jueves, 19 de enero de 2017

100.000

Simplemente eso: comunicaros que el blog ha superado las cien mil visitas y daros las más efusivas gracias por ello. Antes que nada, al sufrido grupo que está en mi mailing y que, sinceramente, creo que son la clave y el núcleo de todo el proceso. Pero también a los que me seguís por las redes sociales (mi perfil de facebook, Cosas de Palao, Reddit o Twitter) o en Valencia Noticias. No creo que nadie pudiera pensar -y yo el que menos- que esta singladura que empezó hace un poquito más de tres años llegara hasta aquí. He visto muchos amigos que han comenzado con blogs y a los pocos meses los han abandonado, supongo que aburridos, ocupados en otras cosas de más provecho, o con grandes dudas de si lo que estaban haciendo tenía una mínima utilidad. Pero el deseo es tozudo. E injustificable, inconsensuable, inexplicable, claro. Se puede contagiar, pero es prácticamente imposible de compartir. Y a mí hay un deseo radical, profundo y objetivamente indefendible que me acompaña desde hace años: el deseo de ser leído. Y, ciertamente, parece tener razón Freud cuando dice que el deseo es indestructible. A diferencia de la conveniencia o el bien, que son siempre horadados por el deseo y sepultados por la vida y por los actos.

Agradezco también a los muchos amigos que al principio me leían la cartilla: ¿a dónde vas con esos textos de no sé cuántos folios, si la gente no lee más de dos minutos?, ¿no ves que con ese lenguaje tan abstruso no se te entiende y la gente va a pasar de ti? Yo, tozudo, testarudo, porfiado, tenía la indemostrable convicción de que entre la opinión y el sharing compulsivo de contenidos reafirmantes de las propias creencias, había un espacio para la oscuridad, esto es, para el pensamiento y la subversión. Porque este blog no es entiende sino es como un esquirla en el seno del flujo informativo dominante. La gente se aburre, en efecto, pero sobre todo de lo que entiende, de lo que no le aporta nada, de lo que le suena a repetición. Por eso, creía -y seguí a mi intuición- que, en tiempos tanto de crisis como de desbordamiento,  una opción -hay otras muchas, por supuesto- que se decidiera por incrustar el análisis y el pensamiento -con otras palabras, la sorpresa- no iba a ser mal recibida, ni iba a ser despreciada, ni condenada al olvido.

El caso es que yo no tengo una legión de palmeros, sino lectores. Con una legión de palmeros es fácil ser auspiciado por los dioses de la difusión y el sharing desatento. A veces, siento auténtico sonrojo de ver cómo un líder de supuesta opinión con ínfulas de sesudo recibe cientos de likes y es compartido decenas de veces por gente que no es que no lo haya entendido, es que no lo ha leído, porque si lo hubieran hecho no hubieran compartido semejante simplonería ataviada con todas las galas de la abstrusidad más pretenciosa.  Conseguir likes sin perder la dignidad, creo saber cómo se hace y lo consigo con alguna frecuencia. Y además, como tengo vocación de columnista -entre otras- me gusta hacerlo, como ya he dicho alguna que otra vez:
Hay a quien le pone que l@ llamen guap@, hay a quien l@ pone que l@ llamen list@, hay a quien l@ pone ganar, ganar y volver a ganar.... Yo no concibo satisfacción ni alegría mayor que alguien declare que he sido capaz de poner sus pensamientos o sentimientos, los pensamientos o sentimientos de la gente, en palabras. Para gustos, colores. Gracias a todos los que me habéis dicho eso alguna vez.

Tener muchos likes es algo que se puede  conseguir fácilmente si combinas cierta vehemencia con lo cierto de la opinión. La opinión, precisamente, tiene un nota esencial de certeza: es compartida.  Si a ello le sumas una pizquilla de bien-decir, no es muy difícil ser ben-decido por la difusión. Pero no es mi mayor interés. Yo estoy convencido que a veces hay gente que no me comparte porque no me ha acabado de entender. Satisfechísimo. Eso significa que me ha leído. Y, para acabar la supuesta tarea de entenderme, tienen toda la vida por delante. Creo firmemente en aquello de Lacan de que hay un instante de ver, un tiempo para comprender y un momento de concluir,  Por eso, me las voy ingeniando para irme difundiendo por las redes y los canales como buenamente puedo, combinando redes, columna, blog, publicaciones académicas, etc. Busco ser visto y luego busco el tiempo, no el acuerdo ni la comprensión inmediata.

