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lunes, 5 de marzo de 2018

Sobre la libertad de educación.




Introducción.

Bueno, aquí va otra entrada. Había pensado hacer una entrada más sistemática y amplia sobre el tema de la educación, pero he pensado que para ello necesito mucho más tiempo. Para empezar, tendría que revisarme a Rancière para poder dialogar con él con un cierto criterio, por ejemplo. Mi idea es que no se puede enseñar sin adoctrinar. Y que el “adoctrinamiento”, la transmisión de valores positivos, es, no ya inevitable, sino muy desable, porque nadie se puede rebelar si no le es revelada la autoridad. Ser democrático no implica ser neutro y objetivo, sino instaurar un espacio para la diferencia, esto es, permitir ser discutido y contra-argumentado o, desafío mucho mayor para un docente, permitir ser interrogado y cuestionado sobre sus asertos. Tras el dogma neoliberal de la neutralidad del docente está el privilegio de las enseñanzas puramente objetivas, esto es, de las técnicas, las que facilitan que el alumno pueda ser explotado (insertarse en el mercado laboral, dicen los tecno-políticos neoliberales). Y ello se ampara en el cientifismo, que es la dogmatización de la ciencia como saber. Para refutarlo haría falta argumentar la tesis de que el Universo, tratado como ente, que es lo que hace la ciencia, no puede confundirse con el Ser, que el universo concebido como naturaleza no es, pues, universal. En fin, da para algunas tardes.
En cuanto al título de la entrada, lo otorga su tema principal. Sobre el resto de anotaciones, en las que la política tiene un papel central, sólo reiterar que me interesa mucho más la política española que la catalana, esto es, cómo se está utilizando el procés para reactivar valores  ultra-liberales y neo-conservadores en la opinión pública española. Para los nuevos lectores, advertir una vez más que lo que van a leer son casi todo entradas de Facebook, de ahí el tono, a veces coloquial o incluso belicoso, siempre algo coloquial, cosa que no sería admisible en otro tipo de espacios discursivos, probablemente.

La educación y la libertad.

* Es obvio que una de las argucias retóricas más reiteradas por la derecha neoliberal es el uso de derechos por cuya conquista lucharon y murieron muchos en un sentido bastardamente opuesto a su orientación original. Es evidente que la noción de libertad de expresión tiene un origen ilustrado contra el autoritarismo y el oscurantismo propios del Antiguo Régimen. Si ya no hay una palabra privilegiada en el ámbito epistémico público y civil, en tanto que dictada o revelada por la divinidad, es lógico que el derecho de cualquiera a expresar “lo que piensa” sea el que funde un nuevo vínculo con la verdad basado en el compromiso del que utiliza la voz con ella, que ya no es única e igual para todos en su contenido, y que exige, en consecuencia, un compromiso ético más radical a quien pretende enunciarla. El neoconservadurismo realiza a partir de aquí una operación retórica de desplazamiento de ese derecho hacia arriba, hacia la abstracción y el vaciado: la libertad de expresión se convierte en un derecho democrático de primer nivel, pero a nivel particular eso iguala todas las opiniones, que pueden buscar su cobijo en él sin necesidad de mostrar vínculo alguno del sujeto que las formula con la verdad, porque exigirle veracidad y rectitud a un sujeto en relación con sus dichos sería una coerción a la mera libertad de enunciarlos. En resumidas cuentas, puedo defender lo que quiera -incluida la opinión contraria a que los demás se puedan expresar libremente- y utilizar los poderes públicos para ejecutar esa opinión por vía jurídica si consigo la mayoría suficiente. El único límite a la arbitrariedad enunciativa serían los derechos privados: intimidad, honor, etc. Como vemos, la mayoría sostiene el contenido de la verdad, así como la abstracción democrática sustenta del derecho de los individuos a conformar mayorías sin necesidad de justificar su relación con ella. Apelar a la tradición como una especie de axiomática –indemostrable pero indiscutible- les suele garantizar a las derechas muchas victorias en ese terreno. El populismo neofascista de derechas está basado en esta superstición democraticista: como somos mayoría, nuestro sentir tiene derecho a ser plasmado en medidas ejecutivas sin incoar proceso alguno que esclarezca su relación con la verdad. Los valencianos sabemos bastante de eso tras 25 años de hegemonías del PP.
Directamente ligado al derecho a la libertad de expresión, está el derecho universal a la educación, también de raigambre ilustrada y republicana: el derecho a recibir instrucción por parte de todos los ciudadanos fue concebido como modo de enfrentarse al poder del oscurantismo, que tiene su mejor aliado en la ignorancia, y pertrecharlos, de este modo, de herramientas intelectuales para conocer y hacer valer sus derechos, es decir, para intervenir en la vida, en la cosa, pública independientemente de su origen social. Ahora bien, la versión neocón combina este derecho con el anterior y con la misma argucia: eleva el derecho a la educación a rango de derecho democrático abstracto y vuelve a conseguir que la verdad –esto es, los contenidos concretos en los que se materializa ese derecho ideal- sea de nuevo patrimonio privado y por lo tanto individual y no colectivo. En la acepción liberal, privado es el espacio donde los poderes públicos no tienen derecho a meter las narices. Así, para ellos, ya no se trata tanto de derecho universal al acceso a la educación como de la necesidad de garantizar el derecho a la libertad de impartir cualquier contenido, ya no se trata de un derecho humano y social sino meramente individual. No hablan nunca de derecho a la educación sino de libertad de educación, que los progenitores son en cargados de ejecutar en virtud de la patria potestad sobre sus hijos, que se convierten así en propiedad (privada) de sus padres. En resumidas cuentas, si combinamos derecho de opinión (impuesto al de expresión) con libertad de impartición educativa (sobrepuesto al derecho al acceso gratuito a la educación pública) lo que el neoliberalismo promueve es ELDERECHO EXCLUSIVO DE LOS PADRES A MENTIR A LOS HIJOS, tras el derecho a la libertad religiosa, ideológica, el objetivismo y la oposición a cualquier contenido ético público por encima del privado. Lo que pasó con aquella “Educación para la ciudadanía” , ya extinta, es un ejemplo que no necesita más explicaciones. Evidentemente, convenza usted a cualquier padre, en virtud de un derecho a opinar con base en la tradición y en la evidencia indiscutida, de que los intereses presentes o futuros de sus hijos pueden estar en peligro debido a la impartición de determinados contenidos o a la implementación de determinados vehículos educativos y será usted dueño para siempre de su voluntad, esto es, de la libertad de éstos para educar a sus hijos. Es lo que lleva haciendo la Iglesia Católica los últimos dos siglos, es el santo y seña de su propensión reaccionaria al progreso.
Pues bien, se esté a favor o en contra de la independencia, se discuta o no la implementación del artículo 155 de la Constitución, lo que me parece innegable es que nada en las últimas elecciones catalanas autoriza a la Moncloa, como instrumento de la oligarquía española, a replantear el statu quo de la política de inmersión lingüística en Catalunya sobre la base una supuesta protección de la libertad educativa. Señores, se trata de exactamente 40 diputados sobre 135 los que podrían ser representados por esa decisión. Que yo sepa, ninguna fuerza política catalana más (incluido el PSC) cuestiona un modelo de inmersión lingüística que está diseñado para no crear alumnos de primera y de segunda y dar el mismo libre acceso público y universal a la educación a todo el mundo, como el diputado Joan Mena de ECP explicó perfectamente hace unos meses en el Congreso de los Diputados, y menos basándose en un uso torticero del concepto de libertad educativa, que lo único que tiene detrás es la amenaza a unos padres sobre la posibilidad de acceso de sus hijos a la explotación privada (mercado de trabajo lo llaman ellos) si no son educados en castellano.
C’s dice que quiere una sociedad trilingüe en Catalunya, donde es la fuerza más votada sí, pero ni de coña ha ganado las elecciones, como quiere otra superchería neocón más. Nos reiremos bastante si intentan imponer el bilingüismo en la España monolingüe. Los de “a por ellos” van a tardar nada en llamarlos polacos de mierda como les intenten imponer el dominio de una lengua distinta del español como requisito curricular básico. Al tiempo. Les tendrán que explicar que están impidiendo que sus hijos sean brokers en Wall Street o la City londinense con esa actitud. Como los independentistas catalanes que quieren impedir con su adoctrinamiento que los hijos de la clase obrera catalana puedan todos ser en su día ejecutivos del IBEX 35, por no haber sido educados en castellano. En el fondo, si no quieres que tus hijos estudien en una institución privada -por antonomasia, católica- y no quieres que sean educados en la lengua mayoritaria en la Península Ibérica, es que no te interesa su futuro y eres un mal padre o una mala madre. Ya lo decían los ganadores de la Guerra Civil para legitimar el robo de niños: qué más les dará, si los rojos no quieren a sus hijos... 17 de febrero.


