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martes, 25 de agosto de 2015

Decencia y Política: Tsipras, Podemos, Carmena (Apuntes sobre el Comunismo, 9)

 (Comentarios publicados en las redes sociales)
  • Sobre el apoyo a Tsipras y ese regusto por "ensuciarse las manos" porque eso es hacer política y la coherencia y la honestidad son moralismo y meapilismo de izquierdas. Voy a ser brevísimo. Los partidos tradicionales de corte liberal-parlamentario, si engañaban, lo hacían a quien estaba constituido bajo la forma subjetiva del "electorado". Y un electorado, como instancia subjetiva es irresponsable -nadie le pide cuentas a un electorado sobre los actos del gobierno que ha votado- pero a su vez es, por estructura, silencioso, mudo, acallable. Sólo puede articular su descontento rearticulando una nueva mayoría a las siguientes elecciones.
    Ahora bien, si te declaras populista y enuncias que tu propósito es articular una nueva subjetividad denominada Pueblo, cuidadito. Porque un Pueblo es radicalmente distinto distitnto de un simple "electorado" y engañar a un pueblo, en tanto has buscado una estrategia de desbordamieno del statu quo bipartidista (derecha-izquierda en el parlamento) tiene unas consecuencias completamente distitnas. Éticas, estratégicas y políticas. Un partido "populista" tiene unas responsabilidades son completamente diferentes, pues, de las de los partidos parlamentarios estándar. Y va a ser juzgado con mucha más severidad que los partidos liberal-parlamentarios al uso. Si quieren ustedes pensar que esto es moralismo y no estrategia, simplemente miren cómo van las encuestas en los últimos meses.
    Es la política, no la moral, lo que cuenta aquí. Porque en una estrategia de desbordamiento, la ética queda completamente subsumida en ella lo cual no significa que se pueda negligir, sino todo lo contrario. El caldo de cultivo del populismo es denso. Y en él la mierda flota con mucha más facilidad. En un entorno comunicativo populista las cloacas del Estado están a la vista. Se ha elegido la espectacularización y la disputa sobre la agenda como campo de acción y hay que ser consecuent con ello. No es moralismo, es política. No seamos estúpidos. No puedes convocar a la gente bajo el epígrafe de la decencia (frente a la casta) y luego presumir de que te gusta ensuciarte las manos.
    No es lo mismo decir que hay que gestionar las cloacas del Estado que traicionar al pueblo por no haber sabido enfrentarse a ellas. Una cosa es ponerse corbata (Alinsky, el maestro de activistas no tenía inconveniente si eso le abría puertas) y otra cosa es empeñarse en seguir llevando coleta (o el cuello de la camisa ostentosamente abierto bajo la americana, como Tsipras) y quejarte de que el nudo que te oprime el cuello no lo hiciste tú y que qué le vamos a hacer. Estabas ahí para otra cosa. Nadie llena Syntagma o La Puerta del Sol para aclamar y reclamar un buen gestor (un buen delegado de la troika), sino un político. Y volver a traicionar al pueblo, que es un actor político, en nombre de la "política" es un error estratégico de primer orden. 
    (25 de agosto de 2015)
  •  Correr el riesgo pillen a tu hija con sustancias prohibidas en un festival de música en pleno verano, te convierte en algo terrible: una persona normal. Eso sí, a mí no me ha pasado nunca. Es que no tengo hijos. A mis padres, tampoco les pasó. De eso, ya más bien, doy gracias a Dios. ¿Cómo puede una derecha tan infecta como la española, que engendra pequeños nicolases, intentar sacar rédito de algo así? (22 de agosto de 2015)
  • Para todos aquellos que dicen que Tsipras "recibió una oferta que no podía rechazar". Parece que a quien siempre ha sido fácil decirle que no es al pueblo. Con cariño. Si va a haber propuestas que no vas a poder rechazar, no te metas en política. Es simple. O, al menos, no te metas basando toda tu propuesta en tu fortaleza para saber decir "no" cuando sea necesario. (22 de agosto de 2015)
