miércoles, 23 de julio de 2014

Geometrías del ángulo obtuso (una pequeña muestra)

Geometrías del ángulo obtuso es el último poemario que he cerrado. Actualmente está siendo consideraro por una editorial para su publicación. Mucha fe no tengo, pero yo sigo probando. Aquí simplemente os presento el poemario con una pequeña muestra,




Geometrías del ángulo obtuso. 

José Antonio Palao Errando





A nadie. Por razones de amor muy poderosas.


Cubum autem in duos cubos, aut quadratoquadratum in duos quadratoquadratos, et generaliter nullam in infinitum ultra quadratum potestatem in duos eiusdem nominis fas est dividere cuius rei demonstrationem mirabilem sane detexi. Hanc marginis exiguitas non caperet.
               Pierre de Fermat  



Primera parte: GEOMETRÍAS DEL ÁNGULO OBTUSO.

 

LA VELOCIDAD DE LA LUZ.

Libaba azul el macaco
unas rastas de áspero trapo
cuando comenzó la mañana.
Y comenzó preguntándole al cielo
por qué arañaba su placidez secular de muro.
Y las vírgenes armónicas
redundaron el melifluo silbar
de los clarines
con dulces notas de cencerro.
Y los otros se empeñaron
en sonar y hacerse ver.
Del frío y la ciencia,
me recordaron que la vida
siempre empieza
por no ser nunca propia.
Y los pequeños corpúsculos
de luz contra el muro.
Yo no quería
sino el néctar de la muerte.
Y el sabor familiar del plástico
una vez le hemos quitado el polvo
que tanto lo ennegrece.


EL CUADRÁNGULO: HIPÓTESIS Y DEDUCCIÓN.

Aminoro la velocidad
por si algún cuerpo desnudo
me ofreciera la órbita
de su infinita gravedad
utilizando la esfera turquesa como pedestal.
Odio al geómetra
quebradizo y móvil,
al monje despierto, acendrado y lento,
me repugna el alquimista de la limpia melena,
me deja helado la sequedad lunar de la antigua hembra hierática
y sé que mi destino,
tantas veces anunciado,
es la demiúrgica devastación del muro.
Todo debería de cuadrar,
y aquí me tienes
odiando las verdades a medias, buscando
la el manantial negro y fresquísimo
que me designe
en la apostasía de las supersticiones colectivas.
Dios, engrandecido al renovar la cadena,
no deseaba mi deseo
pero condescendió en la humillación
de crearme deseante.
La luna no luce igual
desde todos lo ángulos.
No es una cuestión de jerarquía,
sino de perímetro, de carne. 

 

PRINCIPIO ANTRÓPICO

Háblase con profusión del verbo
pero fue el lodo el primero en hacerse carne
y habitar entre las escarpadas
laderas codiciadas por su blandura
tersa y luciente.
Sométete a los tentáculos
que erosionan tu goce
y construyen tu destino
de esclava nocturna, piel.
El agua es el hábitat impuro
de los légamos erectos,
de sus fingidas pasiones,
de su pernoctar de tiranos.
Háblase con profusión del verbo,
como una sima
entre las pieles, como una soga entre las lenguas, como un dolorosa euforia, como un placer pequeño, como una medida grácil, pero robusta.
Como un presente infinitesimal,
leve. Casi blanco.
Permanecen mis labios
rodeados de pequeñas constelaciones ocres
que van guiando la lujuria
sobre el perímetro
de un légamo lechoso.
Sin mañana. 
El verbo se hizo carne
para saber algo del dolor 
de no ser mujer.

DONDE LA GRAVEDAD ES MÁS PODEROSA QUE LA LUZ

Vuelvo a acercarme al mar
beatíficamente negro.
La olas de la felicidad
me escupen y me insultan
por no haber sabido
encontrar en sus entrañas
el trozo de vara
cuyo límite fractal
encajara en un nombre
exacto y me diera,
entre el azul y los corales,
rojos como el filo del miedo,
un hilo estirado
por el que navegar
la carne que madura pegajosa
alrededor de mi esqueleto.
Vuelvo al mar,
negro ahora,
a presentar mis disculpas
humilde como un salivazo
con el que se atragantara un ángel.
Es un suicidio, lo sé.
Pero no hubo lugar
para ninguna otra medida
porque los hombres no me quisieron
y me quiere una mujer. 