*Probablemente la impostura más aberrante del auto-emprendimiento como ideología es haber hecho creer que el mundo lo gobierna el talento secundado por el esfuerzo y no el poder. Es una vieja idea disciplinaria -el éxito y la satisfacción del deber cumplido inculcados al alumno aplicado del fordismo clásico- que ha pasado a poseer unas dimensiones de opresión gigantesca en las sociedades de control. Ya no haría falta la mirada del amo (la mirada del panóptico) porque el el superyó se habría independizado absolutamente de toda vigilancia y coerción, habría devenido autónomo y auto-operativo. El poder, pues, queda elidido de toda fenomenología. Han tomado su lugar ante la conciencia del sujeto, el afán de superación, la potencia de los sueños y la auto-estima. Con la ideología del auto-emprendimiento el poder ha conseguido su objetivo: ocultarse como causa del mundo. No es pequeña victoria. 11 de febrero.




Sobre el neo-españolismo.

         García.

Os dejo este vídeo que ha difundido Spanish Revolution con unas cuantas salvajadas del fascista confeso Eduardo García Serrano. Recuérdese que esta es la doctrina, punto por punto, de Ciudadanos al respecto. Adjunto el enlace a una entrada de blog mía de hace un tiempo, que puede bien leer después de ver el vídeo: https://lasuficienciadeloobvio.blogspot.com.es/2014/06/catalan-gallego-y-euskera-son-idiomas.html 28 de febrero.





*Siguiendo su línea de rebuznamiento, si hay un corolario inevitable de los gruñidos emitidos por Eduardo García Serrano, es que el hecho de que la usen individuos como él sería un razón de peso para exterminar el castellano de la faz de la tierra. Espero que no, porque es mi lengua, y que además pueda expresarme en lengua catalana no dejaría de ser un agravio si me impiden usar la otra, que es la que se hablaba en mi casa y con la que he construido mis historias de amor y la mayoría de mis historias de afecto y amistad. Por fortuna, el castellano, además de ese fascista, también lo hablaban y escribían García Márquez, Juan Ruiz, Borges, Sábato o el mismo Unamuno, aquél que se enfrentó a Millán Astray en la Universidad de Salamanca y que García debería de desinfectarse la boca antes de nombrarlo o pretender ampararse en él.
Dice García que es falangista. Cito a su supuesto mentor ideológico, José Antonio Primo de Rivera, como ya he hecho otras veces:
“Pero también es torpe la actitud de querer resolver el problema de Cataluña reputándolo de artificial. Yo no conozco manera más candorosa, y aun más estúpida, de ocultar la cabeza bajo el ala que la de sostener, como hay quienes sostienen, que ni Cataluña tiene lengua propia, ni tiene costumbres propias, ni tiene historia propia, ni tiene nada. Si esto fuera así, naturalmente, no habría problema de Cataluña y no tendríamos que molestarnos ni en estudiarlo ni en resolverlo; pero no es eso lo que ocurre, señores, y todos lo sabemos muy bien. Cataluña existe con toda su individualidad”
El problema de García es que no es falangista, es simplemente un miserable franquista. Y su línea de argumentación, esto es, que el castellano es más útil que el catalán porque lo habla más gente, no es un razonamiento fascista siquiera, sino mezquinamente neoliberal. Cuando habla de lengua universal, fijaos, nada que ver con aquella “unidad de destino” de la que hablaba Primo de Rivera, que siendo perversa, es mucho menos innoble que su sucio y mercantil argumento cuantitativo, por el cual lo que pone en valor una lengua no es más que su utilidad para el márketing global, que es lo que cuenta para la horda intereconómica. Yo creo que si Primo de Rivera resucitara y lo invitaran al Gato al Agua lo que haría es desalojar a todos sus tertulianos a latigazos, como hizo Cristo con los mercaderes de la Casa de su Padre. No tengo ninguna simpatía por el fundador de Falange con el que sólo coincido en el nombre -que era el de mi padre y antes de un tío suyo- pero pienso que algunos falangistas de primera hora –ignorantes aún de las consecuencias de su credo- vomitarían al ver lo que hizo Franco con su ideología, y se cagarían después al ver lo que hacen con ella neofranquistas como García.
Desgraciadamente, los castellano-parlantes compartimos con los anglo-parlantes el deshonor de hablar las dos lenguas más genocidas y colonialistas del mundo. Sí, más que el alemán, el ruso o el árabe y me cabe la duda con el chino, cuya historia no conozco lo suficiente como para pronunciarme. Lo que nos puede salvar a los castellano-parlantes son dos cosas. Que a pesar de todo, como en la aldea de Astérix, varios territorios bajo la Corona Española en la Península Ibérica mantuvieron sus propias lenguas y permitieron que el castellano no fuera amo genocida absoluto. Mejor lo tenemos los castellano-parlantes de los territorios en los que esas lenguas perviven, riqueza y vida a la que no estoy dispuesto a renunciar jamás. La otra cosa, es que se apropiaran de ella los indígenas de América del Centro y del Sur, porque América Latina es un nombre mucho más digno y honorable que el Reino Borbónico de España. Por cierto, Ada Colau el otro día, al negarse a recibir al Rey, no estaba representando a los barceloneses ni a los catalanes, sino a todos los demócratas de España que sentimos orgullo de que un cargo democrático no se arrodillara ante un cargo hereditario. De España y, si me apuráis, del mundo.
28 de febrero.




La gran labor de El País.

* Cierto gran periódico, adalid en la defensa de España frente a los aventureros separatistas, ha decidido darle hoy un lugar preeminente en su portada a la final de la Super Bowl. Porque lo terrible es querer romper España, no irla pudriendo lentamente con la inoculación de corruptos virus transgénicos. 5 de febrero.

*Yo creo que es para sentirse muy orgullosos de su labor. El País ha llevado a cabo una implacable cruzada por la sensatez contra las aventuras populistas y separatistas que nos amenazaban. Y ha conseguido que lidere todas las encuestas un partido que se ha inventado un país fantástico llamado Tabarnia, al que le han puesto a un celebérrimo bufón como presidente, Ubu(adellla), cuyo intelectual más reconocido es Arcadi Espada y cuya máxima figura artística es -retirado de los escenarios por su labor como presidente-madre, Don Albert- nada menos que Toni Cantó. Eso sí que ha sido un triunfo de la seriedad, la prudencia, la cordura, el buen juicio y el seso políticos que nos ha salvado de esos locos del populismo y la independencia. Sois unos cracks. España está en deuda con vosotros y vuestra clarividencia por los siglos de los siglos. Os la pagaremos. 9 de febrero.