  • Me alegro mucho de que Izquierda Unida haya decidido apoyar Tsipras. Sólo porque así desde Podemos no me (a mí y a tantos) podrán acusar de que cuando los critico lo hago por defender posiciones de Izquierda identitaria. Desde el eurocomunismo hasta las tarjetas black la izquierda tradicionalista acomodada con el sistema es una auténtica farsa y la actitud, torpe y misérrima, de IU en este caso lo demuestra. Y demuestra también que su destino electoral les está bien empleado. Hay que ser tontos. Que Tsipras no es el culpable, dicen. Claro que no. Tsipras debía haber sido el responsable, que no es lo mismo.
    Tras toda esta pantomima de convocar un referéndum, ganarlo y traicionarlo, cualquier ciudadano europeo no puede dejar de pensar que durante todos estos meses siempre hubo un hilo directo Berlín – Atenas, a través del que Alexis debió repetir muchas veces: “Don’t worry, Angelines. I’m in charge”. Es el mandato político neoliberal por excelencia: puedes enviar mensajes contradictorios, pero nunca envíes mensajes complejos. Puedes decir lo que quieras siempre que no asome un ápice de la verdad en tu discurso.
    Me indigna que nos llamen moralistas y nostálgicos de la izquierda a los que abominamos de Tsipras. Nada que ver con eso. Simplemente, queremos hacer política y simplemente nos vamos dando cuenta de que los políticos profesionales son nuestro peor enemigo, porque en efecto, entre los líderes profesionales y funcionariales que dicen representarnos la diferencia derecha-izquierda dejó de tener sentido hace décadas. No es el régimen del 78, es el del 45.
    A la mierda la Europa de Maastricht, Bruselas y el Euro. Y todos los funcionariastros que viven de ese cuento. ¿Hay que volver a empezar? Volvamos. Ningún deseo de unidad de la izquierda en mi caso. En todo caso, de unidad popular, que, como hemos visto, es prácticamente lo contrario. La izquierda ya está bien unida, junto a la derecha, en torno al tándem Merkel-Tsipras. Los pueblos habremos de pensar otra cosa. Sí, he dicho pensar. Muy subversivo todo. La multitud debe encontrar su voz. El populismo sólo ha sabido ofrecerle otra versión del cinismo neoliberal, muy mal maquillado. Tsipras no ha conseguido otra cosa que consumar el experimento que ratificara que aún se puede ningunear a los pueblos más allá de las fronteras que había demarcado el neoliberalismo estándar.
    Hay mucha patraña que combatir. Hemos de buscar responsables. Porque a los culpables ya los tenemos bien identificados. Dirán que hablo desde el resentimiento. Tienen razón. Tsipras es el primer político que me ha engañado en esta vida. Y no se lo pienso perdonar.
    (22 de agosto de 2015)
  •  Me llega el rumor de que en la Universidad de Podemos han llamado a Rajoy para que dé un cursillo restringido a la cúpula para gestionar lo de las elecciones griegas. Creo que en el prácticum hay unas horas dedicadas a aprender a manejarse con una pantalla de plasma y que el Tema 1 se titula "Calladito estás más guapo" y el dos algo así como "Si te pone lo inmoral, al menos no presumas" ¿Habéis oído algo? (21 de agosto de 2015)
  • "Los radicales de Syriza rompen con Tsipras y presentarán su propia lista" Por fin, la prensa de la casta utiliza el adjetivo "radical" de forma correcta y adecuada. Radical, como sinónimo de honesto. Radicalidad como sinónimo de coraje ante la verdad. Radicalismo como única forma digna y coherente de compromiso con la democracia. ¿Cómo podría un demócrata ser otra cosa que radical sin que se le cayera la cara de vergüenza? Muy bien por El País. Nunca es tarde si la dicha es buena. (21 de agosto de 2015)
  • Querido @tsipras_eu, no importa quién diga la verdad, sino quién sea capaz de defenderla. Y el populismo europeo ha demostrado no serlo. (20 de agosto de 2015)
 
