miércoles, 3 de diciembre de 2014

El peligroso lobby de los becarios precarios al asalto del corazón del Estado enarbolando un retrato de Lola Flores mientras entonan el lerele (Apuntes sobre el populismo, 17)

Miren, puede que yo alguna vez haya explicado Lola Flores en clase. Ahora no caigo. Más fácil es que hay explicado Imperio Argentina o Estrellita Castro, porque soy más de Florián Rey o Benito Perojo que de Ramón Torrado o Luis Lucia. A quien sí he explicado seguro es a Fernando Fernán-Gómez, Llovet Gracia, Erice o Buñuel, junto a Hitchcock, Welles Lynch, Kieslowski, Huston, Sirk o Howard Hawks. No recuerdo haber explicado nunca a Kripke, pero sí a Frege, Göedel, Russell, Wittgenstein, Kuhn, Popper, Aristóteles, Platón, Sto. Tomás el aquinate o al obispo de Hipona. No se puede explicar Matrix adecuadamente si no recurre a todos ellos, por poner un ejemplo. Como no se entiende a Vigalondo sin Cervantes, Velázquez o Jaron Lanier. Sí, la cultura popular y el arte hace ya algunas décadas que se enseñan en la universidad. Incluidos algunos poetas medianitos y hacedores de dudosos bestsellers de regusto filosófico para profanos.
No, miren. Yo soy profesor universitario. Fui asociado cinco años y me costó mucho llegar a una placita desde la que puedo ganarme más o menos la vida. Suspendí un par de oposiciones, creo que injustamente, antes de eso y no se me ha oído quejarme de la "endogamia" universitaria. ¿Saben por qué? Por dos razones. La primera, que no creo en el victimismo individual. No vale de nada quejarse por una injusticia individual si ello no ha de tener una proyección colectiva. Y dos, porque esa endogamia ha acabado siendo una de las pocas armas, todo lo defectuosa que se quiera, para protegerse de un enemigo mayor que tiene la universidad: los políticos trepas y sus patrocinadores bancarios y empresariales. El problema de la universalidad, como ideal ilustrado es que cuando intentamos aplicarlo en un entorno capitalista partimos de una situación de hecho marcada por la desigualdad. Lo cual implica que quien quiera más privilegios suele clamar por la mayor universalidad, por mayor objetividad, por mayor transparencia. Probablemente si vamos combatiendo la desigualdad desde el supuesto del igual derecho a ser diferentes y de la justicia para cada uno el fantasma de la universalidad, del para todos lo mismo, pueda acabar siendo considerado con los siglos como una superchería de los oscuros tiempos del iluminismo liberal. Porque efectivamente esto crea una sensación eterna de impotencia, de nunca es suficiente. Creo que hay que examinar la cuestión de la llamada "endogamia" pero de una forma radical, entendiéndola como síntoma de un problema de publicidad de los procesos mucho más profunda y no desde el berrinche y la amargura de quien ha visto sus aspiraciones frustradas.

La universidad tiene muchos problemas y le aseguro que los profesores distan de ser el mayor comparados con los desastres llevados a cabo contra ella por las diversas administraciones del PP y del PSOE, creando universidades con criterios absolutamente políticos, cambiando las normativas a capricho y creando agencias e instrumentos de control constantes tanto administrativos como académicos que llegan a ser realmente asfixiantes. Decir que los profesores universitarios en el Espacio Europeo de Educación superior no estamos controlados es una sucia y miserable calumnia propia de la extrema derecha más irresponsable. Mire, mi dolor es cada vez que un estudiante tiene que dejar la universidad porque no puede pagar las tasas o cada vez que un joven absolutamente competente, y no pienso sólo en Íñigo Errejón, porque tengo muchos a mi alrededor, no puede apenas sobrevivir con su sueldecillo precario de becario o profesor gracias al señor Wert. Y gracias a patrañas como la suya llenas del más profundo amargamiento, que amargura es un sustantivo demasiado romántico para vuecencia. Se empieza odiando a Catalunya y siendo militante activo del anticatalanismo y se acaba odiando a España entera. Pobre hombre. Sr. Azúa, ojalá encuentre quien le estudie en una universidad española. Le vendría bien que fuera en una facultad de medicina y así no nos hacía perder el tiempo a humanistas más serios que sí, estudiamos la cultura de este país que usted odia y, si lo vemos digno de interés, cualquier otro fenómeno cultural o artístico. El País lleva ya tiempo habiendo perdido mucho de su prestigio y su crédito, pero no sé qué bien le hace tener en nómina un neocón resentido y difamador como éste. Pero vamos, los ha tenido siempre.

(Relacionado: Sobre el infame ataque a Íñigo Errejón (Apuntes sobre el Populismo, 14) y Formar para convivir con la competitividad no es formar para ser competitivos (del amor, la enseñanza y el cainismo)