* En El País. Susana Díaz: “La izquierda no puede ser jamás nacionalista”

Copio de nuevo este textito que recogí luego en una entrada de blog llamada "Sobre la (supuesta) izquierda centralista y su colaboracionismo con el Régimen del 78 (Comentarios sobre el Procés, 8)"

"Un cargo de Podemos en Canarias comparte la viñeta de El Roto de hoy y acusa al catalanismo de ser un (sic) "nacionalismo insolidario y contrarrevolucionario de raíz germánica". Ante las protestas de algunas personas, les espeta que ver si leen un poquito más, es decir, los acusa de ignorantes. Esta ha sido mi bienintencionada respuesta:

A ver, te ruego que ya que señalas una falta de lecturas en los que estamos apoyando el derecho del pueblo catalán a decidir, pues nos ilustraras con algunas referencias. Decir que el nacionalismo catalán conecta con la tradición del Völkisch, y con Goethe o Fichte, me parece demasiado genérico, porque todos los nacionalismos europeos tienen esa misma raíz romántica, y sin esa lucha de las naciones europeas contra las monarquías imperiales, de Grecia a Francia, la democracia hubiera sido una quimera. Concretamente el nacionalismo catalán del siglo XX, proviene de la tradición escrupulosamente federalista y burguesa de un Cambó o un Pi i Margall. El federalismo burgués era más bien de orden pragmático: a la incipiente burguesía industrial catalana le era imposible avanzar en su programa de modernización con la corte borbónica madrileña, decadente y feudal, como un lastre inmovilizante. Partiendo de ahí, pero ya con todas las influencias del socialismo, el nacionalismo catalán de los años 20 y 30 opta por un progresismo republicano de izquierdas y anti-fascista a través de Esquerra Republicana de Catalunya, mientras este nacionalismo raíz germánica desembocaba en el nacionalsocialismo en Alemania. Son los nazis los que entregan a Lluís Companys a Franco, como sin duda sabrás, tras exiliarse, como pretende Rajoy que haga Bélgica, parece que, de momento, con menos éxito.

Sin embargo, el nacionalismo catalán moderno nace de la resistencia antifascista como se refundó también el vasco, el gallego y tomaron conciencia nacional otros territorios como el valenciano o el canario, con el MPAIAC a la cabeza, como bien sabes. Todos estos nuevos nacionalismos son de corte socialista y marxista y están emparentados sin duda con los movimientos de liberación latinoamericanos de los años 70, con el maoísmo o con el operaïsmo italiano, jamás con los nacionalismos fascistas derrotados en la 2ª Guerra Mundial (todos menos el español). En Catalunya, fue el Psuc, obrero, marxista y catalanista, y directamente conectado al PCE y a CC.OO, quien lideró el proceso, mientras ERC dormía el sueño de los justos, del que fue despertada por Suárez y Pujol, trayendo a Tarradellas del exilio. En ese sentido, el nacionalismo burgués –el PNV y CIU- fue estrictamente autonomista, sin más. Si bien bajo la amenaza de ETA y de un secesionismo más abierto, Suárez claudicó concediéndole a Euskadi los derechos que le había arrebatado la Guerra de Sucesión, aceptando el concierto económico. Evidentemente, ello ni planteó para reparar todos los perjuicios que habían significado los Decretos de Nueva Planta para el Antiguo Reino de Valencia ni para el Principado de Catalunya, entre otras cosas porque su peso en el PIB español no era comparable al de Euskadi.

En los 80 y parte de los 90, ya sabemos cómo fue la cosa: nacionalismo burgués en Catalunya y peperismo irrevocable en la CV, como en Galicia, mientras que en los territorios monolingües la reivindicación territorial, también presente en el antifranquismo (andalucismo, el propio nacionalismo canario, o el aragonesismo) prácticamente desaparecían, con algún leve repunte como la Chunta de Labordeta. Pero tras la llegada del tripartito, la promulgación de un nuevo Estatut, su aprobación en un referéndum perfectamente legal y, pese a ello, su sustancial recorte por el Tribunal Constitucional a instancias del PP, en Catalunya surge un nuevo nacionalismo de corte moderno, que entronca con el de los 60 y 70 y que tiene sus síntomas en el crecimiento de ERC y sobre todo en el nacimiento de las CUP, con un componente anti-capitalista esencial. Se dan entonces el nombre de soberanistas, frente al neoliberalismo aznarista que demonizó a los nacionalistas con el único fin de restarle apoyos a la izquierda. Fueron Aznar y Mayor Oreja sus principales ideólogos, mientras llamaban nazi a Sadam Hussein a la par que sumaron a España a la nueva estrategia imperialista de los USA, o cedían la soberanía española a la multinacionales a través de los Tratados Europeos.

Este soberanismo y reclamación del derecho a la autodeterminación –a no confundir con el independentismo- no hace más que crecer con la crisis y el 15M y a él se suman CSQP y els Comuns, como supongo que sabrás si, como yo, estás en la órbita de Podemos. Al verlo, me ha extrañado mucho que defendieras posturas que en las zonas bilingües del Estado Español defienden exclusivamente PP y Cs, a los que se suma el ala más derechista del Psoe en los territorios monolingües, como Andalucía y CLM.

En fin, pues eso, que quedo a la espera de esas referencias bibliográficas que nos reprochas que no conocemos. Abajo te dejo un par de textos míos, para ampliar la argumentación que te he dado aquí. Un saludo. 9 de noviembre."

Si interesa el tema también se puede leer esta otra entrada. "El antinacionalismo como pensamiento neoliberal hegemónico. (Comentarios sobre el Procés, 5)" Ambas entradas son de Noviembre.

Recordemos siempre que el españolismo es el núcleo de la ideología concreta y material del Partido Popular yde Ciudadanos. Todo lo demás, sus políticas reaccionarias de género, sociales, con las pensiones, con la educación, irradian a de ahí.

Un abrazo fraterno. 25 de febrero.

El himno.

*Bueno, si se quiere un himno de España, ¿no es mejor éste? Una canción de emigrantes y exiliados. Una meta-canción porque, en la versión de Concha Piquer, lo que hay es una canción dentro de otra. Aquí, en el meta-arte, están Velázquez, Calderón, Cervantes y Joanot, Juan Ruiz, Azorín, Valle-Inclán, Villalonga, el Bachiller Fernando de Rojas, Falla, Tàpies, Dalí, Antonio López, Buňuel y Unamuno. Y además todos bebiendo vino de extrangis gracias a una receta falsificada. Lázaro de Tormes, Sancho Panza y Carvalho, aquí también. Esta es la única España que podría reconocer como mía, coño. Puede que católica a ratos. Pero sobre todo y antes que nada, fea y sentimental. Una España mucho más dolorida que gloriosa, mucho más digna que heroica, mucho más genial que constitucional. Sépalo, pues, Vuesa Merced. 19 de febrero.




Las Teles.