  •  Ay, Tsipras. Siempre dijiste la verdad. Siempre. Porque la sabías. Simplemente, después de hacerlo te has dedicado a traicionarla con una desvergüenza inconcebible. Escandalosa. Nos has dado una lección impagable. Mucho cuidado con los dicen la verdad, porque que la digan no significa que la tengan. La verdad habla. Fíjemonos por boca de quién y actúemos en consecuencia. Gran lección para Europa. No olvidemos que se diga tras lo que se dice en lo que se escucha. Y hay maestros en engañar diciendo la verdad. Que un voto electoral nunca sea un voto de confianza. Que los cantos de sirena de los que proclaman la verdad no nos impidan pensar si son ellos precisamente los que estarán a la altura de lo que esta verdad exige. La verdad es muy grande para que ningún político profesional, por pura ambición mefistofélica, esté a la altura de ella. He compartido muchas veces esta foto. Hoy creo en ella más que nunca.
    (20 de agosto de 2015)
  • "A fin de dar forma al disenso sobre la interpretación de principios en un marco democrático, lo más adecuado para proporcionar polos de identificación son las concepciones diferentes de la ciudadanía. De ahí la importancia de volver a dar vida a la distinción derecha/izquierda en lugar de apresurarse a celebrar su desaparición. Lejos de haber perdido pertinencia, las apuestas que esta distinción introduce son siempre actuales; lo que importa es redefinidas."
    Leer esto. Buscar autora. Dilucidar el contexto. Pensar hasta dónde puede llegar un método dogmático de pensamiento para silenciar sus fuentes y erigirse el único intérprete verdadero, para acallar toda posible interpretación que se aleje de la dogmática elaborada por la jerarquía y antatemizarla. Prohibamos la traducción de La Vulgata para ser los únicos dueños y gestores de su sentido. Que los fieles no lean ni piensen por su cuenta. Conceptos simples, machaconamente repetibles, huir de toda complejidad intelectual, de todo color de toda gama de grises. "Poca teología y mucha religión".
    A algunos amigos les he comentado estos meses que a para entender como funciona ideológicamente la cúpula de Podemos y los guardianes de su ortodoxia (CQP) lo mejor es irse a los historiadores del dogma católico. La estructura de construcción doctrinal es exactamente la misma que la de los Padres de la Iglesia. Recomiendo la lectura de "Del Evangelio al Dogma: Evolución Doctrinal de la Iglesia Antigua" del teólogo británico Maurice Wiles. Nos enseña muchísimo sobre cómo se construye un pensamiento dogmático. Gritando lo que conviene y silenciando lo que no conviene. (20 de agosto de 2015)
    Por cierto. La cita es de Chantal Mouffe, la viuda de Ernesto Laclau y su máxima colaboradora y colega durante toda su vida y que acaba de publicar un libro junto a Íñigo Errejón, que la considera su maestra. No conviene que la lea el pueblo. Al pueblo ya les explicamos nosotros qué han de entender ni qué no. Sin medias tintas ni gama de grises. (
  • Lo que pretende la derecha criticando las vaciones de Manuela Carmena es una supuesta acusación de doble moral: "defiende posturas de izquierda, igualitarias, por el bien común, pero en el fondo le gusta el lujo, como a nosotros. Y si a ella le gusta el lujo y el lujo nos gusta a nosotros, es porque realmente el lujo gusta a todo el mundo, luego todo el mundo piensa como nosotros, y como la razón es lo que piensa todo el mundo, pues la razón es pensar lo que pensamos nosotros, luego nosotros tenemos razón" Es decir, con este razonamiento tan sencillito lo que hacen es partir de criticar una supuesta hipocresía de Carmena -dice una cosa y piensa otra- para reivindicar la obscenidad de su cinismo: mostramos nuestro amor por el despilfarro y el dinero con toda sinceridad porque es una natural aspiración del ser humano y quien diga lo contrario miente para ocultar sus oscurísimos intereses.
    Bien. Una vez dicho esto sólo les pediría que me dijeran cuáles son esos intereses que Carmena oculta. ¿Qué finalidad tendría para Carmena defender políticas encaminadas a la justicia, a la solidaridad, y a la defensa de los machacados por el sistema? ¿Cómo puede beneficiar mentir de esa manera a Carmena, una señora -con todas la letras- de más de 70 años que ya tenía esos dineros para pagarse unas vacaciones en la costa como tantos madrileños y que no tenía ninguna necesidad de meterse en política, a estas alturas, para poder irse de vaciones? Si me aclaran este punto, igual les doy La Razón. Ah, no!!! que ya la tenían!!! Llamar La Razón a un periódico especializado en mentir, oigan, eso sí que es doble moral. (19 de agosto de 2015)

