domingo, 5 de julio de 2015

Lo que más miedo me da, si en Grecia gana el sí.


La espera de hoy yo no la remitiría a hace 25 siglos, a Pericles, o a la Academia. Lo que se juega hoy en Grecia a la postmoderna, es lo que se jugó en España hace 79 años. Más, incluso, que en Latinoamérica, 40 años después. Lo que está ensayando en Grecia son todas las formas posibles de derrotar al socialismo. Eso y no otra cosa fue la Guerra de España. También el bloqueo a Cuba, el golpe de Estado en Chile. 
El capitalismo se ha encontrado a gusto combatiendo a enemigos monstruosos. Eso fue la Unión Soviética de Stalin, la Alemania de Hitler, el Afganistán de Bin Laden o, ahora mismo, el Estado Islámico. Pero lo que teme a muerte el Capital es a la Democracia. No pudo tolerar la vía democrática hacia el socialismo ni en España ni en Chile. Ni se pudo estar tranquilo hasta que las dos grandes revoluciones por la decencia que acontecieron en la Guerra Fría, la cubana y la vietnamita, cayeron en manos soviéticas.
Lo que asusta de una victoria del Sí en Grecia, es que puede que, de nuevo, no dejen más opción a un pueblo en su lucha que extremarse  hacia el totalitarismo en vez de radicalizarse democráticamente hacia el comunismo (o hacia el socialismo, que en este contexto las dos palabras pueden usarse como sinónimas). No se lo permitieron a Nicaragua, se inventaron el islamismo para frenar el socialismo panárabe. 
Lo que más miedo me da si gana el Sí, no es simplemente lo desvalidos que quedaremos los europeos, sino -visto lo visto- qué monstruo inventarán para que nos arrojemos a sus brazos y poder argüir de nuevo desde una razón bastarda que se están enfrentando al mal. ¿Sabremos verlo, analizarlo, prevenirlo? 
Tal vez haya que empezar a ir pensando en ello, pase lo que que pase esta tarde. Tal vez, debamos empezar a pensar en una defensa cerrada del bien común y empezar a leer el populismo no sólo desde Laclau, sino desde la decencia comunista. Negri y Houellebecq nos son muy necesarios, en el abismo conceptual, estético e ideológico que designan sus posturas distantísimas encontraremos nuestra misión como pueblos. Nos están advirtiendo. 
No paremos de pensar pase lo que pase esta tarde, porque no está nada claro que podamos. Si ganamos esta batalla -ojalá- no dejarán de volverlo a intentar. La ingenuidad es un peligro y el cierre categorial y electoral de Podemos puede ser leído de formas mucho más perversas que unas decenas de arribistas iluminados por la claridad de su poder buscando colocarse. 
Quede como reflexión, a día 5 de julio de 2015, pocas horas antes de saberse el resultado, tan crucial, del referéndum griego.

(Quede también como añadidura a mi reflexión de ayer.... Sé que hoy no lo va a querer entender nadie y puedo ser tachado de iluminado, aguafiestas o delirante. Tranquilos, sabré lidiar con ello)