* Un segundo que he pasado por ella haciendo zapping he visto a Susana (sí, le he escrito el nombre con una ene, es lo único que no creo que le molestara de este post si lo leyera) Griso hablando de los incidentes de Bilbao de ayer y comentando que lo mismo pasaba con los ingleses hace años y lo habían solucionado pero que Rusia no se ponía las pilas. Demencial esta observación marujona. A ver. Todos los que tenemos cierta edad recordamos a los hooligans ingleses de los 70 y principios de los 80 con auténtico terror. Allá donde iba un equipo inglés, la ciudad quedaba arrasada, la gente se quedaba en sus casas hasta que se iban y los hinchas del equipo contrario pasaban auténtico terror. Recuerdo las cábalas de la gente en el 80 pensando si ir o no a ver al Valencia en la final de la Recopa porque jugaba contra el Arsenal y era un riego de muerte acercarse por Bruselas. Tuvo que pasar lo de Heysel 3 años después (39 muertos) para que se tomaran medidas con la máxima colaboración del gobierno británico de la señora Thatcher: 5 años de exclusión de los equipos ingleses de cualquier competición europea y 10 el Liverpool. Teniendo en cuenta que de las 8 Copas anteriores, 7 las habían ganado clubs ingleses, la medida fue más fuerte de lo que sería hoy eliminar a todos los clubes españoles de la Champions 5 años y al Madrid o al Barça, 10. Bien, dicho esto, la colaboración del gobierno inglés para acatar la medida y para identificar y entregar a la justicia a los violentos fue no ya sin reservas, sino extremadamente entusiasta. ¿Explicación? Muy simple: la Dama de Hierro vio una oportunidad de oro en su hostigamiento a la working class británica para convertir a los hooligans en sus más destacados representantes y trasladar un mensaje a la opinión pública de que los que protestaban de sus políticas no eran más que una panda de borrachos facinerosos y violentos. Los casi 40 muertos no fueron más que un excusa para ensuciar la imagen de los obreros británicos. Machacarles el orgullo futbolero fue una gran arma psicológica para desarmarlos a todos los niveles. Sin dar este dato, comparar lo del Spartak de ayer y lo de la Rusia de hoy con aquél Reino Unido de los 80 es una manipulación criminal, tendenciosa y torticera. Supongo que no extraña viniendo de este personaje. Hay una frase que me ha venido a la cabeza estos últimos meses y que he reprimido para evitar que se hiciera una lectura sexista de la misma: viendo cómo se ha comportado con su propio país, cómo ha insultado y denigrado a cualquier político catalán cercano al independentismo que se ha avenido a comparecer en su programa, con gritos insultantes y con una tendenciosidad completamente anti-profesional, no he podido dejar de pensar que "en la Francia de los años 40 hubiera acabado rapada". Menos mal para ella que los catalanes actuales, y en general la sociedad, son menos viscerales y menos sexistas que fueron los franceses con las colaboracionistas con el nazismo. Seguro que alguien, pretendiendo hablar desde el feminismo, viene a intentar afearme lo que acabo de escribir. Pero ya veréis que no es desde el feminismo catalán (ni balear, ni valenciano), sino desde posiciones incuestionablemente hispanocéntricas, esas que defenderían igual a Isabel San Sebastián y que están siendo tan tibias con Cospedal y tan indiferentes con Anna Gabriel. Tranqullas el día 8 la tendréis trabajando como la primera y contándonos el fracaso de la huelga feminista como contó sin un temblor que la policía no ejerció la violencia el 1 de Octubre. Luego se irá a comprar algo a la milla de oro madrileña y a comer a un buen restaurante para que no la puedan acusar de haber atendido ningún aspecto de la huelga. Igual también le limpia los moquitos a algún niño de una amiga o se hace grabar ayudando a una anciana a cruzar la acera, para poder presumir de esquirola de la huelga de cuidados tanto como de la laboral y de la de consumo. Tranquilas y tranquilos: sobrevivirá. 23 de Febrero.


* Se puede ser solidario, se puede tener próstata, se pueden tener testículos, se puede tener cerebro, se puede tener preparación, se puede ser un profesional. O no. Parece una memez, pero buena parte de las censuras que practicaba el franquismo eran de este estilo. Insisto: Televisión Española, haciendo de Televisión Norcoreana. Pionyangización de la opinión pública española. TV3 puede que adoctrinara, pero RTVE lobotomiza. Y Arsène Wenger sin próstata, el pobre.




(Añado, porque parece que hay gente indignadísima dado que Guardiola lleva un muñequito en la solapa que tiene que ver con el cáncer de próstata: ¿No es todavía mucho más grave que el periodista de la televisión pública se niegue a ver el lazo, tres veces más grande y diez más visible, que que lo confunda? Cuando decía que el franquismo censuraba así me refería a eso, a negar con el comentario -confundiedo, silenciando, obviando o elidiendo, tanto da- lo que está a la vista de todos. A mí me ha recordaddo inmediatamente a un episodio del ultimísimo fraquismo del que fui espectador en mi última niñez o primera adolescencia: cómo se las tuvo que apañar la televisión del régimen para lidiar con la oleada de protestas que hubo en toda Europa por los fusilamientos de septiembre de 1975. Sin poder ocultarlo del todo, pero tergiversando y manipulando la relevancia de los hechos. Exactamente igual que aquí) 26 de febrero.


El CIS.


*Este es un párrafo que publiqué hace justo dos años y que no deja de resultarme enigmático. Que las ideas (se) le ocurran a uno no las convierte en propias. A veces, al contrario, se siente uno enajenado en algo que (se) le ocurrió (escribrir). Lo copio:
"El fascismo hispano, franquista, tiene pues, partiendo de ese tronco, un momento inaugural posterior, datable en la reacción nacionalista-fascista en los años 20 y 30. El nacionalismo español actual nace ahí, hijo del centralismo borbónico, y no cabe confundirlo con el patriotismo liberal que se opuso tanto a la invasión napoleónica como al absolutismo en el siglo anterior. Por eso, los dos pilares básicos del franquismo son el anticomunismo (anti-ateísmo) y el anti-separatismo, que vuelven como cualquier contenido reprimido ante la angustia de castración, que en este caso es la inminencia de la pérdida del gobierno central del Estado. Cuando están en mayoría, si nos fijamos, utilizan siempre la versión neoliberal-burocrática (formalista, legalista, constitucionalista, universalista) del soberanismo español, que consiste en la defensa de la indivisibilidad de la soberanía española. Una, grande, libre y burocráticamente legal. Por eso, Europa se convierte también en un artefacto arrojadizo entre los dos soberanismos, el catalán y el español. El soberanismo, corolario del patriotismo constitucional y sucedáneo del nacionalismo y del derecho unilateral de autodeterminación, es presa de sus presupuestos. Y la Unión Europea se desvela consecuente como un dispositivo burocrático cuyo fin último es la paralización de toda transformación social. Por eso, como el caso Tsipras muestra a las claras, el anti-cosmopolitismo populista carece de armas para enfrentarse a él.
Cabe, pues, otra lectura de la Unión Europea como dispositivo burocrático-capitalista. Nos cuentan nació para evitar otra guerra europea. Podemos pensarlo al revés: hicieron falta dos guerras europeas para poder imponer la burocracia estatal liberal incuestionada en Europa. Si eso es así, la necesidad de 40 años de fascismo en España se explica de una manera completamente distinta. Y, también se explica, que sus dos pilares básicos fueran centralistas: el nacionalismo español y el catolicismo, que es la religión más jerárquicamente y burocráticamente centralizada del planeta, como lo demuestra el que se haya avenido a conformarse a la forma legal del Estado (Vaticano). España habría podido ser una alternativa socialista viable al estalinismo, como Estado pluri-lingüístico y plurinacional. Y esa excepción, el orden mundial no se la podía permitir. Como no se pudo permitir todas las experiencias de socialismo transformador en América Latina en los años 70 y primera parte de los 80."

¿Por qué me he vuelto a acordar hoy de ello? Pues por las encuestas que se publicaron ayer y que dan como primera fuerza política en intención de voto a Ciudadanos, cosa que me parece muy preocupante. En efecto, España es un gran país si ha costado 82 años que se imponga socialmente, es decir, que sea hegemónica en las urnas, una ideología que alcanzó el poder en 1936 sólo en virtud de un golpe de Estado. Se dirá que hago trampa, que qué han sido pues las victorias del PP. No es lo mismo. Con el PP ha ganado sistemáticamente la tradicional caspa decimonónica española, caciquil y clerical, de vajilla de loza, puntillas bordadas, cacerías y casas de citas. Con los muchachos de Rivera lo que viene es lo que empezó a fundamentar su cuasi tocayo José Antonio Primo de. El de Ciudadanos es un neofalangismo urbano, de señoritos crueles y arribistas, de abuso de las secretarias de papá en el asiento de atrás del coche y de puticlub de lujo con reservados VIP. Es otra cosa. Es la diferencia entre la gomina de los niños de Fuerza Nueva en los 80 y la panza balanceante de Fraga. Es el Proceso. Pero el de Kafka. La burocracia sin miedo al miedo. La biopolítica sin respeto a la muerte. No tienen, ni si quiera, la humanidad de Trump, la pose de Thatcher o la simplonería de Reagan. Son sólo, los hijos del frío. Y han venido a acabar con España. Con esa España que aún resistía con los muertos desde las cunetas y los trabajadores almorzando en el bar. Han venido a acabar con los aldeanos y a consumar el proyecto kantiano de Eichmann. Y han empezado por las estadísticas, que es su lugar natural. 10 de febrero.