miércoles, 15 de julio de 2015

Ahora en Común, Grecia y la hermenéutica del desengaño (Apuntes sobre el Comunismo, 4)

Dado que, movido por cierta vehemencia y cierta necesidad de ilusión, en mis dos anteriores entradas (Ahora, en común. Sin olvido ni perdón. y Ahora en Común es una opción desesperada) me había mostrado entusisamado, creo que es importante que comparta ahora este post aclaratorio. Si dejé por escrito mis primeras consideraciones, basadas en la ilusión y en la necesidad de creer, creo que es de ley -por congruencia y por responsabilidad conmigo mismo y con los que leéis estas páginas- anotar también esta siguiente consideración, basada en una primera impresión no precisamente afortunada. Evidentemente, las ilusiones y las fes no pueden tener rango de ley; pero tampoco, las primeras impresiones. Creo en la responsabilidad política, pero un modo infinitamente distinto a cómo esto se suele escenificar en la comunicación como campo único de enunciación, que es simulando coherencia a cualquier precio, lo cual acaba redundando en una especie de aferramiento identitario monolítico que bloquea completamente la conciencia crítica. Porque ésta empieza por el reconocimiento de la relatividad, espacial y temporal, de la propia percepción y de la propia posición judicativa, es decir, por asumir el riesgo de equivocarse y la obligación moral de explicitar y explicar ese error. Vamos, un juego que no es de tronos, sino de posiciones enunciativas éticamente responsables y discursivamente contingentes. La voz que busca el común no puede nunca ser una voz identitaria que postule que la razón está en su fundamento, sino, al contrario, que ése es su objetivo, que ése su horizonte. No se parte de ella, se va a su encuentro. No hay verdad previa a su enunciación, no hay verdad sin navegar el riesgo de equivocarse.

Como soy un convencido, pues, de aquello de que la verdad sólo puede decirse a medias, creo que es en la lectura de los entresijos, de las hiancias entre unas posiciones y otras, como uno puede dar consigo como efecto de su deseo, esto es, en la verdad del "que sea dicho" oculto "tras lo que se dice en lo que se escucha". Vamos, que la verdad tiene mucho más que ver con la posición desde la que uno habla -que es lo que intento dilucidar- que con el contenido semántico de sus enunciados.

Dicho esto, el ver ahora cómo supuestos críticos a la cúpula son citados por miembros de ésta como maestros me reafirma en una dolorosa convicción: seguimos en el juego de los tronos. Algunos simplemente están jugando a hacerse los críticos con la cúpula y la ideolgía hegemono-pópulo-verticalista que se ha adueñado de Podemos (la ideología CQP) Tras entrar en un grupo de Facebook, supuestamente de gente que anda construyendo AeC, me di cuenta de que había quien se consideraba dueño del invento y había decidido que línea, qué parámetros y que tono había que seguir. Me fui a las pocas horas y publiqué esto en Facebook.
 
