sábado, 26 de septiembre de 2015

Política y Simulacro: sobre Catalunya, Grecia, ... y hasta sobre el Papa (Apuntes sobre el Comunismo, 10)

Comentarios en facebook entre el el 12 y el 26 de septiembre. Estoy en una época de pensamiento fragmentario. Es bueno, de vez en cuando, que así sea. Es un momento de deshacer viejos pensamientos antes de que se fosilicen como prejuicios. Los nuevos, salen a retales. Algunos de los nuevos recuperan fragmentos más antiguos que lo viejo. Es lo que tiene el logos, si no quiere precindir absolutamente de la verdad: que la lógica del pensamiento manda sobre la coherencia del discurso. Me parece bien. Reúno, no organizo. Eso ya llegará. Organizar un pensamiento es ponerlo a disposición de quien quiera atacarlo, incluso destruirlo. Es la única forma lícita de avance del conocimiento. Creo firmemente en el pensamiento sistemático: es una ficción imprescindible. Presentarlo como originario es simplemente una falsedad, una inmoralidad. La reflexión no es otra cosa que la hermana pobre del pensamiento auténtico. Le limpia la casa, le organiza los trastos, le pone visillos nuevos. "Si no fueses tan puta..." le dice.


The Matrix (Andy y Larry Wachowski, 1999). En la edición en inglés del libro de Baudillard guarda Neo sus tesoros de hacker.

1.

Flipo un poquito. Con las cosas y reacciones que leo a cuenta de las elecciones-referéndum catalanas. Yo he decidido callar, porque teniendo una simpatía indudable por el nacionalismo catalán –todos los valencianos de izquierdas, por reacción contra el folcloblaverismo anticatalanista de la derecha y del PP, empatizamos con el catalanismo en mayor o menor medida-, sin embargo, el soberanismo “masista” tiene para mí una carga de demagogia con la me resulta imposible identificarme.
Flipo con las opiniones encontradas y enconadas de mis amigos catalanes, sí. Hay un grado de visceralidad altísimo, que huele a hora de la verdad. Pero con lo que más flipo en con los comentarios que leo desde Madrid en el entorno de la “nueva política”, es decir, entre los pro y los excluidos de Podemos. No se enteran de nada. Y el problema es que no lo saben. Críticas a Lluís Llach o a David Fernández por apostar por la independencia cada uno a su manera, que demuestran no haber entendido nada. No haber captado que el sentimiento de desprecio, agresión y persecución que los catalanes –y todos lo que tienen una lengua propia distinta del castellano en España, y la aman- llevan sufriendo y siendo retroalimentado desde hace tres siglos ha constituido una articulación de lo político que sobrepasa y es refractaria a cualquier racionalidad política desapasionada. Empatía cero desde Madrid. No es raro. Lo he visto toda la vida.
Ahora bien, lo que más me llama la atención es quien desde la cúpula de Podemos, después de haberse llenado la boca denostando la diferencia derecha-izquierda y abogando por el populismo hegemónico ahora digan que lo que se juega en Catalunya no es si independencia o no, sino si élites o ciudadanos, si vieja política o nueva política, si derechos de los trabajadores, si bipartidismo o democracia… Es decir: lo pinten como lo pinten, para depotenciar la cuestión nacional, lo que están insistiendo en que el único antagonismo verdadero es IZQUIERDA/DERECHA. Si toda la operación contrahegemónica consiste en una operación de represión en sentido freudiano (decir “izquierda” es tabú) pero manteniendo la misma estructura de los campos semánticos y de su carga libidinal, menudo viaje y menudas alforjas.
Señores, si somos hegémono-populistas, con todas las consecuencias. El gran antagonismo que está fundando el pueblo en Catalunya no es la centralidad del tablero, ni el fin del bipartidismo, ni no sé qué desbordamientos: es el antagonismo visceral y radical entre independencia y españolismo. Y no se puede pretender no verlo, ni leerle la cartilla moralista a los catalanes por ello. Además, todo proceso antagónico tiene una componente delirante de indudable relevancia y basta que te opongas a un delirio para que el paranoico te incluya en él como esa figura de “un padre” que anda buscando porque no tiene su nombre. No se trata de reputar de falso el antagonismo catalán, sino de abismarse radicalmente en su seno y no pretender pasar de puntillas.
Voy a ser sincero y voy a arriesgarme. Yo creo que el futuro de Catalunya está pactado desde hace mucho tiempo entre CDC y el Estado Español. Pase lo que pase en las elecciones, se declare la independencia o no, ya se habrá pactado que los grandes intereses económicos no van a sufrir por ello, y así no azuzarán a la turbas y se evitará un baño de sangre. Cómo, que se ocupen juristas y economistas, la casta burocrática de siempre. Pero, sinceramente, ir ahora a decir que cómo puede juntarse Lluís Llach con Mas, o abrazarse a éste el descendiente de emigrantes David Fernández es no haber entendido nada. O, dios no lo quiera, síntoma de quien lo estaba esperando porque es que de estos catalanes no te puedes fiar. Parece mentira, pero la única voz templada y racional que he oído en los últimos días ha sido la de Gerard Piqué. Anda que no tiene guasa.