* Pues oye, creo, respecto al barómetro del CIS de hoy, que los principios son una cosita muy práctica cuando, como le ha pasado a Podemos, pues va y la Agenda te pasa por encima. ¿No? Además de para ir al cielo, los principios también vienen muy bien cuando ves que no hay modo de asaltarlo. Para saber qué hacer y eso. La moral y la polítca puesen ser muy útiles cuando te falla la estrategia. Para no desmoronarte ni ponerte nervioso. Una brújula debe ser bastante útil cuando te han puesto un desierto en medio que no te esperabas y va y lo tienes que atravesar. ¿No? Ahora biien, ¿cuáles son los principios del populismo? Porque resulta que la transversalidad es siempre un final. Si eres transversal eres homo calculator, no homo moralis. Y cuando calculas y uno de los factores te da 0 o bien tienes algo por fuera del cálculo o te pierdes. Creo yo. Cuando dijimos muchos que ya no nos valían los principios de la vieja izquierda, porque se habían revelado como una superstición impotente para transformar la realidad, no pretendíamos decir, como algunos parecieron creer, que podíamos avanzar sin principios, sino que el trabajo fundamental para atravesar el capitalismo era ponerse a fundamentar la radicalidad de otra manera. Había que hacer unos principios nuevos e inéditos, no conformarse con una especie de máximo común divisor de los que ya había y llamarlos transversalidad. Ahora, que Cs ha crecido y UP ha bajado, ¿qué hacemos? El problema es que si eres de izquierdas algo de principios siempre te queda, y si te avergüenzas de ellos o simplemente los apartas por inútiles, debajo de la alfombra siguen haciendo bulto y tropiezas. Ciudadanos, no. No tienen moral alguna presente ni pasada ni presente ni futura. En el juego de la transversalidad van a ganar siempre. Yo estoy con Groucho Marx: si no le gustan mis principios, tengo otros. El problema es que no gusten tus principios y no tener nada. Así no hay manera de desbordar nada. Nadie te va a votar para cambiar las cosas si vas de transversal. En cambio, para evitar que las cosas cambien, la transversalidad es una gran herramienta. Cs es la prueba palpable. Con la transversalidad sólo gana la derecha, porque es una puesta en valor de lo que hay. La izquierda está condenada a inventar o morir. ¿Verdad? 5 de febrero.


Windows 10.


*Bill Gates y sus chicos lo han conseguido. Tras años escuchando que su Sistema Operativo era una mierda llena de agujeros de seguridad y un coladero de virus, troyanos y gusanos han decidido solucionarlo por las bravas. Virus, jodeos, que os habéis quedao sin curro. Windows 10 se suicida y auto-aniquila él solito tras cada actualización y, de paso jode el ordenador de todos sus usuarios y les funde el hardware. Si queremos una antonomasia del capitalismo en su camino loco hacia su consunción, la tenemos inmejorable. Cuando me compré este ordenador hace 2 años ya lo ví: a la primera macro-actualización saltó por los aires todo el hardware instalado por el fabricante. Y ello no ha hecho sino ir a peor. Que hackers rusos ni qué hostias. Trump ganó porque a los del Partido Demócrata les entraron todos los pecés en hibernación a la vez. Jodeos Putin, Kim Jong Un y todos los iraníes. Bill Gates ha pasado al genocidio cerebral de occidente. Porque lo peor no es que ésta haya sido la enésima tarde que he perdido intentado arreglar un desaguisado de Windows 10 que me ha instalado no sé cuantos drivers que se colapsan. Lo pero es que todo ese trabajo no genera experiencia ni habilidad alguna, porque lo que haya podido aprender esta tarde no me servirá nunca más. No hay forma de armarse contra la concepción de la informática del señor Gates. El capitalismo nos ha vuelto inermes: nadie sabe cambiar una rueda, mirar el nivlel de aceite de su coche. Mis alumnos ya tampocos saben qué hacer cuando se les jode el móvil o no funciona el ordenador como era esperado: en lo que son unos cracks en mirar las ofertas de mòviles nuevos. Estamos pasando de la obsolescencia programada al suicidio reprogramable de las máquinas. Ya no vale la pena ser un friki de la tecnología: ¿cómo vas a amar a una máquina que se odia? HAL era un aprendiz: hoy sabría como suicidarse para renace cual ave fénix y pillar a los astronautas con los calzoncillos por las rodillas. Todo lo sólido se desvanece en el aire, decía Carlitos. En el Siglo XXI en vez de escribir el Capital hubiera muerto intentando entender por qué se le colgaba Word a cada nueva versión. Hostia, qué harto me he quedao. 24 de febrero.


Un riconcillo poético.

*Mientras mi cuerpo insista en importunar a la eternidad....
(Una #metáfora de la vida. Sigo dudando del verbo (¿invadir, perturbar?), pero importunar tiene la ventaja de que señala la misma herida de tiempo. El inoportuno es que nos trae un tiempo que no deseamos. Eso le hacemos al nacer a la eternidad: decirle de la muerte y del final. Y le desbaratamos la agenda. La agenda eterna está en blanco y naciendo le hacemos un borrón, le generamos un tumor en forma de página. Como al infinito espacio negro una estrella le causa un dolor pequeño pero inmenso con su luz, que también volverá a lo negro. La vida es toda ella una inoportunidad, una impertinencia, un rato malo, una falta de educación, una desobediencia, una gamberrada. Cuando nacemos le decimos a la eternidad que no es más que muerte. Ella era feliz en su ignorancia, sin la quebrada inelegancia diminuta de ninguna centella. Buscar nuestra oportunidad a su costa le duele. Vivir es una insumisión en el reino bien ordenado de la nada que nadie mira. Dile a la eternidad "estoy y no para siempre" y verás sus lágrimas) 24 de febrero.







Estos dos muchachos y esta muchacha son, desde la semana pasada, de izquierda a derecha: el Dr. Samuel Gil Soldevilla, la Dra. Teresa Sorolla Romero y el Dr. Antonio Loriguillo López. Les flanqueamos los dos co-directores de sus tesis doctorales, el Dr. Javier Marzal y yo mismo. He de decir que los tres fueron mis alumnos durante sus carreras (Samuel, en Publicidad y RR. PP.; Teresa y Antonio, en Comunicación Audiovisual) y a los tres les adoctriné sin piedad. Me veo obligado a añadir, porque sus logros son prueba sobrada de ello, que mucho mucho caso no me hicieron. Personalmente, de esto último es de lo que me siento más orgulloso. En sentido más general, me siento muy orgulloso de ellos. Pasión, esfuerzo y conocimiento, sí, pero siento que es alegría lo que más habéis sembrado entre los que os rodeamos. Gracias por hacerme un poco más feliz a mí y a todos estos últimos años. Un honor y un placer, compañeros.

viernes, 12 de febrero de 2016

¡Hasta aquí! (sobre la peculiar lógica de los límites que impera en la política española).