 Esta mañana me han invitado a un grupo de Ahora en Común. He durado menos de doce horas. Ante varias admoniciones, conatos de descalificación, etc. que he visto, he preguntado quién marcaba la línea y me han tratado de troll me han invitado a marcharme. He dejado esto y he abandonado el grupo:
"Queridos amigos, lamento el error. Yo creía que verdaderamente esto era algo nuevo y por hacer, escarmentados de núcleos promotores y gente a la que se invita sumarse y obedecer. Necesitamos otra cosa. Yo sigo con mi idea de horizontalidad instituyente y no de hechos consumados y si te gusta mi línea te sumas y si no otra cosa. Nos veremos por las calles y por las redes. Un saludo y suerte."
Lo siento, pero no paso una. Si Ahora en Común es un apaño de unos cuantos para hacerse fuertes y pactar con la cúpula de Podemos, esa no es mi guerra. Y en un rato eso es lo que me ha parecido ver. Desconfío enormemente de los que ponen verde a la cúpula de Podemos en privado y predican la "alegría" y el entendimiento en público. No lo puedo remediar.
 Luego he añadido
Simplemente he visto que había una línea muy marcada y que se estaba diciendo qué se podía decir y qué no por las redes. He preguntado que quién marcaba esa línea y me han remitido al manifiesto, que es una especie de manual de estilo convertido en Constitución. Después un señor me ha dicho que si no estaba de acuerdo qué hacía allí. Yo creía que acercarme a algo que estaba naciendo, no a otro núcleo promotor.

Este fue el final de la conversación antes de mi despedida del susodicho grupo, copiada por una amiga. "Tú" soy yo. No creo que haga falta más comentario.

: O sea, que hay núcleo promotor y el que quiera que se sume....
Tu interlocutor: hay un llamamiento si, y el que quiera que se sume. Si no estas de acuerdo con el llamamiento, no se qué haces aqui. Esto no es para crear confrontación, es para unir. Queda MUY claro en el llamamiento que se supone que leiste y firmaste ...
Y ésta otra de mis aclaraciones.

Todo lo que leí desde que entré, TODO, eran admoniciones y consignas sobre qué se podía decir y qué no en las redes, cuál era la esencia de AeC y quién podía usar o no el logo. TODO. Ayer no se habló de otra cosa en ese foro que yo viera. Y reaccioné a última hora de la tarde cuando ya tenía una idea clara de qué iba el cotarro.
En fin, acabé colgando esta especie de declaración, que es lo que principalmente os intento transmitir:

De aquí unos meses hablamos, como siempre, y si estaba equivocado lo reconoceré, como siempre. Y, si tenía razón, espero que algunas personas me lo reconozcan también, como creo que también han hecho siempre. El gran error de Podemos y de CQP como su núcleo irradiador fue ponerse corsés comunicativos, acallar las voces múltiples y plurales para someterlas a una línea política. Después vino la centralidad del tablero, el sectarismo, el populo-hegemonismo dogmático y todo lo demás. Llevo más de un año diciéndolo en público y mucho más en privado.