2.

Un amigo catalán me reprocha, de muy buen rollo, mi supuesto apoyo al independentismo, posiblemente deducible de algunas cosas que he ido diciendo los últimos días, y se queja de las maniobras demagógicas del soberanismo. Copio lo que le he contestado a ver si eso deja clara -muchas esperanzas no tengo- mi postura al respecto:
Te entiendo perfectamente. Por eso, en principio, me estoy absteniendo de opinar desde fuera. La crítica no va en absoluto a quienes opinan desde Catalunya, sino a los que lo hacen desde Madrid. Y más si lo hacen en un tonito paternalista de consejo o de censura. No sé lo que haría si viviera en Catalunya, porque si bien -y eso siendo castellano-parlante- tengo una enorme simpatía y una implicación con la cultura catalana (en todos sus territorios), también lo tengo por la cultura hispana, como bien sabes, y en todos sus territorios también. Y toda mi simpatía por el catalanismo, mengua mucho cuando pienso en su versión soberanista, que me parece de un reduccionismo lacerante. Pero desaparece completamente si hablamos del españolismo chabacano, casticista y prepotente. Voy a decirlo claramente: ni Pablo Iglesias, ni Tsipras, ni Le Pen: el mayor populista de Europa, hoy por hoy, es Artur Mas. Fundamentalmente en su vertiente demagógica, que no es el único rasgo del populismo, pero sí es su tentación más sangrante. Me hace gracia que ciertos autovindicados populistas que se han llenado la boca criticando el supuesto eticismo racionalista de la izquierda y defendiendo la confrontación agonística y las pasiones políticas ahora opten por dar a los catalanes lecciones de razonabilidad y de buenrollismo. Dicho esto, fíjate cómo tenéis todos en Catalunya un puntito delirante en estos momentos: o estás conmigo o estás contra mí. No. Estoy a distancia. Ni neutral, ni imparcial, simplemente respetuoso. Lo único que tengo claro es el derecho a decidir de los catalanes. Y como suele decirse a quien se ama, yo le digo a Catalunya: "Decidas lo que decidas, cuenta con mi apoyo"

3.

 Gasol quant et trobarem a faltar si decidiu anar-vos-en!!!! Gràcies!!!!!

4.

Si sólo se habla de política, no se está haciendo política. Eso seguro. Si la política se convierte en monotema estamos evitando la explosión de lo político en lo cotidiano, estamos recitando un mantra que nos ancla a nuestro fantasma fundamental, que nos asfixia en nuestra zona de confort (es la única expresión del coaching y la autoayuda que no me produce arcadas), nos ahoga de desconocimiento pasional. La verdadera subversión consiste en la explosión de lo político en lo cotidiano. Y la habladuría, la cháchara política exclusiva y excluyente, es una defensa contra lo político, contra la posibilidad de que la vida propia pueda quedar subvertida por la pasión emancipadora. Desconfío mucho de aquellos que sólo hablan de política. Que no cuentan nada de su cotidianeidad íntima, que no comparten los placeres del arte, que no son capaces de emocionarse con un evento deportivo, en cuanto que lo deportivo es parte de lo común. Innegable que la intimidad, el arte y el deporte están en parte capturados por el capitalismo. Eso es lo que los puede hacer aislantes, viscosamente absorbentes y pulsionales. El buen aislado huye de la transferencia y de la alegría, de la identificación y de la solidariad. De la sabiduría y de la capacidad de sorprenderse. Por eso está indisolublemente ligado al gregarismo (por minoritario que éste sea, piénsese en los fanáticos de un (solo) arte, o de un equipo de fútbol, o de un líder político) y a la euforia, y entiende cualquier crítica como una fisura intolerable de su ignorancia, de su pretensión de no tener nada más que aprender. Se aferran al escándalo como candado de la vida y huyen de la sorpresa que podría ser la llave de ese candado. Desconfío de los que sólo hablan de política y nunca del arte, de su perro, de la gente que quieren, de su equipo de fútbol o del deporte que les divierte y les sumerge en el jolgorio común. Tanto como desconfío de los que sólo hablan de un arte, de fútbol, o de lo orgullosos que están de sus hijos o de MYHYV. En facebook y en la vida.

