lunes, 10 de agosto de 2015

Podemos, la izquierda, las sillas y el tablero (Apuntes sobre el comunismo, 7)


Leídas entrevistas con alguno de sus principales ideólogos y algunas reacciones tranquilizantes de los miembros de la cúpula mediática y política de Podemos sobre las encuestas del CIS, uno llega inevitablemente a la conclusión de que su único verdadero enemigo en la actualidad es la izquierda, ese espectro plural, heterogéneo e impuro que ellos pretenden petrificar desde su discurso. Hágase un sencillo ejercicio de análisis de contenido -a los que yo soy poco proclive, porque si a un texto le restas su gramática, su idiolecto, y sus jerarquías internas le estás robando su principal fuente de sentido- de la última y difundida entrevista a su Responsable de Discurso y Argumentario (nada menos) y obtendremos algún dato revelador. La palabra izquierda aparece 22 veces, siempre para señalar defectos de planteamiento y estrategia y cómo el novedoso planteamiento de Podemos supera esa vetusta visión de las cosas. Bueno, ¿y la palabra derecha, que en principio podría -según la interpretación oficial del barómetro del CIS, que dice que los electores perciben a Podemos como una fuerza de la izquierda- nombrar al enemigo? Pues sólo aparece 5 veces. Es más, de esas 5, cuatro aparece junto a izquierda, es decir, con el fin de formular una crítica del eje izquierda/ derecha como falso estructurador del campo político, y mostrarlos a ambos como parte del mismo estado de cosas que Podemos pretende desbordar. ¿Y la palabra "casta", que era curiosamente la que fue creada ex profeso para re-nombrar al enemigo en el proceso desbordamiento de la vieja situación sistémica? Pues, “sorprendentemente”, no aparece ni una sola vez. 

Evidentemente, este estudio transversal del contenido usando técnicas de framing, en el entorno de la teoría del  marco discursivo (al que tan aficionados son académicamente muchos de los miembros más destacados de Podemos [véase y véase]), elidiendo el gesto semántico del texto, reconocible en la huellas que la enunciación deja en él, es muy injusto (aquí intenté explicar cómo y por qué): en la entrevista se habla también de la estructura laboral del capitalismo y de sus perversiones intrínsecas y de una forma muy lúcida, por cierto. Pero no es menos cierto que buena parte ella se dedica a hablar de la situación y de la estrategia política, que es la verdadera preocupación, la verdadera pasión, de la cúpula de CQP, a poco que  prestemos atención a sus declaraciones, tuits, estados de facebook o artículos de opinión. 


Siendo sutiles, se puede advertir que cuando razonan estratégicamente, esto es, cuando intentan asentar su espacio electoral contra la izquierda, es cuando más creativos retóricamente (metafóricamente) son . Sin embargo, cuando hablan contra el capitalismo o el bipartidismo, todo suena un poco a difusión alegórica: el discurso ya está construido -libros, cursos, etc.- y nos limitamos a repetirlo machaconamente.

La clave es obviamente el tablero. Porque, claro, las metáforas modelizan el discurso y también la realidad. El primer problema del tablero como metáfora es que domina el fair play entre los jugadores. Al final, entre los rivales surge una especie de compadreo respetuoso, paralelo al desprecio común que experimentan por la masa que los observa y su griterío. Una vez en el terreno de juego todo lo demás es exterior, es puro público, pura audiencia. Pero, además, es que la partida de verdad aún no ha dado comienzo. Podemos lo primero que necesita no es ganar la centralidad del tablero, sino ganarse un sitio en la partida. Una partida que ya no es de ajedrez, porque se han multiplicado los oponentes –por eso deja de tener sentido, estratégicamente hablando, llamarlos la casta, como si fueran un enemigo único- sino de parchís o monopoly. Y si juegas con un tablero, si juegas un juego formal y perfectamente reglamentado, en el que toda posible contingencia es subsumible simbólicamente en sus normas, si juegas un juego de tablero, lo primero que necesitas es sentarte con tus oponentes. De pie, se quedan los mirones. 


