viernes, 25 de noviembre de 2016

Un minuto de sensibilidad

Vaya por delante, el textito que compartí en Facebook nada más saber que Rita Barberá había muerto. Lo copio para compartirlo también con los lectores de esta columna que no usáis las redes sociales:
“Nunca voy a mostrar alegría por la muerte de nadie. Serán cosas de mi biografía. La muerte me tocó cerca de modo bárbaro desde muy joven y veo siempre su faz trágica.Con la muerte no hay juego. Ni siquiera el de tronos. Pero esta muerte, la de Rita Barberá, sólo tiene una lectura: ¡qué miserable es Rajoy!, que la dejó morir, ya no sólo metafóricamente. La muerte de Rita pone a Rajoy, que hizo su fortuna y carrera sobre los hombros de estos corruptos, a la altura de un Fouché. El segundón mediocre, avieso y criminal es aquí el jefe de todos ellos. Y no lo olvidemos: no es en la izquierda, ni entre los populistas, ni entre los valencianistas perseguidos por esta señora donde esto se va a celebrar con cava, por supuesto, no catalán. Donde de verdad están felices con toda su bestial mediocridad es en Génova 13 y en Quart 102. Ojalá alguno se ahogue con su propias babas.
Una simple petición. No me gustaría ver chistes ni comentarios cebándose con la muerta en los muros de mis amigos decentes, y menos de los valencianos que fuimos blanco de su soberbia, su codicia, su inhumanidad y su desprecio. Morir en Madrid y en un hotel (qué expresivo y simbólico es el destino a veces) es castigo suficiente. No. Guardemos un respetuoso silencio que nos permita escuchar lo miserable que es su partido y sus correligionarios en toda su dimensión y en todos sus matices. Que nos permitan oír el tintineo aliviado de sus copas de espumoso de cuarta categoría o champañ francés. Ya vigilaremos que no lo hayan cargado al erario público. En política, lo más indecoroso y vil es ser un superviviente. Y Mariano, no lo olvidemos, es la peor yerba de todas las yerbas que nunca mueren.
Ps: Ah, y yo al juez que vaya a levantar el cadáver le rogaría que no permita que lo inhumen demasiado pronto. A lo mejor hay alguna huella de miedos y ambiciones en él. Nos quedaríamos todos más tranquilos si eso se verificara….”
El texto está fechado a las 9,18 del mismo 23 de noviembre, esto es, antes de que la cúpula paulo-errejonista de Podemos se empeñara en protagonizar el fatídico, impropio e indigno minuto de silencio a una alcaldesa que hasta el día anterior había sido el símbolo más preclaro de la corrupción en el PP. Y más, como se ha repetido hasta la saciedad, cuando el Congreso de los Diputados no tiene por norma celebrar estos sentidos homenajes por nadie.
Hubo una controversia sobre cómo interpretar este minuto. ¿Condolencia, homenaje…? Continúa.