5. 

Canalla, canalla y mil veces canalla. Con la memoria de los muertos no se juega. Está teniendo la vejez que se merece ahora que los mofletes ya no le aguantan ninguna careta. Ensalzar al régimen de Pinochet, lo compares con lo que lo compares, es de una miseria moral infinita.

6. 

Yo voy y lo suelto. El político español al que veo más parecido a Tsipras, por estructura, sangre fría y carácter es Artur Mas. Supongo que mucha gente se mesará los cabellos por mi atrevimiento. Pero es como yo lo veo. Dos políticos con intención de movilizar a sus pueblos y sin ninguna intención real emanciparlos, sino de usar el populismo como una simple técnica al servicio de las élites, montando un simulacro de enfrentamiento incendiario a un poder colosal desde un semblante de patetismo heroico. Poder para el cual, como se ha demostrado, realmente trabajan. 
Lo siento pero disiento del escándalo de la ortodoxia izquierdista por la comparación. Es la política del simulacro. Hace muchos años que no pienso bien de nadie porque se diga de izquierdas. Coincido, sin embargo, en seguir pensando mal con quien se dice que es de derechas. . 

7.

Si Tsipras se hubiera visto sorprendentemente sobrepasado lo que hubiera tenido que hacer es dimitir la misma noche del referéndum. Pero no. Firmó el rescate, firmó leyes pro-desahucio, privatizó todo lo que se exigía. Y sólo después de dejar esto atado y bien atado va y convoca unas elecciones cuando ya tiene claro que su pueblo traicionado se ha enfríado y desesperado y está en perfectas condiciones de volver a ofrecerse como única opción frente a la derecha y como salvador. Serán cosas de la edad, pero no veo grandes diferencias con lo que hizo Felipe González durante 13 años: hacer la política de la derecha mientras vendía que era la única salvación frente a ella. Mirado con distancia cada vez tengo más claro que la referencia para entender a Tsipras no es otra que Baudrillard. Puro simulacro. Estoy convencido, y ya lo he sugerido más de una vez, de que Tsipras siempre actuó en connivencia con Merkel y la Banca alemana, mientras fomentaban la imagen de un falso enfrentamiento. Exactamente lo mismo que está haciendo Mas en Catalunya respecto al Estado español y con una jugada maestra para desactivar cualquier contestación popular. A la izquierda independentista la ha neutralizado poniéndola bajo su ala. A la izquierda que no ha entrado al juego del soberanismo conseguirá venderla como una fuerza españolista y reaccionaria más. Por supuesto, juega a su favor que el PP, el Susana Díaz, Obama, Cameron y la banca española despotriquen contra él. Mi impresión que todo está pactado y que el statu quo económico no sufrirá lo más mínimo sea cual sea el resultado de las elecciones del domingo. Si gana el soberanismo, tendrán un plan B para que en el fondo todo siga igual. Si ganan las opciones contrarias, pues a seguir como hasta ahora.