Primero, fue en las tertulias. Ahora, toca ya buscarlo en los órganos legislativos. Y, claro, con quien se juega la silla Podemos es con la izquierda, no con el bipartidismo, que la tiene bien atornillada. Ése es necesariamente, pues, el trabajo previo. Y de un alcance realmente paradójico: cuanto más intentes diferenciarte de la izquierda para ocupar su silla, más te van a identificar los espectadores del juego con ella - como parece haber demostrado el CIS- porque en ese campo único de enunciación de la política, que es la comunicación, son las sillas y no el imaginario contenido semántico de los enunciados, lo que determina las posiciones y su percepción.
 
La obsesión de Pablo Iglesias, y de la ideología cqp por extensión, por el tablero y los juegos de tronos implica lógicamente que ellos entienden la lucha política entre posiciones paritarias, entre iguales. Como hemos dicho, en ese caso, lo prinicipal es el cálculo estratégico y simbólico. Es una opción claramente idealista, antimaterialista. No están pensando en jugársela contra el poder, contra la troika o contra las armas nucleares en manos de los Estados guardianes, contra un Otro inconmensurable y disimétrico. Lo que intentan es ocupar un lugar fijo en la partida, el lugar de la oposicón. Es decir, que su contrincante-tipo es la izquierda, que es quien les disputa ese lugar, no la casta que es un jugador necesario. Por eso, Pablo Iglesias cuando se define como militante siempre lo hace contra sus propios compañeros (véase y véase). Con la casta se postula ya siempre con un talante negociador. El proceso en el que está inmerso Podemos en este momento no es el de la lucha contra el capitalismo (estrategia socialista) ni por la hegemonía popular y la radicalización democrática. Lo que toca ahora es una depredación darwiniana entre los de abajo por la silla y no por la victoria en la partida.


Y para llevar adelante esta operación política se ha construido retórica e ideológicamente una disyunción: La izquierda identitaria vs. El hegemonismo. Que es un simple truco retórico, se deduce de que todo postura crítica o discrepante es enclaustrada en esa construcción discursiva sin atender jamás a la trama enuciativa particular, a la especificidad y posible acierto de los argumentos concretos. Digas lo que digas, si no está de acuerdo con la doctrina cqp eres un izquierdista identitario asolado por la pulsión superyoica de la derrota. Habrá que ver si ellos son de los que "fracasan al triunfar", que decía Freud, porque estas cosas sólo pueden saberse a posteriori.


Miren no. Lo que pasa es que no pensamos que el que "Podamos" vaya a estar claro porque nuestro enemigo es la casta y la derecha, no los partidos de la izquierda sistémica, a los que no pertenecimos nunca por la misma razón que muchos ahora nos hemos alejado de Podemos. Claro que si ése fuera el enemigo estaría bastante más claro que se fuera a poder con él. De hecho, por ese motivo hay una serie de intelectuales orgánicos en Podemos cuya única tarea consiste en un construir un anti-izquierdismo a machamartillo. Como hemos visto, no es que no utilicen el doble lenguaje, pero casualmente cuando atacan a la casta citan (comparten) o repiten consignas. Es cuando atacan a la izquierda, al horizontalismo, a la supuesta militancia disidente cuando se les ve emplearse a fondo, innovar retóricamente desde el sarcasmo y la descalificación. 


¿Y las  bases, las jamás reconocidas bases de Podemos? (“… hay que parar con la idea de que las bases... no son bases, Podemos es un partido de sucesión de ciudadanos, o sea cualquiera se puede inscribir, el voto de todos vale lo mismo”) Pues ahí, alertando de errores que la cúpula no reconoce. Probablemente, lo único que suceda es que los objetivos no son los mismos. Las bases quieren el poder, la cúpula quiere Poder. Aquí el artículo (o su ausencia) determinan y mucho. La gente –de la que las bases podrían ser una magnífica representación metonímica (por contacto) antes de pasar a la representación metafórica (por sustitución)- está harta del jueguecito, del tablero y de asistir calladitos a la partida.