1. Un mandato histórico.

Hasta aquí puedo llegar, hasta aquí puedo ceder, hasta aquí de muchas cosas. “Hasta aquí” señalando una parte del cuerpo (a elegir según el cuerpo) o señalando un abstracto límite jurídico y conceptual. “Hasta aquí” parece la frase clave en estos momentos de negociación pregubernarnental. Hay líneas rojas de los partidos y hay hastaquíes de los ciudadanos. Yo por ejemplo, estoy hasta aquí, en el sentido corporal (de qué parte del cuerpo hablo, lo dejo a la imaginación del lector, pero si se hubiera tratado de la coronilla, lo hubiese dicho y ya está, ¿no?), de oír al PP y sus voceros que han ganado las elecciones, cuando es más que obvio, como ya he apuntado en otras ocasiones, que las han perdido. Que ellos, más allá de toda ética y sensibilidad, hayan conseguido unir a toda su comunidad de goce en un solo partido, con un simple apéndice llamado C’s como tributo a la nueva política, no implica que hayan ganado. Dicen que la sociedad española ha mandado un mensaje claro. Técnicamente hablando, podríamos definir a la Sociedad Española como un montón de peña heterogénea, una parte de la cual fue a votar el 20D. Reconocerá el lector que es una de las más exactas y ajustadas definiciones que habrá leído nunca. La realidad es rizomática y una mirada radical sobre la realidad implica no eludir la complejidad que se deriva de su núcleo de inconsistencia. Lo contrario, la claridad impuesta como ideal, implica acabar andándose por las ramas siempre. Los deleuzianos que puedan pasar por aquí, supongo que me comprenderán.

No hay más que ver la distribución de las comunidades autónomas y ayuntamientos, tras el último ciclo electoral, para vislumbrar lo terrible que sería esa tensión si el PP controla el gobierno central. Y más aciago aún para el País Valenciano, con todo el trabajo que hay que hacer aquí, en lo político, lo social y lo administrativo, tras un cuarto de siglo (en la ciudad de Valencia es así) de poder absoluto del PP, como demuestran gúrteles, taules e imelsas. Claro que también da miedo pensar lo terrible que será el PP en la oposición, ahora con la voz y la coartada de C’s secundándolos y velando por sus intereses, como ya están mostrando en las negociaciones actuales para la investidura. Hará falta una sociedad bien armada de decisiones y argumentos para enfrentarse al PP neoliberal a machamartillo y traidor a España, que ya conocimos con Zapatero. Ya hemos visto de la maledicencia mendaz de un Margallo o de un Fernández Díaz en foros nacionales e internacionales. Y ya hemos visto la enésima intentona de resucitar a ETA con el caso de los titiriteros.

El PSOE, pues, tiene, en su nuevo papel de segunda minoría, pero perfectamente articulable con todas las fuerzas políticas que no tienen su origen histórico o intelectual en el franquismo, un mandato que se me antoja obvio (que no es lo mismo que claro): la obligación de apostar por regeneración y la necesidad del superar el atado y bien atado del régimen del 78, contra las tutelas del ejército (artículo 8.1 de la Constitución), los grandes grupos mediáticos (que ya tienen decidida su apuesta anti-progreso, disfrazada de apuesta anti-Podemos) y la Iglesia. La gente, las mareas, los traicionados por el consenso del 78, no pedían otra cosa cuando decían no nos representan. Creo que el PSOE, partido viejo, debe de tomar nota de que su vieja guardia constitucionalista, indudablemente monárquica, pertenece al pasado.

En cuanto a Podemos, muchos hubiéramos preferido también un partido distinto de los partidos tradicionales, pero los media se encargaron de hacer triunfar en su seno a un modelo vertical y jerárquico mucho más manejable y domesticable. Y, si la operación doma no sale bien, mucho más fácil de derrotar -guarecido tan solo en la telecracia y el paraguas mediático- que una formación dinámica y populosa con unas bases entusiasmadas que lo incardinaran en la sociedad, que hubieran hecho de él un instrumento de la hegemonía popular y no simplemente, una nueva formación de izquierdas más. No hay nada más viejo en la política occidental europea que un partido de izquierdas nuevo.

Aun así, PSOE y Podemos tienen una deuda histórica con el pueblo español y deben buscar por todos los medios el acuerdo para derrotar al PP con la democracia, que ellos sólo aceptan a regañadientes y con la frialdad del máximo formulismo jurídico. Y no sólo por la corrupción o el nacional-catolicismo crápula de pandereta, sino también contra el soberanismo burocrático español que es lo que les permite conjugar sus casposos valores conservadores y castizos, el populismo demagógico de la extrema derecha, con el máximo del cálculo neoliberal. Todo, hoy, puros disfraces de la su rapacidad corrupta
.
Porque el caso es que al PSOE, si decide darle la espalda al progreso, no le queda otra que desaparecer a corto plazo, como su homólogo el PASOK, por quedarse sin electorado potencial. Si pacta con la izquierda, no. Con la existencia de C’s pueden estar seguros que ni un solo voto de centro derecha –sociológico o deliberado- ha ido a ellos. Los que le han quedado son los que le venían de izquierda, menos los que le ha robado Podemos.

Podemos tiene un futuro más complejo, si no consigue el pacto, debido a las ataduras de sus estrategias territoriales. Y no hay más que ver todos los equilibrios que se han visto obligados a hacer las CUP. Si no hay tal pacto de izquierdas, tiene el protagonismo asegurado y una gran responsabilidad: ser el único partido de la oposición. Excusa para tener cuatro años callada a toda posible disidencia interna y externa: montarían otro antagonismo schmittiano y acusarían a toda voz crítica de colaborar con el tripartito de la derecha. El problema es que entonces Podemos va a tener un techo electoral siempre porque, como su secretario general bien sabe, en las comunidades plurilingües no van a conformar nunca una posición hegemónica por sí solos, porque la lucha anti-postfranquista va, de suyo, incluyendo al nacionalismo desde hace décadas. Es decir, Podemos va a ser una fuerza eternamente opositora en España.

Y ése es el principal “hasta aquí”: hasta aquí de PP. Ya está bien. Ya sé que algunos en el PSOE odian más a Podemos que al PP (algunos ex de Podemos también y muchos de IU), por sus pésimas formas y nulo pudor en la ostentación de su narcisismo, pero deben de hacer un ejercicio de responsabilidad… Aun así, el PP debe ser barrido como lo que ha demostrado ser: una banda organizada para conseguir mordidas y blanquearlas después. El PSOE no puede hacer lo que hizo Felipe González a finales de los 80, sostener a un PP que se estaba cayendo a trozos porque el muy espabilado confiaba en su techo electoral, techo que rompió posteriormente para dolor de todos los españoles.

2. España como línea roja.

El caso es que con la cuestión del proceso catalán, parece que la línea roja por excelencia, en este momento de negociación política pre-gubernamental, es precisamente la idea de España. No es extraño, pues es de todos sabido que el nacionalismo español es el núcleo ideológico de la España reaccionaria. Lo que pretendo en este texto es darle una dimensión al problema algo distinta a las habituales. Porque si nos fijamos, la unidad de España y las acusaciones de corrupción al contrario son los dos argumentos electorales por excelencia en este país (y en sus países), tanto en una dirección como en otra. El soberanismo y la corrupción son los grandes anclajes sintomáticos, patho-lógicos, en la política española, por eso uno actúa como antídoto del otro. Lo mismo que pasa con el PP en España, pasa con CiU en Catalunya: el nacionalismo, el soberanismo, ha sido un perfecto antídoto contra cualquier repercusión electoral de los problemas de corrupción. La correlación parece más que evidente. De ahí, que las CUP, anticapitalistas e independentistas, se las hayan tenido tiesas con este agujero paradójico en el trasvase entre moral y política. A su vez, el regionalismo españolista ha sido la causa de la ceguera de los valencianos ante la corrupción (“són els nostres”) con la increíblemente efectiva amenaza del catalanismo de la izquierda como miserable como coartada. Así, que el nacionalismo progresista, tras mucho sufrir aprendió la lección: Compromís ha conseguido crecer atacando a la corrupción y pasando a segundo plano su modelo nacional y territorial. La correlación entre ambos ítems me parece más que evidente.