8. 
"No existe un ejemplo mejor que la guerra del Vietnam puesto que se dio en la intersección de una alternativa histórica y «revolucionaria » máxima con la instalación de este elemento orbital de simulación. ¿Qué sentido ha tenido esta guerra? ¿No habrá sido quizás el de sellar de algún modo el fin de la historia en el suceso histórico culminante y decisivo de nuestra época? ¿Por qué esta guerra tan dura, tan larga, tan feroz, se disipó de un día al otro como por encanto?
¿Por qué la derrota (el mayor revés de la historia de los USA) no ha tenido ninguna repercusión interna en América? Si realmente había significado el fracaso de la estrategia planetaria de los Estados Unidos, tenía que haber sacudido también el equilibrio interno y el sistema político americano. Nada de esto sucedió. Otra cosa, pues, ha tenido lugar. Esta guerra, en el fondo, no habrá sido más que un episodio crucial de la coexistencia pacífica. Habrá señalado la incorporación de China a esta coexistencia. La no intervención china, obtenida y concretizada a través de largos años, el aprendizaje por parte de China de un modus vivendi mundial, el paso de una estrategia de revolución mundial a una estrategia de reparto mundial de las fuerzas y de los imperios, la transición de una alternativa irreductible, radical, a otra de simple poder político integrado a un sistema mundial en adelante regulado por lo esencial (normalización de las relaciones Pekín–Washington): esto era lo que estaba en juego en la guerra del Vietnam, y en este sentido, los USA evacuaron Vietnam, pero ganaron la guerra. Y la guerra terminó «espontáneamente» una vez que se hubo logrado el objetivo. De ahí que todo acabara con tanta facilidad.
El mismo proceso estratégico se puede detectar sobre el terreno. La guerra duró mientras duraron los elementos irreductibles a una sana política y a una disciplina de poder, aunque se tratara de un poder comunista. Una vez que la guerra quedó en manos de las tropas regulares del Norte y escapó a las de los maquis, pudo terminar, su objetivo se había cubierto. La cuestión estaba, pues, en el traspaso de poder, en el relevo político. Cuando los vietnamitas hubieron probado que no eran portadores de una subversión indomable y que eran susceptibles de encajar bien en el orden social, se les pudo ya dejar a sus anchas. Al fin y al cabo, el que se trate de un orden comunista no es muy grave en el fondo: ha dado suficientes pruebas de que se puede confiar en él. Es incluso más eficaz que el capitalismo en lo concerniente a la liquidación de las estructuras pre–capitalistas «salvajes» y arcaicas."
Jean Baudrillard, Cultura y Similacro, 1978
Para un joven universitario con un pasado de adolescencia marxista, leer que en realidad los Estados Unidos no fueron derrotados en Vietnam, sino que simularon perder la guerra en cuanto pudieron dejar una revolución anticolonial e independiente en manos de su simulado enemigo, la URSS, y desproveerla así de cualquier cariz indomable y subversivo, fue una revelación absoluta.
En efecto, empecé a ver las cosas de otra manera. Y empecé a sospechar de cualquier derrota de los poderosos. Sí me cuesta mucho tragarme cualquier supuesta victoria contra el sistema. Tsipras y Mas, con su simulación de un falso antagonismo que oculta un acuerdo entre élites, me han hecho recordar este librito, que para mí fue una revelación a los 20 años. Así como explica también lo que fue Vistalegre y la deriva posterior de Podemos. Una ejecución en toda regla del posible componente radical y "salvaje" que podría haber tenido el 15M poniéndolo bajo el control de una cúpula y un líder que siendo élite pudiera jugar domesticadamente en el tablero de la élite. Lo de después, es historia conocida. Por eso me sorprendió tanto cuando leí en Laclau que el antagonismo era la clave de un cambio hegemónico y una radicalización democrática. ¡Si durante 45 años el mundo entero había sido dominado por medio de un antagonismo simulado!


9. 
 
Mulholland Drive, David Lynch, 2000


10.

El único indicio de verdad de un proceso político es, desgraciadamente, el dolor del pueblo. Lo que pasa es que Europa es un potente dispositivo mediático que lo modula hasta convertirlo en su pálido reflejo, que es el malestar de la clase media. Y dista mucho de ser lo mismo. Pero eso es lo único que nos llega como electorado, opinión pública, espectadores pasivos. Grecia ha sido un ejemplo claro de esa reconversión del pathos a la narcoléptica emotividad mediática. Catalunya va por el mismo camino. Por eso, desconfío mucho de la supuesta aplicación en Europa de las recetas que pretenden combatir la pobreza y la miseria en Latinoamérica. El populismo en Europa no tiene que ver con el espectáculo del pueblo, sino con el show ofrecido a una dócil audiencia. De Matrix a la Sumisión de Houellebecq, no ha habido más camino que el de la lucidez. De intentar inventar un enemigo que explique el displacer de los cualquiera y lo provea de una narrativa, a entender la inmensa arma de seducción que es el poder para la legión de solitarios que puebla el hemisferio noroccidental. Porque eso sí. Los europeos, a diferencia de los pueblos de Latinoamérica, somos tan fáciles de someter por el placer -como buena clase media no entendemos el mal más que como displacer- como los norteamericanos. Pero somos un poco más viejos y lúcidos. Sin sabiduría que nos permita procesar lo que entendemos y responsabilizarnos de sus efectos, la lucidez es un regalo envenendado. Insisto: habremos descubierto muchas cosas, pero ahora toca inventar. Y aún no hemos inventado nada. Copiar de Latinoamérica o del Islam (que tan bien se entienden entre sí muchas veces, para escándalo eticista de nuestra pusilánime conciencia kantiana) no veo que pueda ser la solución. Nunca ha estado claro que pudiéramos. La claridad ha sido el último narcótico que ha inventado el sistema. Vano sucedáneo de la inminencia de lo justo.

