de la pulsión cobijada bajo la figura de un líder, de una cúpula o de una doctrina mortífera. El ruido de la multitud despertando no debe confiarse a un amo. Mi fe en el pueblo griego, que nos dio a todos una lección, sigue intacta. Y sale reafirmada mi convicción de que toda esa fuerza, regalada al carisma de un líder que nos seduce desde su núcleo irradiador para convertirnos en sectores laterales y someter la fuerza instituyente de la multitud a los designios del capitalismo institutuido, será siempre arrojada al vertedero de la Historia. Mucho ojo con el que pretenda saber qué podemos decir y qué no y pretenda condenar una sola voz al silencio. Tenemos perfecto derecho a a ajustar cuentas con los traidores y a hacer pagar con la humillación a los soberbios.
sábado, 11 de julio de 2015
Ahora, en común. Sin olvido ni perdón. (Apuntes sobre el comunismo, 2)
Llevo unos días callado, temiendo equivocarme, temiendo precipitarme, no
queriendo caer en las redes de los grandes manipuladores mediáticos. He visto
cómo todas las cadenas, grupos y periódicos del sistema hacían frente común y
homogeneizaban radicalmente su discurso contra Tsipras. Vivimos en tiempos de
verdades líquidas y he leído por aquí y por allá a gente encabronada cada vez
que se daba una información, hablando de manipulación de sesgo interesado, de
miedo del poder. Pero en un tiempo de verdades líquidas, suelo tener un
criterio que no me suele fallar: si algo es defendido por el sistema en bloque,
seguro que es mentira.
Pues bien, la loca astucia del capitalismo ha conseguido
otra vuelta de tuerca y ha conseguido engañarme con sus mentirosas verdades. No
tengo toda la información, no soy un oráculo, no tengo un libro que me enuncie
la verdad como receta. Pero después de tanto entusiasmo derrochado, después de
que un pueblo se haya lanzado con un coraje inaudito en el mundo (una victoria
por el 60% no se da prácticamente en ningún sitio), Tsipras parece haberme
reafirmado en una convicción que he tenido siempre: en sí mismo, el hecho de GANAR UNAS ELECCIONES NO
SIRVE ABSOLUTAMENTE PARA NADA. Un pueblo jamás gana unas elecciones. Las gana
un partido (una forma partido) que inmediatamente después se siente
absolutamente libre para destituir al pueblo como tal y volver a tratarlo como
electorado: sigo en el gobierno, estoy legitimado para hacer lo que me dé la
gana. Los menores de 40 tendrán que aprenderlo. Los mayores tenemos al
felipismo en la memoria. Los pocos logros progresistas del Psoe (en educación,
en coberturas sociales, en sanidad) cuán fácil ha sido revocarlos para el PP, para la Troika, para el FMI.
Se acabó. El electoralismo es un puro simulacro. Si ese
común no se construye, el Podemos ganar
las elecciones es una pura filfa. La mayor mentira política que he oído en
estos últimos tiempos, la más falaz y rastrera se enuncia diáfamente: “Claro
que podemos” No era un estilo, era una ideología para someter a la multitud a
lo instituido y robarle su fuerza instituyente. No está nada claro que podamos
y Tsipras, con un 60% de votos, es una muestra clara de ello. Si no hay pueblo,
si el pueblo vuelve a ser reducido a pura masa electoral, el poder será siempre
de los mismos, que son los que controlan la trampa mortal de la representación.
La lucha es otra. Y lo teníamos a huevo y nos lo están quitando de las manos. Al
demonio la claridad del poder. Lo que CQP nos ha robado con Podemos es nada menos, que la
posibilidad de haber creado una estructura de control, elección y revocación de
quienes nos representen, radicamente arraigada (sí, es un pleonasmo, ¿y qué?) en lo social. Si no tenemos ese poder, no tenemos más que el papel
mojado de los programas en manos de buitres. Tsipras no tenía un as en la
manga. Pablo Iglesias no tiene ni manga ni as. Ya está bien de que nos quieran
vender alucinaciones de claridad y cerebritos que se supone que saben. Todo
está por pensar. Nada está claro. Ganar unas elecciones no es más que una
parte, casi circunstancial, de la tarea. Ya está bien de buscar la centralidad de un tablero que no está lleno más que de mierda. Es hora jugar a otro juego de una maldita vez. En los movimientos emancipatorios del siglo XXI hay dos
grandes paradigmas: el populista y el comunista. Hacer pueblo, construir el
común. Y la estupidez, la ceguera, la soberbia y la ambición de una camarilla los ha hecho incompatibles. Así que ya sabemos lo que nos toca. Ahora, en común. Sin olvido ni perdón. Y no estoy hablando sólo de una candidatura circunstancial. Sino de una tarea inmensa.
martes, 7 de julio de 2015
Estoy harto de pensar en el Poder. Quiero pensar el Común (Apuntes sobre el Comunismo, 1)
(Es la respuesta que le he dado a un amigo que está tomándose unos días de descanso y ello le ha llevado a pensar que probablemente abandone Podemos. Ha sido una excusa magnífica para comenzar una nueva serie de entradas que hace tiempo que me rondaba por la cabeza).
Tener tiempo para pensar es malísimo para la continuidad en Podemos. Yo tengo una extensa lista de mailing, cosa que sabes porque estás incluido en ella, a la que envío un mensaje cuando publico algo que considero destacado. Pues bien, ya voy dando de baja a alguna gente a la que mis cosas parecen no sentarles bien y me lo hacen saber. Hoy he recibido un correo de un miembro del CC estatal, que llevaba en la lista supongo que desde hará algo menos de un año, con este texto: "Hola, gracias, pero prefiero que no me envíes más correos informativos sobre tus publicaciones. Ya sé que están disponibles en el el blog. Un saludo" Mi respuesta ha sido lacónica: "Lógico, lógico." Y, por supuesto, lo he suprimido de la lista.