Evidentemente, ninguna pureza en esas bases, ni ninguna nostalgia de pureza alguna por mi parte. Entre las bases hay quien no está en la cúpula simplemente porque no supo jugar sus cartas. Lobos solitarios, excluidos de IU, gente con ambiciones personales que vio en Podemos su ventana de oportunidad y que están también muy resentidos. El empeño por no ir en coalición con las iniciativas municipalistas es síntoma de ello en muchos casos. Pero el dar una de cal y una de arena, a ver si consiguen una posición de fuerza sin ruptura, también. 


Al final, acaba resultando que el único antagonismo es interno: la obsesión de la cúpula es la izquierda y la obsesión de los críticos es la cúpula. Y siempre será así, porque no se trata del tablero, se trata de la silla. Por eso, los elegidos no se afectan mucho por las encuestas. Ellos quieren poder, no el poder. Y las encuestas implican que van a tener silla ante el tablero. Para eso eran las listas plancha patrocinadas. ¿Qué sentido tiene, lanzar una lista y llamarla "equipo del líder", cuando es para ocupar cargos legislativos, no ejecutivos, como si fuera un equipo de gobierno y saltándose además las circunscripciones territoriales, si no es para garantizar las sillas a los fieles en la partida?

Después de Tsipras, el temor es que el populismo haya invertido el viejo adagio guerrillero izquierdista. Ahora toca: de victoria en victoria hasta la derrota final. Y la casta, tan campante, brindando con champange y acordándose entre risas del susto que se pegaron en 2014, antes de darse cuenta de no eran el enemigo, sino sólo un eslogan para presentarse en público y coger un pedacito del pastel de la agenda.

Cuando se empezó a hablar de la política de la gente decente, algunos –puede que de forma un poco precipitada- vinimos a entender que era la hora de la política para los que no sentíamos pasión ninguna por la sucia política, por el trepismo y la lucha descarnada por el poder y el dinero. Es decir, para la inmensísima mayoría, que se movilizó como nunca antes. Hacer política no significaba luchar de una forma denodadamente egoísta por encarnar la representación porque ésta iba a estar escindida de sus privilegios tradicionales, tanto durante el "mandato" como posteriormente (las puertas giratorias). Pero ya parece que lo advirtió Platón (la cita se le atribuye): "No hay nada de malo con que haya gente a la que no le gusta la política, simplemente, serán gobernados por aquellos a los que les gusta".


Es extenuante tener que luchar continuamente contra aquellos a los que crees que nunca hubieras debido contar entre tus enemigos porque ellos te consideran su enemigo a la mínima que intentes pensar por tu cuenta, porque pensar por tu cuenta debilita al que se considera al enemigo frente al enemigo que se debía considerar como tal. Clarísimo todo. Muy Jerry Lewis. Carl Schmitt ha arrojado una inmensa luz y claridad sobre el actual proceso político. Están consiguiendo lo que el matador de toros ante su noble oponente: que los dejemos solos. Eso sí, no en una arena mortífera, sino ante un tablero, con DVD –dos cajas edición de coleccionista, que la otra es para regalar a miembros de la realeza cuando te invitan a beber de su champagne- y mando a distancia.


Dicen el Comité Invisible que la diferencia entre el 1% que domina y el 99% sojuzgado es que ellos están organizados. Ya quedan pocos meses para que acabe este infernal ciclo electoral que parece poder servir de excusa para todo. Probablemente, después sea el momento de inventar otra cosa. Porque si el caso de Grecia no ha sido suficiente, veremos con nuestros propios ojos en casa que la promesa de que se puedan cambiar las cosas formando parte de la organización de los organizados no tiene sentido ninguno. Ni defender a Tsipras porque, pobre, cómo se iba a enfrentar al BCE y el FMI si no tiene armamento nuclear. En eso, sí les doy la razón: el argumento muy de izquierdas no parece
.

La secuencia en imágenes:


La imagen de fondo en el Twitter de Íñigo Errejón