Ciertamente, quien ha fomentado el soberanismo como falacia política ha sido el PP. Atacando a Catalunya, mucho más odiada por los monolingües que el País Vasco, por ejemplo. “Al vasco se le teme, al catalán se le odia”. Al valenciano y al gallego y se les desprecia, añado. Así, jugando con la cuestión del goce y el narcisismo de las pequeñas diferencias, ha conseguido que la izquierda encalle en esa línea roja. En un planteamiento marxista clásico diríamos que ha ganado una partida muy relevante en el juego de la lucha de clases, que ha dado un jaque de muy difícil salida. La cúpula de Podemos se ha dado cuenta de ello y está haciendo malabares en los territorios no monolingües del Estado. En política esto es curioso porque, a nivel de Estado, tanto el planteamiento de clase como el planteamiento hegemónico han quedado reputados pura ideología comunicativa. No tocan lo real del goce, no tocan lo inconsciente (que es lo verdaderamente operativo, lo que tiene consecuencias) de la política.

La gran conquista del neoliberalismo consensual-constitucionalista español ha sido marcar como nacionalistas y soberanistas desafiantes a los que reivindican su diferencia y desmarcar su prepotencia, conquistadora y homogeneizadora, de esa categoría. El neoliberalismo es especialista en estas cosas. Pensemos cómo el imperialismo occidental es hecho pasar por neutra democracia formal, frente a todo populismo, incluido el islamista, no connivente con los intereses imperiales de Estados Unidos y de Europa… Así, el PP y luego C’s han conseguido marcar como nacionalistas a todos los demás y llaman a lo suyo “constitucionalismo” Y el PSOE, en buena medida se ha dejado pinzar en el asunto, olvidando su pasado federalista (y republicano) y transigiendo de mil amores con el régimen monárquico y autonómico.

De este modo, el nacionalismo español ha mantenido a todas las comunidades monolingües periféricas en el anclaje del subdesarrollo y el folclorismo. El lenguaje periodístico las ha designado como “baronías territoriales” y de ellas se encargó el bipartidismo. Los monolingües periféricos (Castillas, Andalucía, Aragón, Asturias, Extremadura, etc.) se han considerado defensores por antonomasia de la unidad de España, odiando a Catalunya por insolidaria. En los otros territorios, sin embargo, el bilingüismo ha servido al menos como barrera de defensa. Hasta el un País tan dividido como el Valenciano, en el que viven enfrentados dos modelos de identidad territorial. La cúpula de Podemos vio, como ya advertimos hace un año, que la posición valenciana, lejos de ser irrelevante, era un magnífico termómetro de lo que pasaba en todo el Estado. Y el incipiente giro copernicano que estamos viviendo en Valencia puede ser síntoma de un cambio general de ciclo, como no lo ha habido, en lo electoral, desde hace casi 30 años. Por eso, entendí perfectamente que Errejón hablara de “valencianizar” España. Al fin y al cabo, como estudioso del caso boliviano que es, sabe cómo un proceso de descentralización plurinacional puede implicar y encauzar un giro hegemónico. Lo que parece que no han anotado de momento, dada su fe inquebrantable en los Media y en la “claridad”, es que este viraje valenciano se produjo justo cuando la mediación difusiva desapareció, con el cierre de RTVV …

El nacionalismo español, bendecido por la Iglesia Católica, fue pues el gran pilar en el que se sustentaba el franquismo. Por eso la izquierda antifranquista simpatizó inmediatamente con los nacionalismos periféricos. Y, por eso, se considera como uno de los grandes hitos de la transición aquel famoso concierto de Raimon en Madrid. El PSOE consolidó su hegemonía electoral de los 80, sin embargo, capitalizando un voto no nacionalista periférico (Andalucía, Asturias, Extremadura, Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana, y como segunda fuerza en el Euskadi y Catalunya…), que constituyó el gran anclaje social de la monarquía. Y CiU y PNV (recuerden a Rosa Díez como consejera vasca), con los que el PSOE se ha entendido de maravilla muchos años, configuraron a su vez un nacionalismo no de izquierdas, es decir, tolerante con esa misma monarquía.

En ese sentido podríamos hablar de España como sinthome. Esta es una vieja grafía francesa que a Jacques Lacan le sirvió en la última época de su Enseñanza para subsumir en una categoría común dos de las dimensiones esenciales de su clínica, el síntoma del que padece el sujeto y cuyo desciframiento se convierte en un imperativo en el análisis (“Wo Es war, soll Ich werden”) y el fantasma que es el filtro a través del cual el sujeto contempla e interpreta la realidad. Es, por lo tanto, un núcleo, un anudamiento, de goce (en el sentido del “más allá del principio del placer” freudiano) que produce la alucinación de un sentido universal. Lo imaginario de ese sentido sumerge totalmente a la verdad en la forma de la violencia. Que este imaginario modulante y filtrante es de aplicación inmediata lo demuestra el caso de los Titiriteros, cuyo único interés radica en atacar al ayuntamiento de Madrid. Y que gente muy inestable psíquicamente y con una moral resistente a toda empatía, empeñada en negarle al otro todo derecho, haya sacado a ETA y al terrorismo del armario como arma peri-electoral. Como decía el psicoanalista Jacques-Alain Miller, “Desde luego, el esplendor del canalla y su brillo maléfico provienen de no aceptar ni al Otro con mayúsculas, que no es más que una ficción, ni a los otros, que no valen nada”. Eres nacionalista, eres violento, nuestros muertos son los buenos muertos (las víctimas) los tuyos están bien en las cunETAs. Perdón, por esta muestra de humor más dudoso que negro, pero si las redes se están llenando de memes con estas tres letras, que la derecha tiene interés en ver por todas partes, no es por casualidad. La frialdad neoliberal y el nacionalismo burocrático que ahora adopta el PP (y Ciudadanos, su filial) radica precisamente en este intentar vendernos su idea de España como neutra y natural, y acusar de deseos de matar a todos los que la cuestionan. ETA es el Id de la España neoliberal, el significante con el que gestionan su angustia y su culpa, y se resisten con uñas y dientes a dejarla ser Historia.

El caso es que todo ello desemboca en una noción jurídica e histórica radicalmente falsa. Porque la historia del soberanismo españolista, forjado en el derecho de ocupación y conquista, no se enseña en las escuelas españolas. De ahí, que a cuenta del proceso de investidura catalán haya sido tan difícil para la izquierda española y muchos de sus intelectuales entender qué estaba pasando y hayan acusado a las CUP, pilladas en ese impás paradójico entre el soberanismo español y el catalán, y acusándolas de ser traidoras a un pueblo (¿a cuál?) y a una clase, por haber tenido que negociar la antinomia entre el anticapitalismo y el independentismo. Cuando desde la periferia se les ha venido a decir que no estaban muy legitimados ni suficientemente informados para juzgar a las CUP, precisamente porque su versión de la Historia Oficial, desde la dialéctica de lo español y de lo universal (de Madrid al cielo, claro) no les capacitaba para ello, respondían con ese refinamiento españolista que es el cosmopolitismo madrileño, diciendo que ellos eran de Madrid pero que podrían ser de cualquier parte. Es decir, el mismo argumento neoliberal de neutralidad ideológica del centralismo, se esgrima en Madrid, en Berlín, o en Washington. Ellos defienden valores universales, los demás son supersticiosos localistas. En lenguaje ciudadanita, aldeanos.