Lo que me ha dado qué pensar ha sido que la gota que ha desbordado su vaso ha sido precisamente mi última columna, que destilaba una cierta fe en la humanidad a cuenta del referéndum griego. ¡Qué curioso que sea precisamente eso lo que le ha desbordado! ¿No? Parece que llevan mal cualquier discurso que no les dé exactamente la razón y, más concretamente, llevan mal la decencia de la alegría. Una alegría que hemos sentido millones. Pensar no les conviene.
No he podido menos que recordar un parrafito que recogí después en mi blog el 27 de octubre pasado en una entrada que titulé "Justo antes de saberse el resultado de la votación de los borradores (Apuntes sobre el Populismo, 9)"
"Llevo pensándolo unos días. Si gana #SumandoPodemos, probablemente sienta algo muy nuevo para mí: fe en la humanidad. Es un sentimiento extraño que quisiera experimentar, porque no recuerdo haberlo tenido nunca. Cuidado: sí he sentido por la humanidad muchas variedades del amor, de la solidaridad a la compasión, pasando por la rabia inmensa ante lo injusto. Pero creo intuir que fe, no. Que la fe en la humanidad ha de ser un sentimiento distinto a todo lo que he sentido antes."
Tras en NO del pueblo griego he sentido justo eso que anhelaba sentir entonces y que, ahora me doy cuenta, no he podido sentir desde Vistaalegre para acá. Podemos ha sacado lo peor de mí, me ha hecho peor de lo que era sin duda (lo mismo que el 15M, por ejemplo, nos hizo mejores a muchos). No es un lugar sano para estar en absoluto. Y me alegro de haber pasado por ello. El conocimiento siempre ha sido importante en mi vida. Casi lo que más porque todas mis pasiones han estado mediadas por él. He amado, odiado, deseado cabe el conocimiento siempre. Hoy, Podemos es la patria de la ignorancia, del no querer saber. Hoy, y tras haberlo atravesado, mucho mejor fuera que dentro de Podemos.
Durante un año he mantenido una serie en mi blog que se llamaba "Apuntes sobre el populismo". Puede que este rollazo que te acabo de soltar empiece otra que se llame "Apuntes sobre el Comunismo" Estoy harto de pensar en el Poder. Todo me pide empezar ya a pensar lo que debió ser nuestro centro de gravedad siempre: el común.
Tener tiempo para pensar es malísimo para la continuidad en Podemos. Yo tengo una extensa lista de mailing, cosa que sabes porque estás incluido en ella, a la que envío un mensaje cuando publico algo que considero destacado. Pues bien, ya voy dando de baja a alguna gente a la que mis cosas parecen no sentarles bien y me lo hacen saber. Hoy he recibido un correo de un miembro del CC estatal, que llevaba en la lista supongo que desde hará algo menos de un año, con este texto: "Hola, gracias, pero prefiero que no me envíes más correos informativos sobre tus publicaciones. Ya sé que están disponibles en el el blog. Un saludo" Mi respuesta ha sido lacónica: "Lógico, lógico." Y, por supuesto, lo he suprimido de la lista.
Lo que me ha dado qué pensar ha sido que la gota que ha desbordado su vaso ha sido precisamente mi última columna, que destilaba una cierta fe en la humanidad a cuenta del referéndum griego. ¡Qué curioso que sea precisamente eso lo que le ha desbordado! ¿No? Parece que llevan mal cualquier discurso que no les dé exactamente la razón y, más concretamente, llevan mal la decencia de la alegría. Una alegría que hemos sentido millones. Pensar no les conviene.
No he podido menos que recordar un parrafito que recogí después en mi blog el 27 de octubre pasado en una entrada que titulé "Justo antes de saberse el resultado de la votación de los borradores (Apuntes sobre el Populismo, 9)"
"Llevo pensándolo unos días. Si gana #SumandoPodemos, probablemente sienta algo muy nuevo para mí: fe en la humanidad. Es un sentimiento extraño que quisiera experimentar, porque no recuerdo haberlo tenido nunca. Cuidado: sí he sentido por la humanidad muchas variedades del amor, de la solidaridad a la compasión, pasando por la rabia inmensa ante lo injusto. Pero creo intuir que fe, no. Que la fe en la humanidad ha de ser un sentimiento distinto a todo lo que he sentido antes."
Tras en NO del pueblo griego he sentido justo eso que anhelaba sentir entonces y que, ahora me doy cuenta, no he podido sentir desde Vistaalegre para acá. Podemos ha sacado lo peor de mí, me ha hecho peor de lo que era sin duda (lo mismo que el 15M, por ejemplo, nos hizo mejores a muchos). No es un lugar sano para estar en absoluto. Y me alegro de haber pasado por ello. El conocimiento siempre ha sido importante en mi vida. Casi lo que más porque todas mis pasiones han estado mediadas por él. He amado, odiado, deseado cabe el conocimiento siempre. Hoy, Podemos es la patria de la ignorancia, del no querer saber. Hoy, y tras haberlo atravesado, mucho mejor fuera que dentro de Podemos.
Durante un año he mantenido una serie en mi blog que se llamaba "Apuntes sobre el populismo". Puede que este rollazo que te acabo de soltar empiece otra que se llame "Apuntes sobre el Comunismo" Estoy harto de pensar en el Poder. Todo me pide empezar ya a pensar lo que debió ser nuestro centro de gravedad siempre: el común.
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