"Mi diagnóstico sobre todos los males de la política actual está hecho hace mucho tiempo: La comunicación ha suplantado a la acción y al pensamiento, que debían ser las misiones de la política. Ya no hay política sino comunicación política. Eso es lo que ha llevado a la ciudadanía, al pueblo, a estar a expensas de los partidos y su burocracia y de los grandes grupos mediáticos y su control de la agenda, esto es, a constituirse en comunidades de goce pasivas y ha permitido todos los triunfos del neoliberalismo que han sumido a las clases populares (la inmensa mayoría) en la más absoluta impotencia democrática.
Pues bien, el núcleo de todas mis críticas a Podemos es que presentándose como una alternativa a ese estado de cosas, esto es, pretendiendo subvertir el sistema en tanto que "desempodera" al pueblo está cayendo en todas las trampas mediáticas del planteamiento político comunicativo que sería lo primero que debería combatir. No se trata de coger un trozo de pastel de la agenda. Se trataría de dinamitar el propio planteamiento comunicativo y los principios que permiten que esta agenda nos diga de qué podemos hablar y por tanto cuáles son las vías para pensar la realidad." (28 - 4 - 2014)
Fue entrar en un determinado grupo de facebook afín a AeC y darme cuenta de que el planteamiento de mis dos últimas entradas de blog apoyando a AeC iba a ser duramente reprimido. Cuando haces dos preguntas, y te tratan de troll e invitan a irte unos supuestos guardianes de la ortodoxia, diciendo que te leas el manifiesto AeC como si fueran las tablas de la ley, la única forma de demostrar que no lo eres es hacer mutis por el foro. Y sí, hay gente que me lee y no creo que nadie me crea a pies juntillas -soy muy difícil de creer a pies juntillas, porque siempre pongo la lógica y la verdad, al menos como yo las percibo, por delante de la coherencia y eso no hace acólitos- y si llevo unos días atrayendo a la gente a AeC me siento en la obligación de que sepan que lo que he visto cuando he entrado en uno de sus grupos de Facebook no me ha gustado un pelo. No se trata de un espacio discursivo libre y constructivo sino de un espacio que tiene un núcleo promotor -todos los núcleos promotores/irradiadores tienen motivaciones y objetivos poco claros- que buscan masa crítica. En fin, el error básico que se intentaba -que yo al menos intentaba- combatir.
Y:
Si hay algo que detesto más que un político profesional es un político amateur. Tiene la misma alma que el otro, pero mucho menos oficio.
Probablemente, detrás de toda esta desconfianza está Tsipras y su traición al pueblo griego. Por eso, también os copio dos comentarios al respecto. Una de las figuras de la 2ª Fila del Consejo Ciudadano de Podemos, publicó esto, procedente de un artículo: 


Estas fueron mis contestaciones.

Respecto a algunas defensas de Tsipras y sus curiosos volantines electorales he de confesar que me preocupan menos los razonamientos de los marxistas desde el sofá que los de los hegemonistas desde su trono, la verdad. Todos tienen su mueble de pensar pero los pueblos siguen directamente sobre el suelo con las rodillas desnudas. 

Grecia significa una gran lección política que podríamos sintetizar en una frase completamente original y novedosa que se me acaba de ocurrir ahora mismo, gracias a mi gran intución y portentoso genio. Por favor, si la usáis no os olvidéis de citar su origen, que me siento muy orgulloso. La escribo tal y como se me acaba de ocurrir, para que veáis lo que es un intelecto superdotado al trabajo:"Ni en dioses reyes ni tribunos está el supremo salvador. Nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor. Para hacer que el tirano caiga y al pueblo esclavo liberar, soplemos la potente fragua que al hombre nuevo ha de forjar"¿A qué es brillante y original?
Tal vez, sea la única estrofa del la Internacional que asumo sin ningún pero y que veo cada vez más vigente.
Yo sigo creyendo en el comunismo hermenéutico y en la anarquía de las interpretaciones, frente al método dogmático que comparten neoliberales, hegemono-populistas y estalinistas. Vuelvo, como tantas veces, a Lacan: Un discurso es siempre adormecedor, salvo cuando uno no lo comprende — entonces despierta.  Yo no concibo un despertar sin un cierto jaleo, sin una cierta algarabía, sin un incierto desconcierto. Lo que debemos procurar es que esa algarabía no nos pille como esclavos solitarios de la pulsión cobijada bajo la figura de un líder, de una cúpula o de una doctrina mortífera. El ruido de la multitud despertando no debe confiarse a un amo. Mi fe en el pueblo griego, que nos dio a todos una lección, sigue intacta. Y sale reafirmada mi convicción de que toda esa fuerza, regalada al carisma de un líder que nos seduce desde su núcleo irradiador para convertirnos en sectores laterales y someter la fuerza instituyente de la multitud a los designios del capitalismo institutuido, será siempre arrojada al vertedero de la Historia. Mucho ojo con el que pretenda saber qué podemos decir y qué no y pretenda condenar una sola voz al silencio. Tenemos perfecto derecho a a ajustar cuentas con los traidores y a hacer pagar con la humillación a los soberbios.
 