11. 

Con mucha desconfianza, con mucha. Pero sí que parece que a través de Francisco/Bergoglio la Iglesia está haciendo un trabajo aggiornamento que podía haber empezado hace 100 años. Igual que el jacobinismo se lo puso difícil para simpatizar con la dominación burguesa y hubo que inventar la democracia cristiana para que la Iglesia se alineara con el liberalismo y dejara de atrincherarse tras posiciones feudo-fascistas, parece que el populismo y el socialismo del Siglo XXI le ha abierto una puerta que el marxismo doctrinario -el del opio del pueblo, sí- y el socialismo real le habían cerrado. Más aún que el apoyo a causas políticas como la intercesión por Cuba ante USA, el antibelicismo o la preocupación ecologista, conociendo la intrahistoria de la Iglesia, es significativo el gesto de permitir que los curas puedan absolver en los casos de aborto, porque donde la Iglesia se había atrincherado en las últimas décadas era en esos goznes del goce, de los que había hecho su patrimonio exclusivo subsumiendo a Eros en Thanatos, impidiendo el despliegue de la libido en cualquier impulso desiderativo y haciendo una política exclusiva de la pulsión de muerte. A ver. Pero con mucha desconfianza. Soy español (es un dato, no una declaración) y aquí la Iglesia ha sido y sigue siendo el pilar ideológico esencial de la extrema derecha, que como todo el mundo sabe, aquí, está perfectamente integrada en el PP. Y ahora mismo aún gobiernan. 

12. 


“Así sucede con la información. Sea cual fuere su contenido político, pedagógico, cultural, el propósito es siempre el de incluir algún sentido, de mantener a las masas bajo el sentido. Imperativo de producción de sentido que se traduce por el imperativo sin cesar renovado de moralización de la información: informar mejor, socializar mejor, elevar el nivel cultural de las masas, etc. Tonterías: las masas se resisten escandalosamente a este imperativo de la comunicación racional. Se les da sentido, quieren espectáculo. Ningún esfuerzo pudo convertirlas a la seriedad de los contenidos, ni siquiera a la seriedad del código. Se les dan mensajes, no quieren más que signos, idolatran el juego de las signos y de los estereotipos, idolatran todos los contenidos mientras se resuelvan en una secuencia espectacular.”
(Jean Baudrillard, “A la sombra de las mayorías silenciosas “, 1978)
"¿Solo he logrado introducir en su espíritu las cadenas de esta topología que pone en el centro de cada uno de nosotros este lugar abierto desde donde la nada nos interroga sobre nuestro sexo y nuestra existencia? Este es el sitio donde tenemos que amar al prójimo como a nosotros mismos, porque en él este lugar es el mismo".
(Jacques Lacan. “Discurso a los católicos”, 1960)
“Lo cual no implica que, aún envueltos por él, dejemos de detectar una serie de síntomas en la teoría y en el discurso crítico que nos resultan al menos inquietantes. El principal de ellos es, sin duda, esa dificultad para el razonamiento ético sobre los medios -que de forma tan palmaria expresaba Baudrillard- entre la libertad de expresión, derecho a la información, influencia de los media en el comportamiento de los ciudadanos o prioridad de la oferta sobre la demanda y viceversa. Es la imposibilidad de una ética de la recepción que abroche en una fundamentación común el binonomio Audiencia receptiva (pragmática)- Individuo actuante (razón práctica). (…)
Es un reto que va, pues, más allá de la ética kantiana porque, según este planteamiento, el "otro" siempre es medio para el sujeto. Pero no un medio para sus fines o intereses, sino un puente estructural inexcusable en la mediación entre el lenguaje y el Ser. Las masas son espacio de refracción del ideal ilustrado, pero no son la materia inerte que Baudrillard afirma. Sólo si se les niega la posibilidad del tiempo lógico, de precipitación en la certidumbre, adquieren ese semblante de agujero negro. A la opinión pública le hace falta no sólo el instante de ver, como pretenden el parlamentarismo ingenuo y la teoría de la conspiración y la denuncia, también necesitan de un tiempo para comprender y de un momento de concluir como señala cualquier proceso democrático observado en su diacronía. He ahí un espacio para el sujeto y, claro, también un espacio para el poder. La única posibilidad subversiva sea tal vez que la conexión se produzca en el punto de la responsabilidad subjetiva. No concibo un sujeto resistente al margen de la responsabilidad por su deseo. Si esta fricción no se produce, el poder tiene casi todas las opciones y el individuo es su secuaz principal. He ahí, una de las aporías del marxismo y un campo abierto para el éxito ideológico del capitalismo neoliberal, plasmado en un pensamiento único. Desvelar la hiancia insalvable entre la particularidad del sujeto y su asunción de atributos universales se me antoja requisito indispensable -previo, no único- para comenzar a pensar las cosas de otra manera”.
(Muy modestamente, yo. En “La profecía de la Imagen-Mundo”, 2004. Me atrevo a copiarlo aquí porque es un libro que ha leído muy poquita gente, la cual tiene –de más está decirlo- toda mi gratitud).


