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lunes, 5 de septiembre de 2016

La gobernabilidad y el cambio de tablero

Colocar la cuestión de la gobernabilidad en el centro de la práctica política es esencialmente reaccionario. Eso es lo que puso sobre el tapete el 15M, con su “no nos representan”. Sin embargo, toda la prensa del régimen (de derecha a centro-derecha) está diciendo que la responsabilidad de los políticos es sostener el buen funcionamiento del sistema, desbloquear la situación institucional, facilitar la formación de un gobierno. Y no: el mandato al que han de obedecer los políticos es el de ser fiel a sus votantes, sea de la gobernabilidad lo que sea. En cierto sentido, esa es la única impronta del 15M y del desbordamiento que ha cumplido Podemos: obligar a todos los partidos, del “centro” a la izquierda, a ser antes consecuentes con el electorado que con el Estado. Ciudadanos, cuya única razón de ser es cauterizar el 15M como “ventana de oportunidad” a golpe de pseudo-reformismo gatopardiano, está también intentando cumplir con su misión: procurar la gobernabilidad contra cualquier demanda del electorado, popular o democrática. Iglesias lo ha llamado “el chicle de McGyver del régimen”, porque vale para para cualquier componenda.  Completamente de acuerdo.  Rivera quiere ser Suárez. Sin carisma y en minoría absoluta, pero mira, ilusión parece que le pone el chaval.

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jueves, 3 de marzo de 2016

España tiene un grave problema.

Y ese problema tiene nombre y apellidos: Mariano Rajoy Brey. Sí, sí, ya sé que tiene otros muchos, pero éste señor no es el precisamente el menor de ellos. ¿Creen que voy a decir que es un neoliberal, o un “facha”, o un pútrido protector de corruptos? Pues no. Hoy creo que es más importante hacer hincapié en su virtud más relevante, porque es la que está en el origen de todas las demás: Mariano Rajoy es un vago solemne. Es cobarde, es ruin, de acuerdo. Pero lo es porque el tío es muy muy vago, porque nada le da más miedo que el trabajo serio. Un gran problema de España es que su derecha está liderada desde hace doce años por un perezoso prominente. No hubo más que verlo ayer, con toda su cachaza sarcástica, a esta persona non grata en la ciudad en la que nació, presumiendo de que él no había hecho nada y riéndose de Pedro Sánchez porque “para lo mucho que había trabajado le lucía muy poco”.

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