 

Segunda parte: DOY UNOS PASOS HACIA ATRÁS POR TEMOR A QUE ME ALCANCE EL HORIZONTE. 

 

 

PARAÍSO CUÁNTICO

Un momento del viaje voraz
en el que los sordos
podrían escuchar himnos.
Y sentir
la emoción en el vello
y el relámpago de dolor
que no llega en el pecho,
como si romperse
fuera el futuro.
Y soñar que dura.
Pernoctar en un país
todo él nostalgia
de la muerte negra
que nos recibió al nacer.
Hacer del sinsentido una patria
sería mentir.
Lo más honesto sería pensar
el sentido como un exilio.

MI LEALTAD.

Te ofrezco mi lealtad
como un holocausto
cordial y evaluable.
En el nicho de la felicidad,
las renuncias
tienen el sabor feroz
que siempre tienen
las trampas del destino.
Repujando
con pulso maniático de orfebre
los segundos mortíferos
con que me obsequia
el caudal dañino y dulce
de la vida.
Es un modo de amar.
Sé que hubo otros,
pero eran, aún,
peores.


TARDE

Hay prisa.
Por que lo más genuino,
tal vez revelador o escandaloso,
rasgue la maraña de la argumentación
(situar al otro, fijarle un mundo,
por dios, que sepa
que hablo de cosas que nos unen como humanos)
y supure sus ansias esenciales.
No acude la metáfora y entonces,
las trampas de lo literal,
lo que yo entiendo,
presentan su alfombra de
pétalos carnosos
y decido que no soy
ni más ni menos que los otros.
No hay dignidad de ser humano si no
somos capaces de quedarnos
absolutamente solos,
abismados a ese magma inconsistente
en que la conciencia se revela
como una excepción a la omnitud del mundo.
Siempre será mejor
dejar que anochezca indiferente
el curso palmario del entendimiento,
aburrirse con las olas,
que no son sino el manto de una escena
inalcanzable, la tiniebla de la paz
y sus rumores, la orilla que habla sola
a quien quisiera escucharle.
Hay prisa por decir lo que no sé,
en ese momento turbulento y opaco
en el que creo haber entendido
que lo que yo diga sonará
a la melodía de las más indignas revelaciones.
Y así ha pasado el tiempo
y lo que no sé sigue allí solo,
esperando la desesperación atenta que lo escuche,



LA ÚNICA CERTEZA DE LOS CONDENADOS ES QUE ELOTRO EXISTE. Y NO ANDA LEJOS.

En los pensamientos del hombre ordinario
siempre hay que leer entre líneas
porque no le gusta decir la verdad.
Fluyen como un hilo de lava ácida,
incluso cuando se acerca la muerte
natural.
Senectud cabizbaja, como la cháchara del diablo,
como el aliento de las cucarachas,
siempre pegado al suelo, siempre
cerca de la única patria por la que vale
la pena dar la vida, la ignorancia.
Eso nos dice la experiencia
las raras veces que nos habla.
El fracaso esgrime
el brillo del filo hiriente,
de una identidad baldía.
Yo soy, dice.
Y avanza, escrupuloso,
sin dejar nada al azar,
como un espigón moldeado
en el excremento ligero de un arcángel,
gris, sin consistencia. Sin la alegría del deseo,
sin la paz de un mojón del camino,
sin santidad


LA VERDAD ES LA ÚNICA OCUPACIÓN DE LA CONCIENCIA Y LA AUTÉNTICA SUSTANCIA DEL ESPÍRITU.

Hay escotes que guardan, eso es seguro,
un secreto
y prometen una plétora
de aroma de nácar,
y tacto de fruta
jugosa, o seda o miel.
Hay escotes que custodian,
pienso a veces, simplemente
la nada.
Un vericueto al final
de un triángulo oscuro,
tras el que no podríamos imaginar
la ofrenda de una forma
y un volumen,
sino un sinfín de aplazamientos
y digresiones, de espectros
que habitasen un vacío,
un precipicio sin forma,
ni deseo,
ni abyección,
un descenso sin descanso,
un desprendimiento acrobático
de la mirada
sobre una espiral de silencio.
Hay escotes, en fin, que nada
preservan, ni amparan, ni prometen
porque lo muestran todo,
y hay,
es de todo lo más raro,
ratos que a uno se le van
en pergeñar una cabal
clasificación de los escotes….