domingo, 12 de julio de 2015

Ahora en Común es una opción desesperada (Apuntes sobre el Comunismo, 3)


Ahora en Común es una opción desesperada. Y ello está muy bien, porque la esperanza es una pasión muy tóxica. Produce alucinaciones. Y es el origen de comportamientos rastreros, de cortesano yonqui. Durante meses, muchos hemos visto que Podemos ni era el instrumento, ni era el lugar. Y, sin embargo, ahí ha seguido la gente. Al pie del cañón, batallando, denunciando, discutiendo, implorando hacerse reconocer por el Otro que no existe y por sus comités de ética. Incluso ahora, que parece estar articulándose una alternativa -seguro que también muy defectuosa porque es un simple apaño puntual y no una gran herramienta para radicalizar la democracia enraizándose en el pueblo, como era el Podemos anterior a Vistalegre-, hay gente que sigue intentado discutir con los gerifaltes del núcleo irradiador, que como decía el otro día un amigo, no pasan de ser sesenta personas, para que sigan soltando proclamas en su pedestal hierático. Ni discuten, ni contestan.
 

Lo que a mí me hizo alejarme definitivamente de Podemos no fue la cúpula. Fueron algunos de sus críticos. Hasta hace algunas semanas, yo estaba en contacto con, creo, la mayoría de corrientes críticas dentro de Podemos. No me decantaba por ninguna, porque a su vez, estas mismas corrientes llevaban en sus venas el veneno cqp y estaban compitiendo entre ellas, incapacitadas para hacer un frente común contra la cúpula. Como me dijo otro amigo, por más acrobacias geométricas que se intenten, es imposible encajar un círculo en una pirámide. 

Ahora, sigue preocupándome que ciertas mentes críticas sigan con el virus de la esperanza y la bacteria del miedo inoculadas. Veo aún a gente válida dirigiéndose a discutir con los miembros de la segunda fila. Y veo que éstos siguen haciendo lo de siempre, repetir consignas que se difunden ad infinitum e ignorando cualquier argumento. Sí, señores. El “cuñadismo” se ha apropiado definitivamente de Podemos. Papagayos que repiten clichés con el porte severo de quien ha llegado a ellos a través de profundas reflexiones, cuando no han hecho más que empaparse de La Tuerka y regurgitar lo que ni entienden ni son capaces de procesar.
La solución no está en pensar electoralmente. Si Podemos tiene capacidad de ganar o no, haciendo quinielillas de casino. Hay supuestos críticos que siguen ahí, a ver si cae alguna migaja, babeando discusiones pero evitando cualquier enfrentamiento radical con la cúpula “por si acaso”. Hay mucha ambición frustrada entre algunos que todavía esperan y desean que Podemos saque un gran resultado por si al final consiguen colocarse. Para mí, se acabó. Si gana el actual Podemos, el de las planchas, el de las listas de fieles y political stars de relumbrón capturadas a la izquierda, si ganan ellos, sólo ganan ellos. El núcleo irradiador triunfa y a los demás nos queda el papelón de seducidos y mancillados. No es mi proyecto.


Ahora en Común ha nacido de una muy saludable falta de esperanza. De la convicción definitiva de que el actual Podemos es una apuesta de un núcleo reducidísimo por hacerse con Poder (ya no, con “el Poder”) y no una apuesta multitudinaria. Ya les vendrán los problemas con los fieles cuando vean que el gran líder tontea con las stars y a ellos se les pide que sigan canturreando abstrusos mantras populistas. Es imposible que haya sitio para todos en la cumbre de esa pirámide puntiaguda. La solución popular, el camino del común está hoy fuera de Podemos y no hay otra posibilidad de hacer un corte en el bucle verticalista que desde el exterior del anudamiento institucional. Ya era hora de que nos diéramos cuenta. Y ya es hora de que dejemos que cacareen sus descalificaciones. Que si está IU detrás, que si los medios lo apoyan. Yo he leído a algunos miembros de la segunda fila decir que si Manuela Carmena ganó fue porque El País le hizo la campaña. Señores de Podemos, ya está bien de tics denunciantes de vieja izquierda avinagrada. Durante todo este tiempo, he sentido que el gran enemigo de la cúpula contra el que lanzaba a sus puyas y palmeros sin piedad era la crítica interna. No nos acusen ahora de favorecer electoralmente a la casta ni de otras zarandajas, porque han demostrado que el gran enemigo era la calle y la gente, no aquellos contra los que nacieron para combatir. Muchos esperábamos otra cosa. Gracias por acabar de decepcionarnos con su siniestro sistema electoral, que es lo que nos ha demostrado, ya sin dudas, que desde dentro de Podemos nada queda por hacer. Ello nos va a permitir seguir trabajando con entusiasmo, esto es, sin vanas esperanzas.