Miren, España no fue un producto de la Reconquista, versión que impuso la Historia Oficial del centralismo. Español es una palabra francesa que designaba a los habitantes de la Península Ibérica, súbditos de los reinos cristianos del norte, en la medida que iban expandiéndose hacia el sur y empujando a los árabes. La Reconquista, pues, propició un Estado Federal. La España centralista es un efecto del Despotismo Ilustrado europeo, del racionalismo sanguinario de la Ilustración Europea no democrática. Los borbones vinieron a España a destruir el último Estado Feudal de Europa para prepararle el terreno al jacobinismo liberal y consumar aquí la transición el Estado Imperial al Estado liberal colonial. Y, precisamente, los primeros en ser colonizados y sometidos a un poder central de una forma violenta y avasalladora, ilegalizando sus lenguas y fueros, resultaron ser los reinos que conformaban la España de los Austrias. Esta España colonizada, coincide pues con el proceso de Universalización del Estado que consumó el capitalismo hegemónico en el siglo XIX, extendiéndolo a toda Europa y América. Y en el siglo XX, por vía neo-colonial capitalista, al resto del planeta. Todo el siglo XIX español, con las Guerras Carlistas, puede ser leído como un cuestionamiento de ese centralismo.

El fascismo hispano, franquista, tiene pues, partiendo de ese tronco, un momento inaugural posterior, datable en la reacción nacionalista-fascista en los años 20 y 30. El nacionalismo español actual nace ahí, hijo del centralismo borbónico, y no cabe confundirlo con el patriotismo liberal que se opuso tanto a la invasión napoleónica como al absolutismo en el siglo anterior. Por eso, los dos pilares básicos del franquismo son el anticomunismo (anti-ateísmo) y el anti-separatismo, que vuelven como cualquier contenido reprimido ante la angustia de castración, que en este caso es la inminencia de la pérdida del gobierno central del Estado. Cuando están en mayoría, si nos fijamos, utilizan siempre la versión neoliberal-burocrática (formalista, legalista, constitucionalista, universalista) del soberanismo español, que consiste en la defensa de la indivisibilidad de la soberanía española. Una, grande, libre y burocráticamente legal. Por eso, Europa se convierte también en un artefacto arrojadizo entre los dos soberanismos, el catalán y el español. El soberanismo, corolario del patriotismo constitucional y sucedáneo del nacionalismo y del derecho unilateral de autodeterminación, es presa de sus presupuestos. Y la Unión Europea se desvela consecuente como un dispositivo burocrático cuyo fin último es la paralización de toda transformación social. Por eso, como el caso Tsipras muestra a las claras, el anti-cosmopolitismo populista carece de armas para enfrentarse a él.

Cabe, pues, otra lectura de la Unión Europea como dispositivo burocrático-capitalista. Nos cuentan nació para evitar otra guerra europea. Podemos pensarlo al revés: hicieron falta dos guerras europeas para poder imponer la burocracia estatal liberal incuestionada en Europa. Si eso es así, la necesidad de 40 años de fascismo en España se explica de una manera completamente distinta. Y, también se explica, que sus dos pilares básicos fueran centralistas: el nacionalismo español y el catolicismo, que es la religión más jerárquicamente y burocráticamente centralizada del planeta, como lo demuestra el que se haya avenido a conformarse a la forma legal del Estado (Vaticano). España habría podido ser una alternativa socialista viable al estalinismo, como Estado pluri-lingüístico y plurinacional. Y esa excepción, el orden mundial no se la podía permitir. Como no se pudo permitir todas las experiencias de socialismo transformador en América Latina en los años 70 y primera parte de los 80.

El nacionalismo es un derecho, nos pongamos como nos pongamos. Todo pueblo sometido tiene derecho a imaginarse nación y buscar la autodeterminación como forma de emancipación. Para la izquierda el punto 0 de neutralidad no está en la aceptación consensuada del derecho de conquista, sino en el establecimiento de una reciprocidad pactada. Donde los periféricos no sean los únicos bilingües, por ejemplo, porque tienen obligación de aprender su lengua y la de los conquistadores a los que el consenso ha ratificado en sus derechos de fuerza ocupante, para que puedan ir por todo el territorio espetando “estamos en España y te exijo que me hables en español” “Ja ho faig, -podrien trobar-se com a resposta-, totes llengües romàniques de la Península Ibérica, en són” No estaría mal comenzar, pues, por el aprendizaje (alguna) de (las) otras lenguas oficiales por los castellano-parlantes. La inmersión lingüística en los territorios bilingües no tiene otra finalidad que los monolingües puedan entenderse con sus nuevos vecinos en sus tierras de acogida desde un lugar distinto de la prepotencia conquistadora, que no es sino el semblante belicoso de su profunda angustia al sentir que su lengua no es ya la lengua del amo.

Parece que a unidad de la España borbónica es imposible en libertad, sin entrar cíclicamente en crisis ¿Por qué los españolistas prefieren esta España precaria a una España pactada?, cabría preguntarse. Sin la mediación expoliadora del centralismo, los pueblos de España nos entenderíamos estupendamente. ¿Querría Madrid avenirse a ser uno más, o uno menos, –sólo capital y no Comunidad Autónoma, por ejemplo, como emblema de la acumulación capitalista- entre los pueblos de España, y no pretender ser el 0 o la coma de la cifra? En un proceso neo-constituyente habría que cuestionarse esta opción. El problema no es la ciudad, es la Comunidad Autónoma, como muestran los últimos resultados electorales. No es tampoco lo mismo el Madrid de Tierno y de Carmena que el Madrid de Gallardón, Aguirre y Cifuentes (sus tres últimos presidentes autonómicos)

Concluyo. Las líneas, más que rojas, se me antojan rojigualdas. No saldremos del franquismo mientras no seamos capaces de arriesgar la concepción franco-borbónica de España para refundarla sobre parámetros más justos y no sobre el derecho de conquista. Todo lo demás depende de ello. Desde la eliminación de la corrupción hasta plantearse la posibilidad de instaurar una renta básica universal, por ejemplo. Puede que suene esotérico, pero la política no se ancla -no he dicho “se basa”, aclaro- en factores métricos y racionales, sino en condiciones simbólicas que sean capaces de rearticular los restos del goce que no es capaz de absorber el cálculo capitalista del consumo y la retabilidad. Algunos los llaman demandas. En ese sentido, España es un significante flotante y Catalunya es un significante vacío que puede perfectamente articular una cadena equivalencial que origine un proceso emancipatorio para todo el Estado. A mí, Laclau me sigue pareciendo muy útil para entender estas cosas mientras no se intente impostar su teoría como un método algorítmico y sí como un instrumento heurístico. Ada Colau lo ha sabido ver y se lo ha impuesto a gente con bastante menos visión de la realidad, a la que consideran un laboratorio de sus estrategias hegemónicas, a gente como Íñigo Errejón o Pablo Iglesias. Por esas razones, el PSOE tiene ahora la pelota en su tejado y a él corresponde decidir si quiere acabar con las raíces del franquismo o seguir dándoles cobijo bajo la forma de un soberanismo español que no tiene otro origen que el racionalismo absolutista borbónico, que tan bien se coordina con los presupuestos neoliberales, dicho sea de paso, bajo la forma de la rentabilidad soberanista, uno de los valores cuya detentación en exclusiva el españolismo se esfuerza en airear: lo de los demás son caprichos y aventuras. Y por eso creo que, más allá del peculiar estilo de su líder y cúpula, que me producen tanto rechazo como a cualquiera, Podemos acierta en proponer la partida en esos términos. Yo no tengo ningún interés en la independencia de Catalunya o en un Estado Español -en el que me quedaré- sin un territorio en el que se hablan mis dos lenguas, pero consultar al pueblo catalán, reconocerle su derecho a decidir, sería un gran paso para un proceso neo-constituyente basado en un pacto entre pueblos iguales, y no en un consenso que no fue más que una legitimación formal de un derecho de sojuzgamiento y conquista que viene de tres siglos atrás. Necesitamos un pacto, que implica el derecho al reconocimiento mutuo, y no un consenso sacralizado sin derecho al malestar.

Y necesitamos un país en el que los dirigentes sean tuertos, como mínimo, y no radicalmente ciegos a la vergüenza.

Este texto fue originalmente pubilicado en VLCNoticias..