viernes, 12 de septiembre de 2014

Sobre la izquierda y el populismo (Apuntes sobre el populismo, 5)

¿Carne vs. carné? Suena bien. Ahora, hay también que ver cómo resuena. Lacan dijo algunas cosas interesantes. Una, que el psicoanálisis podía acabar en órbita de la religión si se decidía por el sentido en vez de tener claro que su poder era el del significante. Producir olas, no abrochar el sentido a una imago, era la función de la interpretación. El problema del populismo es el sentido, ese saber que, incoado por el amo, produce el objeto de goce y tiene como resto la división verdadera del sujeto. Laclau sabía de Lacan, evidentemente. Sólo que muy poquito. Lo que usa de Lacan son dos cosillas sobre el objeto a y la noción de significante, y parece que Freud no escribió más que Psicología de las Masas. La lucidez de Laclau pide a gritos ser completada con mucho más Lacan. Con mucha visión. Con un saber de la pulsión de muerte. Cuidado con una Thatcher de izquierdas, porque las identificaciones no se eligen y la pulsión siempre se satisface.
Si, tras mucho dudar, tras un escándalo izquierdista lógico y comprensible, me he decidido por Podemos, no es por sus líderes, por su share tertuliano, sino porque he bajado al río y he visto que la gente se ha decidido por intentar entender, por esa anarquía de las interpretaciones que todo este proceso genera y que no puede ser coagulada por imagen alguna.
Para quien no lo sepa, en mi ciudad, los círculos de Podemos se reúnen, entre otros sitios, en un río que no existe, que le arrancamos a la derecha y que se convirtió en un jardín. No estoy con Podemos por un imperativo yoico, ése que Freud vio en la masa, ni por celebrar la muerte en forma de éxito. Mi única fe es el deseo, que es indestructible. La izquierda en siglo XXI sólo tiene un destino, una misión plausible: interpretar los sueños más allá del sentido. Y gritarle al amo: ¿Padre, que no ves que estoy ardiendo? Un padre no puede sino morir tras esa visión del despertar. Y una horda sólo puede pasar ser un pueblo tras señalar esa llama. Un cuerpo es un fardo muerto si no se deja devorar por ella.