sábado, 11 de julio de 2015

Ahora, en común. Sin olvido ni perdón. (Apuntes sobre el comunismo, 2)



Llevo unos días callado, temiendo equivocarme, temiendo precipitarme, no queriendo caer en las redes de los grandes manipuladores mediáticos. He visto cómo todas las cadenas, grupos y periódicos del sistema hacían frente común y homogeneizaban radicalmente su discurso contra Tsipras. Vivimos en tiempos de verdades líquidas y he leído por aquí y por allá a gente encabronada cada vez que se daba una información, hablando de manipulación de sesgo interesado, de miedo del poder. Pero en un tiempo de verdades líquidas, suelo tener un criterio que no me suele fallar: si algo es defendido por el sistema en bloque, seguro que es mentira.


Pues bien, la loca astucia del capitalismo ha conseguido otra vuelta de tuerca y ha conseguido engañarme con sus mentirosas verdades. No tengo toda la información, no soy un oráculo, no tengo un libro que me enuncie la verdad como receta. Pero después de tanto entusiasmo derrochado, después de que un pueblo se haya lanzado con un coraje inaudito en el mundo (una victoria por el 60% no se da prácticamente en ningún sitio), Tsipras parece haberme reafirmado en una convicción que he tenido siempre: en sí mismo, el hecho de GANAR UNAS ELECCIONES NO SIRVE ABSOLUTAMENTE PARA NADA. Un pueblo jamás gana unas elecciones. Las gana un partido (una forma partido) que inmediatamente después se siente absolutamente libre para destituir al pueblo como tal y volver a tratarlo como electorado: sigo en el gobierno, estoy legitimado para hacer lo que me dé la gana. Los menores de 40 tendrán que aprenderlo. Los mayores tenemos al felipismo en la memoria. Los pocos logros progresistas del Psoe (en educación, en coberturas sociales, en sanidad) cuán fácil ha sido revocarlos para el PP, para la Troika, para el FMI.


Se acabó. El electoralismo es un puro simulacro. Si ese común no se construye, el Podemos ganar las elecciones es una pura filfa. La mayor mentira política que he oído en estos últimos tiempos, la más falaz y rastrera se enuncia diáfamente: “Claro que podemos” No era un estilo, era una ideología para someter a la multitud a lo instituido y robarle su fuerza instituyente. No está nada claro que podamos y Tsipras, con un 60% de votos, es una muestra clara de ello. Si no hay pueblo, si el pueblo vuelve a ser reducido a pura masa electoral, el poder será siempre de los mismos, que son los que controlan la trampa mortal de la representación. La lucha es otra. Y lo teníamos a huevo y nos lo están quitando de las manos. Al demonio la claridad del poder. Lo que CQP nos ha robado con Podemos es nada menos, que la posibilidad de haber creado una estructura de control, elección y revocación de quienes nos representen, radicamente arraigada (sí, es un pleonasmo, ¿y qué?) en lo social. Si no tenemos ese poder, no tenemos más que el papel mojado de los programas en manos de buitres. Tsipras no tenía un as en la manga. Pablo Iglesias no tiene ni manga ni as. Ya está bien de que nos quieran vender alucinaciones de claridad y cerebritos que se supone que saben. Todo está por pensar. Nada está claro. Ganar unas elecciones no es más que una parte, casi circunstancial, de la tarea. Ya está bien de buscar la centralidad de un tablero que no está lleno más que  de mierda. Es hora jugar a otro juego de una maldita vez. En los movimientos emancipatorios del siglo XXI hay dos grandes paradigmas: el populista y el comunista. Hacer pueblo, construir el común. Y la estupidez, la ceguera, la soberbia y la ambición de una camarilla los ha hecho incompatibles. Así que ya sabemos lo que nos toca. Ahora, en común. Sin olvido ni perdón. Y no estoy hablando sólo de una candidatura circunstancial. Sino de una tarea inmensa.