sábado, 15 de marzo de 2014

Adversus Iconoclastas o cómo las fallas se han convertido en una fiesta bárbara


Jugando con negras: “Adversus Iconoclastas o cómo las fallas se han convertido en una fiesta bárbara”


Nací en la ciudad de Valencia hace casi 52 años y nunca he tenido domicilio en otro lugar. Me emociona este cielo bárbaramente azul y ante un Sorolla siento que el misterio de esa luz es el misterio de la verdad. Sé valorar el trueno sinfónico de una buena mascletà y sé que ésta no ha sido buena si entre alguna sístole y su sucesiva diástole uno no se ha asomado al abismo de un desgarro irreparable de las entretelas de su corazón. La pólvora bien disparada me huele a hogar y la ira me posee cuando veo que a un engrudo con guisantes y fósiles mal incorruptos y peor triturados de chitosán, flotando en una pasta oleaginosa, cometen el sacrilegio de llamarlo paella en Madrid, en Barcelona y en otras metrópolis de este planeta. Si bien mi lengua madre es el castellano, venero la lengua de mi pueblo y, si me emociona Garcilaso, también lo hacen Joanot o Ausiàs March.
Dados estos precedentes supongo que a nadie debe extrañar que sienta una profunda animadversión por las fallas....

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