viernes, 22 de enero de 2016

Sobre el órdago.

No creo que a nadie se le oculte a estas alturas la poca simpatía que he sentido siempre por Pablo Iglesias y su camarilla más cercana, así que cuando me he enterado de su órdago de hoy al rey, a Rajoy y sobre todo a Pedro Sánchez, ha venido sin remedio a mi recuerdo el proceso de Vistalegre y la enorme capacidad de este señor para tomar las cosas por asalto, patear el culo de sus aliados y conseguir posiciones de ventaja. Vamos, que lo primero que he pensado ha sido que ahora iban a conocer al verdadero Pablo Iglesias la inmensa mayoría de sus votantes y entenderían porque hemos sido tan amargamente críticos muchos que tuvimos un paso efímero por Podemos -cometiendo el crimen de lesa majestad de que las ambiciones personales de su líder no fueran nuestro primer y único empeño en esta vida- y el modo cruel en que fuimos expelidos del interior de la formación por sus broncos palmeros. Él nunca dijo que quisiera el triunfo o la victoria, él siempre dijo que quería "ganar". Y, evidentemente, ganar es otra cosa y otro juego, y en el de tronos él ha sido completamente coherente, así que nada que objetar.

Pero, una vez lanzado el órdago, ése no es el principal problema para España en estos momentos, ni mucho menos. El gran problema es que el principal enemigo del progreso y del avance democrático en España -habiendo quedado el PP y C's en jaque por este dribbling magistral- está ahora en el interior del Psoe, lanzando sin piedad toda su baba venenosa. Tras las elecciones escribí esto:


"Como he sostenido en diversas ocasiones, más allá de la división derecha / izquierda, burguesía / proletariado, centro / periferia, etc., etc., etc., España lleva décadas dividida en dos grandes “comunidades de goce”: los que condenamos el franquismo y los que no condenan el franquismo. Todas las demás peculiaridades políticas y de sensibilidad pueden reducirse a estos máximos comunes denominadores. Los primeros tienen 163 diputados. El resto, fragmentados, divididos, irreconcialiados, e irreconocidos, todos los demás. La España real es plural, es ingobernable. Tenemos principios, ergo tenemos manías. Tenemos un 53% de los votos frente a un 40 de aquellos a los que el franquismo les parece simplemente una bella Historia. Sólo se trata de conseguir que el Psoe se haga cargo de su responsabilidad y levante acta."

El caso es que, asidos al mantra supersticioso de la unidad incuestionable de su patria, que utilizarán para frenar cualquier posibilidad de progreso real, las fuerzas reaccionarias internas del Psoe van a utilizar hasta el último cartucho contra cualquier proceso de profundización y radicalización democrática, contra cualquier intento de redistribución justa de la riqueza y de salvar la dignidad de los ciudadanos del Estado Español, escudándose en que pretenden preservar incólume la unidad amenazada del Reino de España. 

Por eso, ayer, antes del órdago, escribí esto otro, que creo que cobra hoy más exacto significado: Sobre España y sus soberanías.

La oportunidad, con sus trepas y todo, es única para rebasar de una vez todos los lastres que nos dejó el franquismo y poder enfrentar la ofensiva neoliberal mucho menos atados (y bien atados) de pies y de manos. Expectantes estamos a ver si se deciden a resolver nuestras legítimas dudas sobre si son parte de esa herencia franco-borbónica o quieren ser parte de la solución, porque no creo que se les pueda seguir perdonando más veces.

(Por cierto, Rubalcaba, ese gran servidor de la corona, está hoy que se sale como los espumarajos de su boca)