La clave, sigo pensando once años después, está en ese “tiempo de comprender” que puede transformar a las masas silentes del fordismo en multitud pensante. Si no nos damos tiempo, lo que tenemos es la cháchara individualista del virtuosismo postfordista (véase a Luc Boltanski y a Paolo Virno), o la masa falsamente empoderada por su identificación al líder. La conversión de las masas que callan en multitud que piensa e inventa, es decir, que puede proyectar su emancipación, es un paso lógico previo e ineludible para que esta multitud pueda conectarse, justo allí donde su nada la interroga. Ninguna inmanencia en la multitud. Lo que la multitud puede poner en juego no está ahí, dado como una mercancía, como un bien de consumo, como un atributo ontológico. No es sin ser pensada. Y que conste que no he dicho reflexionada. La reflexión es sólo una modalidad del pensamiento en la que un sujeto, metódicamente cartesiano, genera la ilusión de verse uno para sí mismo. Es el pecado original de la filosofía occidental, agravado en la Edad Moderna. La creación artística, la invención de modos de entenderse con la nada para hacerse cargo de la existencia, son modos del pensamiento también. Y necesitan de un tiempo lógico, no cronológico, no métrico. No se mide por el éxito, sino por la eficacia práctica. Más eficaz si escapa a los escaparates del amo, es decir, al éxito público. A mí es algo que me ha enseñado el psicoanálisis.
Proclamar ante las masas que ya están empoderadas “ahora”, que está “claro”, que la salida al capitalismo es “simple” -y por tanto rápida- no es sino otra forma de encorajinarlas para que acaben, buscando el éxito inmediato, colaborando una vez más de facto en su propia dominación. Se trata de negarle a la multitud su supuesta inmanencia -inmanencia que no es más que un fantasma- obligándola a pasar al acto, presuntamente, como "pueblo", dirigida por un líder, es decir, negándole cualquier posibilidad de pensar con su deseo, en una especie de simulacro de espontaneísmo “prosumer”, customizable, sin acceso al código fuente.
Hasta donde conozco el pensamiento de Laclau –cada vez es más, pero en absoluto juzgo aún que sea suficiente- él se quita de encima a los que denuncian la viscosidad del capitalismo (el mismo Baudrillard, pero también toda la Escuela de Frankfurt) con un par de comentarios despectivos sobre su propensión pesimista y paralizante. Y precisamente, se queda con aquellos como Lacan o Derrida, que menos fe tenían en una redención colectiva, para acallar, justamente, este componente esencial de su pensamiento. Da qué pensar.

En fin, gracias a los que hayáis llegado hasta aquí, que seréis poquísimos. La mayoría habrá tenido prisa. Yo también la tengo. El capitalismo mata. Y por razones personales y sentimentales os juro que hoy tengo esa certeza más presente que nunca. Por eso creo que no está de más tomarse el tiempo necesario para vestirse. Es mucho más urgente construir un poder nuevo, fuera de las trampas de las instituciones del Capital, que conquistar el viejo si luego no tenemos con qué defendernos dentro de él. Si no tenemos más arma que el voto masivo, y no una organización que enfrentar al poder institucional, a través de unas elecciones lo único que podemos conseguir no es introducir en los Aparatos del Estado una avanzadilla -que me gusta más que vanguardia- sino que algunos de nosotros consigan utilizarnos a todos para integrarse en la élite. Pensemos en Tsipras. Y a partir del lunes, en Mas