Hay quien puede ver en ello una cierta estrategia de branding. No se lo niego. Como comentaba con unas amigas -antes fueron alumnas, dato esencial para entender la conversación- "Palao" se ha convertido en una marca, de pleno derecho. Hasta el punto que las personas más íntimas o que más años me conocen han acabado también llamándome así, como todo el mundo. Pero hay algo más. Hay la ilusión de que haya un sujeto. Por eso, me invade el anhelo fantástico, la esperanza desesperada, de que detrás de este blog (y del conjunto, con permiso de Russell,  de que detrás todo lo que escribo, comparto y propago) haya una especie de cohesión subjetiva. Por eso este es un blog muy raro y, sin ambages, con vocación autoral. De ahí, que uno pueda encontrarse en él entradas monográficas sobre los temas más diversos (política, porque la época manda, pero reflexión sobre psicoanálisis, cine, comunicación, también), poemas, recopilaciones de mis intervenciones en redes sociales (bajo el título genérico de "apuntes" sobre algo; el algo va cambiando y formando series), alusiones de todo tipo, etc. El buen sentido me hubiera recomendado -junto con la claridad y la brevedad- abrir varios blogs y no dejarlo todo en uno. Pero ya ves....

Cierto que ya el postestructuralismo (Barthes, Foucault, Derrida, Deleuze, etc) hablaron de la muerte del autor. Pero, dicho sea de paso, ellos se concebían a su vez como autores porque aspiraban a que la contingencia de sus asertos y  publicaciones accediera a la dignidad de la coherencia. Yo, a mi vez, vengo de una tradición fílmica y todos sabemos que la modernidad cinematográfica encontró en la política de los autores el modo de resistirse a eso que Bazin denominó "el genio del sistema" hollywoodense.

Visto así, un autor no es un dato previo que garantice la coherencia estética e intelectual de su obra, sino justo al contrario: lo que hace uno declarándose autor es pasarle la pelota al lector. Encuentra algo que se pueda denominar mi voz, busca algo de lo que se pueda decir eso es Palao (ése ya sería como jugar al póquer y ganar). En tiempos trans-modernos y reticulares un autor ya no es un árbol, un tótem de la cultura burguesa, sino una singularidad rizomática. Con suerte. 

Por eso, la autoralidad como marca sémica implica siempre una cierta subversión. No se trata, en todo caso, de intentar evitar el yo, sino de debilitarlo como enemigo de la verdad. El máximo rigor implica máxima subjetividad, porque si hay una objetividad (ob-jectum, ahí delante, disponible y dócil) es muy fácil esconderse. No hay sorpresa, ni alegría, ni vida, ni invención, ni descubrimiento en la banalidad de lo objetivo –de la agenda establecida, del paradigma normal, asentado y dominante- sino narcosis pura y simple. Porque creer que hay una garantía de que los demás te entiendan y de que sabes a ciencia cierta qué dices no es más que el puro dormitar del ser-hablante.

El caso es que ser un especialista (un experto) no suele dejar tiempo para pensar. Y eso me vale para cualquier disciplina. Por eso, yo siempre he optado –es el deseo, mucho más que la conciencia o la voluntad- por tener una línea de pensamiento –y, por lo tanto, incoherencias y contradicciones, muchos errores- que por consolidarme como experto en un pequeño campo de conocimiento. Como dice Josep Maria Català no hay más formación que la autodidacta y los expertos no paran de estrechar el campo (éste libro hay que leerlo, por cierto). Este salirse de la agenda intelectual y de la planificación cognitiva puede ser percibido como egocentrismo o narcisismo. Lo acepto si quien me acuse de ello me ayuda a encontrar ese "ego" al que amar, porque llevo buscándolo toda la vida y no hay manera. De momento, decir yo cuando escribo, no esconder las huellas de mi enunciación, intenta ser un ejercicio de honestidad que se aparte la infatuación del pudor académico, que tantas veces no es más que una ostentación del cargo y la firma tras la supuesta objetividad y la modestia.  Al menos, aquí puedo darme ese lujo.



Termino este textito con algunas capturas de pantalla que exponen datos que me resultan a veces engimáticos (pinchando en la foto se ven grandes).


 Aquí por ejemplo, vemos una panorámica general del blog, de sus entradas más leídas, de su trayectoria. Pero lo que me llama la atención es precisamente la cantidad inusitada de visitas de los Estados Unidos (también de Rusia).




En total, son casi la mitad de todas las del blog.










Pero el colmo es que, si miramos el último mes -y lleva varios siendo así-, las lecturas desde USA duplican a las de España. ¿Alguien que me lea desde allí puede echarme una mano, darme alguna razón de este flujo?



 En fin, os dejo también una gráfica de cuáles son las entradas más visitadas, para que veáis que la temática es variadita.





Lo dicho. A todos los que os habéis pasado alguna vez por aquí, muchísimas gracias. De corazón.

Palao.